ATENCION: LOS PERSONAJES DE GAKUEN ALICE NO ME PERTENECEN, LE PERTENECEN A LA HERMOSA CREADORA


003- Deseo despertar


Sintió una fría y escalofriante brisa colarse en su piel, deslizándose por todo sus brazos hasta pasar por su espalda y bajar por su espina dorsal, paro justo en sus rodillas que al instante temblaron vivas. Mikan no quito la mirada húmeda llena de terror sobre aquellos cuerpos de carbón que parecían seguir durmiendo a pesar del sonido seco que su caída provoco. Presionando su mano en el hueco de su pecho, sintiendo la adrenalina que corrompía los latidos de su corazón. Se levanto lentamente sin dejar de mirarlos fijamente y su estomago se contrajo. Incorporándose, se fue girando hacia el otro pasillo, uno completamente vacío que daba a unas largas escaleras de caracol.

Agarro una bocanada de aire, dándose cuenta de que había dejado de respirar y encontrando fuerzas decidió caminar con el corazón en la mano. Los rechinidos de la madera siendo aplastada contra sus botas, era lo menos ruidoso en los pasillos tétricos comparándolo con los latidos de su corazón. Mikan carraspeo ahogando un grito y bajo la mirada cuando se suprimió el sonido de un cristal a punto de estallar en fragmentos por su pie. Lo levanto, su cuerpo vibro de terror y su pie quedo flotando sin encontrar donde apoyarlo. Dulce Jesús. Todo era oscuro en ese pasillo, ¿Cómo se suponía que vería el suelo por el que pisaría?. Suplico en un largo suspiro que hizo que todas sus emociones estallaran, y de pronto cuando su pie por fin se deslizo apoyándose en una madera sin rastros de vidrio y chillido, su cuerpo se tenso. La chica miro sobre su hombro en cuanto a los extraños susurros que la habían tensado y sus ojos casi se salían del rostro.

Ahogo un grito. El torrente sanguíneo de su cuerpo se lleno de feroces escalofríos.

Se quedo en shock, aterrada, mirando esos ojos como el fuego y ese cuerpo negro carbón del que emanaba el humo. Sus ojos bajaron y se pusieron sobre el rostro de uno de ellos que la observaba como si fuera una diosa.

Eran niños.

Mikan siguió esas líneas mezcladas en un rojo y naranja que marcaban cada pedazo de su piel negra y humeada. Era como ver restos de un fuego que apenas se encendía sobre un carbón. Aquella criatura alzo sus manos. Mikan dejo de respirar y también dejo de sentir los latidos de su corazón. Cuando aquellos cuerpos de carbón chillaron y corriendo sobre ella, la chica salió disparada y gritando hacia los escalones. Sus mejillas estaban prácticamente húmedas, lamidas por el rio de lagrimas que salían con pavor de sus ojos.

No quiso voltear y ver que tanto quedaba de separación entre el bulto de niños rostizados y ella. Se mordió el labio con desesperación y brinco de dos en dos los escalones. Gimió y maldijo en cuanto se vio tropezar y sin esperar al pulsante dolor de su rodilla contra la astillosa madera del escalón, siguió corriendo. Terminaron las escaleras y se deslizo un largo y grueso pasillo frente a ella, en el cual no dudo en nada para adentrarse a su oscuridad. Girando a la derecha e izquierda de los distintos pasillos que se implantaban frente a ella, suplicando que aquellos cuerpos dejaran de perseguirla y buscando el destello de luz que la guiaba al lugar seguro. Se había mantenido con la mirada fija hacia enfrente, sin embargo, retiradas veces , escuchaba unos azotes que la obligaban a gritar. No a más de unos siete metros se encontró con otra escalera.

Tomo otra gran bocanada antes de llegar a ella y subirlas como si no hubiese mañana para ella. Su cuerpo gritaba que por el amor de Dios papara, sus músculos, todos se contraían en dolor. Su garganta y labios secos, y los músculos de su estomago contraídos por el vacio. Su respiración se entre acortaba y sus ojos estaban dilatados, sin embargo seguían trabajando duro para drenar toda el agua posible atreves de ellos, y Mikan era consciente.

