Capítulo 11: Torturas
Había perdido la cuenta del tiempo que llevaba ahí encerrada. Hermione colgaba de sus cadenas con el cuerpo lleno de cicatrices y heridas aún sin cicatrizar. De sus muñecas resbalaban algunas gotas de sangre de las múltiples rozaduras que aún se marcaban en su piel. Tenía frio y hambre constantemente y nadie había vuelto a por ella. Draco tenía razón. Nadie la quería. Esos estúpidos de la orden del fénix... Ese idiota de Ron. Todos se habían hecho pasar por sus amigos y ahora le demostraban que jamás se habían preocupado por ella. Todos merecían morir. El único que seguía a su lado era Draco Malfoy. Él era su dueño. La persona que más odiaba en el mundo y la que más miedo le daba.
Como si oyera sus pensamientos la puerta se abrió y Draco la atravesó sonriente. Insonorizó la sala y cerró la muerta con un hechizo como hacía cada mañana.
- Buenos días, sangre sucia. - Canturreó mientras se deshacía de la varita dejándola sobre la mesa.
- Buenos días... Señor.
Draco sonrió y alzó la mirada hacia el pelo enmarañado de la chica.
- Necesitas una ducha. Realmente me repugnas.
Draco se acercó a ella y ésta se estremeció. Él le desató las cadenas y como un peso muerto cayó al suelo débil.
- Vamos, te alimento para que seas capaz de mantenerte en pie.
Con un fuerte tirón del pelo la chica se levantó casi sin fuerzas. Él la agarró del brazo y la arrastró por unos pasillos hasta llegar a un enorme barreño de madera lleno de agua hirviendo.
- Métete.
Ella no dudó. Sabía lo que costaba una reacción equivocada o incluso una respuesta. Introdujo primero un pie e inmediatamente lo retiró. El agua quemaba demasiado pero Malfoy esperaba impaciente a que ésta entrara.
- ¿A qué estás esperando? ¿Quieres que te ayude?
Hermione negó rápidamente con la cabeza. Cualquier ayuda por su parte solo le causaría más dolor. Tragó saliva con fuerza e introdujo una pierna intentando hacer caso omiso al dolor del agua caliente en sus heridas. Sin pensárselo más, hizo lo mismo con la otra pierna. Cogió aire y se introdujo entera. Soltó un chillido de dolor y su primer impulso fue salir de ahí dentro pero se contuvo.
- Buena chica.
Draco sonrió y le lanzó una esponja mientras se sentaba en un taburete de madera frente a ella.
La chica empezó a frotarse con la esponja con cuidado pero todo le hacía daño. Todo su cuerpo se estremecía de dolor. Cerró los ojos con fuerza y siguió lavándose a duras penas. Sabía que debía aprovechar ese agua, no sabía cuándo sería su próxima ducha.
- ¿Qué piensas de Dumbledore? - le preguntó de repente el rubio.
- Es...- empezó la chica con miedo de hablar pero el chico la dejó continuar- Es un maldito traidor. Se mereció la muerte.
- Así es. ¿ Y qué opinas del Lord?
- Le doy las gracias por aparecer y... espero que atrape pronto a los que queden de la Orden del Fénix. Espero que mueran todos.
Draco sonrió y siguió interrogándola.
- ¿Echas de menos a Black?
La castaña apretó con fuerza la esponja pero no lloró. Hacía tiempo que no lo hacía. Sus ojos habían cicatrizado y no saldrían más lágrimas de ellos. No guardaba amor en su corazón.
- No.
- Eso está muy bien.
El chico se acercó, cogió la esponja de sus manos y la estrujó en su cabeza para que el agua resbalara por su pelo. Ella cerró los ojos con fuerza pero no dijo nada.
- ¿y qué piensas de mi?
- Tú... -empezó la chica pero no sabía cómo continuar.
Lo odiaba. Lo odiaba con todas su fuerzas pero el terror era mucho más fuerte. Había perdido la cabeza, no se reconocía a si misma pero jamás podría sentir ni una pizca de aprecio por ese hombre.
- Eres mi dueño. - finalizó.
El chico no estaba demasiado contento con la respuesta pero la chica cada día mejoraba un poco más. Había empezado suplicando por su vida. Se había negado a cooperar y a hablar pero tras muchos latigazos y múltiples torturas finalmente había conseguido sacar las respuestas que tanto quería de ella. Incluso aceptaba ser llamada Sangre Sucia. No se enfadaba, no lloraba. Asumía que era lo que se merecía y cada vez hablaba más como él. Le encantaba lo que estaba haciendo con ella y le entusiasmaba la idea de imaginar el momento en el que todo ese trabajo diera su fruto.
- Vamos, se acabó el tiempo.
La chica salió del barreño lo más rápidamente que su cuerpo le permitía, se estrujó con fuerza el exceso de agua del pelo y siguió a Draco por los pasillos hasta regresar a las mazmorras. Él chico había dejado de mirar atrás hace ya mucho tiempo. Sabía que la chica lo seguiría y no se jugaría la vida en intentar huir. Incluso un día la dejó en la calle y se fue para dentro de su mansión y ésta regresó con él al momento. Podía haber intentado huir pero no lo hizo. El miedo la ataba a él, y Draco lo sabía.
