Draco estaba nervioso, la idea no había sido suya, de esto tenían toda la culpa sus amigos.

Pero allí estaban celebrando su compromiso, miró a Harry hablando con Ron y Hermione.

Al parecer esos dos ya podían estar juntos en la misma habitación, imaginaba que Blaise había conseguido que el pelirrojo olvidara cualquier rastro de vida anterior a él. Le veía completamente capaz.

Draco le había pedido matrimonio a Harry en las vacaciones que con tanto esmero había organizado.

Atardecer en la playa, una suave brisa, y aquel diminuto bañador. Perfecto, sin duda.

Draco nunca había tenido dudas sobre lo que sentía por Harry, y solo había estado esperando a la ocasión perfecta. Tenía su puesto en el Ministerio en el Departamento de Aplicación de Leyes Mágicas, uno no muy importante, pero de momento era suficiente.

Tras el drama que encontraron al llegar a su casa, con un Blaise enamorado, un Ron depresivo y una cama infestada que tuvo que cambiar, era inadmisible volver a dormir allí. No vieron el momento de anunciarlo, pero al fin pudieron decírselo a sus amigos.

La consabida fiesta había sido la consecuencia, un montón de Weasley inundando su salón, otro montón de Gryffindor a los que había comenzado a apreciar y sus queridos Slytherin que eran su propia familia. Y lo más curioso, su padrino había accedido a aquella reunión.

Harry le llevó una copa mientras reía, y Draco le abrazó.

—¿Has cerrado bien nuestra habitación?—preguntó de nuevo Draco.

—Nadie va a entrar y montárselo en ella, cariño—dijo burlándose de él. Draco no estaba tan seguro, ya había sido mancillada una vez, pudiera serlo de nuevo, allí todos eran unos pervertidos.

Iba a dar un sorbo a su bebida, pero se quedó a medio camino.

Algo malo iba a suceder y sacó su varita con cuidado.

Delante de él, su padrino, Sirius Black y Remus Lupin hablaban con uno de los Weasley con coleta. Esa combinación era extraña, pero más extraño fue ver como Severus reprendía a Sirius y este besaba su mejilla.

Draco estaba a punto de separarlos para evitar males mayores, pero la sonrisa de Severus le hizo bajarla de golpe, y más cuando Sirius se abrazó coquetamente a él.

—Harry...

—Dime, amor.

—Harry, llévame a San Mungo.—Pidió desesperadamente empezando a preocupar a Harry que le sujetó por los hombros.

—¿Qué te pasa, Draco?

—No, no, mejor arráncame los ojos.—Suplicó cuando vio como Remus acariciaba los labios de su padrino en un suave beso.

Harry siguió la visión de su prometido contemplando la imagen de los tres hombres.

—Ah, eso...

—¿Cómo que eso?¿Sabías que eso estaba sucediendo?—preguntó Draco cada vez más seguro que estaba dentro de una realidad paralela. Una loca realidad paralela.

Pero cuando vio cómo Gatito saltaba a los brazos de su padrino y este le acariciaba un click sonó en su cabeza.

Y Draco se desmayó.

Cuando recobró el conocimiento, tenía a Harry a un lado y a Severus al otro.

—¿Qué ha pasado?—preguntó mareado.

—Te desmayaste–le dijo Harry acariciándole la frente.

—Creo que alguien puso algo en mi bebida, Severus—dijo mientras ambos le ayudaban a incorporarse en el sillón.

El pocionista se llevó la copa a la nariz, olfateándola con cuidado.

—Imaginé que tenías algo con esos dos—dijo con una risa nerviosa señalando a Sirius y Remus.

El sonrojo de su padrino le hizo sudar frío.

—¿Qué? ¿Cómo? Pero ellos son...—Draco estaba volviendo a hacer drama, Harry iba a tratar de calmarlo pero Severus fue más rápido.

—Mira, muchacho, te quiero como si fueras mi hijo, mi insolente y malcriado hijo, pero no tengo que darte explicaciones de mi vida sentimental—dijo el pocionista seriamente—. Vuelve a la fiesta, tu fiesta de compromiso y deja de hacer un drama.

Harry se reiría si no fuera porque era Severus Snape, para él mismo había sido un shock ver a esos tres interactuar juntos. Pero ¿quién era él para juzgar a tres personas que se amaban?

Severus se levantó y fue recibido por sus dos hombres.