Se quito unos mechones del rostro, y otros mechones sucios y húmedos por el sudor de su frente golpearon su hombro. Miro otro pasillo, deslizándose frente a ella. Sin mirar atrás, trago la poca saliva y entre abrió los labios , probablemente y con algo de dificultad comenzó a inhalar mientras corría. Sus pasos disminuían, dudosos. Querían descansar, pero a la vez no querían parar de moverse sobre la madera, no obstante. Mikan se dio cuenta de que los llantos de los niños quemados y encenizados ya no se escuchaban más. Trato de mover, solo un poco su rostro a la derecha, encontrándose con una vacía oscuridad que dejaba atrás. Y antes de tomar las otras escaleras que la esperaban al frente, ella paro.

Con un aire confundido y una chispa de terror, volteo su cuerpo y escucho el silencio estremecerla. Parpadeo incrédula y tres lagrimas se derramaron en el suelo. Su pecho se inflaba y desinflaba de manera increíble. Le ardía el pecho como si se lo hubiesen pinchado, su garganta seca de tal forma que al respirar le provocaba tos. Se lamio los labios y se mordió el labio inferior. Volvió a estremecerse.

¿Qué demonios había sido eso?

Sería posible, los niños quemados habían dejado de perseguirla. Mikan suspiro aliviada, pero no paraba de llorar. Había sido presente de una película de terror en vivo. Su cuarto se sacudió de cansancio y una descarga eléctrica vibro en toda su espina dorsal, subiendo por todo su cuello y nuca y llegando al cerebro entumecido hasta provocarle dolor de cabeza. Cerró los ojos y su cuerpo otra vez se sacudió, no sabía si seguir o quedarse ahí presente de cualquier otro horror, acurrucándose en los escalones hasta que ella despertara de esa pesadilla.

Jamás en su vida, había soñado tan horrible y menos a verlo sentido todo tan vivo y real.

Por un momento casi se dejaba caer en sus rodillas, pero se mantuvo de pie, apenas erguida, se abrazo a sí misma y volviendo suspirar dijo:

—Esto tiene que terminar. ¿Por qué aun no eh despertado? —.

Intentando subir cada escalan presente, su cuerpo se tambaleaba y sus rodillas bailaban como el cuerpo de una gelatina. Se sostuvo del barandal y fue consciente del temblor que se había apoderado de ella. Cuando llego al siguiente piso, apenas jadeando se recargo en la pared del primer pasillo y recargo su nuca en la solides. Otras lagrimas se derramaron y ella abrió su boca para respirar.

Estaba perdida y no sabía qué hacer.

Se había olvidado de la luz, se había olvidado del guardián, también.

En el pasillo, en el que ella había terminado estaba siendo alumbrado por una genuina luz caliente, era la luz de la luna llena que había salido después de una tormenta eléctrica. Sus almendrados ojos brillaron cuando vieron aquella luz, y sintió su palpitante corazón.

Por fin, la oscuridad haba terminado en el pasillo gracias a la luz de una hermosa luna que se abría paso desde las profundidades de las nubes.

Mikan se aproximo a las ventanas sin cristal, donde permitían el collado de luz para alumbrar su alrededor. Poniendo una mano ligeramente sobre el marco iluminado, sintió la calidez que emanaba de aquella luz. Era tan fuerte y caliente, y cada segundo subía de calor. La piel de su mano ardió y su musculo se contrajo de dolor. Apenas tres segundos y era como si la hoya de agua hirviendo se le hubiese caído encima. Mikan saco el rostro y sus ojos se arrugaron por tanta iluminación, el calor entro atreves de sus poros y Mikan no soporto más, chillo apartándose de ella y ocultándose en las sombras.

Sacudió su mano empañetada de rojo y entumecida, los músculos palpitaban fuertemente dentro de aquella piel en ronchada. Sus dientes crujieron mientras que con la otra mano tallaba sus ojos con furia. Sus ojos bombardeaban fuego, drenaban a todo voltaje las lagrimas que restaban de su cuerpo y estas lavaban la enrojecida piel que tuvo el efecto de la luz de la luna. Su espalda choco contra una pared y Mikan se dejo caer mientras gemía de dolor. Pasaron más segundos e hizo a un lado el brazo apartando la mano. Apretó sus ojos fuertemente, desesperada por el panorama nublado que se le daba.

