Hola!.

Sè que he tardado semanas, últimamente no he tenido suficiente tiempo para actualizar, pero justo ahora estoy decidida a subir los próximos días los 3 capítulos faltantes de esta historia. Gracias a las lectoras que están esperando los capítulos, se las debo, por ello, estén pendientes.

Saludos!

Bai bai =)


Capítulo 9


- ¿Quieres que almorcemos aquí o vamos al Tedder Avenue? -

El sonido de la voz de Sasuke la hizo sentarse y se bajó las gafas de sol. - ¿Puedo elegir? Tedder Avenue.-

La zona había cambiado desde la última vez que ella había estado allí y ahora estaba llena de cafeterías y terrazas donde la élite social se sentaba en las terrazas para ver y ser vista. La Costa Dorada proporcionaba un relajado estilo de vida, muy lejos de la agitación de la ciudad. Las casas eran de todo tipo, estilo griego, toscano, caribeño, provenzal y andaluz, de colores variados y con nombres exóticos. Y también estaban extraordinarias mansiones junto al río Nerang y enormes y blancas playas de arena. Para Sakura era un lugar maravilloso.

Sasuke eligió un restaurante cuya especialidad era el pescado y marisco y los dos disfrutaron de langostinos, ostras y langosta servidos con una gran variedad de ensaladas. Sasuke pidió champán, un magnifico Dom Perignon muy frío.

-¿Estamos celebrando algo? - le preguntó ella.

Sasuke tocó el borde de su copa con la de ella. - La vida - respondió sonriendo - ¿No es una celebración en si misma?

Sí, pensó ella muy consciente de que él había organizado ese fin de semana con solo ese propósito en mente. Y, por un tiempo, ella iba a compartir la suya. Luego, se separarían y seguiría cada cual su camino. Pero, para ella, la vida ya nunca sería la misma.

Cuando llegara el momento, ¿sería capaz de apartarse fácilmente de él?

¿Por qué solo con pensarlo sentía un dolor interior?

Cada día, cada noche entre sus brazos, le hacían más difícil la perspectiva de la separación, ya que había una necesidad intrínseca que temía que solo él podía llenar. Era algo más que sexo. Era una parte de su corazón, de su alma, de todo lo que ella era y más.

¿Podría ser amor?

Cielo santo. Estaba siendo una tonta dejando que emociones se impusieran a su cerebro. Enamorarse de Sasuke Uchiha era muy parecido a asomarse al borde de un precipicio. La supervivencia no era una opción. Cuando se marchara, sería lo más duro que habría hecho en toda su vida.

¿Y Sasuke?

¿Podría cambiarla por otra sin pensárselo dos veces?

Estaba segura de que había un montón de mujeres dispuestas a tomar su lugar, con Karin a la cabeza.

… Seguramente, al cabo de unas semanas, él se habría olvidado de su existencia.

-¿Más champán?-

Miró su copa vacía y no recordó haberla terminado. - Si, por favor.-

Sakura raramente tomaba más de una copa, y Sasuke la miró con los párpados entornados mientras rellenaba las dos copas. Después de almorzar, el Uchiha le sugirió un paseo en coche por el interior y se dirigieron al monte Tamborine, donde recorrieron algunas tiendas de artesa nía, y luego volvieron a la costa por Canungra.

Ya habla oscurecido cuando volvieron al hotel. Se ducharon, se vistieron y fueron andando hasta la ma rina, donde cenaron en un restaurante famoso por su buena cocina. En la sobremesa, estuvieron charlando, disfrutando del vino y de la tranquila vista hasta casi las once de la noche, cuando volvieron a su suite del hotel, donde hicieron el amor larga y dulcemente.

El domingo, se levantaron tarde, bajaron a desa yunar al comedor y luego se tumbaron bajo una de las sombrillas junto a la laguna. Después hicieron un pequeño crucero en barco por los canales y volvie ron a tiempo para cambiarse, hacer las maletas y volver al aeropuerto para tomar el vuelo nocturno a Sydney.

Había sido un fin de semana maravilloso y, exac tamente, lo que ella necesitaba, pensó Sakura du rante el vuelo.

