Definitivamente, voy a dejar de prometer cosas que no cumpliré .-.
Esta historia pertenece al proyecto abecedario.
• Aclaración: Las frases que coloco al inicio y final de cada capítulo/One-Shot son como un ligero resumen de lo que ha de suceder. Las flores (✿) son un cambio de escenario y tiempo, mientras que esto (ஐ) es para demostrar los recuerdos, las líneas horizontales son para indicar que es en otro escenario pero mientras sucede la escena anterior.
• Dedicación: A quienes votaron por ShinAya y tuvieron que esperar un par de capítulos de más.
• Advertencia: ¡Capítulo extremadamente largo! OoC y OC.
• Disclaimer: Ni Kagerou Days ni sus personajes me pertenecen, todos son propiedad de Jin-san, si no fuese así no los habría dejado morir tantas veces.
MODE CURSI ON
Letra: C
Cinco formas de besar
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By: D.S. Lianne
Capítulo V: Vodka y mucho whisky
"Querido diario, hoy me robaron mi primer beso."
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Operación; primer beso
Parte IV
Vodka y mucho whisky
Por Tateyama Ayano
ஐ
Kido dejó caer la muy pesada caja que cargaba en brazos desde hacia ya un buen rato, liberando así el hastiado suspiro que anduvo reteniendo todo el día. Miró…, no, más bien admiró el impecable paisaje frente a sus ojos y una sonrisa orgullosa surcó su rostro.
El ático de la base (porque sí, la base escondía varios secretos y el tener un ático pertenecía a ello) solía ser un hediondo y oscuro lugar donde las arañas gobernaban el techo y las cucarachas la tierra, cajas amontonadas podían ser brevemente confundidas con montañas enormes de polvo y apostaba su vida a que el altillo era una cueva de murciélagos.
Eso hasta que Kido decidió hacerle una visita a tan terrorífico lugar… Y no sólo eso, sino también ordenar dicho sitio. No fue tarea fácil, he de decir, pero Danchou era una caja de sorpresas y finalmente logró eliminar cualquier rastro de oscuridad en el ático.
Tras años de haber ignorado la limpieza de la habitación, por fin ella se decidió a culminar verdaderamente el aseo de la base.
Oh, ¿no lo mencioné? La razón por la que Tsubomi limpió el ático era porque ese día fue denominado como «día de limpieza»; todos hemos pasado por ese mal.
―Pensé que nunca terminaría ―se dijo, dejándose caer en el ahora impecable suelo―. Quién diría que con un poco de agua y jabón este lugar podría llegar a convertirse en una zona habitable ―no lo pensó, la frase ni siquiera pasó por su mente, simplemente salió así como así.
Y fue ese mismo impulso el que consiguió brindarle una de las más magníficas ideas: convertir aquel altillo en una habitación. Una habitación para el posible décimo miembro de la brigada. Pero…
¿Por qué no mejor hacerle una habitación al miembro cero?
No iba a ser ningún gasto de tiempo, pues Tsubomi todavía permanecía con la intacta esperanza de que Ayano lograse huir del daze sana y salva…, por más ilógico que suene. Y la mejor manera de convertir un cuarto en el paraíso de su hermana mayor era colocando recuerdos de cuando ella aún seguía viva, es decir, de todo aquello que les rodeó en su infancia.
Kido estaba segura que tales recuerdos se encontraban en alguna de los empaques en el ático, recordaba haber metido todos los álbumes y demás objetos en un par de cajas cuando hicieron la mudanza…
¡Oh! Todavía le restaba una caja por revisar. Seguramente ese era el ataúd en donde guardó todo.
"Demonios, tengo que botar la basura" recordó absteniéndose a abrir el misterioso paquete e ir a cumplir con su obligación. El trabajo de una mamá gallina nunca terminaba.
Bufó cansada y agarró la funda negra que se hallaba en una esquina del ático (producto de lo que había limpiado y desechado de los bloques de cartón que llegaron en la mudanza). Como si fuese algo normal y suficientemente fácil, elevó la gorda bolsa hasta la altura de su hombro y comenzó a bajar la escalera que conectaba hacia la planta alta.
Una vez abajo, rápidamente activó su mirada, encargándose de predeterminar un rango específico para que la escalera y el orificio del ático consiguiesen desaparecer mientras ella dejaba la funda de basura en la entrada. No quería que nadie supiese sobre el sitio.
Kido miró hacia un costado, fijando su vista sobre una puerta específica.
―Sólo espero que Kano no salga de su habitación.
Ni siquiera había dado un paso cuando oyó el gruñido frustrado que rebotó entre las baldosas del baño y aterrizó en sus oídos.
Al reconocer la voz, tan sólo pudo atinar a reírse de la desgracia (por así decirlo) de uno de sus hermanos: Seto. Adivinó con extrema facilidad que tal sonido fue porque el cepillo se atascó en el retrete y Kousuke no poseía la fuerza suficiente para retirarlo. Dios, la situación era tan cómica que Tsubomi no pudo parar de reír.
Supo, casi de inmediato, que Seto estaba haciendo un buen trabajo y por ende no tendría que supervisarlo como haría con los demás chicos…
Sí, chicos, con «o». Momo, Mary y Ene quedaban excluidas del círculo de limpieza.
Sin dar más rodeos, Kido siguió su rumbo encaminándose al umbral de la base, encargándose de dejar la basura y de paso supervisar las tareas de los miembros masculinos del Dan.
Su primera parada fue en la sala, la cual estaba designada para Konoha y Hibiya. La escena que presenció era, de cierta manera, adorable. Pues ambos se asemejaban mucho a un par de hermanos ya que uno poseía lo que el otro no tenía.
Por ejemplo, un niño de la edad del Amamiya no sería capaz de levantar los muebles con la misma fuerza de Konoha, y una persona como el albino no podría moverse tan rápido como Hibiya. En palabras simplificadas y describiendo la escena: Konoha levantaba los más pesados muebles mientras el castaño barría, trapeaba y abrillantaba el piso en un santiamén, era como un Speedy Gonzáles japonés.
"Hacen un buen trabajo" pensó antes de retirarse e ir a la segunda estación: la lavandería.
No había ningún trabajo de limpieza que hacer ahí, sin embargo la lavadora estaba descompuesta y como Kido poco entendía de inglés, llamó al chico de IQ elevado con tal de pedirle que arreglase aquella máquina infernal.
―Por fin ―alabó el pelinegro Kisaragi. Seguido de ello el rugido feroz de la lavadora en marcha.
En vista de que Shintaro había culminado antes de lo esperado, Kido decidió volver al ático y continuar con lo que dejó inconcluso.
Al haber pisado el antepenúltimo peldaño que la conducía hacia el segundo piso, pudo apreciar claramente el chirrido de una puerta a la cual le faltaba aceite.
Y ella conocía bien qué pórtico era ese.
―Kano…
De pronto, su mirada se apagó por mera inercia y sin consentimiento previo, revelando la escalera y el agujero en el techo.
―¡Oh, qué bien que te encuentro, Kido! Justo estaba buscándote ―habló él, arrastrando fuera de la habitación una funda negra llena de escombros desagradables. El cuarto de Kano era tan desordenado que, mientras los chicos limpiaban la sala, los baños y la lavandería, Shuuya se ocuparía de arreglar su alcoba entera―. Recuérdame por qué nosotros estamos limpiando la base mientras Momo y Mary descansan.
Supuso que el rubio no había visto nada, así que actuó normal: ―Porque ustedes querían salir mañana a una carrera de motos, aún cuando acordamos semanas atrás que limpiaríamos todos la base.
―Ah, cierto… ―Kano se rascó la mejilla antes de desviar la mirada hacia otra dirección―. ¿Quieres acompañarnos? Digo, sería fácil para ti hacerte pasar por un hombre.
―Siempre que abres la boca dices estupideces ―agregó, estampando su puño contra la cabeza hueca del rubio―, ¿qué te hace creer que quiero acompañarlos?
—Mm, no sé —una vil y traicionera sonrisa se posó sobre sus labios—, que quizá tu también estás limpiando.
... Maldición.
—N-no... —carraspeó, su voz comenzaba a temblar—. No sé de lo que me hablas.
—¿Ah, no? ¿Entonces qué es ese agujero en el techo? —ironizó, elevando el rostro y achicando los ojos con tal de observar mejor—. Acaso es un... ¿ático? —aquella vista gatuna nuevamente se clavó en la carbón de ella—. ¿Desde cuándo la base tiene un ático?
—¿Qué agujero? Yo no veo nada.
Intentó encender su mirada para ocultar la obvia evidencia, sin embargo, esta lo único que hizo fue titilar y no activar ningún poder en especial.
—No trates de ocultármelo, Tsubomi–chan —Kido le aplastó fuertemente el pie, odiaba ese apodo y Kano lo sabía muy bien, mas el pisoteo no pareció afectarlo—. Soy el rey de las mentiras, si quieres engañarme tendrás que hacer un mejor esfuerzo —fastidió, tocando la nariz de la chica a modo de juego—. No obstante, si tú querías que nadie supiese sobre el ático, respetaré tu decisión y me mantendré callado.
Tsubomi dudó: ¿acaso debía darle las gracias?
—Será algo así como «nuestro secreto» —finalizó Shuuya.
¡Allí había doble sentido, Kido lo sabía! O... ¿tal vez estaba siendo paranoica?
La muchacha carraspeó, otra vez.
—M-me alegra que hayas llegado a esa conclusión por tu cuenta —comentó, subiendo las escaleras una por una—. No metas las narices donde no te llaman.
Danchou trató de ser hostil aún cuando Kano estaba acostumbrado a esa manera de actuar, pero él se limitó a sonreír burlón.
—Y tú trata de ser más precavida —aconsejó colgando el delgado plástico sobre su hombro. El rubio sólo dio dos pasos y paró en seco—. De vez en cuando decir «gracias» no hace mal, kukuku~.
—Gracias —susurró cuando él ya se había alejado lo suficiente.
No esperó a que él la escuchara así que se adelantó y entró al ático. Tal como le aconsejó Kano, esta vez procuró activar su mirada.
Una vez oculta la evidencia del altillo, danchou tropezó con la caja restante de la mudanza. Caja que posiblemente podría contener los recuerdos de su infancia y por lo tanto la obligó a arrastrar tan pesado cartón hacia la polvorienta cama para poder revisar su contenido.
Al poco rato en que rompió la cinta que protegía el cartón, una inmensa nube de polvo invadió su espacio personal provocando que la peliverde comenzase a toser con intensidad. Aleteó su mano, alejando las motas voladoras y agarrando la primera cosa que vio en el contenedor.
Sintió gracias a su tacto un portarretratos decorado con macarrones, si mal no recordaba, fue un detalle que Seto tuvo con Ayano durante su cumpleaños número trece, y en el centro del marco él había colocado la foto de los cuatro (Kousuke, Shuuya, Ayano y Tsubomi) jugando con un burbujero amarillo. Al lado del regalo, había otro retrato con una foto de todos los hermanos cubiertos por una cobija mientras jugaban con el preciado PSP de la Tateyama. Y bajo esos dos marcos existían cinco más.
En el interior de la caja había más que sólo portarretratos. Esta estaba llena de álbumes viejos, estatuillas hechas en clases de manualidades, cartas escritas en cartulinas multicolores con una letra poco entendible, collares de plástico y millones de peluches (en su mayoría osos) sucios pero válidos.
"Puede que Mary esté interesada en conservarlos" pensó apartándolos en una esquina de la cómoda.
Siguió revolviendo el contenido de la caja, encontrándose con millones de objetos valiosos pertenecientes a su niñez.
Qué lindo era volver al pasillo de los recuerdos.
