Capítulo 4: Sueños

Nada más llegar a casa Hermione bajó corriendo de su espalda esperando que la transformara en humana pero en lugar de eso el lobo pasó por su lado sin darse cuenta de su diminuta existencia. A la vez que caminaba escaleras arriba se fue transformando de nuevo en humano y acabó adentrándose en una de las habitaciones. A Hermione le fue muy difícil subir los que ahora le parecían enormes escalones pero tuvo que obligarse a continuar. Cuando por fin llegó a la tercera planta y recorrió el pasillo hasta la única habitación iluminada, Sirius estaba sentado junto a Buckbeak sumido en sus propios pensamientos. Llevaba una bata negra abrazada al cuerpo y con una de sus manos se dedicaba a acariciar al hipogrifo. El animal la miró y por un momento pensó que iba a ser devorada, pero éste en lugar de ello le dedicó una reverencia como si la reconociera y volvió a relajarse. Hermione ahora más tranquila se plantó frente a Sirius y cruzó los brazos todavía indignada, pero el hombre no pudo verla ya que tenía los ojos cerrados. La castaña soltó un gruñido irritante que consiguió su propósito, llamar la atención de Sirius.

- Cierto.

Levantó el brazo con desgana y con un movimiento de varita el cuerpo de Hermione empezó a cambiar hasta volver a la normalidad, pero había un pequeño inconveniente en el que la chica no había pensado.

Sirius por primera vez mostró algo de vida en sus ojos que ahora la miraban con incredulidad. El hombre carraspeó con incomodidad e intentó mirar a otro lado pero siempre su mirada volvía a ella. Hermione siguió su mirada y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo al darse cuenta de lo que pasaba. Estaba desnuda, completamente desnuda. La chica soltó un gritito y se escondió tras el animal a la vez que se tapaba con las manos como podía. Sirius ahora la miraba divertido y no pudo evitar dejar escapar alguna carcajada.

- ¡NO ME MIRES!

- ¡Perdona! ¡No había pensado en eso!

- ¡PUES BIEN QUE EN TI SI HAS PENSADO! -gruñó señalando la bata que llevaba puesta.

Sirius hizo una mueca y desapareció por la puerta. Sus pasos se alejaron hasta desaparecer y unos minutos más tarde retomaron el camino hasta volver junto a la chica.

- Aquí tienes.

Sirius le lanzó la bata que antes llevaba puesta mientras se acababa de abrochar el pantalón que se había puesto. El hecho de que el moreno aún no se había abrochado la camisa no pasó desapercibido para Hermione pero intentó ignorarlo. Se puso la bata con cuidado y una vez que se la había atado a la cintura se acercó de nuevo a Sirius y se sentó a su lado. Sabía que tenían mucho de qué hablar pero no sabía cómo empezar la conversación.

- Es bastante incómodo ser un animal.

- Yo lo encuentro lo más sencillo del mundo. Probablemente me quedaría siendo un lobo todo el tiempo si no fuese por la incomodidad de las pulgas.

Hermione hizo una mueca divertida y lo miró.

- No vuelvas a convertirme en un roedor.

- No vuelvas a entrar en mi baño mientras me ducho. –contraatacó.

Hermione se tapó la cara con las manos con vergüenza y luego se rió.

- Está bien.

- Y no vuelvas a mentirme. –continuó el hombre con un tono más serio.

Hermione lo miró desconcertada pero al encontrarse con su mirada comprendió a lo que se refería.

- ¿Por qué no me dijiste que Harry estaba aquí, en vuestro pasado, en... en mi presente?
- Sirius… Este es el plan de Harry no el mío. El te ha salvado la vida.

- Es un inconsciente. – dijo frustrado pero con un pequeño toque de orgullo.

Los dos permanecieron en silencio unos instantes hasta que Sirius habló de nuevo.

- ¿Por qué le dejaste hacer esto? Quiero decir… Tú eres la que razona y analiza todos sus actos. Deberías haberle dicho que no debía hacerlo, mi vida no vale nada en comparación con todas las muertes que puede haber si cambia el futuro…

- Estoy de acuerdo. –El hombre la miró alzando la ceja y ella suspiró – Sinceramente me parecía una idea estúpida. No podíamos arriesgar todo lo que teníamos… pero él iba a hacerlo igualmente con o sin mi ayuda y no podía dejarlo solo. Además…

Hermione dejó que las palabras se apagaran sin saber que decir. Sabía que tenía otro motivo para ir pero no recordaba cual.

- Tal vez Harry era tu novio.

Hermione lo miró dudando si podía existir esa posibilidad pero algo le decía que era completamente imposible así que negó con la cabeza.

- No lo creo.

- Nunca se sabe…

- Cambiemos de tema.

- Entonces cuéntame dónde está el Harry con el que has venido.

Hermione suspiró decidiendo si era mejor el otro tema o este.

