Sirius estaba colocando la mesa, Remus le había contado cómo había invitado a cenar a Snape y él quería que todo estuviera perfecto para la ocasión.
Siempre había renegado de su educación sangrepura pero debía reconocer que ciertos detalles de etiqueta siempre venían bien cuando querían impresionar a alguien.
Remus le había prohibido la entrada en la cocina alegando que no quería tener que lidiar con un incendio o aún peor, una indigestión.
Aquella poca fe en sus dotes culinarias era totalmente inmerecida, porque que nunca hubiera usado hechizos domésticos y acabara prendiendo fuego un par de veces a la cocina hacía que Remus lo exagerara todo.
Pero él cumplió con su parte, mesa puesta, velas encendidas, música de ambiente. Y tres hermosas rosas sobre la mesa, cada una de un color.
Detalles, en la vida había que tener detalles, y él los tenía. Eso nunca se lo agradecían, ¿ves? ¡Qué injustos son contigo!
Ya estaba teniendo esos diálogos consigo mismo que no había sido capaz de refrenar una vez fue libre.
Ese periodo le producía fuertes escalofríos, todos decían que nunca había sido una persona muy "centrada" pero lo que nadie sabía es cuán cerca había estado del límite y como este no le había abandonado del todo.
¡Basta de oscuridades, hoy tienes que brillar para que Snape no pueda dejar de mirarte!
Gracias a Merlín nadie le veía hablarse a sí mismo en esos términos, al fin y al cabo el tenía una reputación que mantener.
—¿Tres rosas?—Le abrazó Remus por detrás–¿Cuál soy yo?
—Tú eres la blanca, porque eres la luz que ilumina mi vida.—Notó los labios de Remus sonriendo sobre su piel—Yo soy la roja porque soy pura pasión, y lo sabes—dijo riéndose cuando Remus le mordió suavemente en el cuello.
—¿Y él es la negra? No creo que le haga gracia la analogía.
—Él es la negra porque es una especie única y difícil de cultivar—dijo Sirius con la rosa entre sus manos—. Él lo entenderá.
El timbre sonó y ambos se sonrieron, había ido, Sirius no tenía tan claro que al final se presentara, pero al parecer Remus había sido lo suficientemente persuasivo.
Cuando abrieron la puerta encontraron a Snape con su habitual rostro destinado a oler las cosas desagradables de la vida. Pero fuera de eso, fuera de eso, estaba para comérselo, quizás pudiera acabar siendo el postre.
—Adelante, estás en tu casa—dijo Sirius dejándole pasar.
OooooooooO
Ya viene la cena ...
Este Sirius le recuerda un poco a Draco.
Otra cosita que os quería comentar, que me ha hecho muy feliz, he sido nominada a mejor autor/a en los Amortentia Awards 2018, y estoy que ni me lo creo. Si algunos de los que leéis esto habéis votado por mí, muchísimas.
¡Hasta mañana!
