Sirius sabía que cuando Remus quería algo, acababa consiguiéndolo, bajo ese aspecto bonachón se escondía una fiera y no se refería solo al lobo.

Y amaba eso de él pero de quien estaban hablando era de Snape, Severus Snape y reconocía que no tenían las cosas fáciles con él.

Normalmente los otros hombres con los que habían estado no necesitaron mucho para ser convencidos sino lo estaban ya. Pero Snape era diferente, ese mago podía ser muy retorcido. Ya lo habían comprobado muchas veces cuando tras una "travesura" el Slytherin se la había devuelto a su modo.

—Estás para comerte—le dijo Remus mirándolo a través del espejo.

Sirius se había estaba mirando a sí mismo, sabía que era atractivo, muy atractivo y se había vestido para conquistar.

Remus lucía de un modo realmente sugerente, habían decidido volver a visitar a su vecino, y que mejor que darle una panorámica de lo que ambos podían ofrecerle.

Tomados de la mano y con una botella de vino se encaminaron a la casa contigua. Sabían que Severus estaba en casa por las luces encendidas.

Llamaron a la puerta, y no obtuvieron respuesta, por lo que pasado un rato repitieron la acción. Por lo visto abrir la puerta a la primera no era uno de sus fuertes.

Escucharon pasos aproximándose y la puerta se abrió con decisión, de nuevo los tres se miraron, y el anfitrión no lucía para nada contento.

Ya contaban con ello, pero Sirius se adelantó, vio como los negros ojos de Snape le miraron, ¿deseo? ¿Odio? Con él siempre las cosas eran complicadas.

—El otro día no tuvimos un buen inicio como vecinos ¿cierto?—dijo Sirius con su mejor sonrisa—. Hemos venido en son de paz—Algo que corroboró enseñando la botella de vino.

—No bebo vino—dijo secamente, para ser una excusa era francamente mala, pero el gesto de su mano indicándoles que se fueran era bastante sincero.

—No te tenía por alguien tan poco educado, Snape—intervino Remus, acariciando la cadera de Sirius, gesto que no pasó desapercibido para el dueño de la casa.

Snape miró con el ceño fruncido a Remus, si las miradas mataran esta le hubiera dejado seco, pensó Sirius. Pero se hizo a un lado y los dejó pasar.

Los dos caminaron hacia el interior, la casa era tan espaciosa como la suya, de tonos cálidos y acogedora. Era extraño situar a Snape allí, pero lo había decorado con toques de un verde que recordaban a Slytherin, aquello le hizo sonreír, la de ellos tenía un ligero tono granate.

Snape los condujo hacia el salón, vio como había estado poco antes ahí, un libro yacía abierto sobre un sillón que se veía muy cómodo y una copa al lado, a medio acabar.

Habían interrumpido una noche a solas llena de diversión, por lo que veía.

Una larga mano les mostró que podían sentarse y ellos lo hicieron en un sofá frente al que ocupó Snape.

Sirius acomodó la botella sobre una mesa baja delante de ellos y con el giro de su varita Snape apareció dos copas. Al parecer él no iba a beber el vino.

En cualquier caso la idea era estar con él esa noche, que bebiera lo que quisiera.

o0o0o0o0o0o

Menudas horas de publicación, pero hoy me desvelé con la triste noticia de que hay páginas que copian las obras que creamos con tanto mimo por aquí.

Así que ya puestos, actualizo y me dedico a escribir que es lo que más me desestresa.

Una semana de Gatito III y el minino aún no ha aparecido, lo hará, pero aún le queda.

Hasta mañana.