¿Qué rayos era esa luz? ¿Por qué quemaba?.

Sus ojos volvieron a la normalidad y Mikan analizo su mano herida. Esta ardía y le pulsaba incontrolablemente. Cuando deslizo las yemas de otra mano encima del torso de esta, la sintió seca y algunos bultos que la asustaron mucho. Eran ronchas.

Escucho el chillido de la madera a su lado, la madera que era alumbrada por aquella luz emanaba pequeños dorsos de vapor, apeas visibles para Mikan.

La madera se estaba quemando por la luz de la luna.

A pesar de que todo era una vil pesadilla, Mikan pudo sentir ese dolor tan ajeno. Al instante, mientras se sobaba la piel quemada, llego a su mente como flash los intensos y rasgados ojos carmesís del guardián.

—Esa persona—.

—¿Si? —.

Mikan tomo un respigón y ahogo un grito mientras se corría de rodillas hacia un rincón para alejarse. Él guardián se sintió alagado por su reacción y se acerco al frágil cuerpo acurrucado en la esquina del pasillo. La chica elevo el rostro y se encontró con aquellos ojos que se abrían paso entre la oscuridad. La miraban tan intensamente que Mikan se sintió atemorizada. Más de lo que ya estaba.

—Te dije que el miedo es tu peor traición: no creo que hallas entendido algo de eso— Se inclino para tener su sollozado rostro cerca de sus furores ojos—.

Mikan lo fulmino—¿Por qué me trajiste aquí? —gruño, en sus ojos ardió el brillo de la ira y odio— Dijiste que sería un lugar seguro, la luz de la luna no es nada segura ¡ME HA QUEMADO!— Exasperada movió su brazo hacia adelante y lo estiro frente al guardián para que mirara la quemadura en su mano. —¿Cómo es posible eso? —.

El guardián la evaluó por insoportables segundos, luego se cruzo de brazos mientras retrocedía. La miro, pero esta vez penetrando todo el interior de ella. Mikan se estremeció. Cristo. Esos ojos eran aterradores.

—Que te llevaría a un lugar seguro no indica que el camino lo sea—.

—¿Y cómo es eso? —lo miro con odio— ¿Querías que llegara hecha carbón, como esos horribles cuerpos de abajo? Ja-ja, que seguridad—

Al guardián no pareció gustarle su tono de burla.

—Esos cuerpos eran niños que alguna vez tenían la misma piel y ojos que tu—.

Mikan parpadeo en blanco.

—¿Si eran niños? Por que intentaron asesinarme—.

Lo supuso por su estatura y los llantos, pero nunca pensó que en realidad lo fueran. Pensó que eran una clase de mutación o algo parecido. La idea la sacudió y la aterro más. El guardián asintió.

—Pero yo no vi que ellos intentaran eso—.

Mikan quedo perpleja.

—¿Qué? —Espeto— ¿Estuviste viéndome? — El asintió, sin más— ¿Y te gusto lo que mirabas?

Lo miro absorta.

—No es lo que quería, pero no estuvo tan mal.

Mikan rodo los ojos, menudo guardián de La ciudad de las pesadillas. Era un completo pesado, una persona que tiene extra de arrogancia hasta en el trasero.

—¿Qué le sucedieron? —fue fácil para preguntar, el guardián dudo en sus reacciones faciales. Era como si Mikan de un segundo a otro hubiese entendido todo tan fácilmente.

—Se quemaron, junto con toda esta ciudad— respondió, espesante sin dejar de verla a los ojos—.

Mikan asintió, sintiendo una enorme opresión en su pecho, agacho el rostro y se recargo en la pared de su lado—Que triste abra sido : de algún modo me sabia la historia, aunque no decía nada de niños quemados...lo siento—.

—Por qué tu forma de aceptar las cosas y evaluarlas...—hizo una pausa, Mikan intento levantarse— tu reacción en este momento, me dicen que crees que todo esto es un sueño—.

Mikan lo miro, y todo pareció a verse apagado a su alrededor— Porque lo es—.

El guardián se elevo con furor, crispando

—¿En verdad? Me resultabas tan familiar—.

Mikan lo miro confundida— ¿A qué te refieres? —.

