Sirius descansaba sobre el pecho de Remus, mientras Severus le abrazaba por detrás.

Una vez empezaron no pudieron parar desplazando la acción al dormitorio de Severus.

Aquella hostilidad del pelinegro se había diluido entre sus manos, notaba su respiración en su cuello. Calmada, perezosa, tan agradable como nunca la hubiera imaginado.

No frecuentaban a extender las compañías mucho más allá del acto en sí. Después de estar con una tercera persona, Remus siempre le reclamaba, le abrazaba y le quería solo para él.

Pero en este caso habían continuado, llevaban dos días encerrados en casa de Severus, sin dejar de besarse, tocarse y follarse salvo pera comer.

Estaba agotado y agarró el brazo de Severus contra su pecho acercándolo aún más.

Se sentía tan bien.

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Severus no había esperado eso, aunque sabía el propósito de esos dos, no había esperado eso.

Descansaba tras el cuerpo de Sirius que había caído completamente dormido. La cabeza del moreno descansaba contra el pecho de Remus, que le miraba en esos momentos.

Este atrajo a Severus con una mano en su cadera, acariciando la piel a su paso. El toque le quemaba, y los ojos ámbar también.

No, nunca se había esperado eso. Una cosa era tener sexo, y otra esa extraña intimidad que estaban teniendo. No la había disfrutado con nadie, no era de quedarse después ni de dejarlos quedarse, como era el caso.

El sexo era sexo, y esto se estaba complicando.

La palma caliente sobre su cuerpo, la tibieza del de Sirius contra su frente, no iba a romperlo, debería pero no se sentía con fuerza. No era solo el agotamiento físico que sentía, era algo a lo que de momento no iba a prestar atención.

En ese momento Sirius se removió, creyó que el hombre entre sus brazos iba a solicitar un poco más de sexo, la polla de Severus, extenuada, brincó orgullosa.

Pero el rostro de Remus le preocupó, no era el de alguien dispuesto a tener sexo en ese momento.

Sirius siguió moviéndose, aunque no había nado erótico en él, notaba sus músculos tensos, los brazos de Remus abandonaron la piel de Severus para acunar a Sirius. Finalmente lo entendió, estaba teniendo una pesadilla y al parecer sufría muchísimo en ella.

El grito desgarrador y el frío de su cuerpo le sorprendieron, Remus besaba su frente y le susurraba palabras de amor.

Pudo haberse sentido ajeno, fuera de lugar en ese momento, pero su mano seguía atrapada por la de Sirius, y se descubrió besando su cabello y recitando un hechizo cantado para calmarlo.

El cuerpo entre sus brazos se relajó y siguió durmiendo. Severus besó por última vez su pelo, y se apretó más fuertemente contra él.

El movimiento en la cama le hizo mirar hacia arriba. Remus se había incorporado a penas y le miraba con algo más que deseo, ¿admiración? ¿gratitud?

Sus labios le besaron tan suave que Severus se supo perdido correspondiendo una caricia tan íntima, pero de nuevo no se retiró, y movió sus labios de forma similar.

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Remus miraba cómo Severus consolaba a Sirius en una de sus, desgraciadamente, recurrentes pesadillas.

Remus solía abrazarlo y terminaba calmándose, pero el hechizo tranquilizador que había usado Severus y su cara de ternura y preocupación por el hombre que él amaba no le hizo sentir celoso, nada celoso, y una cosa era el sexo y otra compartir sentimientos por Sirius.

¿Podías querer a dos personas? No era un niño y sabía que lo que comenzaba a sentir por Severus era algo fuertemente sexual, pero ¿podría ser algo más? ¿Podría ver cómo Sirius también le correspondía?

Cuando los labios de Severus se despegaron de un mucho más tranquilo Sirius y le miró, dejó de importarle. Se acercó y le besó, como solo había besado a una persona en su vida así. Suave y transmitiéndole cariño, y Severus le correspondió.

Cuando despertaran debía hablar con Sirius, aquello era algo nuevo para ambos y tenía que confirmar que todo estaba bien entre ellos.

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¿Y ahora qué? No todo va a ser sexo en esta vida, el 9% restante hay que llenarlo de algo ^^