Sin siquiera darse cuenta, Kido había derrochado más de tres horas en el ático husmeando aquel baúl hecho de cartón repleto de la esencia de su infancia. Al echar un vistazo por la ventana, ella comprobó que seguramente ya era demasiado tarde (cerca de las once).
No quiso levantar sospechas sobre el sitio, así que se levantó de su puesto y tomó lo que creía que sería un buen obsequio para Mary (peluches, cuentos leídos por Ayano, etc.) e inclusive un libro que encontró al fondo del cajón; no sabía de qué trataba exactamente puesto que no contenía ninguna escritura al inicio ni alguna introducción de su contenido en el reverso. Mas al ver la pasta roja y bien cuidada del mismo, supuso que era un tipo de cuento infantil.
Asomó la cabeza por el agujero del ático, decidida verificar si habían moros en la costa.
Bajando las escaleras, un tétrico rugido perteneciente a las maderas del pasillo hizo acto de presencia, colocándole los pelos de punta y aterrorizándola por completo.
¿A-acaso era un fantasma?
No, no, no. Definitivamente no era eso, los fantasmas o seres del más allá son simples y aburridos mitos.
Pero… Si es que los espectros no existen, ¿entonces qué era esa pequeña silueta blanca que se acercaba temblorosa hacia su dirección?
¡Maldición, eso sí era un fantasma!
―¿Danchou? ―esa voz… Kido conocía esa voz. Abrió sus ojos carbones (los cuales apretó por el susto) y examinó con más detalle a la figura al final de la escalera.
Ese no era ningún fantasma, era Mary, la pequeña medusa que residía en su departamento y que por lo general siempre dormía con un vestido en vez de pijama.
―Ma-Mary ―tartamudeó, posicionando la mano derecha sobre su pecho en un intento de estabilizar su desbocado corazón―, me has dado un susto inmenso. ¿Qué haces vagando en los pasillos a estas horas, eh?
―Te estaba buscando ―contestó la albina mientras le brindaba una sonrisa somnolienta―. No podía dormir y pensé que si alguien me leía un cuento tal vez sí conseguiríadescansar.
―¿Por qué yo? ―inquirió, al minuto se dio cuenta que sonó algo fastidiada así que quiso explicarse―. Quiero decir… Por lo general ese tipo de cosas se lo pides a Seto o a Kisaragi.
―Bueno… ―soltó un ligero suspiro y volvió a hablar―, fui con Momo–chan pero parece estar hablando con alguien por teléfono y no escuchó mi llamado. Por otro lado, cuando quise pedírselo a Seto, recordé que él mañana iba a salir temprano con los chicos y despertarlo no era la mejor opción.
―Ya veo ―comentó una vez que se hallaba en tierra firme―, ¿así que quieres que yo te lea el cuento? ―pese a que la Kozakura lo mencionó antes, Tsubomi tan sólo deseaba asegurarse de no estar soñando despierta o algo parecido.
―Ajá.
―Bien, entonces vayamos a tu habitación ―propuso. Apartó la escalera de la entrada, ocultándola demasiado bien para después empezar a seguir a Mary.
Esperen, la medusa había visto la escalinata del altillo cuando Kido no quería que nadie la viese. Entonces…
―Sobre lo que viste recién… ―inició la peliverde aún continuando su caminata.
―Uhm, ¿hablas del ático? ―Mary giró su cabeza y la miró por sobre el hombro―. Eso lo supe desde hace tiempo atrás, sólo que nunca te lo había comentado. Supongo que lo siento, danchou–san.
Kido suspiró. Por más que odiaba admitirlo, Kano tenía razón: debía ser más precavida.
Demoraron cerca de diez minutos en entrar a la alcoba de la albina, arroparla correctamente y dejar parte de los obsequios que sacó de la caja en alguna que otra repisa del cuarto. Casi de inmediato recordó que había sacado un par de libros del altillo con el objetivo de regalárselos a Mary para que los leyese junto a Seto en sus martes de lectura.
―No creo que te importe si esta noche decido contarte un cuento diferente a los que posees, ¿verdad? ―cuestionó tomando el libro de la lustre pasta roja―. Estos eran cuentos que mi hermana mayor me solía leer cuando era niña.
―¡Genial! ―exclamó emocionada―. ¿Cómo se llama la historia de hoy?
―Mm… Desconozco su nombre, sin embargo, los cuentos de Ayano–neechan siempre fueron interesantes así que dudo que el título sea relevante.
La líder de la brigada tomó asiento en uno de los mullidos sillones cerca de la cama y abrió la primera página; una hoja blanca escrita a mano y en cursiva.
―Érase una vez…
En cuestión de segundos, Tsubomi ya había leído cinco páginas (diez carillas, en total) que relataban la historia de un pequeño monstruo alejado de la sociedad con deseos de al menos ser amado por alguien. Historia que estaba comenzando a parecerle peculiar y bastante conocida, salvo que no recordaba de dónde.
¿Han sentido alguna vez una especie déjà vu? Pues Kido lo tenía en ese momento, quizá haya sido porque Ayano le leía ese cuenta cuando niña… Sea lo que sea, ella hizo caso omiso a sus sospechas y continuó con la lectura.
Eso hasta que el cuento le pareció algo completamente familiar.
"Es una rara forma de empezar un diario, pero quiero que este tema sea el primero que abarque…"
Poco a poco, Kido comenzaba a recordar esa caligrafía en algunas cartas de cumpleaños, cuadernos y libros.
Se saltó un par de líneas pertenecientes a la onceava página.
"Mamá siempre me lee ese cuento cuando tiene grandes noticias por contarme, y excepcionalmente, esta es una de esas ocasiones.
Tendré… ¡hermanitos! Bueno, no en el sentido biológico pero sí en el civil…"
Esa última frase se hallaba remarcada en una nube de esferográfico rosa y decorados negros. Las sospechas incrementaron su tamaño mientras que Tsubomi se limitaba a rezar porque no sea lo que creía que era.
"Mañana acompañaré a mamá y papá al orfanato para ver los documentos de niños en adopción. Estoy emocionada-"
Y para su mala fortuna, era justo lo que temía que fuese:
El diario de Ayano.
―Se acabó el cuento, hora de dormir ―los nervios del momento fueron los que la obligaron a elevar su tono de voz. Cerró abruptamente la maldita libreta y se levantó con rapidez, decidida a devolver esa libreta pese a que ya era medianoche―. Buenas noches, Mary.
Ese definitivamente no era su mejor día. Primero: Kano descubre el altillo gracias a un descuido de su parte. Después: Mary le confiesa que supo de la existencia del ático desde hace mucho tiempo atrás. Para concluir: Lee sin darse cuenta (¡¿Cómo demonios no se dio cuenta?! Digo, era bastante notorio que esos fragmentos pertenecían a un diario) el bloc personal de Ayano.
Debía ir a dormir pronto antes de cometer más errores así de graves. Pero de pronto…
Please don't stop the music
Please don't stop the music
Al mismo momento en que se levantó, la música brotó de sus audífonos, ensordeciéndola por llevar el volumen un tantito alto y sobretodo por ser una canción que odiaba con toda su vida: un antiguo éxito de Rihanna. Era una melodía que ella solía amar cuando Kano aún la llamaba Tsubomi, melodía que con el paso de los años fue odiando por la constante repetición de la misma.
¿Cómo es que esa infernal canción todavía continuaba en su MP3? Vaya, ese aparato requería de una limpieza inmediata.
―¿Qué demo-? ―maldijo la peliverde. Era imposible que su MP3 tocase música por sí solo. Así que por ende, algún ente debía de andar tras aquella pésima broma.
―¡Hola danchou! ―saludó Ene una vez que la líder sacó su aparatejo para comprobar en qué fallaba. Por mero defecto, el virus aplastó un botoncito de la pantalla capaz de pausar la canción, parando la tortura.
Los ojos cerúleos del virus brillaban con emoción, lo que significaba que posiblemente tramaba algo.
―¿Ene? ¿Pero qué haces tú aquí, no se suponía que vivías con Shintaro?
―¿Ene–chan está en la base? ―cuestionó Mary quien poco sabía sobre la conversación entre las chicas ya que Kido estaba con audífonos y la voz de Ene solamente se escuchaba si eras poseedor de un auricular.
Su pregunta fue ignorada y la charla siguió fluyendo.
―Aún vivo con ese virgen, sin embargo, Momo–chan me propuso quedarme por hoy en la base y yo gustosa acepté.
―Si Kisaragi te invitó, ¿entonces qué haces en mi MP3?
―Pues… Andábamos ligeramente aburridas y decidimos visitarlas.
―¿Deci-dimos? ―preguntó entrecortada.
―¡Sorpresa! ―vociferó Momo Kisaragi haciendo una entrada triunfal que aterró a Mary.
La pequeña albina chilló espantada y se escondió bajo sus sábanas. Siendo ese acto el causante de que la rubia recibiese una mirada de reproche por parte de Kido.
―Lo siento ―se retractó, susurrando―. Sorpresa~.
Danchou retiró los audífonos del MP3 y colocó a Ene de frente.
―Espiar conversaciones privadas es de mala educación ―les regañó a ambas jóvenes, temiendo que ellas hayan escuchado la lectura.
―¿Ah, sí? ―replicó el virus, sonriendo malévolamente―. Leer el diario de otras personas también lo es.
Demonios, ¿por qué todo le salía mal?
―E-eso fue un accidente ―se excusó hundiéndose incómoda en su capucha púrpura―. Yo no sabía que era un diario, en cambio lo ustedes fue a propósito.
―Bueno… Realmente Ene–chan y yo vinimos sólo a oír un cuento.
Tsubomi rió sarcástica, dejando ver su rostro adornado con una sonrisa casi imperceptible.
―Es imposible que me trague eso. He pasado suficiente tiempo con Kano como para deducir que mientes ―ironizó clavando sus orbes carbón en los de la idol―. Sea cual sea la razón por la que están aquí, ya no importa. Solo quiero decirles que ya es medianoche y mañana todas nosotras limpiaremos la base. Así que no quiero verlas flojeando a mitad de trabajo, ¿entendido?
La indirecta fue lanzada hacia Momo, quien rió nerviosa y se rascó la nuca evitando comentar algo respecto al tema.
―Entendido, danchou. Sólo quiero decir una ligera cosita antes de ir a dormir ―pidió la rubia, sonriendo inocente.
―¿Y ahora qué?
―Pues… En vista de que no terminaste el relato anterior, ¿qué tal si danchou nos lee un último cuento?
La desconfianza se reflejó en los ojos de Kido, quien sospechaba un poco acerca de sus palabras pese a la inocente sonrisa que la chica portaba: ―¿Como cuál?
Las pixeleadas coletas de Ene se movieron entusiastas y refugió el misma gesto que portaba Momo.
―Como… El primer beso de Ayano ―opinó el virus, expandiendo la línea curva de su boca hasta conseguir la muy aclamada sonrisa de gato.
―Ene… ―llamó la líder.
―¿Sí~?
―Te voy a apagar ―amenazó fulminándola con la mirada.
―Es broma, es broma~ ―pasar tiempo con Kano al parecer también estaba afectando a la peliazul.
De alguna forma, Ene y Momo habían intercambiando una mirada cómplice, mientras que la Kisaragi asentía silenciosamente.
―Entendido ―susurró Momo―. ¡¿Q-qué es eso?! ―el dedo índice de ello apuntó en dirección a la puerta abierta, titubeando en cada oración―. ¡¿Es un… fa-fa-fantasma?!
Kido sintió cómo sus cabellos se erizaban uno por uno al ver otra sombra vagar por el pasillo, y no fue la única… Momo había mentido con respecto al espectro sólo para conseguir el diario, no obstante, no contaba con que esa cosa del «fantasma» fuese cierto y de veras estuviese caminando o flotando (lo que sea que hagan los espíritus) por el corredor. ¿Es que acaso también tenía un poder para hacer que todo lo que diga se hiciese realidad?
