Llevaban dos semanas compartiendo gato, aquello era absurdo, ridículo y lo peor de todo, pensó Severus, era que le estaba gustando.

Había salido huyendo cuando ambos habían demostrado abiertamente que querían acostarse con él.

Pero este nuevo tipo de acercamiento, este tipo de cortejo. Sutil por parte de Sirius y obsceno por parte de Remus, le gustaba.

Estaba por lanzarse un Obliviate a sí mismo por pensar ese tipo de estupideces, pero nadie se había tomado ese tipo de molestias con él, nunca.

Claro que había tenido sexo, sobre todo una vez acabada la guerra y sin tener que jugar ningún doble papel.

Pero con esa "actitud de mierda" como le había señalado Remus, evitaba cualquier tipo de complicación. Aunque a ellos solo parecía atraerles más.

Jodidos locos.

Ya no era extraño verlos en su salón y saber que esa rutina iba a finalizar le removía algo por dentro ¿sentimientos? A esta altura de la historia de su vida creía tenerlos superados.

—Mañana vuelven sus dueños—dijo Remus, el gato era especialmente sensible a todo lo que tuviera que ver con él y su pelaje se erizaba con solo escuchar su voz.

Severus lo acarició tratando de calmarlo, iba a echar de menos acariciar su suave pelaje.

Los hombres sentados frente a él le miraban con interés.

—¿Quiénes son los dueños de este gato?—preguntó.

—No los conoces—dijo Sirius, empezaba a conocerlo para saber cuándo estaba mintiendo, pero no iba a insistir. Miró al gato, aquel bicho había conseguido algo impensable, algo que no iba a reconocer ni bajo veritaserum.

Había conseguido que fuera a echar de menos tener a Sirius y Remus en su casa todos los días.

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Fuertes declaraciones.