Severus contemplaba la situación realmente divertido, aunque en su rostro tan solo una ceja levantada mostraba que lo estuviera disfrutando tanto.

—Tiene que ser un color neutral, cariño—decía Remus intentando calmar a Sirius que estaba enfurruñado de nuevo. Pero entendía el punto de Remus, el dormitorio que los tres compartían era una locura de color. Un turquesa que dañaba la vista y que a Sirius le parecía "chispeante".

Desde la tarde que fueron a su casa a pedirle que lo intentaran, habían estado intentándolo. Y lo más sorprendente, es que estaba funcionando casi al 99%. El tema de los colores era una nimiedad.

Podría haber desempacado sus cosas, pero no encontró el momento, se vio enredado de nuevo en un amasijo de piernas y brazos, de saliva y sudor del que eran incapaces de salir cuando entraban en él.

—Inténtalo tú, yo me rindo con este hombre—dijo exasperado Remus, cuando el licántropo llegaba al límite de su paciencia era digno de ver. Fue hasta Severus y besó rápidamente sus labios. A eso también se había acostumbrado con facilidad.

Sirius le miraba ceñudo.

—No está tan mal—dijo defendiéndose—. Lo hago por nosotros, para que ningún color predomine.

Severus se levantó de la cama que había agrandado aunque al final siempre acaban apiñados unos encimas de otros.

—¿Sabes que la visión de los lobos es extremadamente sensible?—preguntó Severus mientras abrazaba a Sirius, seguía siendo único haciendo berrinches, y sí, antes le hubiera lanzado una maldición a sus pelotas antes que afirmar que esos berrinches le enternecían profundamente.

—Pero es un bonito color—se quejó con menos intensidad Sirius.

—Es bonito, pero no para una habitación en la que se intenta dormir.—Su cuerpo se reblandecía con su toque.

—Puff ... como si durmiéramos mucho—dijo Sirius comenzando a sonreír.

—¿Qué te parece si lo dejamos en un gris perla?—sugirió Severus mientras acariciaba las caderas de Sirius—. Suave, relajante...

—No empieces a hacer eso de la voz—se quejó sin ganas Sirius mientras se dejaba acariciar.

—¿Qué cosa de la voz?—preguntó sorprendido.

—Lo de tu voz sexy...

—¿Tengo una voz sexy?—empezó a reírse Severus, pero lo dejó cuando Sirius lo miró mal.

Acarició a Sirius mientras le quitaba los pinceles llenos de pintura de las manos, frotándose contra él.

—¿Qué te parece si te quito toda esa pintura turquesa del cuerpo bajo la ducha?—sugirió Severus.

Sirius tan solo se separó de él, desprendiéndose de la ropa a cada paso, bueno, al fin y al cabo, no le importaban aquellas tontas riñas domésticas cuando acaban así.

o0o

Remus los vio bajar mientras estaba leyendo en un sillón frente a la chimenea, ambos con el cabello húmedo y con un Sirius mucho más calmado.

—Lo siento, amor, no sabía que ese color te hacía tanto daño a la vista—le dijo Sirius besándole de camino a la cocina.

—Gris perla—dijo Severus sonriendo.

—¿Hiciste eso de la voz?—le preguntó Remus haciendo que Severus volviera a reír.

—¿Tú también?—dijo Severus bajándose a besarle como había hecho Sirius.

—Anda, ve y comprueba que nada sale ardiendo allá adentro—le dijo mientras azotaba su duro trasero.

—Qué poca fe le tienes.—Pero tuvo que retractarse cuando un olor a quemado llegó a sus narices.

Después de un rato, Remus se adentró en la cocina. Él era el encargado de cocinar, Sirius era un negado, y Severus podía pasar horas sin comer si se concentraba en sus pociones.

Habían trasladado su laboratorio al sótano de la casa, y Remus ya le había sugerido que si no quería vender su casa, al menos la alquilara.

Los vio juntos sobre los fogones, y la visión de los dos hombre que había empezado a amar era demasiado buena. Habían tenido sus dudas, sus roces, discusiones e incluso algún llanto. Pero allí estaban creando una relación a tres a su medida.

El problema para Remus en ese momento era la cantidad de tela que ocultaba lo que ahora quería.

Con un giro de varita había hecho desaparecer los pantalones de ambos, estos le miraron sobre sus hombros e hicieron lo que sabían que el lincántropo quería, separaron las piernas dándole visión plena.
Remus había desarrollado un gusto por follárselos a los dos a la vez, y ellos, complacientes, siempre le daban lo que quería.

o0o

Sirius sabía que aquello iba a funcionar, lo supo siempre, aunque como su suerte a veces le jugaba malas pasadas no quería jactarse de ello.

Si alguna vez no contempló su futuro sin Remus, ahora no era capaz de hacerlo sin Remus y Severus. Y al parecer, los tres estaban de acuerdo con ello. Miraba como Remus entraba suavemente en Severus, como su pelo aún húmedo se mecía con cada arremetida, observó hacia abajo, su miembro goteante. Pero a Remus le gustaba disfrutar de ambos así antes de cambiar de acción, y Sirius veía el punto, a él también le gustaba.

Severus le miraba a su vez, sabía completamente bien lo que estaba sintiendo en ese momento, porque en nada sería su turno.

Cuando Remus salió de él para tomar las caderas de Sirius, Severus protestó bajito, aquello hizo sonreír a Sirius. Pero cualquier pensamiento se fue cuando Remus entró en él, menos suave esta vez.

Remus entraba y salía de ellos rítmicamente, dejándolos deseando más. De nuevo dentro de él, pero esta vez Severus no se contuvo y se arrodilló a su lado, metiéndose su miembro necesitado en la boca.

Él siempre supo que aquello acabaría bien, nunca tuvo dudas.

OoooooooooO

Parece que funciona bastante bien, y Remus tonto no es, cada vez me queda más claro.

Pasad una buena noche y Felices Fiestas.

Mañana último capítulo.

Besitos.