- Gracias.

Sasuke le tomó la mano y se la llevó a los labios. - De nada.-

Esperó hasta el amanecer para decirle que iba a tomar el primer vuelo de la mañana para Melboume, ya que tenía algunas reuniones allí, y en Adelaida, Brisbane y Perth.

-¿Cuánto tiempo vas a estar fuera? - le preguntó ella mientras él la mantenía abrazada después de pasar toda la noche haciendo el amor tumultuosamente.

- Tres o cuatro días - respondió él y le rozó los la bios con los suyos -. Échame de menos.-

Oh, sí, lo haría. Todos los días, todas las noches. Sobre todo por las noches. - Puede - dijo ella y él le mordió el lóbulo de una oreja -. ¡Eso duele!

- Eso pretendía.-

Ella le devolvió el mordisco. Y se sorprendió cuando él la hizo darse la vuelta y se colocó enci ma.

-¿Quieres jugar?-

La boca de él estaba muy cerca de uno de sus se nos y ella apretó los labios contra la frente de Rafael, bajándolos luego hasta su nariz. Luego, ladeó la boca para besarla de lleno en los labios. - Creo que deberías conservar tus energías - murmuró Sakura.

Sasuke se rió y la sorprendió con beso breve y duro. - Ah, te preocupas por mi bienestar – murmuró - Muy conmovedor. Pero ya es hora de ducharme, ves tirme y de que me vaya al aeropuerto.-

Cuando salió del cuarto de baño, ella estaba dor mida y no la despertó mientras se vestía. Luego, se quedó mirándola por un momento y lamentó tener que marcharse. Se inclinó y le apartó suavemente un mechón de cabello de la cara, se volvió y salió de la habitación.

Sakura se dijo a sí misma que estaba disfrutando de la libertad de estar completamente a cargo de su vida durante la ausencia de Sasuke, pero solo tuvo que pasar sola la primera noche en la cama que habían compartido para darse cuenta de que se había equivocado. Echaba mucho de menos estar entre sus brazos, la sensación de su cálido cuerpo contra el suyo propio. Echaba de menos el sexo, pero lo peor de todo era que lo echaba de menos a él. Consecuentemente, pasó una noche agitada y, a la mañana siguiente se despertó decidida a minimizar los efectos de su ausencia.

Llamó a Ino y ésta la invitó a quedarse en su casa el martes por la noche. Además, ella le había prometido a Konohamaru que lo invitaría a comer en un restaurante si sacaba buenas notas en las pruebas de antes de los exámenes finales, cosa que el chico ha bía hecho, así que decidió invitarlo a cenar el miér coles por la noche.

Eso le dejaba libre el jueves. Tal vez con Ino y algunas amigas más, podrían orga nizar una fiesta o ir al cine. Entre el colegio, preparar las lecciones y una vida social activa, no tendría tiempo de pensar en el hom bre dinámico que había logrado metérsele bajo la piel e invadir su corazón.

El martes por la tarde, Sakura entró en el super mercado, tomó un carrito y empezó a llenarlo de co sas. Eran casi las cinco cuando volvió a la casa y em pezó con los preparativos. Ino llamó a la puerta a las seis y Sakura se secó las manos y le abrió la puerta exterior. Luego fue a hacer lo mismo con la puerta de la casa.

- Vaya, esto tiene clase de verdad - dijo Ino cuando entró -. ¿Me enseñas la casa?-

- Claro, ¿por qué no? ¿Después de cenar? Tome mos primero una copa de vino y luego cenaremos. Después te enseñaré la casa.- Estaba bien eso de sentarse y charlar con la tran quilidad que daba una larga amistad. La cena no es tuvo mal y así se lo dijo Ino.

- Tú le amas, ¿no?- Ino preguntó eso de repente y a Sakura le costó un momento encontrar la voz para responder.

- Hey, soy yo, Ino. ¿Recuerdas?

Sakura se puso en pie y empezó a recoger la mesa. - No estarías aquí con él si no te importara. –

La amistad tenía sus desventajas. Una amiga no se echa atrás y te conoce demasiado bien, pensó Sakura. - Estoy tratando de aceptarlo - respondió ella tranquilamente.

