Capítulo 10: Cambios

- Quiero que te sientes y me mires únicamente a mí, Hermione. Olvida el desastre que hay a tu alrededor. Olvida tu confusión y céntrate en lo que te voy a explicar, pero necesito que te lo tomes con calma.

La castaña cogió aire y se sentó sobre el maletero de un antiguo Bentley Continental. Sirius se acercó a ella quedando entre sus piernas y cogió una de sus manos para darle ánimos.

- Está bien... Hace 5 años me dijiste que venías de un futuro maravilloso en el que Harry ganaba la guerra pero yo moría...

La chica asintió.

- Pues bien, digamos que ahora las cosas han cambiado.

- ¿Qué quieres decir con cambiado, Sirius...?

- Harry murió en la guerra Hermione. - murmuró con un deje de dolor en su voz- Perdimos la guerra. Voldemort se está encargando de destruir todas las ciudades Muggles, empezando por Londres.

El viento sopló con suavidad pero ninguna hoja de ningún árbol se movió. Todos los árboles que quedaban habían ardido hace tiempo.

- Pero... yo he visto a Harry morir... Yo... -balbuceaba la chica empezando a llorar de nuevo al recordar lo vivido.

- Harry ha muerto ante tus ojos porque habéis vuelto y al volver... En este presente Harry no existe y por lo tanto debía desaparecer, Hermione.

- La chica se tapó con fuerza la cara y siguió llorando ya sin ocultarlo.

- Todo es mi culpa, Sirius..- continuaba balbuceando sin atreverse a mirar al hombre. - Todo es mi culpa...

- No digas eso.

Sirius acarició la mejilla de la chica y con lentitud le quitó las manos del rostro.

- Fue Harry quien se encabezonó en salvarme, tú fuiste una buena amiga y lo acompañaste.

- Pero si yo no le hubiera dejado el giratiempo...

- Si tú no se lo hubieras dejado, lo hubiera robado, Hermione. Lo conoces. Mi ahijado era muy cabezón.

Hermione se apartó las lágrimas de los ojos una vez más para poder mirar a ese hombre que tanto quería.

- Te he echado de menos - murmuró el hombre con voz ronca.

- Te diría que yo también...-empezó la chica- pero te acabo de ver hace unos minutos en el pasado.

El hombre sonrió, Hermione sonrió y finalmente se dieron el beso que tanto ansiaban.

- ¿Cómo ha ganado la guerra Voldemort?

- Ni siquiera yo lo sé... Teníamos un plan pero de repente...

Una voz carraspeó a sus espaldas haciendo que ambos se girasen y se encontraran con un rostro muy conocido. Draco Malfoy.

El chico llevaba un traje negro como solía hacer años atrás y lucía una mirada altiva como siempre. El consejo de Hermione no había servido de mucho.

- Me alegro de volver a verte, sangresucia. Espero que tu viaje haya sido... interesante.

Sirius levantó la varita para apuntarle pero el chico chasqueó la lengua y negó con la cabeza.

- No te recomiendo hacer eso.

De detrás de unos coches, de un muro y de varios escondites salieron unos siete u ocho mortífagos que disfrutaban con el espectáculo y que ahora los rodeaban.

- Si no queréis morir aquí y ahora, os aconsejo que entreguéis vuestras varitas.

La pareja se miró decidiendo lo que debían hacer. Luchar era absurdo puesto a que había una clara desventaja y gritar y huir... Sabían que sus amigos estaban demasiado lejos para oírlos y demasiado lejos para llegar a tiempo.

Hermione fue la primera en desprenderse de la varita, seguida de Sirius con resignación.

- Muy bien, así me gusta. -continuó el rubio guardándoselas - Y ahora Granger, entrégame el giratiempos.

La joven abrió los ojos de par en par sorprendida porque él supiese siquiera que lo llevaba encima. Lo tenía escondido bajo la ropa y ni siquiera el resto de sus amigos sabían de su existencia.

- ¿Cómo lo sabes? -gruñó Sirius llegando a la misma conclusión que ella.

- ¿Qué cómo lo sé? ¿Me tomáis por idiota?

