N.A: Aunque nunca me quedo a gusto con los cap que hago con esta historia, decidí que ya era hora de actualizar. :0 Ahora que ya ha salido el 219 de DGM y *corason corason* no podía dejar esta historia. nO PODIA. VIVA EL FANDOM DE DGM. (?) Ya me voy yo sola, no hace falta que me matéis. (?)

Pairing: Yullen [YuuxAllen]

Advertencias: Yaoi, School AU.

Disclaimer: DGM y sus personajes le pertenecen a Katsura Hoshino.


¡Auch!


Acabar en la enfermería el primer día de clase no era el objetivo de Allen; menos que el causante de aquello fuese su protegido, Kanda.

Las cosas no podían haber ido peor. Sabía desde el principio que lidiar con el japonés iba a ser —muy— difícil, pero, siendo totalmente sincero, no esperaba llegar a los golpes en cuanto se conociesen. Aquello había sido inesperado, si el albino hubiera tenido la más mínima sospecha de algo como eso, ese golpe jamás le habría alcanzado. No es que tuviese unos grandes conocimientos en artes marciales, pero la convivencia con Cross había hecho inevitable que con el tiempo acabara por tener que aprender a defenderse por sí mismo de matones y cobradores emergentes; por eso mismo no se vio tan afectado por el golpe de Kanda —que aunque había sido fuerte tampoco era brutal— como sus compañeros decían, compañeros que parecían haberle dado por muerto en el momento en el que la sangre comenzó a resbalar de su nariz. Parecía que esa gente jamás había visto ese líquido carmesí, porque en cuanto lo notaron comenzaron a correr como locos y gritar como si no hubiese mañana hasta que consiguieron convencer —porque le estaban arrastrando—a Allen para irse a la enfermería.

Y allí había acabado, tirado en una cama mirando al blanco techo del consultorio sin nada que hacer realmente. Una compañera de su clase —que Allen creía recordar se había presentado como Eliade— le había dicho que el médico no estaba y que, en realidad, debería estar agradecido por ello, pues sus métodos distaban mucho de lo que se podía determinar cómo agradable y puede que insistiese en operarle con un taladro la nariz solo con verla sangrar. El de orbes grisáceos empezaba a preguntarse seriamente si aquello era una institución educativa o un manicomio encubierto.

—¡Allencito! —A pesar de que el albino se puso alerta en cuanto escuchó su nombre, no pudo evitar que un muchacho pelirrojo se le tirase encima sin ningún cuidado—. ¡No me puedo creer que hayas acabado así el primer día!

Allen suspiró. Él tampoco se lo esperaba. Aunque lo que ahora le preocupaba era saber cómo había hecho Lavi para enterarse de lo que había pasado cuando no compartían ninguna asignatura en común y sus aulas no estaban precisamente cerca.

—Sí, bueno… —Comenzó el albino, pensando que el más alto tenía un serio problema a la hora de respetar el espacio personal ajeno, aunque prefirió no comentar nada al respecto—, ¿cómo has sabido que estaba aquí?

Lavi se levantó ágilmente, para después situarse delante del de ojos plomo haciendo aspavientos con las manos, de una forma casi dramática. Tal parecía que iba a dar una noticia exclusiva, aunque era evidente que no era aquello lo que iba a suceder.

—Pequeño, esto es un instituto, aquí las noticias vuelan. —Confesó el de orbes esmeralda, sintiéndose como un presentador de televisión que informa al mundo de lo que está pasando—. Más sí se trata de algo como una pelea; ya sabes cómo funcionan en estos temas los humanos, la curiosidad y el morbo hace que este tipo de cosas se extiendan por el centro más rápido que la pólvora. Y ya no te digo cuando los protagonistas son el misterioso chico nuevo y el demonio Yuu Kanda.