La casa y el terreno encantaron a Ino y des pués, tomaron unos cafés, vieron unas películas de vídeo y se acostaron tarde. A Sakura le costó trabajo dormir y se despertó al amanecer, se levantó y, después de ducharse y vestirse, bajó a la planta baja, abrió su cartera y empezó con el trabajo del día.

Sasuke no la había llamado, pero tampoco ella ha bía esperado que lo hiciera. Tenía el número de su teléfono móvil y podía llamarlo cuando quisiera.

¿Pero qué le iba a decir? ¿Que lo echaba de menos?

- Hola, te has levantado pronto. - Levantó la mirada y se encontró con la alegre cara de Ino.

- El café está caliente - dijo mientras metía todo de nuevo en la cartera -. ¿Qué quieres desayunar? - Ino llenó dos tazas de café.

- Lo mismo que tu.-

-¿Y si nos vamos al cine el jueves por la noche?-

- Lo echas de menos, ¿eh?-

- .-

- De acuerdo. Pero antes nos vamos a cenar, ¿te parece bien? Yo elijo el restaurante y tú la película.-

- Hecho.-

Media hora más tarde, cada una se metía en su coche y se fueran a sus respectivos trabajos.

Para Konohamaru era importante que nadie en el cole gio supiera que su profesora de literatura inglesa lo iba a invitar a cenar, por consiguiente se comportó con toda normalidad durante las clases.

Sakura había quedado con él en el restaurante. Él había insistido en que iría en el metro y no quiso que ella lo recogiera en su casa. El teléfono sonó justo cuando ella estaba termi nando de vestirse y contestó desde el dormitorio.

- Sakura. –

El sonido de la voz de Sasuke la llenó de alegría. - Hola.-

-¿Algún problema?-

- Todo va bien, ¿Dónde estás?-

- En Perth Y todo va bien también por aquí. Lle garé el viernes en el vuelo de la tarde.-

- De acuerdo.-

-¿Solo eso?-

El humor se notaba en su voz y ella añadió: - La casa está muy solitaria sin ti. La risa de Sasuke le produjo un efecto extraño en las entrañas.-

- Me siento tentado de decirte que tomes el vuelo de por la mañana y te reúnas conmigo aquí.-

- Yo tengo un trabajo, ¿recuerdas?-

- Puedes llamar diciendo que te has puesto enfer ma.-

- No, no puedo.-

- No hagas planes para el viernes por la noche.-

El corazón de Sakura se agitó. - De acuerdo.-

- Necesitas trabajar un poco con tu vocabulario. Aunque lo que tengo en mente no es precisamente hablar. Buenas noches, pequeña.-

Ella necesitó un momento para quitarse de la ca beza las imágenes vívidamente eróticas que él había despertado. Luego, tomó su bolso y bajó al coche.

Konohamaru ya la estaba esperando cuando entró en el restaurante y ella logró ocultar su sorpresa. Parecía mayor que los dieciséis años que tenía y se había molestado un poco con la ropa, ya que llevaba unos vaqueros nuevos negros, la camisa planchada y con corbata, además de una chaqueta de cuero y el pelo recogido con una coleta.

- Estás muy bien - le dijo Sakura.

- Usted también.-

-¿Vamos ya a la mesa?-

Los condujeron a una y fue Konohamaru el que confir mó la reserva. A ella le hubiera gustado decir que bien hecho, pero no se atrevió.

Cuando estuvieron instalados, Konohamaru pidió la carta de vinos, le pidió sus preferencias a ella y solicitó un chardonnay. La carta recibió una atención si milar.

- Quiero agradecerle que haga esto por mí - dijo el chico con sinceridad -. Ningún otro profesor se mo lestaría en hacerlo. ¿Por qué lo ha hecho usted?-

- Porque creo en ti.-

- Tal vez, si seguimos en contacto, cuando me gradúe la pueda invitar yo a cenar a usted.-

- Me encantaría.-

Casi había terminado el segundo plato cuando una atractiva pareja entró en el restaurante y se acer có a su mesa. -¿Sakura?-

Ella levantó la mirada al oír esa voz femenina y vió a Karin con Suigetsu a su lado. Ya era raro que con todos los restaurantes que había en Sydney, fue ran a coincidir en el mismo.