Cuando llegaron a la mazmorra la chica se apoyó en su columna y alzó las manos agachando la mirada ante él. Draco sonrió y se quedó mirándola detenidamente. Esta vez no le apetecía latigazos. Quería otra cosa.
- Hoy es un día especial, Sangre sucia. Baja esos brazos. Estarás cansada... ¿Quieres que te traigan algo de comer?
Hermione dudó pero asintió mientras se dejaba caer en el suelo.
A los pocos minutos le trajeron un puré de patatas frío y algo de carne. No era capaz de identificar de que animal pero tenía demasiada hambre como para analizarla. Devoró el plato en segundos mientras el rubio la observaba sentado frente a ella en una silla.
- Es carne humana.
Los ojos de la chica se abrieron y tosió pero no estaba dispuesta a renunciar a lo poco que había comido.
- No me importa -mintió.
Draco sonrió y se acercó a ella.
- Hoy quiero ver hasta qué punto me eres fiel. Ya sabes que tengo una importante misión para ti... Pero solo para cuando estés preparada.
Hermione asintió cabizbaja y él alzó su rostro poniendo un dedo bajo su barbilla. Entonces se acercó a ella y la besó. No fue un beso dulce ni romántico. Fue un beso duro. Un beso robado.
La chica se separó de él pero éste le agarró las muñecas y se sentó sobre ella.
- Vamos, Granger. Demuéstrame que sabes hacer.
El chico la tumbó en el suelo atrapando las manos de ella sobre su cabeza y con la boca empezó a devorar sus pechos. Los lamió y mordió y después besó la cicatriz permanente de D.M. que tanto le gustaba. Hermione intentó zafarse de su agarre pero era imposible.
- Malfoy... ¡NO! -gritó con todas sus fuerzas.
El grito hizo eco en la sala y Draco alzó la mirada.
- ¿No?
La chica sintió miedo de contestar así que permaneció en silencio. Entonces el chico empezó a desabrocharse los pantalones y sacó su miembro de él.
Hermione se asustó y empezó a golpear el pecho del chico pero de nuevo volvió a atrapar sus manos.
- ¡SOY TU DUEÑO Y HARÁS LO QUE YO TE DIGA!
- ¡NO!
La chica pataleaba y gritaba. Nunca había sentido tanto terror en su vida, prefería mil veces los latigazos. Draco besó su cintura y la chica se estremeció de miedo. Él pensó que era placer y se excitó aún más. Le gustaba el poder y le encantaba hacer lo que quisiera con ella. Le gustaba verla así, fuerte, como una leona. El chico introdujo su miembro en ella de un golpe, fuerte, duro. Y repitió esos movimientos mientras la chica se estremecía y gritaba de pánico. El miedo continuaba y Draco no se detenía hasta que finalmente él llegó al orgasmo y se relajó dentro de ella. Hermione no lloraba. Su corazón latía desbocado y se sentía sucia, ruin. Pero Draco no estaba contento con esto. Quería más.
- No descansaré hasta que tu también llegues.
Y a los pocos minutos volvió a empezar. Ella seguía intentando deshacerse de él, le pegaba y le arañaba pero era inútil. Mientras la penetraba con una mano acariciaba su clítoris para provocarle el máximo placer y poco a poco los espasmos llegaron también a ella. Y esta vez llegó. Se odió a si misma por ello, le odió a él, pero no pudo evitarlo y él volvió a acabar dentro de ella una vez más.
Los días siguientes continuaron como ese último. No había vuelto a golpearla sino que se dedicaba a algo peor. Se apoderaba de ella como si fuera suya y ella cada vez se despreciaba más.
- Sangre sucia. Hoy es el día.
La chica abrió los ojos y el rubio la desató de las cadenas. Le trajo ropa limpia, ropa que hubiese llevado tiempo atrás y que ahora no imaginaba sobre su cuerpo. La tela acarició su cuerpo dolorido y tapó todas sus cicatrices. Se sintió a gusto por primera vez. Draco la dejó cepillarse el pelo e incluso le ofreció una bufanda para que tapase algunos de los mordiscos que aún quedaban en ella. Afortunadamente era invierno y tenía gran parte de su cuerpo cubierto.
Hermione caminó junto a Draco por los jardines de la mansión y se detuvo frente a una escoba. La chica no dejaba de observar a su alrededor. había nieve por todas partes y le parecía un espectáculo asombroso. Casi no recordaba la última vez que Draco la había dejado ver la luz del sol pero estaba segura de que hacía meses de ello.
- Quiero que vueles hasta la guarida de La Orden. Eres la única capaz de entrar ahí y en ti confiaran.
Draco besó sus labios fríamente y sonrió.
- Quiero que los mates a todos. No vuelvas hasta que no lo hayas hecho.
Hermione asintió y Draco le entregó una varita. No era la suya pero al menos era algo.
La chica aprovechó y apuntó al rubio y éste no dijo nada.
Los segundos pasaron pero ella no habló.
- ¿Piensas atacarme? Adelante. Hazlo.
Draco hizo una mueca arrogante y la castaña dudó pero finalmente se guardó la varita.
- No olvides cuál es tu hogar, sangre sucia.
Draco le acarició la mejilla haciéndola estremecer y finalmente se alejó unos pasos dejándola marchar. Ella se subió a la escoba y sin mirar atrás se elevó hacia el cielo, esta vez sin miedo puesto a que había sufrido cosas muchas peores que las alturas.
Continuará...