Tanto Momo como Kido (y posiblemente Ene) estuvieron a segundos de gritar cuando la aterradora sombra se acercó al pórtico. Mary, por supuesto, desconocía que algún ser del más allá se aproximaba a su habitación, pues al a penas oír la palabra mágica «fantasma» se ocultó despavorida bajo las almohadas y sábanas.
―¿Chicas? ―cuestionó un agotado Seto. Exactamente. No era ningún espectro, espíritu, lo que sea que fuese…, sólo el chico rana―. ¿Q-qué hacen despiertas tan tarde?
―O-oh, nada, Seto–san. Sólo estábamos… Ya sabes, teniendo cosas de chicas como pijamadas y… todas esas cosas―mintió Momo, teniendo un deje de histeria plasmada en su voz, ignorando que repetía demasiadas veces «cosas».
―¿Tú qué haces despierto? Se supone que los chicos y tú partirán mañana por la mañana a esa carrera de motocicletas ―y ahí estaba Kido, desempeñando como siempre el rol de mamá gallina.
―No podía dormir así que fui a la cocina por un vaso de leche, ¿ves?
Frente a los impacientes ojos de las espectadoras, el pelinegro batió el recipiente de vidrio lleno hasta la mitad con leche.
―En fin, traten de- ―bostezó―, no dormir más tarde de lo que ya es. Buenas noches, err… ―era tanto el sueño, que Seto andaba con un pie en la realidad y otro en el mundo de los sueños, es decir, sonámbulo. Por lo que era un poco difícil recordar los nombres de las chicas…, al menos de la mayoría―, buenas noches chica uno, chica dos, chica tres y Mary.
Y el somnoliento chico rana se fue por donde vino, caminando con pasos pesados y medio párpado a punto de cerrarse.
―Es un alivio saber que no fue un fantasma ―comentó una Tsubomi más calmada. Se encaminó hacia la puerta con el fin de cerrarla, ya eran demasiados sustos por una noche.
En el mismo instante que se giró puesto que cerró el pórtico, no pudo evitar el soltar un gritillo ronco pero sorprendido.
―¿Qué demonios haces, Kisaragi?
Momo se exaltó, colocando sobre la mesita de noche el libro de pasta roja que Kido dejó cuando obstruyó la entrada del cuarto con la puerta.
―N-nada ―fingió amnesia y escondió tras su espalda el celular que portaba en manos.
―Si fuera un simple «nada» no habrías escondido tu teléfono.
―En serio, danchou, no es nada ―la rubia sintió sus manos sudar por la tensa situación, era una mala costumbre que siempre tuvo. Pero también era una costumbre que no le favoreció en lo absoluto, pues el teléfono se resbaló de sus manos, cayendo de espaldas contra el suelo y aterrizando frente a la líder.
Tsubomi se agachó a recogerlo, apreciando la foto que la pantalla mostraba.
―¿Qué son estas fotos? ―dio paso a la siguiente―. ¿Son… Son fotos del diario de Ayano nee–chan?
―¡No es nada! ―vociferó la rubia retirando el celular de aquellas peligrosas manos, después se arrepintió de haber elevado su tono―. Lo siento. No es nada.
―Borra. Esas. Imágenes ―advirtió.
Momo suspiró. Ya de nada servía seguir ocultándolo cuando todas las pistas indicaban a que danchou estaba en lo cierto.
―Bajo una condición.
Kido no pensaba negociar, aún así le dijo que continúe sólo para oír lo que diría.
―Quiero que leas el capítulo de su primer beso ―exigió con una mirada seria.
Y de la misma manera, la peliverde se negó: ―No.
"Maldición" gruñó Momo (mentalmente, claro está). La rubia realmente odiaba entrometerse en las cosas privadas de los demás aún cuando era poseedora de una inmensa curiosidad. Mas esta vez se atrevió a ir en contra de sus votos sólo porque creía tener alguna idea de cómo proseguir con la operación, y esa idea dependería de cómo fue el primer beso de Ayano.
―Ow, qué mal ―terció el virus, quien permaneció callada hasta el momento en que se presentó su oportunidad de intervenir―. Entonces supongo que no habrá problema con que le envíe estas fotos al amo~.
Reiteraba: Kano le hacía mal a esa muchacha.
Y si de algo Tsubomi estaba segura era que durante su infancia Ayano se hallaba fielmente enamorada del solitario Kisaragi…, aún cuando desconocía qué era lo que su hermana vio en ese chico.
―No serías capaz de hacerlo.
―Hm, ¿me estás retando, danchou?
Sin que las demás se hubiesen dado cuenta, Mary estuvo escuchando toda la disputa entre las chicas. Y cuando por fin se animó a defender la privacidad de Ayano, fue (como siempre) interrumpida.
―Está bien, sólo… Elimina las imágenes que tomaron ―accedió botando el aire que sus pulmones contuvieron.
El virus le sonrió satisfecha a su cómplice y aplastó el botón rojo con el ícono de un contenedor de basura.
―Terminemos rápido con esto ―bufó resoplando su cerquillo.
Con ambas manos agarró la libreta encima de aquella enana mesita y se sentó cerca de todas las presentes, procurando encontrarse en un ángulo donde el audio pudiese ser viable.
"Querido diario, hoy me robaron mi primer beso…"
ஐ
Me miré al espejo de cuerpo completo y lo único en lo que pensé fue «esa definitivamente no soy yo».
―Te ves preciosa. No puedo creer que estés a punto de ir a tu primera fiesta.
―N-no es para tanto, mamá ―respondí abochornada al darme cuenta que ella estaba analizando mi reflejo―. Además…, no es una fiesta, por lo menos no del todo. Es algo así como una celebración en nombre del día que inauguraron el colegio, lo hacen todos los años, nada en especial.
―Sea lo que sea, es la primera vez que asistes a un evento como este. Y es la primera vez que te veo con vestido ―pude detectar la emoción en su voz e inclusive a través del espejo vi su rostro abundado del mismo sentimiento.
No obstante, cuando los orbes castaños de mamá aterrizaron en mi cuello, su ceño se frunció. Como si no le agradase lo que llevaba puesto.
―¿Sucede algo?
Mamá pareció dudarlo durante unos segundos, pero terminó por soltar la bomba:
―¿Estás segura que no quieres dejar tu bufanda en casa? ¿Aunque sea sólo por una noche?
―Nop ―negué veloz, girándome a encararla mientras movía mis manos de forma horizontal―. Fue un regalo de Kousuke, Tsubomi y Shuuya, nunca me la quitaría ―acaricié la suave tela carmesí que colgaba de mi cuello y sonreí―. Hablando de ellos: ¿están dormidos?
―Sí, su horario de siesta ya pasó. Ni siquiera sabrán cuándo te fuiste ―mamá se levantó de su asiento y me reconfortó en un abrazo protector para después darme un beso en la frente―. Si surgen inconvenientes o si quieres que tu padre y yo te vayamos a ver, mándame un mensaje, ¿está bien?
―Está bien.
Sus brazos se desenvolvieron y al abrir mis ojos, visualicé su delgada figura en la puerta.
―Te esperamos abajo.
De pronto, en pocos segundos, dentro de la alcoba sólo quedábamos mi reflejo y yo, mi madre había decidido darme un poco de privacidad y decidí aprovecharla.
La yo del cristal me sonrió.
―No sé por qué mamá se queja, la bufanda sí queda con el atuendo… O eso creo yo.
Esta noche quería lucir bien, quería por lo menos impresionar a Shintaro.
Y sí, sé que está completamente mal vestirse para un chico, sin embargo, en mi mundo es aceptable que una chica se vista para ver la cara sorpresiva del chico que le gusta, aún más cuando éste es un completo amargado antisocial el cual aplica la indiferencia cada segundo de su vida.
¿Realmente está mal querer sacar a lustre las caretas ocultas de una persona fría?
Me aseguro que el corto vestido blanco que llevo luzca bien y no pose ninguna mancha. Examino el pálido saco que tapa la gran mayoría de la tela.
Es… Ciertamente un conjunto informal, y existen tantas probabilidades de que la fiesta sea con ropa formal pero estoy dispuesta a correr el riesgo. Tomando algunas precauciones, Ayaka (de vez en cuando la llamo así) se esforzó rizando mi lacio cabello para no verme tan diferente dentro de la celebración.
―Ahora el toque final ―saqué los pasadores rojos que guardaba en mi manga y los coloqué al lado derecho del peinado―. Perfecto.
Pip pip.
El estruendoso pitido me sacó de mi ensoñación, alterando mis sentidos y apresurando mi paso tortuga. Bajé a toda velocidad las escaleras, asegurándome de haber cogido todo lo necesario para sobrevivir a una noche como esta.
Según la invitación, la fiesta se llevaría a cabo en los interiores del inmenso gimnasio institucional, por lo general era el sitio en donde nos daban los anuncios importantes o creaban convocatorias estudiantiles para organizar eventos.
Mas hoy, todo lucía diferente. Sobre la tarima estaba la banda del colegio tocando piezas bailables. El techo antes completamente plano, presumía varias decoraciones e inclusive luces de colores. Y… Dios, ¡en cada esquina había una mesa de bocadillos (puedo jurar que Haruka–kun estaba cerca de ese lugar)!
Reconocí con cierta facilidad algunos alumnos de secundaria y preparatoria, pero entre tantas caras conocidas no encontré la que se hallaba en mi búsqueda.
―¡Ayano!
Posicionada en el lado contrario de la entrada, estaban un grupo de chicas con las que me llevaba bien, se podría decir que hasta éramos amigas. Una de ellas hizo un ademán para que me una y yo, asintiendo la cabeza, acepté.
―Hey ―saludé.
No sé si fue el aclamado sexto sentido femenino o una especie de intuición, pero por razones desconocidas, mi vista se fijó en la entrada y, por ende, también en la persona que acababa de entrar.
A mis ojos, Shintaro Kisaragi se veía bien utilizando por primera vez un smoking… Aún cuando la palidez de su piel resaltaba las ojeras bajo sus ojos y su cabello andaba despeinado.
Viéndose siempre indiferente (¿no dije yo que en su vida jamás ha sido de otra forma?) se adentró al salón y caminó en dirección opuesta a la que me hallaba, es decir, yendo cerca de los bocadillos del otro extremo.
―Pensé que no vendría ―musité ignorando la charla entre mis amigas―. Momo–chan debió obligarlo.
―¿Dijiste algo? ―me preguntó la muchacha que se sentaba a mi lado en biología: Kurumi.
―Err… No, nada.
Habían pasado dos minutos y la cantidad de personas con las que me encontraba comenzaban a disminuir puesto que algunos chicos las invitaron a bailar. Pasados cinco minutos, ya sólo estábamos tres. Y diez minutos después, la única sin pareja era yo.
También quería que alguien me sacase a la pista, por supuesto. Sin embargo, el joven al que esperaba nunca se acercó.
―Soy Ayano Tateyama, generalmente yo tomo la iniciativa, no tengo que estar esperando a alguien cuando puedo ir bajo mis propios méritos hacia el objetivo ―me animé.
Y así fue cómo gaste media hora de mi vida buscando a un fantasma por todo el gimnasio.
―Takane–chan, Haruka–kun ―pasando cerca de la mesa, localicé al par―. Qué bien que los encuentro, ¿de casualidad no habrán visto a Shintaro?
La boca de Haruka–kun se movía como si estuviese articulando palabras, pero nada salía de ésta puesto que estaba llenísima de comida.
―Deja de hacer eso, es repugnante ―determinó Takane, y parece que Haruka lo tomó como un chiste porque se limitó a reír y tragar lo que tenía dentro―. No lo he visto desde que entró a la fiesta, ¿por qué?
―Es que, bueno… ―sentí los colores subirse a mis pómulos al pensar en lo que estaba por decir―, quería invitarlo a bailar. Ya saben, para que no esté tan solo.