Solo oír el nombre de ese estudiante hacía que a Allen le hirviese la sangre mientras la imperiosa necesidad de salir de ese cuarto en busca del samurái para devolverle el golpe se amontonaba en su cerebro amenazando con tirar abajo todo esa mierda sobre protocolo, moralidad y ética que durante muchos años se había obligado a memorizar. Sabía que reaccionar como animal herido en su orgullo —básicamente querer partirle la cara al de pelo de niña— no era éticamente correcto y nada adecuado para un ángel guardián, menos si la meta de tan improcedente conducta era la persona a la que supuestamente ha de ayudar. ¡Pero no podía actuar como se debe cuando ese ser, en lugar de reaccionar como debería, había hecho uso de la violencia en el ámbito escolar —algo prohibidísimo por el protocolo— con aparente normalidad! Por supuesto que él quería llevarse bien con Kanda para acabar con rapidez la misión y ser asignado así a otra en la que el objetivo al menos se abstuviese de desahogar sus frustraciones físicas con su persona; ¡pero es que no podía! ¿Cómo se supone que iba a llevar por el buen camino a alguien como él?

—Ya veo… —Comentó Allen, tratando de relajar el ambiente, y, más concretamente, buscando calmarse a sí mismo; no debía mostrarse como un novato encolerizado delante de Lavi, un superior—, supongo que es toda una noticia que alguien le plante cara.

Fue en ese momento en el que Allen levantó la mirada en el que notó que la amable sonrisa de Lavi había desaparecido para dar paso a una seriedad poco usual en él. No le conocía de toda la vida, pero el albino sabía que el de ojos esmeralda se caracterizaba por su buen humor y despreocupación, características que su rostro no reflejaba en absoluto en ese momento. Y eso le hizo tensarse, ¿quizás no debería haber reaccionado de esa manera con Kanda?

—Allen —Dijo Lavi, y el nombrado trago duro con el miedo recorriéndole las venas—. Tienes que renunciar.

El albino dejó de respirar un momento, tratando de analizar las palabras del más alto. ¿Le estaba pidiendo que se rindiese con Kanda? ¿Le sugería que volviese al cielo el primer día, llorando por no poder llevar a cabo su misión? No, imposible. Él no sería como los demás alumnos de Cross, incapaces de graduarse o, si lo habían hecho, incapaces de llevar a cabo correctamente una sola misión. Él sería diferente, demostraría que podía cambiar las cosas, por él mismo y por Mana.

—Lo siento, pero no lo haré —Insistió el de ojos plomo, que no pudo evitar sentirse nervioso ante la posibilidad de que hubiese sido su comportamiento con el samurái lo que obligase a Lavi a pedirle que lo dejase—. ¿Se trata de cómo traté a Kanda? Sé que no fue lo más correcto, le pediré disculpas si es necesario. Aunque siendo él quién me ha mandado a la enfermería, ser yo quien se excuse me parece un poco…

—No, Allen, no se trata de nada de eso —Le cortó Lavi, lo que solo tenso aún más al más bajo—. Tu actitud fue la correcta, estamos hablando de Yuu, tratar con él de otra forma solo habría sido peor —Allen no pudo evitar alzar una ceja al notar que el pelirrojo llamaba a ese ser por el nombre, lo que demostraba una cercanía entre ellos que el albino no creía que pudiese existir teniendo en cuenta lo opuesto del carácter de ambos—, pero no estamos hablando de eso. Se trata de tu seguridad, pequeño.

—¿Mi seguridad? —Allen rodó los ojos, sabía que su aspecto no era precisamente el de un macho pelo en pecho, pero se veía perfectamente capaz de defenderse de los torpes golpes del samurái—. Sé que esto no ha empezado bien, pero no creas que dejaré que me golpee de nuevo. Además, no hay tanto riesgo, Kanda ha sido clasificado como un nivel 3, si me fuese a matar o algo serio estaríamos hablando de un nivel cinco o mayor.

—Allen, ¿de verdad crees que un nivel tres reaccionaría de esa manera?

