Remus estaba leyendo el Profeta esa mañana, mientras desayunaban, Sirius estaba sumergido en una de esas revistas de cotilleos mágicos que tanto le gustaban.

—¿A qué no sabes quién se ha vuelto a casar?—le preguntó Sirius divertido a Remus.

—Sorpréndeme—dijo Remus alzando una ceja sin dejar de mirar su periódico.

—Alizee Zabini—dijo Sirius sonriendo sarcásticamente.

—Supongo que pronto anunciarán un funeral, me sorprende que no la investiguen—dijo Remus cabeceando. Era sorprendente como esas muertes oportunas y recurrentes seguían dándose y a nadie le preocupaba.

—Lo que no entiendo es como alguien quiere aún casarse con ella.

—Es realmente hermosa—dijo Remus sin pensarlo mucho. El mohín que hizo Sirius le hizo gracia. Su pareja era realmente vanidoso, y verle encelarse por una mujer que no le inspiraba lo más mínimo le hizo reír.

Se levantó y caminó hacia su asiento abrazándole por detrás, silla incluida.

—Nadie como tú, Sirius—este no dijo nada, pero sonrió encantado. Alimentar su ego era tan necesario como darle de comer.

—¿Crees que Snape aceptará?—preguntó besando sus manos.

Remus apoyó el mentón sobre su hombro, si debía ser sincero, le había dado la sensación de que físicamente Snape había estado muy interesado. Pero era un mago muy dueño de sí mismo, y lo que vio cuando los despachó no le pareció que fuera a colaborar.

—Sirius, no vas a obsesionarte—le dijo besándole el cuello.

—Yo no suelo obsesionarme—le dijo este entre molesto y complacido por su besos.

—Ya sabes que sí, no hay como un reto para tenerte detrás de él—le conocía lo suficiente—Si él no quiere, le dejaremos en paz.

—Pero podemos insistir un poco más, ¿cierto?—se giró sobre la silla.

—Solo un poco más—Y los ojos grises de Sirius brillaron como los de un niño el día de Navidad.

Su desarrollo psicológico se había frenado a los veintipocos años, Remus siempre le había amado, desde niños, y esta versión semiadulta de su pareja, le causaba en parte un profunda ternura.

Sirius tenía dos caras, esta aniñada y divertida, tan parecida a la que había conocido en Hogwarts; y una mucho más oscura, una que rayaba la locura y la desesperación, esa también la amaba. Quizás un poco más, esa había sufrido 12 años de confinamiento donde la culpa y el odio le habían casi robado la razón.

Besó sus mejillas, amaba ambas caras de Sirius.

oooooo

Nunca escribo Wolfstar, pero ellos se compenetrarían mucho.

Hasta mañana.