- Karin, Suigetsu. Este es Konohamaru Sarutobi - dijo ella haciendo las presentaciones.

- Esto es toda una sorpresa, querida. Tenía enten dido que Sasuke estaba fuera.-

-Y lo está.-

Karin miró a Konohamaru y luego de nuevo a ella.

- Que disfrutes - dijo.

-A usted no le cae bien - dijo Konohamaru cuando se hubieron marchado.

-¿Se me ha notado?-

- No. Pero es que he aprendido a leer su expresión todos los días en clase. Usted es la mejor profesora que nunca he tenido. Si alguien le causa problemas, solo hágamelo saber.-

- Gracias - dijo ella solemnemente.

Pidieron los postres y unos cafés Ya eran más de las diez cuando ella pagó la cuenta y salieron a la ca lle.

- Te llevare a casa - dijo Sakura

- No, gracias. Tomaré el metro.

- Konohamaru.-

- Ya sabe que vivo en una zona mala de la ciudad. No quiero que vaya por ahí sola y por la noche. ¿Capisce?-

- En ese caso, deja que te lleve a tu parada.-

- Yo la acompañaré hasta su coche - dijo muy se rio el chico -. Luego, iré andando a la parada.-

Ella quiso discutir, pero sabía que era inútil. Konohamaru, como si se hubiera dado cuenta de sus pen samientos le tomó la mano. - Me las puedo arreglar bien yo solo - dijo.

Cinco minutos después, Sakura estaba sentada en su coche y bajó la ventanilla.

- Cuídate.-

La sonrisa de él fue muy cálida. - Usted también. Y gracias por todo.-

Ella esperó hasta que desapareció de su vista y luego arrancó y se dirigió a casa.

La luz del contestador estaba parpadeando cuan do llegó y ella apretó el botón correspondiente.

- Saku, querida - dijo una voz femenina -. Soy Karin. Me ha encantado tu juguetito. Aunque dudo mucho que a Sasuke le vaya a gustar.-

Y esa mujer no iba a poder esperar a contárselo, pensó Sakura deseando estar allí para poder ver la expresión de Karin cuando descubriera que su su puesto jugueteo era un discípulo suyo de dieciséis años.

Esa noche le costó trabajo dormirse y se despertó cuando sonó la alarma del despertador. Después de ducharse y desayunar, se fue al colegio, donde el día fue normal y corriente. Ino la llamó durante la hora del almuerzo para confirmar la cita para ir a cenar y al cine.

Esa tarde se encontraron en un café cercano a la sala que habían elegido, cenaron y después se fueron a ver la película.

Cuando salieron lo hicieron riendo y hablando de lo que más les había gustado de la película.

-¿Café? - preguntó Ino y Sakura aceptó.

-¿Por qué no?-

Entraron en un bar, pidieron sus cafés y se queda ron allí hasta cerca de la medianoche.

El viernes amaneció brillante y claro, y a Sakura las horas le pasaron muy despacio. Eso del vuelo de la tarde tenía poca relevancia cuando ni siquiera sabía la línea aérea con que iba a volar Sasuke, así que volvió a casa sin saber si él estaría allí o no.

No estaba, así que contuvo su decepción cuando se dirigió a la cocina, tomó el guiso de pollo que había preparado esa mañana y lo metió en el microondas. Era una tontería sentirse tan dolida, se dijo a sí misma mientras se dirigía al dormitorio para duchar se y cambiarse de ropa.

Durante todo el día había sido muy consciente de cómo se iba incrementando su tensión nerviosa y pensar en lo que le podía deparar la noche hacía que la sangre se le calentara. Se desnudó y entró desnuda en el cuarto de baño, ajustó la temperatura del agua y se metió bajo la du cha.

Se lavó la cabeza y, cuando se fue a enjabonar, una voz masculina dijo:

-¿Por qué no dejas que sea yo el que haga eso?