Severus quiso pasar ese primer incidente como solo eso, un incidente. Adoraba su nuevo hogar, su tranquilidad y poderse dedicar a lo que realmente le gustaba.

Pero no había sido espía por nada, notaba perfectamente como era vigilado cuando salía a su jardín. Sus plantas requerían un cuidado constante, obtenerlas frescas era una de las mejores cualidades de sus pociones. No iba a descuidarlas por la mirada de ese perro pulgoso.

Día tras día, notaba sus ojos sobre él, y lo que más le llamaba la atención es que este no le dijera nada. Su pesadilla de la infancia siempre se había distinguido por su lengua viperina. Sorprendente era que no hubiera acabado en la casa de las serpientes.

¿Qué miraba? ¿Por qué día tras día se dedicaba a observarlo? Cada vez estaba más molesto e incómodo, pero se negaba a esconderse en su propia casa.

La gota que colmó el vaso ocurrió esa noche, sus casas eran pareadas. No se había planteado que la distribución de las habitaciones serían gemelas hasta que escuchó los primeros gemidos.

Atónito, se quedó inmóvil en su propia cama.

Esperaba haber escuchado mal, pero no solo escuchó más gemido sino que estos se elevaron. Nadie gemía tanto, ¿le estaban tomando el pelo?

Indignado se levantó de la cama y comenzó a dar vueltas. Se quedó estático cuando escuchó gritar a Black pidiéndole más a Lupin.

¿Qué?

¿Black era el pasivo?

Estaba realmente sorprendido, aunque no sabía si por la noticia o por visualizar la escena y haberse excitado imaginándosela.

Indignado con ellos y consigo mismo, lanzó un "silencio", al día siguiente debía hablar con la inmobiliaria, era inadmisible, intolerable.

Iba pensando todo aquello mientras se acariciaba a sí mismo.

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Calentando motores... esto va a ir muy despacito, os aviso.

¡Hasta mañana!