ATENCION: LOS PERSONAJES DE GAKUEN ALICE NO ME PERTENECEN, LE PERTENECEN A LA HERMOSA CREADORA
004- Ciudad celestial
Un golpe en seco sacudió su cuerpo y la hizo abrir sus ojos de golpe. Su respiración se agito mientras pasaba del martillo que había caído desde una caja del estante de herramientas a todo su alrededor. Sus ojos pasaron de ser somnolientos a ser de sorpresa. Los orificios de su delgada nariz se abrían y se cerraban como gesto. Se lHiroto muy deprisa que termino por tropezar en el estante de herramientas. Se aferro a los tubos gruesos y oxidados, completamente bañados de una gruesa capa de polvo.
Mareada, y con todo el peso de su cuerpo se tambaleo en la habitación hasta llegar a la puerta. La abrió apresuradamente y salió. Observo, como si fuese lo peor del mundo, el pasillo que se extendía a su mano izquierda y derecha. Boquiabierta y con las manos en su boca por el asombro camino, sus pies eran como gelatina. Sus pupilas se fueron dilatando mientras giraba hacia la izquierda del pasillo.
Mikan paro. Y observo aturdida.
Las imágenes de la luz de la luna atravesando las ventanas del pasillo, llegaron a su mente, cargando toda clase de escalofríos que sacudían su cuerpo. El recuerdo se fue y solo quedo frente a ella un aluminoso pasillo de piso de madera y paredes del mismo material, con grandes ventanas cristalinas en las que entraba la luz solar.
—No puede ser—Exhalo corriendo hacia ellas, sus brazos se movieron y golpearon el cristal, las yemas de sus dedos dejaron una leve marca mientras ella los deslizaba, como si no pudiera creer lo que mirara. Y miro atreves de ellas. — Maldición, esto no es..—.
Su mandíbula tembló.
Contemplo incrédula y empalidecida los grandes edificios que se plantaron frente a su panorama, el cielo azul y despejado de toda inmundicia grisácea. Sus manos saltaron del cristal y apretaron su estomago. Mikan negó reiteradamente y con rotundos pasmo salió corriendo del pasillo. Bajo las escaleras, casi volando, tropezando seguidamente con el movimiento de sus torpes pies y girando en cada esquina de los pasillos, buscando por el amor de Cristo una bendita salida a la intemperie.
Se sofoco, pero una vez que termino de bajar los últimos escalones que daban a la enorme puerta cerrada, por la que anoche ella había entrado, y salió por ella.
Una extraña pero refrescante brisa cubrió su cuerpo y sus cabellos bailaron en el cielo. Mikan no titubeo más y se implanto frente a la primera calle que vio, corrió y corrió hasta perderse en los edificios . No eran como los que ella había visto en la noche, estos edificios eran más hermosos ,implacables y parecían recién a ver sido construidos por una buena mano arquitectónica.
—Esto no puede ser. Debe ser una broma—.
Petrificada y con el corazón trabajando a una velocidad inigualable, Mikan sintió sus mejillas demasiadas húmedas y cayó en la cuenta de que había estado llorando. Dio vuelta a un callejón, dejando de lado toda la modernidad expuesta y se perdió en el, como en un laberinto.
Removió unos mechones de su rostro acomodándolos detrás de su oídos y aumento la velocidad.
Mientras se susurraba a si misma de que esto era una broma, una mentira, que seguía siendo su pesadilla de la cual aun no lograba despertar, llegaron los rostros de sus compañeros. La culpa golpeo a la puerta de su corazón y lo fulmino con todo el odio y rencor. Mikan se mordió los labios y frunció el entrecejo, ignorando un pequeño pero importante detalle. Aquella sutil voz que le había pedido parar hace cinco segundos. Mikan creyó que había sido producto de su conciencia : estaba tan metida en sus pensamientos que hacía caso omiso a cualquier cosa que se le presentara frente a ella, incluyendo la sombra de una persona varón.
Una fuerte presión. El estomago de Mikan se apachurro con estruendo que le saco el aire y casi algo más. De un segundo a otro, se vio volando, retrocediendo los pasos que había marcado en la arena del callejón. Ahogo un grito en la garganta, y sus uñas se encajaron en un fuerte brazo que enrollaba su cintura y estomago.
Mikan lo golpeo con un codazo en el rostro, instintivamente sintiéndose amenazada, y el chico la soltó, adolorido.
—¿En verdad tenias que hacer eso? — Se quejo, sobando una y otra vez la mejilla que acababa de ser golpeada.
Mikan no reconoció la voz, no reconoció esos hermoso ojos turquesa y menos su oscuro cabello negro alborotado y largo, y esos labios carnosos. Nunca en su vida había visto a ese chico. Él abandono la piel de su mejilla izquierda, mostrando un enrojecimiento vivo de dolor y la evaluó con la relajación de su mirada, de pies a cabeza.
—¿No eres de por aquí o sí? —Pregunto sonriente de la ironía, un hoyuelo apareció en su mejilla izquierda.
Mikan agarro una bocanada de aire antes de incorporarse y hallarse con que su voz se había ido. La había abandonado en el momento más inoportuno. Entonces, negó con la cabeza, como una niña de cinco años con puchero en sus labios.