- No sé exactamente donde está…

- ¿Qué quieres decir?

- Bueno, se supone que debería estar aquí pero no está. Así que no tengo ni idea de lo que está haciendo.

Sirius apretó los dientes con fuerza y la miró de nuevo.

- Tenemos que ir a buscarle.

- No. ¡¿Alguna vez me escuchas cuando hablo?! Tu vida pende de un hilo y es el único motivo por el que Harry y yo estamos aquí. Seré yo quien vaya a buscarlo y tú te quedarás aquí a la espera de que el Harry de 15 años venga corriendo a decirte que te echa de menos y que han pasado muchas cosas en Hogwarts este año. ¿Lo has entendido?

Sirius le dedicó una sonrisa de suficiencia y se acercó lentamente a su rostro a la vez que Hermione lo miraba inquieta.

- No has cambiado nada. –susurró frente a la chica. – Pero eres demasiado inocente. Voy a ir y me da exactamente igual lo que piense una niña.

Hermione se envaró pero ya era demasiado tarde, Sirius se dio media vuelta y se alejó hacia la última planta donde estaba su habitación y la dejó sola junto al hipogrifo.

La chica se dejó caer de espaldas apoyándose en el cálido cuerpo del animal. Inmediatamente Buckbeak la rodeó con el ala y lentamente se fue dejando mecer por la respiración de la criatura. Esa fue la primera vez que soñó con él.

Hermione bajaba las escaleras giratorias de Hogwarts dirigiéndose sin saber por qué hacia el Gran Comedor. Parecía estar todo demasiado tranquilo y a pesar de ser la hora de la comida no había nadie por los pasillos. No había alumnos corriendo con la escoba en mano ni tampoco profesores castigando a los más revoltosos. Un profundo silencio pesaba en todo el castillo y Hermione aceleró el paso al darse cuenta. Cuando llegó a la última planta se dirigió al gran portón pero en ese instante se abrió y apareció alguien a quien conocía muy bien.

- ¿Hermione?

La chica sonrió ampliamente y se lanzó sobre sus brazos con entusiasmo.

- Es el sueño más real que he tenido nunca.-murmuró el chico con incredulidad.

- No, este es mi sueño.

- Hermione… ¿Eres tú?

La chica frunció el ceño intentando hacer funcionar de nuevo su cabeza. ¿Y si no era un sueño?

- Harry, ¿Dónde estás? Quiero decir… ¿Esto es real?

Harry asintió y miró de nuevo a la chica con urgencia.

- Hermione escúchame. No sé por qué pasa esto ni cuanto vamos a poder hablar pero las cosas están cambiando. He tenido que hechizarme a mí mismo para salvar a Sirius pero he destrozado el futuro. Harry, quiero decir, mi otro YO, tiene que ir al Departamento de Misterios para conocer toda su historia de la profecía y no sé como provocar eso sin llamar demasiado la atención. Bastante hice al llamar y avisar de la llegada de los mortífagos para que los atraparan pero fue un error, Hermione. Remus habló con mi YO del pasado y le dijo que Sirius estaba bien así que no soy, quiero decir, no es tan idiota como para volver a caer en el mismo truco.

- Harry, para. Me estas liando… - Hermione suspiró pero al ver la mirada de apremio del chico continuó hablando – Sirius quiere ir a verte. Él sabe… bueno, me pilló con las manos en la masa así que he tenido que contarle que hago aquí y acaba de descubrir que tú también has vuelto por lo que probablemente mañana mismo vayamos para Hogwarts.

- ¡Hermione tienes que detenerle!

- Haré lo que pueda pero ya sabes cómo es, Harry. Es como tú.

Harry sonrió a medias y desvió la mirada hacia sus zapatos.

- Hemos hecho todo lo que dijimos que no haríamos.

- No tendríamos que habernos involucrado tanto, pero ya no se puede hacer nada. – murmuró Hermione siendo objetiva.

- Escúchame Harry. No creo que sea tan mala idea que vayamos para allá. Sirius podrá reencontrarse con tu otro YO, y tú y yo podremos volver a casa juntos con el giratiempos.

Hermione se quedó a la espera de que Harry dijese algo pero ahora la miraba con cierta incomodidad.

- ¿Lo echas de menos?

- ¿A quién?

Harry la miró sin entender cómo podía preguntarle eso. Obviamente hablaba de Ron pero parecía que ella no se daba cuenta.

- Un Weasley, pelirrojo, Gryffindor, de nuestra edad ¿Te suena?

Hermione se rió y asintió con la cabeza pero de pronto se puso seria.

- Harry… no recuerdo nada del futuro. No sé quien soy pero recuerdo todo mi pasado… No entiendo nada.

Harry la observó con la boca abierta. Tenía mil preguntas revoloteando por su cabeza. No sabía si enfadarse por haberse olvidado de Ron o odiarse a sí mismo por haberla metido en esto.