—Ese chico tiene sangre Black, es único para hacer dramas.—La risa de Remus y el puchero de Sirius les pareció realmente divertidos a Harry.

—¿Cuándo ibas a decírmelo?—preguntó Draco con su propio berrinche Black.

—Acabo de confirmarlo, nunca pensé que lo conseguirían si te soy sincero—afirmó Harry.

—¿Cómo pueden hacer eso? Yo sería incapaz de compartirte con nadie—dijo Draco bebiendo de su copa.

—Bueno, cariño, amor es amor, ¿no?—dijo encogiéndose de hombros Harry—. Si ellos están bien así, y lo parecen... Joder, ¿por qué tienen que besarse así...?

Fue el turno de reírse para Draco, esos tres hombre eran como una especie de padres para ellos, no es que fueran tres, es que los padres no se besan, y punto.

—No te preocupes, luego nos obliviateremos juntos—dijo Draco besando a Harry.

—Sí, por favor.

Ese grupo loco de gente que los rodeaban eran sin duda extraños, pero eran sus locos particulares y los aceptaban con sus excentricidades.

Eso hasta que alguien trató de abrir la puerta de su dormitorio y rebotó contra la pared.

Panda de degenerados.

¡Su cama era sagrada!

o0o

Gatito paseaba entre las piernas de todos los amigos de sus humanos. Pensaba que no vería más al humano de ojos negro blandito y bueno, pero ya estaba con ese lobo humano que tan poco le gustaba.

Tendría que irse a buscar mimos a otro lado. Estaba contento, había mucho amor en esa sala. Y alguno había sido obra suya. Era el genio de los gatos del amor, el número uno de los gatitos mimosos, el rey de los corazones solitarios...

Todo no podía ser bueno, el gato indeseable había ido, Crookshanks. Hasta su nombre era tan feo y odioso como él.

—Hola minino—le dijo ronroneándole.

—Tú y yo no hablamos—maulló Gatito con su morrito alzado pasando a su lado sin mirarle.

Pero el matón del gato ese se interpuso en su camino, siempre tan bravucón. No entendía que los gatos eran sutiles, sutiles no fieras desmelenadas como él.

—Siempre tan arrogante, pues que sepas que he usado tu arenero—dijo Crookshanks riéndose gatunamente.

—No habrás sido capaz.—Sacó las uñas Gatito.

—Tendrás que comprobarlo—dijo Crookshanks lamiéndose la garrita tranquilamente.

Gatito corrió a ver su territorio mancillado, corrompido por ese gato feo y desmelenado.

Pero cuando llegó no había nada, se había burlado de él.

—Eres odioso...

—¿Cuándo lo vas a reconocer?—preguntó mientras cerraba la puerta de un golpecito de patita.

—¿Qué deberías ir al veterinario para que te sacrificaran?

Crookshanks se estaba acercando sinuosamente.

—¿Qué deberías raparte al cero porque ese pelaje no tiene solución?

Crookshanks saltó sobre él, maldito gato matón, odiaba cuando hacía eso, Gatito era esbelto y grácil, pero con ese gato siempre pasaba lo mismo.

Crookshanks comenzó a lamerle acicalándole y Gatito se intentó zafar, pero era una mole sobre él.

—Eres un gatito muy lindo pero con muy mal carácter—dijo Crookshanks sin dejar de lamer su pelaje negro.

—Soy el gatito del amor, no tengo mal carácter—se quejó Gatito—. Suéltame, y deja de hacer eso.

—Te gusta—siguió el otro animalito sin dejarle.

—No...

—¿Por qué ronroneas?—dijo parando con sus caricias gatunas.

—Yo no ronroneo... grrrr

Crookshanks se separó y Gatito se quejó.

—Aún queda este trozo—dijo mostrándole el lomo molesto.

—¿No decías que no te gustaba?—Pero volvió al pelaje negro.

Bueno, era agradable y nadie tenía porqué enterarse.

FIN

Y llegamos al final de esta historia, y de esta serie.

Fue tan divertido escribir las peripecias del gatito del amor, como él se autodenomina, empezó como un experimento y acabó en serie.

Muchas gracias a todos los que la habéis leído y comentado. Ha sido un placer compartirla con vosotros.

¡Feliz Navidad a todos!

¡Nos leemos en otra historia!

Besitos, Shimi.