Severus había tenido que entregar a regañadientes al gato que se había colado en su jardín.
Él en realidad no había tenido nunca una mascota, cuando había estado en Hogwarts su familia no había tenido dinero suficiente para podérsela comprar, y en sus años como docente/espía le había resultado más una carga que una ventaja tenerse que ocupar de un animal.
Pero ahora no había guerra, ni enemigos, tenía casa propia y aquel animalito le había enternecido.
Obvió los carteles que había visto por la zona de un gato blanco perdido, había cientos de gatos y este iba a ser suyo.
Pero cuando llamaron a su puerta un mago de mediana edad y una niña pelirroja de grandes ojos verdes, la conciencia, esa maldita bastarda, le pudo y entregó al gatito.
El animal le había hecho más compañía de la que había imaginado necesitar, y le había quitado tiempo de pensar en la pareja de pervertidos que tenía por vecinos.
Había hecho todo lo posible para evitarlos, porque siendo sinceros, si volvía a estar con ellos a solas caería y no quería complicarse su estupenda nueva y tranquila vida.
Se dio una vuelta por la tienda de animales del pueblo, pero ninguno de los animales le llamó la atención. Ninguno era como "copito de nieve" como había llamado secretamente al minino perdido.
Por lo que cuando estaba por olvidarse del tema y vio aparecer a un gato negro en su jardín pensó que quizás este sí pudiera ser suyo.
No era un cachorrito ni muchísimo menos, y casi se enamoró de él al instante. Le miraba con unos bonitos e inteligentes ojos azules, como si entendiera lo que le estaba diciendo.
Pero como siempre en su vida algo tenía que salir mal, muy mal y lo peor es que no se lo hubiera esperado.
La cabeza de Black apareció por encima del seto que separaba sus jardines y le llamó mientras tomaba un té tranquilamente con el animal sobre sus piernas.
—Con que ahí estabas, granuja—vociferó haciendo que el felino se pegara más a Snape.
—Vuelve a decirme eso y te maldigo las pelotas—contestó Severus, ganándose una sonrisa del moreno.
—No me importaría que le hicieras cosas a mis pelotas, pero me refería al gato—dijo Sirius—. Remus y yo nos hemos vuelto locos buscándolo.
Snape no se creyó nada, veía capaz a Black de inventarse cualquier estupidez, también hizo como si no hubiera escuchado su alusión sexual.
—¿Y cómo sé que dices la verdad?—preguntó Severus molesto, ¿por qué tenían que ir los gatos con dueño a él para que luego se lo quitaran?
Black rodó los ojos, imbécil atractivo, hasta eso le sentaba bien.
—Patita derecha, mancha blanca, levántasela—dijo guiñándole un ojo.
Severus a regañadientes lo hizo, la puñetera mancha blanca estaba ahí, maldita suerte la suya.
Se levantó de donde estaba cargando al gato del que se había encariñado tan rápido.
Llegó a la altura del seto y le pasó al animal.
Después de aquello se fue al interior de su vivienda. Era el ultimo gato que recogía.
OoooooooO
Gatito apareció, pobre Sevy que solo le viene todo lo que tiene dueño, hasta el perro...
En fin, me gusta demasiado Snape.