Tanto Haruka como Takane sonrieron a sabiendas de que esa última parte era una simple excusa.
―Yo lo vi saliendo del gimnasio hace un par de minutos ―agregó Kokonose–kun tras haber dejado su boca libre de comida.
―Conociéndolo, de seguro se aburrió y regresó a casa pronto.
Lo medité durante varios segundos antes de responder:
―Puede que tengas razón, Takane–chan ―agregué un poco desilusionada, admirando el lustroso suelo bajo nuestros pies―. Shintaro no es mucho de fiestas, ¿por qué se quedaría a esta?
La conversación entre los tres no duró mucho, decidida a retirarme hacia la otra esquina en donde estaba anteriormente, me despedí de ellos.
―Por cierto, Haruka–kun… ―comenté, parando mi paso―, deberías ir a bailar con Takane.
Estando un poco más lejos de la pareja (porque sí parecían una), fui capaz de escuchar parte de su charla no tan amena:
―Oye Ta-
―Ni lo pienses ―y, según el ruido de algo impactando con otro algo, adiviné que Takane le había aplastado el pie para que se calle.
Nuevamente estaba yo, sin ninguna compañía, sentada en una mesa con cinco sillas a los costados. No había nada que me divirtiese en esos momentos, es más, cerca de diez minutos habían pasado y comenzaba a tomar como una posibilidad el llamar a papá y decirle que me recoja.
Del cómodo saco rosa, saqué mi celular preparada para marcar el número de mi familiar masculino. Sin embargo...
―Hey, ¿todavía sigues buscando a Kisaragi? ―preguntó Kurumi, acercándose junto a su pareja de baile.
―No, ya no. Hablé con Takane–chan y dijo que puede haber vuelto a casa temprano.
―Ah, ¿en serio? — Su cara incrédula se giró a la izquierda, encarando a su acompañante—. ¡Sabía que estabas equivocado!
―No, claro que no. Estoy cien porciento seguro de que ese era Shintaro.
Casi de repente, se dio inicio a un debate amistoso entre ellos, cosa que no tendría consecuencias ni nada malo como efecto colateral.
―¿A qué se refieren? ―cuestioné, sin entender nada de lo que se hablaba.
―Él dice que hace rato había visto a Kisaragi sentado en las escaleras mientras bebía con un par de chicos de último año, ¿puedes creerlo? ¡Es todo un desbarajuste!
¿…Shi-Shintaro? ¿Aquí, en la fiesta? Esperen, ¡¿bebiendo?! ¡¿Aún más, con alguien?!
―¿Q-qué? Está…, ¿está bebiendo?
―Eso dice él ―señaló al muchacho―, pero-
Huí estratégicamente sin dejar que ella terminase su frase, con el fin de llegar a las escaleras más cercanas (pues su novio, desde la lejanía, consiguió gritarme la ubicación del pelinegro).
Al llegar a mi destino, confirmé toda sospecha que alguna vez abarcó espacio en mi mente.
Ahí estaba Shintaro, sentado en la tercera grada y acompañado de Souta, Tadashi y Eita, a quienes yo conocía ya que eran miembros de último curso y jugadores estrella del equipo colegial (arquero, defensa y ataque respectivamente).
―¿Shi-Shintaro? ―a tan sólo un metro de él, mi susurro fue escuchado y su espesa mirada ónix se clavó en mis orbes.
―Oh, Ayano~ ―la «o» de mi nombre se alargó en sus labios―, ¿qué haces aquí?
―Eso debería preguntarte yo ―reproché transmitiéndole una mirada molesta―: ¿Qué haces bebiendo, eh? Pensé que sólo tomabas Coca-Cola.
Él se elevó de hombros antes de responderme: ―Decidí probar algo nuevo.
―Kisaragi, ¿la conoces? ―cuestionó Souta enarcando una ceja hacia su dirección.
Y lo siguiente que estoy por decir es algo cien porciento verídico pero casi imposible: Shintaro le sonrió. ¡Sonrió, sí, sonrió! Nunca lo había visto hacer eso, supuse que él nunca pudo sonreír y era por eso que no lo hacía, mas acabo de darme cuenta cuán equivocada estaba.
―Siip~, es como una compañera de curso.
Por la forma en la que alargó la «i» (tal cual hizo con mi nombre), pude adivinar que estaba borracho.
Me sentí examinada por el arquero de la selección, quien efectivamente me miraba de pies a cabeza.
―Es un poco linda.
―Eso creo ―acotó Shintaro mientras se encogía de hombros, otra vez.
¿El estaba refeririéndose a «eso creo» de «pienso lo mismo» o «eso creo» de «si tú lo dices…»? ¡Agh, no es tiempo de pensar en eso! Lo principal aquí es sacar a Shintaro y evitar que siga tomando.
―Hey, ¿por qué no te nos unes? ―me invitó el Kisaragi, extendiendo la botella de trago frente mis ojos.
Mi mirada chocolate de repente adquierió una pizca de preocupación. Este no es Shintaro…, siquiera no del todo.
―No gracias, yo no tomo… Y tú tampoco deberías, Shintaro–kun ―halé del brazo que me entregaba la botella y levanté al muchacho.
―O-oye…
―Fue un gusto conocerlos, chicos ―me apresuré a responder antes de escuchar cualquier excusa suya―. Sin embargo, tenemos que irnos.
Shintaro estaba tan pero tan borracho que no puso demasiada fuerza ante mi jaloneo.
Tomé un tiempo (ligero, si les soy sincera) para teclear dos mensajes: uno contactando a un taxi, y otro a mis padres diciéndoles que una amiga me llevaría en su auto con tal de no causarles molestias, pues ya era medianoche.
No podía dejar que mis padres vieran al pelinegro en este estado tan…, deplorable.
Juntos, fuimos a tomar asiento en la parada de buses aguardando por el taxi que contacté.
―¿En qué demonios estabas pensando al aceptar un trago? ―no era normal para mí el decir alguna maldición, pero como dicen, para todo hay una primera vez.
―En que la fiesta necesitaba un po~co de diversión ―hipó, sus ojos ya se hallaban un poco más rojos de lo habitual―. ¿Y tú en qué estabas pensando cuando me sacaste de allí?
―En que una persona de dieciséis no debería emborracharse dentro de una fiesta institucional.
Su pálido rostro se acercó al mío, me miró con el ceño fruncido y dijo, en un tono tembloroso:
―No estoy…, borracho. ¿Quieres que te lo demuestre?
Sonreí irónica y le soplé en el centro de la boca.
―No gracias, tu aliento me lo dice todo.
Casi nunca me enojaba, mas había algo en la situación que realmente pudo enfurecerme. No sé si era porque estaba borracho o quizá el hecho de no haberlo invitado a bailar y en vez de eso huir como Cenicienta, tomando un taxi y secuestrando al príncipe azul… O rojo, lo que sea.
―Si no estuvieras borracho, jamás en tu vida te hubieses juntado con esos chicos… ¡Ni mucho menos le habría seguido la corriente a alguien que me dijo «linda»! Es más, si conservaras un poco de cordura, tu reacción ante tal situación hubiera sido de total indiferencia. Pero no~ ―alargué la «o» de un modo sarcástico para que entendiera mi punto. Mi mal humor emergía de las sombras y considerada al cansancio un posible causante de aquello― dijiste «eso creo»…. ¿Qué diantres se supone que significa?
―Tómalo como quieras, no es nada en especial ―respondió, simple y seco, sin pizca de borrachera en sus palabras.
―Sí… Sí es especial, lo es para mí.
El taxi abordó la parada y la conversación murió en ese punto, obligándonos a ambos subir al coche amarillo frente nuestras narices.
El señor que aguardaba dentro me preguntó adónde nos dirigíamos, recibiendo la dirección de mi parte, avanzó a penas terminé la explicación.
Hastiada, peiné algunos cabellos del fleco que se escaparon a lo largo de la noche y actualmente se encontraban fuera de los pasadores. Finalmente mis nervios dejaron de crisparse y el fuego de la ira se consumió por completo.
―¿Por qué? ―oí musitar al azabache.
―¿Huh, dijiste algo? ―lo miré sin entender.
―¿Por qué te interesa saber el significado de «eso creo»?
Al inicio me sorprendí con su repentina pregunta. Supuse que estando borracho, que todo se le borraría de la mente y sería incapaz de recordar cosas que pasaron hace cinco minutos, pero veo que me equivoqué.
―Porque, bueno… Eres muy egoísta, Shintaro–kun.
Mis ojos se dirigieron al techo, admirando el terciopelo grisáceo sobre nuestras cabezas.
―Eres tan cerrado, todo lo que piensas o sientes lo guardas sólo para ti, es demasiado egoísta, ¿sabes? Yo también quiero saber qué es lo que pasa por tu mente, eres un rompecabezas por el que aún batallo en armar. Y siendo esta la primera vez que opinas sobre mí, realmente me hallo interesada en saber lo que significa exactamente, es un oportunidad para echar un vistazo a tus pensamientos y la idea… No sé, me emociona ―suspiré. Dios… ¡Siento que me he quitado un gran peso de encima!―. A fin de cuentas, los borrachos siempre dicen la verdad.
Mi vista regresó al muchacho a mi lado, y cuando me topé con su figura lo único que pude hacer fue reír disimuladamente: Shintaro estaba tratando de no cerrar sus ojos, luchaba contra el sueño que, tal parece, se adueñaba de los dos.
―Uno: no estoy borracho ―giré los ojos, no quería seguir disputando por el mismo tema―. Dos: si tanto quieres saber, bueno…, no veo por qué no puedas hacerlo.
¿Eso significaba que…?
―Fue un… Uh, ¿cómo decirlo? Un «eso creo» de «yo pienso lo mismo» ―mis ojos se agrandaron ante cada palabra, y por lo que vi, él se incomodó por mi reacción―. Digo, seré indiferente, antisocial y toda la cosa, pero no soy mentiroso ni tampoco ciego acerca de ciertos aspectos. Si nunca te lo dije fue porque jamás preguntaste con las palabras exactas.
―¡Mou~, sí lo hice! ―debatí. ¡Ahora me está mintiendo!―, siempre que te pregunto qué es lo que piensas de mí, tú respondes con el típico «eres una molestia».
―Es porque no preguntas sobre tu físico. Además, eres una molestia ―sentí una puñalada, como cada vez que me lo dice―, siempre te pegas cual chicle, me persigues pidiendo explicaciones de cosas que no entendiste en clase aún cuando ese es el trabajo de Haruka y me acompañas a casa cuando no te he pedido que lo hagas. Es realmente molesto para una persona como yo que únicamente desea soledad ―ahora diez puñales metafóricos atravesaron mi pecho y junto a ellos vino un misil―. Pero… Te has vuelto una molestia de la que he conseguido acostumbrarme y supongo que si algún día dejases de hacer estas acciones fastidiosas, me sentiría… No sé, incompleto quizás.
Casi por inercia y sin ser capaz de evitarlo, sonreí antes de reírme con sutileza.
―¿Q-qué es tan gracioso? Te estoy complaciendo al decir lo que pienso y tú te limitas a burlarte ―bufó, sonrojándose adorablemente―. ¿Ves? Es por esto que no suelo expresarme.
Reí más fuerte y, por lo que escuché, contagié al señor conductor. El Kisaragi se enrojeció con furia, abochornado.
―Tú… Realmente estás borracho, ¿no, Shintaro–kun?
El susodicho giró la vista hacia la ventana, arrimando su rostro contra la palma derecha: ―Es probable.
En el transcurso a casa de los Kisaragi (decidí que era mejor ir primero al hogar del borracho antes de volver a la mía), todos entramos en un silencio para nada incómodo: yo, por una parte, aún llevaba conmigo una sonrisa emocionada; Shintaro trataba de no dormir a mitad del viaje y el señor de en frente tarareaba una canción ochentera.