—La ciudad de las pesadillas ¿No es obvio?. Todos creen que es una pesadilla, al principio—.

—No entiendo—.

El guardián rodo los ojos y suspiro arridado.

—Mañana lo entenderás y cuando lo entiendas me divertiré tanto. — Su gruesa y ronca voz varonil con la chispa más fría y arrogante, sorprendieron a Mikan. — Y te hare la vida imposible por tu incredulidad—.

—¿Cómo qué mañana lo entenderé? — Aba se enderezo y frunció el ceño, confundida.

—¿No tienes que llegar al lugar seguro? —.

Mikan torció su boca en una mueca y observo la luz de la luna— Pero la luz me quema...

—Deberías estar tranquila ¿No? Ya que piensas que es solo una pesadilla y pronto despertaras, no te tiene que importar lastimarte en un sueño si vas a desperra¿ O sí? —.

Mikan elevo una ceja, sintiendo una sonrisa de burla oculta en aquella tela negra en su rostro. Volvió la mitad a la luz y se mordió el labio.

—Pero duele...—.

—Tranquila, es solo una pesadilla ¿No?—.

¿Se estaba burlando de ella?

El brillo dudosos de sus ojos paro en la larga capa del guardián y ella se acerco, sorprendiéndolo un poco. Luego ahogando su odio, forzó una sonrisa.

—Tu capa—.

El guardián descendió un poco para estar frente a ella.

—¿Qué? —.

Mikan elevo sus comisuras más y abrió la boca:

—Tu capa podría cubrirme de la luz solo por unos segundos mientras corro al otro extremo del pasillo, descuida no se quemara yo soy rápida—.

Había sonado tan convincente hasta para ella misma, que se pregunto si realmente alcanzaría llegar al otro lado, era un largo camino alumbrado por la infinita luz de la luna.

Los ojos del guardián se opacaron y enseguida resplandecieron de ira. Mikan se aterro, juro a ver visto un fuego intenso dentro de ellos.

—Hazlo por ti misma.—.

El rostro de Mikan se rompió, y cuando el guardián quiso volver a elevarse Mikan intento tirar de su capa, pero su mano solo traspaso la tela y más allá de lo que la tela ocultaba.

—¿Pero qué...—.

Y para aterrarla aun más, la traspiro, logrando que el cuerpo de Mikan retrocediera y se balancero hacia los lados hasta sostenerse de la pared. Todos sus músculos vibraron cuando el cuerpo del guardián paso como si nada a través del de ella. Sus músculos se contrajeron y un feroz escalofrió la zambullo. Era una experiencia que jamás olvidaría. Una pesadilla.

—No te molestes en intentarlo, nadie puede tocarme.—.

Cuando Mikan se giro sobre sus talones para encararlo boquiabierta, se sorprendió. Él ya había desaparecido. Mikan quedo estupefacta y sin pensamientos. Su boca estaba a punto de caer de su mandíbula. Se sostuvo de la pared mientras volteaba y buscaba al guardián, pero él ya no estaba.

Cerro la boca y apretó su mandíbula, un rugido feroz la puso devuelta. Mikan reviso por última vez los lados y se dijo:

—Esto es una pesadilla, una pesadilla, solo una pesadilla y el dolor desaparecerá por que no es real—.

Miro fijamente la luz de la luna achicharrar la madera del suelo y tomo aire para sostener las fuerzas que reunía en su cuerpo, se mordió el labio antes de salir disparada al pasillo iluminado. Apretó sus ojos soportando el ardiente calor que quemaba su piel al descubierto y ahogo los gritos atreves de la mordedura de su labio. Eran solo unos segundos y Mikan se sentía en el infierno, en lo más profundo del infierno. Se imagino impregnada de llamas y su piel de carbón como aquellas creaturas. Abrió los ojos y miro a tan solo unos metros la sombras negras donde no pegaba la luz de la luna. Se lanzo al suelo, y su cabeza se oculto en su estomago mientras que su cuerpo rodaba en una maromera sobre la madera quemada y llegaba a la oscuridad.

Mikan grito de dolor cuando su nuca y espalda golpearon en seco la madera y sus piernas se extendieron obre él. Ahogo un largo gemido y termino por retiro todo la melena rubia que se había extendido por la madera quemada que había dejado atrás y elevo su espalda, aun adolorida para sentarse.

