Ni un día más ni un día menos de lo acordado Harry apareció por la chimenea reclamando a su mascota.

Remus adoraba al muchacho pero por nada del mundo quería verlo enfadado. Aquel pequeño y adorable niño que se había convertido en auror podía engañar. Y sino que se lo contaran a Voldemort o a cualquiera de los que osaron decir nada contra la inocencia de Draco.

Una bestia, y no la suya, era la que escondía ese lindo chico.

Inspeccionó al animalito que saltó encantado a sus brazos.

Ingrato animal que había estado complemente consentido por Sirius y Severus, no podía tener ninguna queja.

—¿Al menos ha servido de algo?—preguntó con sorna.

—Bueno, eso tendremos que verlo a partir de ahora—contestó Sirius pensativo.

Era cierto que desde que habían tenido al animal con ellos habían podido compartir mucho más tiempo con Severus, era ahora donde verían si todo el trabajo de acercamiento, seducción y rutina habían servido para algo.

—¿Sirve de algo que os diga que no juguéis con fuego?—preguntó Harry.

—La verdad es que no—dijo Remus divertido, todos pensaban que Severus era peligroso, pero estaba casi seguro que en este terreno su fuego no llegaría más que a avivar el de ellos.

Veía como reaccionaba, le había olido, algo le retenía y dudaba que fuera ningún tipo de moral.

Si todo aquello había empezado por Sirius y su eterna obsesión por Severus, había continuado por él. Y no veía la hora de tenerlo, ahora entendía a su pareja. Ese mago tenía algo que le hacía querer tenerlo, en muchos sentidos.

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Gatito estaba en los brazos de su humano favorito en el mundo, aunque cuando llegara a su hogar le iba a suministrar la ley del hielo, le había dejado con ese lobo con piel de humano que le erizaba el pelo.

Una cosa es que humanos más o menos blanditos llegaran a su casa y otra que le prestaran.

Cuando cruzaron la chimenea, saltó de sus brazos y le miró con cara de enfado gatuna.

Tuvo que hacer un gran esfuerzo cuando su otro humano más favorito del mundo quiso acariciarlo.

—¿Ves?—dijo Draco—. Eso pasa por dejarles a Gatito, ahora nos odia.

—Ya se le pasará—dijo Harry mirando a Gatito y sintiéndose culpable.

Gatito caminó con su morrito hacia arriba, se le pasaría pero aún no... ahora tocaba que le consintieran... más.

Lo único que iba a echar de menos es al mago de ojos negros, era bueno, blandito y le daba muchos mimos. Y además trataba mal al lobo humano.