Finalmente llegamos al destino indicado y opté por pagar al amable señor…
"No puede ser, me he quedado sin dinero" lloriqueé. Sabía, sin embargo, que no tendría forma de regresar a casa esta noche. "Tendré que dormir aquí, puede que le pida a Momo–chan una pequeña coartada."
―Oye, Ayano. Ayúdame. Estoy viendo doble y comienzo a creer que caeré inconsciente en cualquier momento.
―A-ahora voy ―titubeé, alejando mis pensamientos.
Al acercarme al Kisaragi, procuré colocar su brazo sobre mi hombro con el fin de crear un soporte y así comenzar a caminar en dirección a la casa frente a nosotros.
Shintaro no podía mantenerse de pie por mucho tiempo, por lo que colocó más peso al haberse arrimado a mí. A medio caminar, el cuerpo del Kisaragi dejó de esforzarse, deteniendo el paso y junto a ello mi movilidad.
―¿Sabes? ―comenzó él―. Hay algo en lo que no he dejado de fijarme desde que estuvimos dentro de squel auto.
―¿A-ah, sí? ―tartamudeé, observándolo acercarse.
Su rostro consiguió estar a tan sólo cinco centímetros del mío, y los orbes café de él examinaron mi rostro… Siendo que yo estaba colocándome de los mil y un colores gracias a la cercanía.
―Hm, como lo pensé…
Y después… Después… Demonios, pasó tan rápido que casi no lo recuerdo. De un segundo a otro los cinco centímetros que nos separaban dejaron de existir.
Sus labios cayeron sobre los míos y permanecieron estáticos hasta el momento, la carencia de movimiento del beso junto al sutil sabor a licor de sus labios no impidieron que las mariposas desencadenasen un torbellino en mi estómago.
¿De verdad yo… estaba besándolo?
Según dice el dicho «todo lo bueno no dura para siempre» y se aplicó en esta ocasión. Pues el contacto duró sólo segundos, y culminada la hora límite, Shintaro resbaló con suavidad antes de caer al asfalto en medio de ronquidos.
―¿Está… Está dormido?
Otro, bastante sonoro, ronquido respondió a mi pregunta, confirmando la situación.
Suspiré sin saber cómo me sentía exactamente, pero decidí que no era tiempo de pensarlo, pues si lo dejaba en esa posición era probable que pescase un resfriado.
―Vamos, Shintaro–kun, aún no es hora de dormir ―supliqué moviéndolo de aquí para allá.
Ningún movimiento fue capaz de despertarlo, dejándome como única opción viable el retomar lo que estábamos haciendo antes, es decir, caminar con su brazo sobre mi hombro.
Agradecí enormemente no llevar tacones, plataformas o algún zapato infernal que representase peligro para mis pies. Esta vez era yo quien colocaba todo el esfuerzo al arrastrar, de forma irónica, el peso de un cadáver vivo.
En menos de cinco minutos ya nos hallábamos en el interior de su casa, no fue tarea difícil, pues la llave de repuesto siempre se encontraba en el mismo sitio: oculta tras el segundo arbusto.
Lo que sí representó un obstáculo físicamente imposible para mí, fueron las escaleras.
Y, para rematar, yo nunca estuve en la planta superior de la casa así que poco conocía del sitio. Digo, he estado antes en la casa Kisaragi, mas mi estancia permanecía sólo en la sala, sin embargo, esta vez tenía que adivinar cuál era el cuarto del pelinegro y mi único intento podría costarme todo esfuerzo por no ser descubierta.
―¿Ayano–chan? ―si de algo no contaba, era que Momo estuviese despierta hasta altas horas de la madrugada. Quizá estuvo esperando a su hermano mayor, o quizá no, ¿quién sabe?―, ¿qué le pasó a onii–chan?
Envuelta en una cobija con dibujitos de sushi, estaba la hermana menor de Shintaro luciendo una cabellera rubia despeinada, junto a sus ojos carbón somnolientos pero llenos de preocupación.
―Se podría decir que tuvo una caída en frente de la casa ―respondí, recibiendo casi de inmediato la útil ayuda de Momo para cargarlo.
―Está borracho, ¿no es así?
La miré entre ese ligero espacio que permitía contacto visual y reí nerviosa: ―Trata de no decírselo a nadie, ¿ok?
―Lo intentaré.
Caminamos hasta llegar al fondo del corredor, arrastrando cincuenta y ocho kilos evitando hacer ruido.
―N-ne~ Momo–chan, ¿sabes dónde es la alcoba de tu hermano?
―Síp, es esa ―su índice señaló una puerta ubicada en el costado derecho, de pronto, todo el peso vino a parar a mi hombro y al oír el clic de la perilla, supe que la Kisaragi me abrió, cortésmente, la puerta.
―U-una última cosita ―indiqué, sonrojándome―. ¿Crees que podría quedarme a dormir en tu cuarto hoy, por favor? Es sólo que me he quedado sin dinero y mi casa queda al otro extremo de la ciudad…
―Claro, iré a preparar la colcha y un cambio de ropa ―Momo era tan buena persona que quise llorar de la emoción.
―¡Mu-muchísimas gracias! Prometo irme mañana por la mañana antes que tus padres despierten.
―Uh, no te preocupes por ellos. Salieron a una segunda luna de miel y volverán mañana por la tarde.
―De todas formas, gracias. Lamento causarte molestias, prometo que no volverá a pasar.
―Mn ―negó con la cabeza―, no es ninguna molestia ayudar a la chica de la que onii–chan tanto habla.
… Esperen, ¿qué?
―¿Shintarou–kun ha ha-hablado de mí? ―la rubia caminó hasta la puerta contraria, sin siquiera responder mi pregunta.
―Esta es mi habitación, ven cuando ya hayas dejado al flojo de onii–chan en su cama ―se mofó girando la perilla pero deteniéndose segundos después, echándome así una miradita por encima del hombro―. Por cierto, Ayano–chan está roja.
―Lo sé ―susurré enrojeciéndome aún más―, lo sé.
Comencé a arrastrarme (literalmente, arrastrarme) durante los pocos pasos que quedaban para llegar a la cómoda en la habitación del Kisaragi mayor, aventando el inerte cuerpo del muchacho hacia el colchón que se hundía por el peso del mismo.
No analicé el cuarto como lo hubiera hecho si yo no estuviese tan cansada, así que opté por tomar la silla frente al monitor y colocarla en un extremo de la cama.
Mi cuerpo no daba para más, sentía que me desplomaría en cualquier momento y lo único que cruzó por mi mente fue botar todo mi peso en la silla.
Ahora, inevitablemente, inspeccioné su alcoba.
Siendo sincera, se me crispaban los nervios al pensar que era la primera ocasión en que estaba dentro del cuarto de un chico, y no sólo eso, sino también del joven que me atrae.
No me di tiempo a sonrojarme y boté un profundo suspiro, colocando una mano sobre mi cara.
―¿Qué fue ese beso?
Era una pregunta lanzada al aire y por azar, realmente no esperaba recibir una respuesta…
Sin embargo, la obtuve, Shintaro me respondió.
―Fue un… ―hablaba entrecortado y, una vez verificado que sus párpados se hallaban cerrados, concluí que hablaba dormido―, accidente. Yo sólo quería decirte que tenías labial corrido, pero me dormí.
Solté una risa animosa en la que se escondía una pizca de desilusión.
Vaya, qué sorpresa.
Es decir que… Al fin y al cabo, el beso fue un percance. Algo que seguramente no significaría nada para él…, pero para mí sí.
Era, pues, mi primer beso.
Shintaro, por obvias razones, no recordaría nada de lo sucedido y aquello me alegraba…, siendo que al mismo tiempo lograba entristecerme. De verdad anhelaba que estuviese consciente, que recordara todo… Pero no lo hacía y tampoco lo haría.
Y eso sólo provocó que quisiese aprovecharme de la situación.
―Me gustas, Shintaro–kun ―confesé a sabiendas de que esta vez él en serio se hallaba dormido.
Sin esperar respuesta, decidí salir de la alcoba manteniendo en mente que jamás de los jamases y nunca de los nuncas le diría lo que pasó.
―Y tú a mí ―masculló, no entendí nada de lo que dijo mas tampoco tenía opción a saberlo, pues hablar con un sonámbulo era pura pérdida de tiempo.
Llegando a la habitación de Momo, ésta me recibió con la muda de ropa ya lista.
―La pijama no me pertenece ―agregó, sobándose el cuello―. Supuse que por tu estatura ninguna de mis prendas podría llegar a quedarte así que tomé prestada una parada de onii–chan ―dejó de mirarme y prosiguió con acomodar una colcha llena de dibujitos infantiles―. Si gustas puedes ir a cambiarte al baño; es la puerta de en frente
Acepté la sugerencia y me encerré en el sitio. Mi mente se hallaba en blanco, sin recordar ni pensar nada, estaba tan cansada que lo que menos quería recordar era todo, pues si lo hacía había un gran porcentaje de probabilidades apuntando a no pegar un ojo en lo que restaba de la madrugada.
Una vez despojada de la ropa, coloqué encima la pijama que Momo me entregó. Era ciertamente enorme…, de todas formas fue predecible que me quedase así, Shintaro siempre me superó por una cabeza, aún cuando éramos niños.
Mis brazos llegaban al codo de las mangas, dejando que los filos flotasen libres impidiendo que vea mis dedos. Y ni hablar del pantalón, ¡era gigantesco! Inclusive se podría decir que arrastraba las bastas cada que caminaba. Sin embargo, aquellas prendas eran calientitas y desprendían una fragancia masculina sutil pero agradable al olfato. Siendo exacta, provenía de un perfume marca Chanel…
"¿Quién diría que pasar tiempo con mi tía Hiyori me haría reconocer las colonias masculinas?" pensé divertida.
Hundí la punta de mi nariz y la apegué a la tela, soltando otro profundo suspiro.
Tenía tanto sueño que cuando salí del baño, no hubo necesidad de cobijarme con la colcha puesto que en cuestión de segundos caí dormida.
ஐ
"Al la mañana siguiente, a penas desperté, Momo–chan me invitó a desayunar aprovechando la ausencia de sus padres. Así que juntas hicimos varios hotcakes (con suerte, nada se quemó) para su hermano, ella y yo.
Cuando Shintaro bajó las escaleras, lo único que decía eran quejas sobre la resaca incesable…, pero toda protesta murió en su boca al verme llevando una de sus pijamas preferidas. Su rostro fue un poema bastante cómico del cual no me resistí a reír.
Realmente no se acuerda de nada, su resaca era tan fuerte que le dolía el intentar recordar algo. Mas aún conservo las esperanzas de que algún día lo haga."
El capítulo llegó al final y la peliverde cerró el diario, permitiendo que las presentes cayeran en un silencio pensativo.
―Vaya ―irrumpió Ene―, parece que Master no es del todo virgen. Pero es lamentable que su primer beso haya sido un completo accidente y él ni siquiera lo recuerde ―se mofó estallando en carcajadas―. Pobre Ayano–chan, me da un poco de pena.
Kido miró al celular de Momo y con un veneno ligero en sus palabras dijo: ―No estás en condiciones de opinar al respecto, Enomoto.
La simple mención de su apellido le hizo callar, era cierto, no estaba en condiciones de opinar cuando su caso era algo similar.
―¡Cuánta insensibilidad! Onii–chan es un tarado ―pese a haber ya pasado dos años, Momo no dejaba atrás el apodo.
La filosa mirada carbón de Tsubomi giró hacia la rubia, clavándose en su figura: ―¿Cómo es que estando en tu casa, no te diste cuenta?
