Disclaimer: Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada, Toei Animation y Shueshia Editorial.
Encuentro
Parecía que nadie podía quitarles la felicidad que sentían, aquel sentimiento único que su hijo Camus les hacía sentir. Fue difícil escoger un nombre, pero resultó gracioso que ambos estuvieran de acuerdo en homenajear a su autor preferido, así que se decidieron por Camus. "Después de todo, al igual que nosotros, al igual que Meursault, no es más que un extranjero en estas tierras", pensaba su padre.
El pequeño crecía en tamaño y vigor y ya había comenzado a caminar y hablar. Cada vez que su padre veía algún progreso en él, recordaba la noche de su nacimiento. Su hijo era especial, tenía un poder único, algo difícil de explicar, un aura de hielo que se sentía incluso en los días más cálidos del verano. Su madre también se percató de esta cualidad, pero le restó importancia. Lo único que le interesaba era ver a su hijo crecer rodeado de amor y esperanza de un futuro mejor; el deseo de toda madre.
El día de su segundo cumpleaños, el pequeño Camus los volvió a sorprender. No encontraron ninguna explicación lógica cuando vieron a su hijo congelando todo objeto que tocara con sus manos. Ese día no había sido particularmente frío, pero al ver la atmósfera que lo rodeaba, cualquiera habría pensado que se estaba en el mismísimo Polo Norte.
Episodios similares se volvieron a repetir a lo largo de los meses, hasta que un día, el fenómeno atrajo a un grupo de desconocidos a la casa donde vivían Camus y sus padres.
―Ya vienen. ―le dijo el hombre a su mujer.
―¿Quiénes? ―preguntó ella asustada, volviéndose hacia la puerta entreabierta donde estaba su hijo.
―No sé quiénes vienen, pero sí sé para qué vienen.
Camus se encontraba solo, sentado en la entrada cubierta de nieve. De repente, como si de un ser fantasmal se tratara, una figura imponente se colocó frente a él. Portaba una especie de capa y ropas que asemejaban a las de un sacerdote, pero estas eran aún más suntuosas. Esta vez, por ser una ocasión especial, se había quitado la máscara que siempre llevaba puesta en frente de sus subordinados. Miró a Camus, analizó su aspecto y percibió su frío cosmos. "Es enorme, tiene un enorme cosmos escondido. Es él, no hay duda".
Al principio, Camus se mantuvo absorto en sus pensamientos, pero después, justo cuando sus padres se percataron de la presencia de aquel sujeto en el portal, elevó su mirada hacia el desconocido. Sus facciones mostraban los muchos años que había vivido y sus ojos parecían contener toda la sabiduría del mundo. Camus no supo qué era exactamente, pero en ese entonces sintió en ese hombre un aura mística, una sensación de poder capaz de engullirlo por completo. Se sintió intimidado, aunque no pudo desviar la mirada; estaba completamente atrapado en los profundos ojos de aquel anciano.
―¿Quién es Usted? ―preguntó el padre de Camus al interponerse entre el hombre y su hijo, y tratando de parecer decidido, pero no por eso agresivo.
Su madre agarró al pequeño de los hombros y trató de atraerlo hacia ella, sin embargo, Camus permanecía tieso como una roca.
El resto de los soldados que habían permanecido fuera de la escena se acercaron.
―No es necesario ―les dijo el anciano a sus subordinados, haciendo un gesto con la mano―. Estas personas no me harán daño, pues son personas de bien que han criado correctamente a este niño.
Padre y madre no entendían lo que el hombre decía, su lengua extranjera tenía poco que ver con ellos.
―Respóndame, ¿quién es Usted? ¿Qué quiere? ―insistió el padre en su lengua materna.
―Discúlpeme, buen hombre ―respondió finalmente, esta vez en un perfecto francés―, les aseguro que no he venido aquí para lastimar a nadie.
No podía saber con certeza de qué se trataba, pero aquel anciano de vestiduras inmaculadas desprendía la misma esencia que su hijo. No parecía una mala persona, y encima era extranjero. Volvió a tomar la palabra, esta vez tratando de no mostrar agitación alguna.
―Si vino hasta aquí desde tierras lejanas, es porque quiere algo de nosotros, ¿no es así?
―En efecto ―le respondió.
―Entonces lo dejaré pasar para que diga lo que tiene que decir. Pero antes, tendrá que decirme su nombre, señor, y el motivo de su visita.
―Por supuesto, disculpe mi torpeza ―y le mostró una afable sonrisa―. Yo soy Shion, el Patriarca del Santuario en Grecia. He venido a buscar al nuevo Santo Dorado de Acuario, a Camus de Acuario.
Nota de la autora: siempre tuve la intención de que Nacimiento fuera un sencillo one-shot sobre Camus. Pero encontrar la vieja libreta donde tenía la continuación de esta historia, sumado a la nostalgia que me despierta la serie y el buen recibimiento que tuvo el fic en su momento, me hicieron pensar que no estaría mal extender un poquito más mi versión sobre el nacimiento de Camus de Acuario. Así surgieron este capítulo y el próximo. Espero que los disfruten. Los reviews siempre serán bienvenidos.