El albino suspiró repasando sus propios conocimientos. Durante los años de estudio y su estancia en la academia una de las primeras cosas que tuvo que memorizarse fue la clasificación de las desviaciones en humano; había seis niveles, aunque todo el mundo dudaba de que existiese una derivación tan grande o grave como para alcanzar el último nivel. El resto de niveles aumentaban gradualmente inversamente proporcionales a su frecuencia, así pues, el primer nivel era aquel con el índice más alto de aparición; solía tratarse de pequeñas acciones por parte de una persona, que, aunque carecían de importancia general, generaban un malestar en el individuo en cuestión; ya sea por sentir que ha traicionado a alguien con el acto o porque va contra sus principios. Pequeñas desviaciones como esas ni siquiera requerían la presencia física de un ángel guardián y a menudo solo era necesario trastrabillar un poco con los futuros encuentros del humano para que todo volviese a la normalidad. El segundo nivel, un poco menos frecuente, tampoco requería siempre la presencia del guardián, aunque la mayoría preferían mostrarse a su protegido para acelerar las cosas, pues en estos casos las incidencias solían afectar a una o dos personas del entorno debido a la actitud —a menudo negativa— que presentaba el objetivo. El tercer nivel —la supuesta calificación de Kanda— precisaba de la presencia del ángel sin excepciones, pues la actitud negativa, y en algunos casos, violenta, afectaba a gran parte del entorno del protegido y ponía en peligro el equilibrio mental de su ambiente. El cuarto, quinto y sexto nivel eran apenas frecuentes, y normalmente no eran asignados a primerizos, si no a ángeles experimentados, con más de 100 incidencias solucionadas a sus espaldas —siempre que estas no fueran todas de nivel uno— o a algún general. Pero ahora que Allen lo pensaba, Kanda no era exactamente el prototipo con el que había tratado sobre el nivel tres; sí bien era violento y su actitud causaba una conmoción en su entorno —como cualquier nivel tres—, sus reacciones distaban mucho de lo que se esperaba de alguien encargado a un primerizo.

—¿Qué insinúas, Lavi? —Indagó el albino, aunque estaba perfectamente consciente de por dónde iban los tiros.

—Lo que digo, Allen, es que la desviación que te han dado no es un nivel tres, ¡por favor, te tumbó de un golpe en vuestro primer encuentro! —Gritó Lavi, mientras movía sus brazos de una forma exagerada, tratando de darle más impacto al hecho—. Yuu es un nivel cuatro como mínimo.

—¡Eso es ilógico! —Rebatió el más bajo, incapaz de creerse que alguien allá arriba hubiese mentido en un informe destinado a un primerizo—. ¡Soy un recién graduado, no me empaquetarían algo como eso!

—No es ilógico, ¿tienes idea de hace cuanto fue descubierta la incidencia con Yuu?

Allen trató de rememorar todo cuanto había leído en el informe del de pelo oscuro, pero era incapaz de recordar un solo apartado que indicase la fecha en la que los buscadores habían descubierto la incidencia.

—No lo ponía en el informe. —Admitió, derrotado.

—¡Claro que no! ¡Hace más de dos años que los buscadores decidieron que había que hacer algo con él!

—Eso es imposible. —Respondió Allen, quien empezaba a dudar de todo lo que pasaba a su alrededor—. Si ese fuese el caso, él ya debería de haber sido tratado.

—Y lo fue, ¡claro que lo fue! Pero acabó con todos. No me refiero a que usara la violencia física con ellos, aunque probablemente también, pero es otra cosa… Él tiene algo que hace que se rindan, y no me refiero solo a que se den por vencidos con él, todos los que han venido lo han acabado dejando todo. —Lavi suspiraba, como si todo aquello fuse un gran peso que llevar a los hombros—. Quién sabe si cuando lo vieron por primera vez era un nivel tres, pero ahora desde luego no. Este caso debería ser tratado por generales, Allen. Debes renunciar. No se va a dejar ayudar, menos por un recién graduado.

Pero la mente del albino ya estaba en otra cosa. Él había pasado por mucho para llegar a donde estaba, no solo por ser instruido por Cross —que no era precisamente el sueño de nadie—, también había otras razones de ámbito personal que habían puesto su mundo de cabeza desde pequeño y con las que había tenido que lidiar para salir adelante. Había puesto todo su esfuerzo en cada día que había pasado allí arriba, pegado a libros sobre los humanos en la biblioteca mientras otros perdían su tiempo. Allen nunca se había permitido algo como eso. Él sabía que para llegar alto había que pagar un precio muy elevado y no había dudado. Pensaba que con todo lo que había sufrido, todo lo que había pasado, su deuda ya había sido saldada, pero el mundo seguía insistiendo en complicarle las cosas; Kanda no era más que otro obstáculo. Y el de ojos plomo se había acostumbrado a derribar las trabas. No sería él quien volviese allí arriba sólo porque le habían impuesto una misión inadecuada a su nivel, no sería él quién fuese rechazado en el futuro por haber sido incapaz de finalizar su primera misión. No, él no sería relegado a los nivel uno de por vida. Él saldría adelante, enderezaría al samurái sí o sí y le daba igual que nivel de desviación fuese.

