Severus se había vestido con aquella ropa que sabía que le sentaba bien y le hacía ver alejado de aquella imagen que tuvo por años.

Era su ropa de 'ligar' y por lo que parecía había acertado cuando dos pares de ojos, unos grises y otros ámbar le recorrieron de arriba abajo.

Iba a seguir con su máxima de se mira pero no se toca, así que les iba a dar algo bueno que mirar.

Entró al hogar de esos dos, y se sorprendió de lo agradable que se notaba.

A diferencia de la suya que era muy similar en distribución, la de ellos estaba llena de recuerdos, foto de ellos y sus amigos, las iba mirando discretamente hasta que llegó a una en la que se tuvo que parar.

En ella unos jóvenes Lily y James Potter tenían a Harry en brazos, su amiga, su más querida amiga.

—Ella siempre nos habló de ti—escuchó a su lado, era Sirius el que le hablaba— . Siempre te quiso, aunque las cosas se torcieran entre vosotros.

Sintió su mano sobre su hombro apretándoselo, ambos había perdido a dos de sus personas más importantes. Pero Severus no quería bajar la guardia, así que tan solo asintió y siguió su marcha hacia lo que debía ser el comedor.

En este estaba Remus esperándolos con la cena sobre la mesa, parecía todo muy apetecible.

Se estaba empezando a arrepentir de haber ido, todo aquello parecía demasiado íntimo y cuando Sirius lo acompañó hasta su sitio y vio las rosas, una rosa negra para él. Le miró a los ojos.

—Rara y hermosa, como tú—le dijo este de un modo galante.

Severus era inmune a ese tipo de sensiblerías, de hecho siempre las había odiado, pero por una puñetera vez Sirius parecía completamente sincero y le miraba de un modo en la que rara vez le había mirado nadie.

Se sentó y miró su rosa, estúpida rosa.

La noche transcurrió sorprendentemente bien con una amena conversación, cuando pensó que pocas cosas en común tendrían que comentar, se equivocó. A Remus lo había conocido más de sus años como profesor en Hogwarts y aunque no habían intimado mucho, siempre le pareció alguien interesante.

El que le había sorprendido más había sido Sirius, a este le tenía colocado en su estantería de indeseables.

Mucho de ello tenía que ver con sus años de colegio, aunque su principal enemigo había sido James Potter, Sirius le iba a la zaga. Pero también había habido otro motivo, uno que nunca había querido reconocer.

Sirius Black no le era indiferente, ¿cómo hacerlo? Había sido el primer chico que le había gustado, a él y a más de medio Hogwarts si debía ser sincero.

Pero siempre tuvo claro que él no sería nada para el ojigris, si alguien iba a poder tenerlo ese iba a ser el hombre sentado en la misma mesa. Y no se había equivocado.

Ya había tenido suficiente, cada vez le quedaba más claro que no era una broma lo que esos dos querían gastarle, era mucho peor, iban en serio.

Y a ese juego sí que no iba a jugar, su amor platónico de la infancia junto al tipo que con su sola presencia le había puesto de 0 a 100 en menos de lo que se dice Quidditch eran mala combinación, mala ecuación, mal todo.

—Gracias por la cena, ha sido muy agradable—dijo levantándose Severus con prisas.

—¿No te quedas a tomar otra copa?—le dijo Sirius, llegando hasta su lado.

—No, mejor no—dijo Severus dando un paso atrás.

—Severus...—A su otro lado estaba Remus, ese tono, y ese modo de mirarlo, no, tenía que irse.

—No.

—Quédate solo esta noche.—Sirius estaba justo delante suya y Remus detrás.

—Estás excitado.—Sintió como Remus le olfateaba tan pegado a su cuello que le hizo cosquillas—Pruébalo.

—Pruébanos.—Sirius acarició sus labios con los propios.

Severus estaba por dejarse, realmente comenzaba a no poder pensar con claridad, Sirius pegándose por delante, Remus por detrás.

Pero se vio desde fuera, no, debía irse.

—No.—Se apartó. Y ambos hombres le miraron con la desilusión en sus ojos.

Se marchó de esa casa, cuando estuvo fuera y la suave brisa del verano le recorrió, suspiró.

Su cuerpo estaba allí fuera, pero algo se había quedado dentro.

OoooooooooO

Creo que es de los capítulos más largos hasta el momento.

Severus, con que tenías un crush ...