Draco avanzó unos pasos enfrentando a la chica. Con un dedo levantó su barbilla para que la mirase directamente a los ojos mientras éste destilaba una sonrisa socarrona.

- Apareciste hace 5 años con este aspecto... -murmuró con la voz ronca mientras acariciaba la pierna de la chica e iba subiendo hasta agarrar su cintura - ¿Y pensaste que no me daría cuenta? - el chico deslizó la mano hasta la mejilla de Hermione- Eres una ilusa. - Y la golpeó.

Sirius se abalanzó inmediatamente sobre el cuerpo de Draco Malfoy y le atizó un puñetazo en la nariz. Al segundo un rayo verde impactó contra su espalda haciéndolo estremecerse y finalmente cayendo al suelo derrotado entre espasmos de dolor. Una risa estrambótica resonó a un lado mientras Draco se acariciaba la nariz con odio. Quería verlo muerto.

- Te arrepentirás de esto.

Bellatrix que hasta ahora no había hecho acto de presencia disfrutó unos cuantos minutos torturando a Sirius Black una y otra vez mientras Hermione Granger no podía hacer otra cosa que llorar y suplicar por ese hombre. Draco disfrutaba igual o más que ella pero llegó un punto en el que se le acabó la paciencia.

- Basta.

Bellatrix bajó la varita con disgusto y Sirius, completamente destrozado, ni intentó levantarse del suelo. Hermione fue la que se agachó para abrazar al hombre y acariciar su pecho que latía con frenesí.

- Vamos, Granger. Ya nos hemos divertido bastante, dame el giratiempos y Black saldrá lo más ileso...posible.

Varios de los encapuchados rieron entre dientes pero Hermione no se movió.

- No sé de qué me hablas. - Rugió como una leona mirando directamente a Draco sin parpadear.

- Tú misma. - Draco sonrió mientras alzaba la varita hacia ella - ¡SECTUMSEMPRA!

El rayo salió con fuerza de la varita de Draco Malfoy y se dirigió al pecho de la chica pero justo antes de impactar, Sirius se interpuso y el corte atravesó su cuello con un golpe seco y certero.

Los ojos de Sirius se abrieron de par en par mientras una fina línea de sangre recorría todo su cuello. Hermione se quedó sin respiración observando al chico al que siempre amaría. El cuerpo de Sirius cayó al suelo derrotado mientras la cabeza de el hombre se desprendía con el mismo rostro de sorpresa que había tenido en sus últimos segundos de vida.

Hermione no se lanzó a abrazarlo ni tampoco lloró. Su pecho se contraía con fuerza e intentaba coger aire una y otra vez. Draco se mordió el labio saboreando la impotencia de su enemiga mientras Bellatrix danzaba alrededor entre risas y gritos de entusiasmo.

La castaña apretó los dientes con fuerza mientras continuaba con la mirada fija en Sirius Black. Todos creían que se había rendido pero no. Ella sabía la verdad. Debía volver con el giratiempos y arreglar todo lo que había hecho pero sabía que no podía hacer ningún movimiento en falso porque Malfoy la mataría. Él era su mayor problema. Jamás había odiado a alguien tanto como a él. Los segundos pasaban y sabía que el tiempo se le acababa. Lanzó una rápida mirada a la varita que había dejado caer al suelo y se abalanzó a por ella. El cuerpo de la chica chocó contra el suelo pero ágilmente se dio la vuelta y apuntó a Draco Malfoy.

- ¡AVADA KEDAVRA!

Nunca había pronunciado un hechizo con tanto desprecio ni con tanto odio. No tenía miedo de las consecuencias. Quería venganza. Quería ver a Draco Malfoy muerto. Y sobretodo quería utilizar esos segundos en los que los mortífagos se quedarían petrificados viendo a su líder caer, para sacar el giratiempos y desaparecer de ahí lo antes posible.

Pero Draco Malfoy se lo vio venir y en un rápido movimiento agarró con fuerza a su tía y la puso frente a sí. El hechizo impactó en la espalda de la mujer, que dejó de sonreír y miró a su sobrino con incredulidad mientras su vida escapaba de su cuerpo dejándola completamente vacía.