―No… No lo sé. Creo que soy algo despistada, tehe~ ―titubeó cambiando su faceta de enojo a una de vergüenza―. Hablaré seriamente con él sobre este asunto y juro que me oirá.
Fue ahí cuando Mary decidió hacer una intervención.
―No puedes hacer eso, Momo–chan. Revelar algún fragmento del diario privado de alguien sería como revelar tu más oscuro secreto a un periodista.
La idol lo pensó…
―Es cierto, ¡pero esto no puede quedarse así! ―reclamó, despeinando su melena en signo de frustración.
―Veo que esa maña de despeinar su cabello es cosa entre Hibiya y tú, ¿no, Kisaragi? ―la rubia se sonrojó y abandonó la labor al oír la última sílaba de aquel vocablo. ¡Por supuesto que no se parecían en nada!―. En fin, ¿qué hora es, Ene?
―La una A.M. ―contestó, agrandando la pantalla del reloj.
―Maldición, tenemos que irnos ya. Es demasiado tarde como para seguir despiertas.
―Mou~ danchou, ya estamos algo grandecitas para dormir a la hora que queramos ―disputó Ene haciendo pequeñas ondas con sus coletas cibernéticas. Era claro que si Kido decía «dormir», en el idioma cibernético significaba «recargar baterías» y «adiós diversión».
―Caminen ―ordenó Tsubomi, refiriéndose a ambas pero obviamente arrastrando sólo a una.
―No, espera Kido–san ―la rubia colocó un poco de fuerza sobre sus pies, aumentando su peso y haciendo difícil la tarea de ser expulsada―. Todavía tengo que hacer algo.
―Será mañana.
―¡Es importante!
―¿No puede esperar un par de horas más?
―Nop. Es la cuarta parte de «operación: primer beso».
Inmediatamente la peliverde dejó de empujarla para verla con ojos incrédulos y expectantes.
―¿Estás segura? ¿O quizá tú me quieres engañar otra vez?
―Para nada. Esto es totalmente verídico ―tres pares de orbes se posaron sobre la idol. En esta ocasión, sin haber activado su habilidad, ya tenía la atención de todas―. Vamos a crear un accidente, tal cual pasó en el diario de Ayano–chan.
✿ • ✿ • ✿ • ✿
Y así como lo predijo Kido, para las chicas fue un completo martirio el levantarse temprano con la misión de limpiar ciertas partes de la base. Les costaba horrores mantenerse despiertas y ni hablar de llevar a cabo alguna labor hogareña.
Quedarse hasta las dos de la mañana, elaborando el plan, no había sido tan buena idea como pensaban.
Sin embargo, como si el cielo hubiese oído sus súplicas, el trabajo tampoco era demasiado puesto que los varones, al ser mayoría, abarcaron las habitaciones con mayor área.
Ellas también obtuvieron otro privilegio: si la tarea era demasiado para una persona, entonces esta se dividía en dos, siendo un trabajo de grupo… Como en el caso de Momo, quien estaba encargada de la cocina y recibía ayuda de Tsubomi, salvo porque en este caso, danchou la ayudaba no por ser demasiado quehacer para una persona, sino porque la líder temía que algo le sucediese a su sitio favorito en toda la base.
Por otra parte, Ene y Mary no pasaron por la misma suerte y ambas trabajaban individualmente.
La chica cibernética estuvo a cargo de limpiar toda música inservible en el MP3 de Kido. Desde la noche pasada, Tsubomi se dio cuenta de que existían varias canciones odiosas en su reproductor, y Ene, al no tener cuerpo, se ocuparía de borrar cada canción que a Danchou no le agradase. De esa forma, acorde a la música que Ene reproducía en la cocina, Kido decía cuáles borrar y cuáles no.
Mientras que a Mary le tocó limpiar el solitario corredor de la segunda planta, un sitio fácil en donde ningún tropiezo podría llevarse a cabo.
Pasado el medio día, aún cuando las muchachas continuaban con la limpieza de la base, el portón de la entrada dio alerta de intrusos en la casa.
―Estamos de vuelta ―anunció un pacífico Seto, siendo seguido por Kano.
Al oír aquella voz tan familiar, la peliverde salió de la cocina secándose las manos con una toalla naranja.
―Hey ―fue su saludo―, ¿no se suponía que ustedes volverían a las cinco?
―«Se suponía» ―remedó Shuuya, enfatizando la frase con notorio cansancio. Acomodó los brazos tras su cabeza y se sentó en el sillón más largo―. Pero por alguna razón desconocida para nosotros, llegó a oídos de un guardia que Hibiya no tenía quince sino doce años.
―¿Y por qué no usaste tu habilidad para engañarlos? ―replicó dejando la toalla a un lado.
Kano le sonrió pícaro y empleó ese tono meloso que siempre le desagradó.
―Tsubomi–chan, mi habilidad engaña al ojo mas no al oído. Algún chico habrá escuchado la voz de shota–kun y supuso que por sus agudos aún no se hallaba en la pubertad ―contraatacó el rubio, permitiendo que sus ojos salten traviesos―. Además…, puede que me haya descuidado sólo un ratito y la magia de la ilusión haya desaparecido.
―Así que, en teoría, todo es tu culpa ―danchou reveló una sonrisa imperceptible, dando a indicar que tal acción era algo que ya esperaba―. ¿Por qué no mejor eligieron un lugar donde permitan niños de doce?
―Porque quería que Hibiya tenga su primera vivencia de machos. Es un gran paso a la mocedad*, ¿sabes?
Kido viró los ojos y elevó su mirada ónix, buscando a los demás integrantes que, por supuesto, faltaban.
―¿Dónde está el resto del Dan masculino?
―En camino ―respondió el azabache Kousuke, entrando en la discusión sarcástica de la pareja―, vinimos a pie, por lo que es probable que los otros hayan hecho una parada dentro de alguna tienda cercana.
―O sea que… ¿Aún no vienen? ―cuestionó otra intrusa en la conversación: Momo.
―Es exactamente lo que dije.
―¡Perfecto! Vuelvo en un rato, danchou.
La Kisaragi abandonó la escena en dirección a la planta superior, saltando los escalones de dos en dos destilando un aura alegre, pero siendo escudriñada por los hermanos presentes.
―¿Sucedió algo? ―se atrevió a preguntar Seto, refiriéndose a la repentina felicidad en la muchacha.
―Se podría decir que sí ―contestó Tsubomi, imaginándose lo que Momo estaba por hacer y acertando con respecto a sus intenciones.
Una vez pisó la segunda planta, Momo se encontró con la figura de Mary sacando brillo al suelo. Literalmente hablando, podía ver su reflejo en el suelo.
―Buen trabajo, Mary–chan ―halagó sorprendida. Si bien la medusa podría no ser tan buena en la cocina, enmendaba sus errores en lo que eran los quehaceres.
Los albinos cabellos de la chica se erizaron, clara señal de que el comentario la tomó por sorpresa.
―Momo–chan ―llamó, chocando su mirada rosácea con la de la idol―, ¿ya acabaste de limpiar la cocina?
―Algo así ―titubeó mirando el techo―. Sin embargo, vine aquí para arreglar un par de cosas que fueron programadas en nuestra agenda de actividades.
―… ¿Cosas?
―Síp. Habrá que modificar el plan.
La Kozakura tragó grueso. Teniendo una leve idea de lo que se avecinaba.
"Chispitas" pensó, inclusive hasta en su mente evitaba decir cualquier insulto.
Tan sólo bastaron cortos minutos para que los detalles necesarios fuesen alterados y el objetivo pudiera cumplirse sin pasar sobre obstáculos capaces de impedir su cometido.
―A ver, repitamos los pasos de la operación ―sugirió la rubia―. ¿Qué pasará primero?
―Tengo que llevar a Seto hacia la X ubicada en el suelo ―respondió robóticamente, pues Momo se había encargado de que la medusa no olvidara ningún detalle. No podían desaprovechar la última oportunidad que se les concedió.
―¿Y después?
―Seré aventada por los escalones.
―¡Muy bien! Son dos simples pasos, no es nada complicado y puedo asegurarte que todo saldrá bien.
―N-no habrá ningún herido, ¿cierto? ―cuestionó temerosa de que algo le sucediese a ella o a Seto.
―Ni uno solo ―y Momo le mintió descaradamente, sabiendo que si le decía la verdad, Mary desertaría de todo.
Los orbes rosa de la medusa parecieron ablandarse, contagiando a la idol de un mal llamado «culpabilidad».
Sacudió su cabeza, alejando todo pensamiento que pudiese causar un arrepentimiento en ella. Estaba preparada para lo que venía y no se detendría por nada.
Del bolsillo en su short, sacó un lápiz labial de color rojo fuerte. Era un regalo de su manager, sin embargo, no fue un obsequio acertado, pues ella no usaba mucho labial, y si lo empleaba, tampoco sería de tal color.
―Escucha con atención, Mary–chan. Bajaré a la planta baja y prepararé la equis en donde Seto–san tiene que pararse, yo te avisaré cuando todo esté listo, ¿ok?
No aguardó por una respuesta y descendió de escalón en escalón, ahora con un paso calmado. Una vez calculado el blanco, la rubia marcó una profunda equis en el suelo, gastando casi todo el labial. De veras odiaba ese color.
―Hey, anciana ―conocía esa voz a la completa perfección, y con ella a su emisor: Hibiya.
Sí, después de un largo tiempo decidieron dejar el beso en el olvido… Más o menos, prometieron olvidar todo, por supuesto, pero sus mentes no lo permitían. Porque, sencillamente, hay cosas que nunca se olvidan.
―¿Se puede saber qué demonios haces ensuciando mi suelo? ―regañó el castaño parado a un metro de la Kisaragi.
―E-err ―a penas oyó las matices agudas del muchacho, paró con su labor, sintiéndose intimidada―, es algo que no te incumbe, enano.
―¿Tienes idea de cuánto me costó barrer, trapear y encerar ese piso?
Dios, lo que menos necesitaba era una reprendida del niño. Tenía que alejarlo del escenario a toda costa o arruinaría la función.
―Prometo que lo limpiaré luego ―debatió, volviendo a su trabajo―. Ahora lárgate, tengo cosas que atender.
Siempre fueron hostiles entre sí, pero eso no significase que se menospreciaran, solamente era su manera única de tratarse y demostrar un poco de aprecio por el otro.
Ante dicha respuesta, el Amamiya sonrió malicioso. Eso sólo quería decir una cosa: Momo recibiría una jugarreta de su parte.
―¿Así vas a tratar al niño a quien besaste semanas atrás por alguna razón desconocida?
Momo quedó estática.
Hibiya, desde ese pequeño reto, insistía que nunca hubo ninguna razón desconocida, sino que, en sus propias palabras, ella cayó ante los encantos Amamiya, y no la culpaba… Era muy difícil resistirse.
Claro que la chica siempre negaba aquello, aún cuando su mente y corazón apuntaban a que el chiquillo tenía razón.
―Maldito ―masculló―. ¡Prometiste que no dirías nada!
Gritos y golpes se escuchaban desde el primer piso, preocupando a la medusa, quien aguardaba paciente por su llamado.
―¿S-se encuentran bien?
―Síp~ ―vociferó una agotada Momo―, todo está bajo control.
Se desconoce cómo fue que la idol consiguió sacar a Hibiya de escena, pero el punto es que el castaño ya no molestaba más. Y con una distracción menos, la Kisaragi pudo culminar su trabajo y volver al segundo piso.
―Ya está, lo único que falta es llamar a Seto–san. Anda ―ordenó la rubia de manera amable, moviendo la cabeza indicando la dirección en la que se hallaba su objetivo.
Mary siguió el decreto de su amiga, empezando su búsqueda.
Y déjenme decirles que el muchacho era bastante escurridizo, no se encontraba por ningún lado. Eso hasta que la medusa decidió echar un ojo en la cocina, siendo efectivamente el lugar en donde se hallaba.
