Disclaimer: Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada, Toei Animation y Shueshia Editorial
Despedida
No quería creer lo que les decía ese hombre. ¿Alejar a su hijo de sus brazos para siempre? ¿Está loco este anciano? ¿De qué diosa Athena está hablando? Esas cosas son mitos, es imposible que existan en la realidad.
Aunque no entendía muy bien la situación, Camus escuchó atentamente las palabras de aquel hombre de aura tan especial.
―Como ya les dije, Camus debe venir con nosotros para iniciar su entrenamiento como caballero, no hay tiempo que perder. Sé que parece una locura, pero él no será el único embarcado en esta misión. Muchos niños alrededor del mundo deberán cumplirla.
Shion sonaba calmado. Era consciente de que imponerse agresivamente solo empeoraría la dificultosa situación en la que se encontraba.
―¡Usted está loco! ¿Quién se cree? ―la mujer se levantó e intentó agarrar a Shion de su túnica. Este no se alteró. Realmente entendía sus sentimientos, no era la primera vez que arrancaba a un niño de los brazos de sus padres.
―Cálmate ―le dijo su esposo, y la hizo sentarse nuevamente. Miró fijamente a los ojos de Shion, intentando, al igual que Camus hacía unos instantes, leer sus intenciones en lo profundo de su mirada.
Desde que Camus nació presentía que su destino era especial. Por eso esperaba día tras día una visita como esa, una que diese un vuelco definitivo a sus vidas. Sentía la misma angustia que su mujer, sin embargo, no podía contradecir a aquel hombre de largos cabellos blanqueados por los años. No solo su apariencia era peculiar, su convicción al hablar y su capacidad de convencimientos también eran únicas. Su presencia intimidaba y emanaba un aura especial, algo difícil de describir, ya que nunca en su vida tan simple había conocido a alguien así. No se sentía capaz de negarse y en el fondo de su corazón no quería hacerlo. Algo en su interior le decía que encomendar la vida de su hijo a esta persona no era una mala decisión. Tal vez el futuro de su hijo sería más brillante al lado de un hombre como ese.
―¿No hay manera de posponer ese entrenamiento hasta que sea mayor? ―le preguntó a Shion, quien pacientemente aguardaba una reacción del padre.
―No, la diosa bajará a este mundo en cualquier momento, sus caballeros deben estar listos para protegerla. No se puede perder más tiempo.
―¿Pero qué dices? ¿De verdad estás pensando en…? ―la madre de Camus volvió a exaltarse, pero el llanto atragantó sus palabras.
El padre se levantó y se dirigió a Camus, quien permaneció sentado en silencio durante toda la conversación.
―Hijo, escúchame ―le dijo posando sus manos sobre sus pequeños hombros―. Sé que entiendes lo que está ocurriendo y quiero que me perdones por lo que voy a hacer. Pero también sé que este hombre, Shion, puede ofrecerte algo que ni yo como tu padre puedo darte, ¿entiendes? Tal vez, después de todo, mereces algo mejor. Por favor, perdóname, yo… ―empezó a sollozar y no pudo terminar la frase. Su mujer se acercó y lloraron juntos en silencio por unos momentos. Camus los rodeó con sus brazos e intentó abrazarlos, aunque aún era muy pequeño para abrazar a los dos al mismo tiempo. Él también derramó algunas lágrimas.
―Serás un gran hombre, hijo ―le dijo su padre entre llantos―. Serás fuerte, valeroso, respetado por todos. Sé que así será. Y ahora, no debes llorar, porque tu estás por encima de cualquiera de nosotros. No dejes que las emociones nublen tu juicio. Debes ser fuerte si quieres ser un gran hombre, un hombre de justicia. No debes flaquear, ¿entiendes lo que te digo, Camus? ¿Lo entiendes?
―Debes ser fuerte, hijo mío ―le dijo su madre― lucha con todas tus fuerzas y así todo estará bien. Esto es solo un hasta pronto.
Camus alternaba su mirada entre Shion y sus padres. A pesar de su corta edad, parecía entender los sentimientos de sus padres.
―Entiendo, mamá, papá. Seré fuerte como ustedes ―les dijo mostrando una fina sonrisa.
Shion se sorprendió. Realmente pensó que la situación sería aún más traumática, pero Camus mostró un nivel de madurez inusitado para su edad; entendía a la perfección lo que estaba sucediendo. "Realmente serás una gran persona, Camus -pensó Shion- tal como lo son tus padres."
Se acercó para tomar a Camus de la mano. Dejó que se fundiese en un abrazo con sus padres por última vez y les dijo:
―Muchas gracias por comprender. Pero ya debemos irnos. No será necesaria ninguna provisión, el Santuario cuenta con todo lo necesario. Es hora de partir, Camus.
El pequeño se soltó de sus padres y se aferró a la mano del Patriarca.
―Sí, maestro ―le dijo sujetándolo con fuerza.
Los soldados avanzaron primero, seguidos de Shion y el flamante aprendiz de caballero.
"No te rindas, hijo, jamás. Siempre te amaremos. Espero que algún día perdones nuestras debilidades", pensó su padre al levantar su mano para despedir a su único hijo.
A pesar de que era un día templado y despejado, en cuanto su hijo comenzó a marcharse, vieron caer nuevamente aquellos copos de nieve cristalinos que habían visto hace años, una fría noche de febrero. De a poco lo cubrían todo y desdibujaban la figura de su hijo bajo una fina y brillante niebla.
―No puede ser ―dijo la mujer intentando tomar entre sus manos algunos copos. No lo consiguió.
―Es como aquella noche ―dijo el hombre esbozando una sonrisa―. Solo que esta vez, el polvo de diamantes es un mensaje de despedida. Adiós, Camus. No, adiós, Camus de Acuario.
FIN
Nota de la autora: espero hayan disfrutado este minific sobre Camus. Es difícil imaginar el momento exacto en que todos los caballeros (en especial los dorados que comenzaron de muy chiquitos) dejan su hogar para comenzar a entrenar, pero en el caso de Camus, siempre imaginé que su madurez lo haría asimilar todo de una manera más fácil. Y creo que tal madurez solo sería posible con padres fuertes y comprensivos. Así que espero haber logrado transmitir esa idea en este capítulo final. Gracias por leer. Los reviews siempre son bienvenidos.