El cuerpo cayó al suelo en un sonido hueco mientras Draco desarmaba a Hermione.

- ¡¿QUIERES JUGAR?! -Rugió el rubio con fuerza mientras la arrastraba de los pelos con fuerza- PUES JUGAREMOS - El chico la alzó estirándola con fuerza para que sus miradas se encontrasen- TÚ NO VAS A MORIR HOY. NO TE MERECES UN FINAL TAN DIGNO.

Draco sonrió con odio. Se sentía enfadado con la chica y la despreciaba, pero una parte de él disfrutaba del reto que cada movimiento de ella le ofrecía. Se divertía haciéndola sufrir y no quería perder la única diversión que la vida le ofrecía.

- Ahora...Dame el giratiempos.

La chica meditó sus posibilidades pero eran escasas. No tenía alternativa y estaba completamente desarmada. Una lágrima rodó por su mejilla, respiró hondo y se puso en pie mientras se deshacía de su única vía de escape y la posaba en las manos de su enemigo.

- Buena chica.

El chico lo dejó caer al suelo y con fuerza lo pisó rompiéndolo en diminutas partes.

- ¡NO! -Gritó la castaña con pánico mientras se arrodillaba frente a los pedazos que quedaban.

- ¿Te crees que somos tan idiotas para guardar la única forma que tendríais de recuperar a Harry Potter?

Hermione sollozaba en el suelo mientras algunas risas y algunos odiosos comentarios resonaban a su espalda.

No supo cuanto tiempo estuvo así. Ni siquiera se dio cuenta de que los mortífagos que la rodeaban se habían ido dejándola sola. Lo único que veía era una sombra de lo que había sido antes un giratiempos. Su única salida. La única forma de recuperar a Sirius. La única forma de salvar a su mejor amigo y a miles de personas que habían muerto defendiendo a Harry. Daría su propia vida por la oportunidad de volver al pasado, pero ahora era imposible. Había sido una idiota al pensar que se quedarían el giratiempos. Al menos, si ellos lo tuvieran podría luchar por recuperarlo, pero ahora no tenía absolutamente nada.

Una voz carraspeó haciéndole alzar la cabeza y mirar de nuevo a su enemigo. Todos los mortífagos se habían ido. Menos uno. Draco Malfoy la miraba con aburrimiento.

- ¿Has acabado ya?

La chica se enjuagó las lágrimas y desvió la mirada.

Draco se agachó para quedarse a su altura y la miró fijamente.

- Escoria.

La chica apretó los dientes con fuerza mientras más lágrimas brotaban de sus ojos.

- Vamos, ¡Defiendete! - Se carcajeó el chico.

Hermione alzó la mirada con odio y Draco sonrió de nuevo. Era justo lo que quería, captar su atención. Frente a ella alzó la varita de la chica. La agarró con las dos manos de cada extremo y con fuerza la partió en dos.

- No la vas a necesitar nunca más, sangre sucia.

Draco esperó algún insulto o algún intento de defenderse pero lo único que hizo fue desviar la mirada y continuar llorando ignorando so presencia.

El rubio la agarró de la barbilla y la obligó a mirarlo. Con una mano atrapó una de sus lágrimas y mientras la miraba fijamente se metió el dedo entre los labios saboreando la debilidad de la chica.

- No vas a volver a llorar. Voy a hacerte sufrir, Granger. Voy a hacer que olvides incluso quien eres. Vas a pedir piedad. Vas a pedirme tu misma que te mate pero jamás volverás a derramar una lágrima. - Draco se inclinó hacia ella acercando sus labios al oído de ella- Voy a convertirte en todo lo que odias.

- Por favor... -suplicó la chica atemorizada.

Había perdido a demasiadas personas y estaba dispuesta a incluso perder su vida. Pero el chico no tenía esos planes para ella y eso la aterrorizaba. Habían muchas cosas peores que la muerte y él estaba dispuesto a emplearlas con ella.

- Levántate. -murmuró el rubio poniéndose en pie.

Ella dudó y bastó para que Draco se cabreara.

- ¡CRUCIO!

