ATENCION: LOS PERSONAJES DE GAKUEN ALICE NO ME PERTENECEN, LE PERTENECEN A LA HERMOSA CREADORA
000- Mercado negro
Mi abuelo me conto, que para ser parte del Elite tienes que a ver nacido con una marca de dote en algún lado de tu cuerpo y para ser una princesa también tienes que a ver nacido con dones. ¿Y cuáles son esos dones? El poder de controlar el aire, fuego, agua, viento y otras cosas como el meta, la tormenta, los animales, las mentes de las personas, entre muchas otros excepcionales dones. Por eso, las personas como él y yo, los cuales no tenemos dotes ni dones, vivimos sin conocimiento y en la absurda pobreza luchando por el pan de cada día.
En realidad, mi abuelo ya no tiene la capacidad física para obtener ese pedazo de pan, por lo que yo lo hago por él. Todos los días desde el amanecer despertaba para empacar la leche y el queso e irlos a vender a los mercados del pueblo, aunque no me iba tan bien, conseguía al menos en todo el día 10 pesetas, lo que alcanzaba para un pan y una pequeña bolsa de frijoles o arroz. Pero a veces, no teníamos para comer en todo el día porque debíamos de pagar esas pesetas a los banqueros, y aun así, quedábamos debiendo por el interés.
Esta mañana tuve que tomar una decisión porque en los últimos días no había conseguido pesetas suficientes para nuestro alimento, lo que conseguía en estos últimos días fueron solo para darle a mi abuelo de comer. Mi decisión constaba en vender dos de las mejores cabras en el mercado negro , así conseguiríamos no solo dinero para nuestro alimento sino para pagar el adeudo con los banqueros. El problema es que el mercado negro es un lugar donde solo van hombres y ancianas, a las jóvenes o madres jóvenes se les impide la entrad a menos que esten apunto de venderse. En el mercado negro suelen venden esclavos, lo escuche de mi abuelo, las servidumbres de los reinos suelen comprar a ese tipo de gente, esa servidumbre está asociada con los banqueros y los banqueros son los cuidadores de dicho mercado. El riesgo que correré si voy, es demasiado angosto. Pero tenía que hacerlo por mi abuelo.
Colocando encima de mí una capa negra para cubrir mi rostro, tomo las sogas que había atado a las cabras y salgo sigilosamente de la casa. Tan pronto salgo corro hacia el rio para cruzarlo, no sin antes jalar a las cabras para que siguieran el mismo ritmo que yo. Luego, cruzando una corta montaña del valle llego hacia la ciudad. La ciudad es el centro del reino donde todos los aldeanos venden y compran, bajando un par de escalones me adentro a un callejón. El callejón por el que entre no es como otros callejones, este es el único que da hacia el mercado negro, donde venderé las cabras.
A lo lejos escucho un montón de voces gruesas y maleducadas, eran un par de hombres empujando a un chico — como de mi edad— hacia unos baúles viejos y abandonados. Uno de ellos le escupe mientras el otro se burla. Estaba más que dispuesta a ir y golpearlo, pero el peligro por mi genero seria mayor. Entonces, solo espere a que esos hombres desaparecieran para ayudar al chico a levantarse.
Enrollando mis manos en su brazo izquierdo pregunte:
—¿Estas bien? — Wou, hasta yo misma me sorprendo de las similitudes con las que puedo imitar una voz varonil.
El chico se inmuto a decir algo mientras se sacudía la camisa. Note que tenía una herida en la barbilla y un par de moretones en el brazo que yo misma estaba sujetando, que francamente, parecía como si me aferrara.
Lo solté inmediatamente bajando más el rostro para que él no me mirara, aunque no lo estaba haciendo, él se estaba inclinando para recoger unas pesetas del suelo.
Lo ayude. Pero cuando toque la primera peseta el azoto mi mano.
—Aléjate de ellas ¡Son mias!— Gruño.
Enojada e indignada me levante y me marche con las cabras. Odiaba al tipo de persona que creía que todo el que se le acercaba tenía intenciones malas.
Seguí mi camino con la decisión firme, frente a mi ya alcanzaba a ver los puestos de los vendedores, tan pronto estuve cercas del primer puesto mi corazón se oprimió. Esta era la primera vez que venía al mercado negro, y también era la primera vez que veía el tipo de persona que venían en este lugar. El señor del primer puesto, vendía todo tipo de pan, del mejor pan de todo el reino, pero, también, por debajo de la mesa en la que pone su pan, hay una jaula con dos niñas adentro.
—Disculpe señor—Tique su hombro, llamando su atención. Era un hombre viejo y demasiado delgado— ¿Esas niñas de donde las saco? —
El anciano bajo la mirada, el encuentro entre la mirada de aquellas pequeñas con la del anciano fue nostálgico y doloroso. Las niñas estaban todas desnutridas, malolientes y heridas.
—Son mis niñas, señor ¿Quiere una? —
Con la frialdad con lo que lo dijo, lo mire con horror. Retrocedí sin decir alguna palabra y mirando con pavor a las pequeñas dentro de esa jaula no tuve que más hacer que marcharme con las cabras. Mis ojos estaban húmedos y me dolía el corazón nada más de pensar como se sentirían aquellas pequeñas al ser vendidas por su propio padre.