- ¡HARRY DATE PRISA! ¡LLEGAMOS TARDE!

La voz de Ron llegó lejana pero retumbaba en las paredes del Gran Comedor.

- ¡Creo que tengo que irme! ¡Piensa en Ron, Hermione! ¡Recuérdalo!

El cuerpo de Harry se fue desvaneciendo y cuando Hermione dio un paso adelante para agarrarle y evitar así que no se fuera, éste desapareció y su mano atravesó el aire quedándose sumida en la nada.

Por primera vez Hermione se sintió devastada y sin más fuerzas se dejó caer en el suelo de piedra y dejó que sus propios llantos la acunaran hasta despertarse.

Al abrir los ojos algunas de sus lágrimas continuaban con ella como si todo hubiera sido real. ¿Y si había sido así? De alguna manera había podido comunicarse con Harry y eso era lo importante. Tal vez de alguna forma estuvieran conectados a través de sus sueños. Sin darle más vueltas se dirigió a la habitación de Sirius preocupada por que el hombre ya se hubiera ido pero no era así. Sirius descansaba de lado tendido sobre las sábanas con la ropa puesta de anoche. Hermione se sentó en el borde de la cama meditando si debía despertarle o no. Una parte de su cerebro le decía que tenía que idear un plan para pararlo, que lo más sensato era lanzarle un encantamiento aturdidor y dejarlo inconsciente todo el día pero eso solo atrasaría lo inevitable.

Hermione observó la respiración tranquila y pausada del hombre pero cuando sus ojos se desviaron hasta su boca se dio cuenta de que estaba siendo observada.

- Buenos días. – rugió el hombre con la voz seca.

- Buenos días.

Hermione desvió la mirada avergonzada de lo que acababa de hacer y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no salir corriendo de esa habitación. ¿Qué demonios le pasaba?

- ¿Soy tan sumamente atractivo que no puedes mantenerme la mirada?

Hermione lo miró esta vez con los ojos dilatados de la sorpresa pero entonces el hombre se rió dando a entender que era una broma y haciendo que el corazón de Hermione volviera a su ritmo normal.

- Eres tan sumamente arrogante que no te das cuenta de la estupidez que acabas de decir.

- ¿Me has traído el desayuno? –murmuró el hombre tumbándose boca arriba e ignorándola completamente.

- ¿Tengo pinta de ser tu esclava? – gruñó la chica levantándose de la cama.

Sirius fue rápido y justo cuando se iba a ir la agarró de la muñeca y le dio un tirón obligándola a caer sobre él.

Hermione se quedó paralizaba al sentir el calor que desprendía su pecho desnudo. Lentamente levantó la mirada de su piel a su rostro y éste la miraba divertido.

- Un poco de cara de elfo sí que tienes.

Hermione lo fulminó con la mirada y tras darle varios golpes en el pecho que ahora le parecía repulsivo se intentó incorporar pero Sirius seguía sin soltarla.

- Déjame en paz. Quiero irme.

- ¡Ah! ¿Estás lista para que nos vayamos a Hogwarts?

Hermione se arrepintió de sus propias palabras e intentó distraerle.

- ¡No! No estoy lista…

- ¿Qué necesitas? Mi casa está a tu disposición, es todo lo que puedo ofrecerte.

- Yo…

Hermione se mordió el labio con urgencia en busca de alguna excusa y de repente apareció ante su llamada.

- ¡Necesito ropa!

Sirius parpadeó y miró por primera vez la bata que continuaba llevando desde anoche.

- Si no hubieras quemado lo que llevaba puesto…

Unos golpes en la puerta de abajo resonaron por toda la casa y de nuevo el timbre volvió a sonar seguido de un portazo. Quien quiera que fuese había entrado sin pensárselo demasiado.

- Ahí está la ropa.

- ¡SIRIUS! ¡TENEMOS QUE HABLAR!

Los gritos retumbaron por toda la casa y algunos cuadros se despertaron y volvieron a despotricar contra todos los huéspedes pero Tonks se encargó de ellos rápidamente. Probablemente estaba acostumbrada a ellos.

Hermione se envaró e intentó alejarse del hombre para esconderse pero Sirius no la dejó marchar.

- Vamos a decirle la verdad a Tonks, después te dará su ropa y nos iremos a Hogwarts directamente. ¿Entendido?

- Ya lo veremos…

Hermione que todavía estaba hablando con Sirius, no se dio cuenta que la pelirrosa había llegado hasta la habitación y ahora los observaba con incredulidad. La castaña se echó a un lado de la cama ante la mirada atónita de la chica. Tonks paseaba la mirada de la bata medio abierta de la castaña al pecho desnudo de su amigo. Pero cuando enfocó la mirada al rostro de la chica el pelo se le tiñó de azul de la sorpresa.

- ¿Hermione? ¿Qué está pasando aquí?

Continuará...