El cuerpo de la chica se estremeció y empezó a alzarse en grandes espasmos de dolor mientras gritaba con fuerza tendida en el suelo. Sus chillidos hicieron eco en la solitaria calle hasta que el dolor cedió y pudo ralentizar su respiración.

- Levántate.

La chica lo miró desafiante pero finalmente se puso en pie frente a él. No iba a ponérselo fácil, no quería que la viese débil. Tenía que ser fuerte. Sus amigos estarán buscándola a ella y a Sirius y la encontrarán. Seguro que la encontrarán.

Draco sacó un pañuelo negro de su bolsillo y se dispuso a vendar los ojos de la chica.

- ¿Qué haces...?

- No te atrevas a hablar sin que yo te lo diga, Granger.

El chico apretó con demasiada fuerza la venda en un fuerte nudo haciendo que la chica aullara del dolor.

- ¡Accio Saeta de Trueno!

En pocos minutos la escoba se posó frente a su dueño. Este ayudó a la castaña a subirse con desagrado. Ella odiaba volar y más a ciegas.

- ¿A dónde vamos?

Draco hizo una mueca socarrona que Hermione no pudo ver y después abofeteó la cara de la chica con fuerza. El labio de la castaña se quebró dejando salir unas gotas de sangre mientras respiraba agitadamente.

- Te dije que no hablaras.

Draco se subió en la escoba delante de ella y sonrió. Parecía que la suerte estaba de su parte. Tenía a la persona que más odiaba en el mundo a sus pies, era una de las personas más respetadas, detrás de su Lord, obviamente, y Harry Potter estaba muerto. El destino le sonreía.

- Agárrate si no quieres morir. -murmuró mientras empezaba a alzarse en el cielo sin darle tiempo a reaccionar.

La chica perdió el equilibrio por lo que tuvo que agarrarse con fuerza a la cintura de su enemigo. A pesar de tener los ojos tapados con la venda cerró los ojos con fuerza y apoyó la cabeza en la espalda del rubio. Odiaba volar y Draco disfrutaba haciendo piruetas y volteretas en el aire para estremecerla aún más. Cada vez que la chica se asustaba lo agarraba con más fuerza y el chico se carcajeaba.

- No sabía que te daba tanto miedo volar, Granger. - Se rió el chico mientras sobrevolaban las nubes.

- No me da miedo. - murmuró con altanería soltándose del abrazo y marcando distancia.

Draco se lo tomó como un reto. Aceleró y frenó rápidamente haciendo que la chica se enroscara en él de nuevo.

- ¿Decías?- se carcajeó de nuevo.

- Eres estúpido, Malfoy.

Él tras oír sus palabras frenó en seco la escoba en el aire.

- Tú lo has querido... -susurró para sí mismo.

Puso las manos sobre las de ella que seguían agarrándole con fuerza y se deshizo de su abrazo.

- ¿Qué estás haciendo...? -susurró la chica arrepentida de haber abierto la boca.

- Pide disculpas. -murmuró él con una voz ronca.

- No pienso hacerlo.

Su dignidad no se lo permitía.

- Eres una sangre sucia insolente.

Draco la empujó con fuerza de la escoba haciéndola caer y quedando tendida de la mano de Draco. Hermione gritó aterrorizada mientras Draco sonreía. Era una idea tentadora soltarla y dejarla caer pero sabía que luego se arrepentiría de perder su pequeño juguete.

- ¡LO SIENTO! ¡LO SIENTO MUCHO, MALFOY, JODER, PERO NO ME SUELTES!

La chica suplicaba aterrada mientras el chico se divertía.

- No me gusta que seas maleducada.

Entonces la mano de él se abrió y todo el peso de la chica comenzó a caer entre las nubes mientras gritaba con fuerza. Seguía con los ojos vendados pero sabía que lo que se avecinaba era una muerte segura. Por suerte Draco no quería eso para ella así que en pocos segundos atrapó su cuerpo en el aire y la ayudó de nuevo a subirse a la escoba.

Hermione no volvió a hablar en el resto del viaje pese a los intentos de reírse de ella del Slytherin.

Cuando tocaron tierra, Draco la ayudó a bajar de la escoba y se encaminaron hacía una oscura mansión situada en Wiltshire, en el sureste de Inglaterra.