Mordiéndome el labio tan fuerte hasta sentir el sabor metálico de la sangre, fue suficiente para dejar de pensar en aquello. Cuando a corta distancia me encontré con dos hombres de vestiduras hostiles bajando de un par de caballos, me aparte. Eran los hombres del reino. Tomando fuertemente la capa por delante para impedir que se me cayera, tomo una dirección contraria a la de ellos. Por el miedo a ser descubierta, jale las cabras de tal modo que estas chillaron y llamaron la atención de un par de hombres de hombros anchos.
—¿Vendes esas cabras, delgaducho? —
Yo asentí inmediatamente sin voltearlos a ver. — Son gordas y están sanas— Añadí.
Él hombre sonrió con ironía poniendo ambas manos sobre su cintura, dando la forma de una taza. Se inclino un poco para revisarlas y se incorporo luego de esto.
—Parece que si— Su voz era como un sable siendo quemado en fuego— ¿A cuánto están?
Sonreí a eso, sintiendo una emoción que quemaba mis venas.
—50 pesetas cada una—
—¿Qué? ¿Me estás viendo la cara?
—Lo siento señor, eso cuestan—
De pronto sentí mis piernas volar, era porque el hombre me había agarrado de los hombros.
—Eres un gusano escurridizo, por ser hoy seré amable y te comprare las dos por 50 pesetas, nada más—
Agache el rostro aun más pues lo tenía demasiado cercas. Me estaba poniendo nerviosa, estaba entrando en problemas muy delicados.
—Lo siento señor, pero el precio de ambas no cambia, 50 por cada una o no hay trato—
Él hombre bufo, pero luego callo. Lo único que podía ver era su ojos buscando mi rostro.
—Noto algo extraño en ti—
Una de sus manos sujetaron la capucha que ocultaba mi cabeza y tiro de ella.
—¿Ah? —
Lo miro con atónita y con temor, tan rápido había sido descubierta . Poniendo mis dos manos en una de las suyas trato de forcejear. Viendo ahora su rostro me doy cuenta de con quien estaba haciendo el trato, uno de los banqueros que acosaba a mi padre.
—¿Qué haces asustando a chicas tan temprano, Arquímedes? —
—No a cualquier chica: la hija de ese anciano moribundo—
—Bájeme— Farfullo mientras escuchaba su burlona risa .
—No me digas— Ser burla, alzándome más— ¿Tratabas de vender estas pobres cabras para pagar las deudas del moribundo? — Vuelve a reírse
—Abuelo— Aclaro en un gruñido—¡Bájeme! —
—¿Por qué no hacemos un trato? —Pregunto al llevarse un dedo a la barbilla y mirar a sus compañeros. — Tu a cambio de las cabras. Así las deudas de tu abuelo—todas— son perdonadas—
Mis ojos se abrieron con horror y mi cuerpo sentía una oleada de escalofrios cuando su dedo llego hasta mi cuello y comenzó a pasearse. Mis dientes temblaban dentro de mi boca.
—No quiero—
Con una sonrisa malvada se encoge de hombros.
—Tu palabra aquí no cuenta. Si aceptas nuestro trato se te perdona la vida.—
Debía ser una broma, quería pensar eso. Pero, no, no lo era. Una chica como yo entrando al mercado negro hace de su vida miserable. No tiene palabra una vez pisado este lugar, la decisión es de los dueños. Sin embargo, yo no quería su palabra, solo quería escapar y vender las cabras para tener algo dinero y pagarles.
—Solo te dejare decidir, ser nuestra esclava o ser vendida por personas que quizás sean peores que nosotros—
No, no quería eso, me rehusó, no quería ser vendida aunque sabía que esa era la regla, yo no lo quería. Apretando mis puños lanzo un par de golpes a su rostro y él me suelta. Agarrando las cuerdas de las cabras me levanto para correr, pero nuevamente las manos del hombre me toman por la espalda y me alzan.
Asustada y ansiosa por irme, vuelvo a golpearlo con mis puños. Las cabras salen corriendo de nosotros cuando él grita de dolor. Sigo golpeándolo hasta que recibo uno de su parte, pero eso no me para. El me azota contra la pared.
—¡Suélteme! —
Vuelvo a golpear pero ahora mis manos están siendo apretadas por las del otro hombre, uno de los acompañantes del cobrador me golpea el estomago con su rodilla y yo grito de dolor. Me han dejado sin aliento y solo puedo escuchar sus burlas, pero esto no terminara así.
—Trae la soga, hoy llevaremos un premio especial al jefe—
No quiero.
Apretando mis ojos fuertemente siento la extraña adrenalina que corre por mis venas y me hace gritar. Era como una fuerza potente que desde hace mucho deseaba salir y mostrarse. Era una extraña sensación que me descontrolaba. La voz que había desgarrado mis entrañas sirgue como un remolino de miserias y dolor, en cuando esta termina se lleva las voces de todos los demás. El lugar ha quedado en silencio y solo siento como mi cuerpo se estampa contra el suelo al instante, acompañado de otros cuerpos.
Abriendo mis ojos con asombro veo a los cobradores frente a mí, en el suelo, inconscientes. Los rostros de los demás no dejaban de verme con terror. Confundida pero a la vez aliviada intento levantarme del suelo, pero en cuanto lo logro todo se oscurece.
¿Qué tal? Este es solo el inicio de una historia fantabulosa!