―¡Seto, bienvenido! ―no se contuvo a abrazarlo, después de todo, siempre lo hacía cada vez que él llegaba de su empleo.
La Kozakura corrió hacia la alta figura de Kousuke y se colgó de su torso, llevando puesta una sonrisa radiante.
―Hola ―saludó sereno, despeinando los cabellos albinos de ella en un gesto bastante tierno―. ¿Me extrañaste?
Mary asintió, refregando su rostro en aquella chamarra verdosa que solía llevar. Se sentía avergonzada de tan sólo afirmar tal pregunta…, hace tres meses atrás, esa no habría sido la misma reacción, pero desde que la operación comenzó todo había cambiado. El mismo día de lo que parecía ser la misión final, la medusa cayó en cuenta de varias cosas, empezando por que, para ella, Seto no era igual de especial que los demás.
En sus propias palabras, él era especialmente especial.
―Incluso, Ayer te extrañe… ―admitió la de ojos rosa, sintiendo un ligero ardor sobre sus mejillas.
―¿En serio? ―la sonrisa del azabache se expandió; le agradaba que entre ellos no hubiesen secretos y todo se lo digan cara a cara aún cuando podía ser algo vergonzoso.
―Uh-huh. Extrañaba que me contaras cuentos antes de dormir.
―Ah, entonces no me extrañabas a mí, sino a los cuentos.
―¡No! ―se apresuró por decir. Quizá demasiado pronto―. También extrañe a quien los contaba. Nadie lee cuentos como Seto.
El corazón del joven se achicó, y tras eso fue invadido por unas enormes ganas de apretarla en un abrazo. Mary, a sus orbes cárabes, era muy tierna, aún cuando se comportaba cual niña de nueve.
―Ni siquiera Kido–san ―la oyó mencionar.
―¿Kido? ―por inercia, la nube de sus pensamientos se esfumó, abriéndole paso a una atenta mirada que fue dirigida hacia la medusa.
―Sí, pasó ayer. Le pedí que me leyera un cuento ya que recordé que hoy saldrías temprano y preferí no molestarte. Gracias a mí no duermes temprano y… Lo… Lo siento.
No pidió una explicación, Seto no le dijo que se justificase. Pero aún si sus palabras no se lo habían dicho, sus ojos le exigían una.
―No tienes que disculparte, leerle cuentos a Mary es algo que hago a voluntad y no me molesta en lo absoluto ―la susodicha se separó de él, admirando la sonrisa fresca que adornaba su rostro―. Y… Uh, ¿qué historia leyó?
―El cuento de Ayano–chan.
―¿Ayano–neechan? No sabía que ella tuviese uno.
―L-lo tiene ―maldición, estaba por meter la pata hasta el fondo. ¡Piensa, Mary, piensa!―. Danchou encontró un libro en el que se relata la historia de un monstruo que pese a ser odiado por todos, encontró a alguien que lo quisiera.
Uf… Estuvo cerca.
―Ese no es el cuento de onee–chan, era el de mamá.
La voz de Momo interrumpió la conversación, ésta le interrogaba a la albina desde su posición si es que tenía algún inconveniente, pues demoraba demasiado. «No ha pasado nada, ya vamos» fue su respuesta.
―Ne~ Seto, ¿podemos hacer algo juntos?
―¿Algo como qué?
―Algo como jugar.
―Claro, ¿por qué no?
Ella dio un brinquito tímido antes de tomar la gigantesca (en comparación a las suyas) mano de Kousuke y halarlo fuera de la cocina, llevándolo justo a los pies de la escalera.
―¿Qué juego es este, Mary?
―Es, uh… ¡Simón dice, eso es! ―vociferó, sacando una excusa mientras señalaba la marca creada por ese horrible lápiz labial―. Simón dice que te pares en esa cruz de allá y no te muevas del sitio.
―O-ok… ―dudó, acatando las órdenes de Simón―. ¿Qué es esto, crayón?
La albina rió, soltando una pizca de alegría combinada con los nervios del momento. Y sin responder a su pregunta, comenzó a subir los escalones.
―¿Estás huyendo del juego?
Estando en el quinto escalón, Mary se giró encarando nuevamente una sonrisa tímida.
―Nop, Simón no puede huir del juego, ¿cierto? ―rompió el contacto visual con el muchacho y siguió subiendo los peldaños―. Simón te dirá cuándo puedes moverte.
Cada escalón era un martirio para ella, al llegar por fin al segundo piso, visualizó a las chicas esperándola impacientes.
―Muy bien, Mary–chan. Párate aquí ―comenzó la rubia, enseñando otra espantosa equis hecha por el mismo labial―. Si mis cálculos no me fallan, una vez que te empuje caerás directamente sobre Seto–san.
La medusa sudó frío. ¿«Sus cálculos»?
Según la falsa entrevista de Hibiya; Momo no era muy buena en el colegio… Y eso incluía las matemáticas.
Con valentía adquirida de quién-sabe-dónde, Mary se paró en la cabeza de los escalones (donde obviamente se ubicaba la marca), viendo a Seto desde su posición.
―¿Qué está sucediendo? ―preguntó él, sonando lejano, lejano, muy lejano.
De nuevo, aquella cuestión no obtuvo respuesta.
La Kozakura se limitó a saludarlo con una mano temblorosa, y para calmar los nervios, decidió contar los escalones.
… Once, doce, trece. ¡Trece escalones era una altura poco considerable! Podía morir si algo minúsculo salía mal, y si eso pasaba, la abuela Azami no le daría otra serpiente.
―¿Lista~? ―confirmó la idol.
Kido, como si hubiese leído su mente, se opuso al plan.
―Espera, Kisaragi. ¿No crees que es un poco peligroso empujarla desde tan alto?
A decir verdad, la peliverde jamás dio el permiso de hacer ese plan, se suponía que el accidente sería diferente a lo que estaba por llevarse a cabo, se suponía que no iba a ser algo mortífero… Pero, vaya, cuán equivocada estaba.
―Tiene que verse como un incidente, ¿y qué infortunio más creíble que caerse de la escalera con algún trapo?
La Kisaragi dio signos de querer empujar a la medusa, obligando a que la líder se interpusiera.
―Pero no necesariamente tiene que ser un suceso con riesgo de muerte. Quizá tengamos que recapacitar sobre el plan.
Cada vez que Kisaragi se acercaba un paso, Tsubomi retrocedía otro. Así sucesivamente hasta pisar el trapo con el que iban a suponer que Mary resbalaría, mas quien en verdad se resbaló fue danchou, empujando a la medusa por las escaleras para después chocar su propia cabeza contra la madera bajo sus pies.
Ahora sí era un verdadero accidente.
¿Lo peor? ¡Mary no estaba preparada para esto, no mentalmente!
Por puro instinto, ella soltó un gritillo antes de liberar algo que el azabache pudo oír a la perfección: ―¡Simón dice que me atrapes!
Con toda la suerte del mundo, él la atrapó, cayendo ambos de espalda pero a salvo.
Momo sonrió entusiasmada. ¿Se habían besado? ¡¿Por fin lo habían hecho?!
No obstante, eso era la vida real, no uno de esos mangas románticos que solía leer cuando tenía catorce. Los besos así nunca suceden, y si nos apegamos a la realidad, lo único que se consigue es un golpe en la cabeza. Lo que, justamente, sucedió con la tierna pareja tendida en el suelo gracias a que ambos estaban inconscientes.
―M-Momo–chan ―llamó el virus con un detonante preocupado en su audio―. Parece que Kido también se desmayó.
Las miradas de los chicos restantes (quienes, milagrosamente, estaban ilesos) llegaron a parar en la idol. Aún cuando ninguno sabía que era su culpa, las miradas que le brindaron le dieron a entender aquello.
―¿Q-qué pasó aquí, tehe~? ―la rubia se hizo la desentendida, soltando una risa nerviosa y preocupada.
A lo mejor, tanto Mary como Seto y Kido despertaban al día siguiente tan sólo luciendo un ligero chichón… Pero no sería nada grave, ¿cierto?
✿ • ✿ • ✿ • ✿
Mary colocó otro paño mojado sobre la frente de Seto. Desde hace un par de horas que se hallaba en la habitación del inconsciente chico valiente, cuidando del joven y procurando que nada le ocurriese.
Ella había despertado como quince minutos atrás, pues el golpe en su caso no fue tan fuerte gracias al sorprendente rescate de Kousuke… Mas la suerte no era la misma para él.
Preocupada por la salud de su salvador, Mary corrió descalza hasta la alcoba del azabache y se propuso velar por su salud. Y cuando entró al cuarto, toda su determinación comenzaba a irse por la borda, creando un espacio que la tristeza se encargó de ocupar.
Quería llorar, todo era su culpa…
Pero no, ella se propuso ser fuerte, no había tiempo para derramar lágrimas. Su prioridad era Seto y nada más.
―Lo siento tanto… ―se disculpó, cambiando la toalla antigua por una nueva―. No pensé que esto resultaría así.
Los párpados del chico comenzaban a forzarse para después abrirse con lentitud.
―¡Seto! ― La emoción invadió a la medusa, tenía tantas ganas de abrazarlo pero tuvo que contenerse por seguridad de los dos―. Lamento todo lo que pasó, realmente no pensé que este sería el resultado... Perdón.
El chico se reincorporó en la cama, sobándose la parte afectada del cuerpo mientras su cabeza daba un giro de trescientos sesenta grados.
La Kozakura aprovechó la confusión del muchacho para admirar su rostro, y tal como lo imaginaba, en donde se recogía cierta parte de su cabello había un morado un poco más profundo que el que ella lucía al centro de su frente.
―P-prometo que no volverá a suceder ―masculló elevando la cabeza un poco más―. ¿Cómo te sientes?
Ella quiso tocar, instintivamente, la herida de Kousuke, pero lo siguiente que el de verde dijo le hizo parar su acto: ―¿Quién eres?
«¿Q-quién eres?» Eso significaba que… ¿Él no la recordaba? ¡¿Tenía… Tenía amnesia?!
―¿N-no me recuerdas? ―las lágrimas comenzaban a aglomerarse en las esquinas de sus ojos. Si iba a llorar, no era porque él no la recordase, sino porque todo aquello fue inicialmente su culpa.
―No…
―D-debes tener amnesia ―concluyó limpiándose las lágrimas con la palma de su mano.
"Tienes que ser fuerte, Mary" se dijo.
―Pero yo te ayudaré a recordar ―comentó, dándole la sonrisa más dolida que tenía. Y, como si Kousuke hablase en otro idioma, la medusa comenzó a utilizar un tono entrecortado seguido por ciertos gestos raros―. Tú. Eres. Seto. Y yo. Soy. Mary. Estamos. En el Dan.
―Mary…
―¡Bien, aprendes rápido! Tienes. Dos hermanos. Son Kido y Kano.
―Mary-
―Y. Es gracias a ti. Que yo formo. Parte de. Esta familia.
―Mary ―llamó, subiendo el tono de voz y captando la atención de la albina.
Lo más sospechoso de aquella situación fue la repentina sonrisa que se posó sobre los labios del ojiámbar.
―Todo fue una broma ―confesó él, envolviendo a la chica en un abrazo amoroso que destilaba ternura.
―¿E-entonces… No tienes amnesia?
Sin embargo, esta vez Mary se permitió llorar. Sí, era débil, lloraba por cualquier cosa aún cuando fuese una idiotez, mas eso ya no importaba más…
―Nop~, fue una simple jugarreta… Perdón si hice que te preocuparas.
Seto la apartó de su torso, agarrándola de los hombros y acercando su cara ligeramente.
―¿C-cómo te sientes?
―Eso debería decirlo yo, fuiste tú quien cayó de tan alto. ¿Qué pasó?
―Es…, una historia larga.