La chica no sabía dónde estaba pero no se atrevía a preguntar. El chico abrió puerta tras puerta advirtiéndole cuando había escalones que bajar y finalmente se pararon en una de las salas. El rubio cerró la puerta con un hechizo y por fin le quitó la venda a la chica. La habitación más bien parecía una mazmorra. Las paredes eran de piedra y habían un par de columnas en medio de la sala. Algunas cadenas colgaban de ellas y de las paredes y había una mesa con varios utensilios que recordaba más bien de la carnicería. Una de las paredes era de rejas y daba a un oscuro pasillo iluminado únicamente con candelabros. El suelo estaba algo mohoso y olía a humedad. De nuevo miró a su enemigo que no le había quitado el ojo de encima y disfrutaba de la cara de temor de la chica.

- Por favor. - Dijo el chico en una educada reverencia mientras señalaba una de las columnas con cadenas para que se dirigiera hacia ellas.

La chica caminó hacia ahí lentamente con el corazón agitado. Cuando llegó a la columna se dio media vuelta y lo miró.

- Por favor, Draco... -susurró diciendo su nombre por primera vez - Por favor, no...

El chico chasqueó la lengua haciéndola callar.

- Levanta las manos.

Ella obedeció y Draco ató las esposas a sus muñecas con delicadeza.

- Mucho mejor. - Asintió el chico para sí mismo- Ahora por fin estás en tu lugar, sangre sucia.

El chico sonrió ampliamente viendo el terror en los ojos de la Gryffindor. Después se dirigió a la mesa y depositó su varita en ella por seguridad. No quería jugársela con la chica. Un error y ella saldría corriendo dejándole ahí.

- Debo admitir...- murmuró Draco mientras cogía una navaja de la mesa- que me gustan algunos aparatos muggles.

El chico se acercó a ella de nuevo y le acarició la mejilla mientras el cuerpo de ella empezaba a temblar.

- No temas. No voy a hacerte daño -sonrió- con esto.

Lentamente empezó a romper con el aparato la ropa de la chica. Cuando quedó en ropa interior disfrutó de las vistas unos segundos y lentamente rajó los tirantes del sujetador y luego por el centro haciendo que la prenda cayese al suelo.

Hermione cerró los ojos con fuerza y empezó a llorar de nuevo.

- Te odio... -susurró la chica con la voz entrecortada.

- Quiero que lo hagas -sonrió el chico rajando sin cuidado su prenda más intima y rajando también su cintura mientras la prenda caía al suelo.

La chica gritó del dolor y abrió los ojos.

- ¡Malfoy por favor! - Suplicó de nuevo.

El chico la miró de arriba abajo disfrutando de algo que no esperaba encontrar en el cuerpo de su enemiga. Después se acercó de nuevo a ella, alzó uno de sus pechos con brusquedad y bajo éste, empezó a "escribir" con la navaja: D.M.

Los alaridos de la castaña resonaron por todas las mazmorras pero nadie la oiría. No le servía de nada. Apretaba con fuerza los puños mientras su cuerpo sangraba y Draco saboreaba la victoria.

- Tranquila, Granger. Aún no hemos empezado. Solamente estoy marcando quien es tu dueño.

Cuando el rubio acabó su trabajo, dejó el instrumento en la mesa y se acercó a ella de nuevo para observar su obra.

- Cuando cicatrice, prometo traerte un espejo para que lo veas. - Rió el chico mordiéndose el labio.

Entonces ella le escupió en la cara dejándolo paralizado. ¿Cómo había osado esa sangre sucia...? ¿No veía en las condiciones en las que estaba? ¿Aún era capaz de desafiarle?

- Te arrepentirás de esto para siempre.

El rubio alcanzó uno de los látigos de piel que habían sobre la mesa y con toda su fuerza atizó una y otra vez a la mujer que tenía frente a él.

Continuará...

Siento mucho el retraso chicas pero son las fiestas de mi ciudad y eso lo complica todo... y no voy a dar más explicaciones porque odio las excusas, así que...

¡Muchas gracias por continuar esta historia y... Hasta pronto!