El fuego en su piel estaba cediendo aunque no de la manera rápida como Mikan quería. Se reviso cada parte y elevo la bardilla de su blusa negra para revisar su estomago y su pecho. Ambas partes estaban impecables, no habían sido quemadas por la luz. Seguro había sido de la misma manera con la piel que ocultaban sus jeans. Incluyendo los tenis. Bendito Dios. Sin embargo estaba el rostro, el cuello y los brazos, suficientes para hacerla llorar. Deslizo la blusa ocultando la piel limpia e intento levantase del suelo. Pero Cristo Santo, el dolor era insoportable.

Si tan solo el mendigo guardián le hubiese prestado la capa. Pero claro, no podía tocarlo.

Las yemas enrojecidas de las manos de Mikan se apoyaron contra la pared y ella agarro una bocanada de aire para luego suspirar. Recargo toda su espalda y se deslizo en ella hasta llegar al siguiente pasillo.

—Una pesadilla, solo una pesadilla— Se mordió el labio, rezando en susurros que a la vuelta de la esquina no se encontraran aquellos niños de carbón y ojos de fuego. O alguna otra creatura espeluznante y nauseabunda.

Sudor, recorrían todo su cuerpo como lluvia. Estaba nerviosa y cerró los ojos cuando quedaba poco para mostrar una terrible y más profunda oscuridad. Pero no. Cuando entre abrió su ojo izquierdo, sus músculos se relajaron y soltó un profundo y aliviado suspiro en el área frente a ella.

—Estas ahí— Como si fuese una persona normal, contemplo esperanzada el rayo de luz alumbrando una puerta a metros de ella. — Gracias al cielo, estas de vuelta.

Soltó una sonrisa que rápido se mezclo con el dolor. Y comenzó a deslizarse hasta llegar a ella. Cuando su mano se enredo en la manecilla, Mikan la giro con duda recordando las palabras del guardián. Cuando la puerta chillo con un pequeño movimiento, el rayo de luz toco la piel de su mano y se mezclo en ella, algo que provoco un sobresalto en Mikan. Soltó la manecilla y miro su mano muy luminosa, brillaba como un rayo de sol dorado. Era hermoso.

La luz desapareció , apagando la belleza en la mano de Mikan, dejándola completamente atónita. Lo sorprendente es que el dolor de aquella mano había cesado.

Es allí, entra ya. Una corriente de escalofríos paso por toda su columna vertebral . La chica no se intento atrapar más en ello y reviso sus alrededores antes de entrar a la habitación. Era un cuarto de servicio, donde los conserjes guardaban todo tipo de material de limpieza. Mikan termino de cerrar la habitación y pudo ver, apenas visibles candados que se extendían sobre toda la puerta. Los cerro todos.

Se volteo completamente y suspiro aliviada de por fin llegar. Sin embargo, estaba ese miedo presente y una pregunta que la venia atormentando. Habían pasado horas desde que Mikan despertó en la calle. O más bien, desde que inicio su sueño. ¿Por qué aun no despertaba? Mikan creía que por estar a salvo todo desaparecería y ella abriría los ojos. Tal vez despertaría en el barco en el que naufrago alado de sus compañeros. Si, posiblemente todo esto haya sido un producto de su imaginación por la acumulación de la ansiedad por llegar a la isla.

Volvió a suspirar mientras se deslizaba por toda la pared hasta caer sentada al suelo. Se abrazo a sus rodillas con la seguridad en sus pensamientos que pronto despertaría. Se acurrullo y en la esquina de un estante de herramientas y se acuno al tarado de una canción. Lo que ella siempre hacia cuando los sonidos de su alrededor— gritos estruendosos, suplicas, rugidos monstruosos y llantos— eran realmente arrancadores de la tranquilidad.

Siguió tarareando y acunando su cuerpo hasta que sus ojos se sintieron tan cansados para revisar de que nada se moviera en su habitación y se fueron cerrando poco a poco como dos cortinas de material pesado. Y dejo de saber del mundo.


¿Qué tal el capitulo? :¨) Espero de verdad que les guste, que aun quieran leer mas de esta historia que hace tiempo deje de seguir :C