—Te agradezco que te preocupes, Lavi —Anunció el menor, mientras el otro abría los ojos sorprendido, previendo lo peor—. Pero no voy a renunciar. Entiendo que Kanda está fuera de todo cuanto he visto hasta ahora, que probablemente voy a tener que comprar un buen botiquín si quiero seguir aquí, pero lo acepto. No voy a ser otro de los tantos alumnos de Cross que se quedan a medio camino. Voy a convertirle en un caballero muy educado.

—Pero, Allen… —El pelirrojo estaba dispuesto a rebatir, pero fue interrumpido de nuevo.

—Sé que esto es difícil, así que… ¿Me ayudarías a conseguirlo? Y no me refiero a que me hagas una guía turística hacía mi clase.

El de orbes esmeralda lo vio claro entonces; Allen no se rendiría, no lo haría bajo ningún concepto. Él mismo había actuado así en el pasado cuando su primera misión parecía estar fuera de su alcance —aunque no era nada comparado a lo que le había tocado al albino, pobre chico— y sabía que daba igual lo que hiciera o dijera en ese momento, la determinación del más joven no se iría por tan solo unas pocas palabras. Su fuerza de voluntad era mucho mayor que cualquier cosa que Lavi pudiese decirle.

—Bueno, me viene bien un poco de acción —Acabó por decir—. Y estoy seguro que al lado de alguien capaz de responderle a Yuu no me faltará.

La risa de Allen inundó rápidamente el lugar, estaba feliz de contar con el apoyo de alguien como el mayor, que ya llevaba alguna que otra misión a su espalda y parecía conocer íntimamente a Kanda —aunque esa relación le parecía sospechosa—. Pero su risa cesó de inmediato cuando un portazo resonó en el cuarto de enfermería. Sus ojos giraron por puro acto reflejo y se encontró a Satanás en la puerta, con una cara de evidente molestia que no hizo sino empeorar cuando los oscuros ojos se fijaron en los esmeralda que se situaban detrás del albino.

—Vaya, a falta de un subnormal, tenemos dos —El tono no era amenazante, Kanda hablaba como dando un dato verídico, que seguramente para él lo era—. Un conejo retrasado y un brote de habas desteñido.

Allen contó hasta diez apretando las sábanas de esa cama, cuyas almohadas se le antojaban como un buen proyectil destinado a la cara del más alto; si quería llevar a Kanda por buen camino, debería tratar de calmarse y reducir la violencia al mínimo. Pero era complicado cuando su protegido le dedicaba tan hermosos piropos —nótese el sarcasmo—.

—No seas tan cruel, Yuu. —Comentó el pelirrojo, que se había situado detrás del albino a pesar que esto no le cubría para nada.

—Vuelve a llamarme por mi nombre y te aseguro que la próxima que visita te la tendrán que hacer en el cementerio, conejo de mierda. —Siseó el de cabello largo.

Allen cada vez entendía menos. En los libros ponía que en Japón la gente solía llamarse por sus apellidos excepto que tuviesen una relación de bastante confianza como para usar el nombre de pila. No podía decir si para los mayores "confianza" significaba una relación de violencia física continuada, por lo que parecía. No sabía que Lavi estaba en ese tipo de prácticas, pero si el mayor de los ángeles disfrutaba siendo atacado por Kanda, no sería él quien le juzgara.

—Y tú qué coño miras, haba con patas.

Ah, no, por ahí no pasaba.

—Las damas no deberían usar tan burdo lenguaje, ¿sabes, Kanda?

El grito de Lavi detrás de su persona —pidiéndole encarecidamente que se retractase, que era muy joven para morir—, unido a la mirada de "vas a morir" que le dedicó el samurái solo hicieron sonreír a Allen. Le demostraría a quien quiera que fuere el que le había mandado esa misión que podía con eso y más.