Kousuke dejó que sus manos subiesen a través de sus hombros hasta llegar a acunar el rostro de la medusa y comprobar algo que captó su mirada desde que abrió los ojos.
Un morado espantoso decoraba la pálida frente de Mary, no era grave, sin embargo, para él era simplemente preocupante.
Llevó la mano izquierda a su frente y con ella apretó la zona afectada, preguntando después: ―¿Te duele?
―Sólo un poco.
El cosquilleo agradable que sintió segundos más tarde fue debido a que el pelinegro había colocado un casto beso sobre su herida.
Era lo mismo que sucedió la vez de los besos a domicilio, un beso en la frente que significó (y significa) todo para la medusa.
Las serpientes en la parte delantera de su cabello se movieron nerviosas; aún cuando era la segunda vez que ambos tenían ese gesto, no podía evitar seguirse sintiendo abochornada mientras su cara adquiría un dulce color rojo manzana.
―Mamá también decía que los besos hacen que te recuperes más rápido ―justificó el joven, sonrojándose levemente―. Así que se podría decir que este es un beso curativo.
Y vaya que la pareja era inocente.
Mary clavó sus orbes en los de él y tomó la valentía de repetir el mismo acto. Mas el beso fue en el costado de su frente, cerca de donde se hallaba el precioso pasador amarillo (regalo de Ayano).
El rostro de la medusa escapó de sus manos y aterrizó en su frente, sintiendo la misma ternura que Mary salvo que él fue mucho más nervioso y enrojeció hasta el tope de las orejas.
―Ahora tú igual te vas a curar ―respondió ingenua.
Seto tapó su boca con el dorso de la mano, sintiéndose avergonzado… Muy avergonzado.
―E-eso parece ―opinó riendo.
La frase no tenía nada de gracioso, pero aún así él optó por reír y la medusa le remedó.
✿ • ✿ • ✿ • ✿
Los chicos del Dan que no vivían en la base (me refiero a Konoha, Ene, Shintaro y Hibiya) ya iban de ida. No debían de quedarse mucho tiempo si no querían que el tren que tomaban los dejase atrás…, y siendo sinceros, aquel medio de transporte abandonaba la estación en diez minutos. ¡Ninguno de ellos tenía tiempo para una charla! Sin embargo, Ene conseguiría ganar un poco de tiempo para que… Bueno, todo lo que tenga que ocurrir, ocurra.
ஐ
―Ne~ Mary–chan, ¿te puedo pedir un favor?
―¿Qué sucede?
―¿Puedes contarle a Master sobre el incidente con Ayano? Sería la forma más adecuada de honrar su memoria y dejarlo con un recuerdo un feliz de ella ―sugirió Ene, mostrando un lado tímido pero adorable…
Mary no sabía que Ene podía ser… Así. Y el rostro albino de la medusa reflejaba la impresión y sorpresa generada por las palabras del virus.
―N-no es que me preocupe por él. ¡Definitivamente no! ―se defendió, un poco alterada―. Digo que sería bueno para Master saber que no morirá del todo virgen…
La medusa asintió con la cabeza, sonriéndole alegre. Podría ser algo ingenua, despistada, torpe, etc., pero si de algo estaba segura, era de saber cuándo la gente mentía con respecto a sus sentimientos… Y en este caso, Ene aplicaba a la regla.
ஐ
Mary salió de su escondite, dirigiéndose al portón en donde se encontraban todos los chicos.
―Shintaro–kun… ¿Podemos hablar un momento, por favor? ―se animó a preguntar. El Kisaragi dudó un poco, revisando la hora en su celular para después volverlo a guardar en un bolsillo de la chamarra.
―Esta bien, pero sólo unos minutos ―se giró en dirección a los demás e hizo un gesto de que continuasen con su camino, más tarde los alcanzaría en la estación.
―Ten cuidado ―advirtió un Hibiya que últimamente adoraba fastidiar a toda la brigada―. Puede que Seto se entere de esto y recibas una paliza semejante a la que obtuvo Kano…
Shintaro lo fulminó con la mirada pero el Amamiya ni siquiera se inmutó y sólo siguió caminando despreocupado en frente de Konoha.
―Nos vemos.
Tanto el albino como el castaño se fueron alejando de poco en poco, dejando solos a Mary y Shintaro.
―Bien, ¿de qué querías hablarme?
―Es… Es un tema delicado.
―Eso no fue lo que te pregunté.
La albina tomó una fuerte bocanada de aire, preparando sus pulmones y pensando en una frase sutil para no volver tenso el ambiente… Pero falló en eso.
―En... ¡En que te robaste el primer beso de Ayano–chan!
… ¡¿Demonios, qué?!
―¡¿Que yo qué?! Eso… Eso es imposible ―vociferó sonrojándose hasta las orejas. La risa de Ene rebotó en sus oídos y él pensó que todo aquello era una broma.
―No es ninguna broma, Shintaro–kun ―admitió Mary, leyendo su mente―. De veras, tu primer beso fue con Ayano–chan.
Y esa noche fue excesivamente larga para ambos.
ஐ
Operación; primer beso
Parte IV
Resultado: Fallido
Observación: Bien, realmente pensé que no habrían más operaciones pero esta me tomó por sorpresa… ¿A qué voy con todo esto? Ah, sí… ¡¿Cómo demonios seguimos fallando en las operaciones?! Esta, especialmente, fue diseñada para no fallar, ¡sólo tenía que ocurrir un incidente! Pero, inclusive, en eso fallamos. Dios, somos una deshonra.
ღ—CONTINUARÁ...—ღ
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Letra: C
Cinco formas de besar
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By: D.S. Lianne
Capítulo V: Vodka y mucho wishky
"Querido diario, hoy me robaron mi primer beso."
DICCIONARIO
• Mocedad: Período comprendido entre la infancia y la madurez.
ஐ
NOTA: Disculpen si es que por ahí encuentran algún horrorcillo ortográfico. Cuando tenga más tiempo editaré los capítulos ;)
MODE CURSI OFF
"Con un poco de suerte, actualizaré el próximo mes"
–Lianne un 10 de marzo.
¡Hola-hola ^-^)/!
¿A ver, en qué mes estamos? Oh, claro, en agosto. Ahora dime, Lianne, ¿cuándo subiste la última actualización? Pues… En marzo. ¿Cuánta diferencia hay entre marzo y agosto? … Cuatro meses. Última pregunta: ¿mereces el perdón? ¡No, claro que no! Pe-pero es su culpa, lectores, apuesto a que ninguno sacrificó carne ¬¬
Sin embargo…, puede que esta sea mi última actualización y después de publicarla coloque el fanfic en pausa temporal :'(
¡Aquí tienen una recompensa: un capítulo aburrido y larguísimo de casi quince mil palabras :')! Lamento aburrirlos con tanta palabrería~.
¡Santos waffles, finalmente actualicé :D!
Debo admitir que no se supone que sería este el final del capítulo, pero una cosa llevó a la otra y los he dejado, como siempre, sin un beso. Beso que posiblemente estará presente en la segunda temporada de Cinco formas de besar.
¿Eso significa que habrá segunda temporada? Mm, déjenme pensarlo… ¡No! No habrá segunda temporada è.é -inserte risa malvada-.
Y antes de despedirme quisiera decirles unas cuantas palabras, ejem:
Tenía pensado crear una especie de capítulo extra (sinónimo: OVA/relleno), algo que podría ser considerado como un epílogo. No daré detalles sobre lo que tratará, sin embargo, se los digo porque quisiera saber su opinión acerca del asunto. ¿Debería hacer un epílogo o lo dejo tal como está? Con esto no quiero obligarlos a reviewar, por ende los que tenían pensado reviewar el fanfic, me gustaría que tomasen en cuenta este pequeño problemita, gracias ;)
P.D.: Lamento decepcionar a los que querían KanoKido, pero no vi dónde colocar la escena a más que me alargué bastante con el capítulo ùwú En serio, dejaré de prometer cosas que no cumpliré.
¡ALERTA: FALTA 1 CAPÍTULO!
¡Respuesta a los reviews \(^-^)/!
Meru Chain (guest): Quizá no estuvo interesante, quizá sólo quisiste evitar la parte de "estudiar" éwé Realmente no me canso x3 sin embargo, no estoy acostumbrada a oír halagos y eso hace que me sonroje… Mucho… Mucho… Mucho ^/^ p-pero gracias de todas formas.
Deos, ¡te contactaré! Yo no encuentro ninguno y eso me frustra, cada búsqueda me lleva a Pinterest y como no tengo cuenta no puedo ver nada ;~; tienes que enviarme todos esos links, ¡hablo en serio!
Seh~, es irritante, ¿verdad? Es algo así como un Kimi ni Todoke, versión SetoMary éwé. Jajajajaja XD Y Momo sería la versión de Yuno (Yukki, Yukki, Yukki, Yukki~). Aw~, gracias, no tengo experiencia con ese tipo de personajes :'3
Kido mamá gallina también hizo aparición esta vez éwé Es cierto, y eso que Ene es un troll experimentado òwó. No me di cuenta, inconscientemente escribí un insinuante shaoi de esos dos XD Jajajaja.
El capítulo tuvo shaoi y shuri, ¡todo en uno (?)! Ellos no podrán cazar mi mito, esto es cien por ciento verídico :B eso creo… Aún eres inocente pequeña Meru~, la pareja shuri más rara es el ShionMomo (?) Es difícil leer un ShinKido cuando tu OTP es el KanoKido, ¿cierto ;n;?
Oh, y hablando del KanoKido: ¡Perdón! No coloqué esa muestra de amorsh entre ellos a pesar que te lo prometí, lo siento ùwú. Me siento tan mal de habértelo prometido y no cumplirlo en el capítulo. También dudo que haya en el siguiente capítulo, sin embargo, (no quiero prometer nada o hacer ilusiones) es probable que agregue un poco de ellos en el epílogo, ¡pero no aseguro nada!
Pero sólo Divergente, hasta ahora no he podido lees Insurgente porque me envicié con Pretty Little Liars *-*
En fin, espero que te haya gustado este aburrido y extremadamente largo capítulo :'3 y, nuevamente, perdón por faltar a mi promesa ;-;
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mariposa28280: Todos quieren beso ;u; ¡yo también quiero! Pero habrá que esperar hasta la segunda temporada. ¿Eso significa que habrá una? ¡No, huahuahua! Espero que este capítulo te haya gustado (aún cuando sobrepasó las diez mil palabras). Hey, por cierto, lamento aún no comentar en tu fanfic de Amour Sucré, no he tenido mucho tiempo desde que comencé las clases… Sin embargo, estoy pendiente de cada capítulo c: por lo que comentaré en un par de meses. ¡Gracias por elegir a mi OC, me siento tan feliz ;u;! A propósito, me agrada cómo escribes ^^
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Anita92121: Aw, me alegra que te encante la historia. Fue una idea alocada que se me vino el anterior año pero que realmente no esperaba conseguir tantos lectores. Y también me agrada que te gusten los capítulos largos, pues me inspiro demasiado y termino con un cap de diez mil palabras (como el de ahora XD) Sin embargo, espero que te haya gustado la actualización y no haberte decepcionado :3 para serte sincera, la comedia me va terriblemente mal XD mi humor es de un negro Kuroha :'3
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ss chap (guest): Lo lamento tanto, realmente he demorado bastante en actualizar XD y creo que lo seguiré haciendo~ pe-pero esta vez, como recompensa, traje una actualización aburrida de trece mil palabras, así que espero que te guste c: espero que para el episodio final no me demore tanto como en este cap ;)
Voy a dejar de prometer cosas que sé que no cumpliré xd
¿Me regalan un Review ^-^? ¿O prefieren regalarme tomatazos :'3?
Lianne fuera =3=)7
†¿Sabías que los pandas están hechos de leche y galletitas Oreo?†
