Remus estaba besando a Sirius mientras entraba una y otra vez dentro de él.
—Pero él quería—decía Sirius entre jadeos.
—Lo sé, quizás solo necesite un poco de tiempo—giró a Sirius sobre la cama poniéndolo en cuatro.
Ambos se habían dado a una dura sesión de sexo en cuanto Snape se fue, tan excitados y anticipados que casi lo habían podido saborear.
Sirius se dejó sentir, Remus conocía a la perfección su cuerpo, estaba llegando, tan cerca, tan bueno y la imagen de Snape delante de él, imaginándolo en esa ecuación le hizo correrse violentamente.
Y de nuevo Snape le ocupaba el pensamiento, como tantos años atrás. Cuando no eran más que niños descubriéndose a sí mismos Sirius no había identificado que esa necesidad de molestarle tenía otras connotaciones, no porque lo que sentía por Remus llegó a ocuparlo todo.
Pero en ese momento, habiendo probado sus labios, un solo roce, y entendió que no era nuevo tan solo había cambiado a algo que ahora podía nombrar.
Miró a Remus, él le amaba, más que a sí mismo podría llegar a decir. Pero no podía dejar de pensar en Snape.
Y sintió que estaba traicionando al amor de su vida con algo que solo debía ser un capricho.