—Valla, no pensé que la gente del otro mundo fuera tan tonta en revivir su interés en la ciudad maldita después de la desaparición de todos los campistas—.
Mikan frunció el ceño.
—¿Quién eres tú? —.
La vio con un aire pacifico y debía admitir que ese aire le quedaba demasiado bien. Él chico frente a ella sí que era guapo. De hecho y si se ponía a pensar un poco más, él chico le era raramente familiar.
—Hiro Bhoully, mucho gusto principiante— Sin pedir permiso, agarro delicadamente la mano de Mikan y la extendió frente a él, se inclino y la beso. Las mejillas de Mikan en respuesta se sonrojaron, su piel ardió sobre sus huesos y lo miro en blanco. —¿Cuál es tu nombre? — Su sonrisa se alargo, dejando a la vista su bella hilera de dientes blancos y bien acomodados. Mikan aposto a que él había usado frenos.
—Mikan Yukihira— dudo por un momento, algo venia a su mente, se acercaba con lentitud y la encloquecía— Espera...¿Dijiste, Bhoully?
Él asintió, entonces la boca de Mikan formo un circulo.
—Oh-por-Dios— se tapo la boca retrocediendo— Saliste en las noticias—dijo— Eres uno de los mitólogos del AUDB que desaparecieron en mayo, hace siete años—.
Él chico pareció contraído, no sabía si sorprenderse o ponerse serio.
—Me conoces—.
—Saliste en las noticias, tu y todos los demás campistas. La gente creyó que el gobierno tuvo que ver con su desapareció. ¡Por Dios! Los creían muertos y todo este tiempo en London han hecho una huelga —.
Él también había quedado boquiabierto y sin palabras.
—¿H-huelga? —.
—Sí, sus familias los estaban pidiendo de vuelta ¡Dios! Han hecho una revolución en contra del gobierno—.
—¿Familia? — Su hilo de voz tembló, dudoso y confundido. — ¿Conoces a mi familia? —.
Mikan negó—Nunca los eh visto en noticias, yo vivo en Sindi.
Él asintió, comprensivo pero decepcionado
—¿Cómo llegaste aquí? Quiero decir, ¿tú y los demás como llegaron aquí?—.
—Aquí vinimos a campar, : solo que mentimos porque era un lugar restringido. Necesitábamos fotografías los restos de la ciudad, era solo una observación. Ahora se porque era un lugar restringido— meneo la cabeza, aplanando sus labios enojado.
Mikan se quedo dudosa, y él pregunto:
—¿Qué me dices de ti, cuando llegaste aquí?—.
Mikan dudo—Creo que ayer...—.
—¿Cómo sucedió?—.
Ella se aclaro la garganta
—Un reto o algo así— se avergonzó de lo dicho y comenzó a reírse cuando vio sus ojos— Dios, no lo puedo creer—.
—¿Qué sucede?—.
—Esto debe ser una broma. — extendió sus brazos y los dejo caer a los lados, como jarra— La ciudad, la maldición, tu encuentro. D-i-os- todo esto—.
Él asintió, comprendiendo de lo que trataba. Hiro también había pasado por lo mismo que ella, la entendida. Y no solo él, muchos más. Entonces agrego una historia.
—A pesar de que me decían que esto era real, yo seguía pensando que era una pesadilla y todos ellos parte de ella, al principio. Pero con el pasar de las noches, corriendo y ocultándome de los monstruos y con el rencuentro de los cadáveres de mis amigos, me fui dando cuenta de que esto era real. — Mikan estaba a punto de decir algo, pero se cayó, en cambio apretó sus labios, nerviosa. — ¿Te sabes su historia?. El verdadero nombre de esta ciudad es, La ciudad celestial: era toda una mitología especial e interesante. Aquí fue donde habito los primeros y únicos ángeles celestiales para cumplir su designio, y mezclar su sangre con los mortales de la ciudad, salvando sus almas de las manos del infierno. Era una ciudad bendecida por la mano del TodoPoderoso y envidiada por los castigados, llamados ángeles caídos. Sin embargo, con el paso de los siglos, llego una profecía desde el cielo: la profecía hablaba sobre un sacrilegio hecho de la mescla de sangre entre un mitad ángel y un mitad demonio, desatando el infierno en la ciudad, siendo abominación para los ángeles y el TodoPoderoso, mientras esta era consumida por una terrible maldición. —él soltó una descarada risilla— ¿Sabes? No tengo ni la menor idea de porque el escritor lo llamo La Ciudad de las pesadillas, debería a ver sido La Ciudad de la maldición, porque todo mortal que llegue a esta ciudad, es consumido por ella. Es participe de la desgracia de esta ciudad. — Se giro hacia la chica que estaba en shock, lo que él le había contado no venía en el libro que ella había leído más de veinte veces. Era sorprendente. Hiro sonrió, débilmente y con una chispa de tristeza, dijo— El aura que brilla en ti, me es familiar. ¿Has hecho pacto, no es verdad? —No espero a que ella respondiera— Se nota en tus ojos que has hecho pacto.
Hizo una pausa grave que volcó ligeramente el corazón de la chica.
—¿Cómo sabes?—.
No le iba a creer. Y él sabía eso.
— Porque, brilla más de lo normal, es un color sobrenatural, como si tuvieras más de un kilo de brillantina ahí dentro. Así le brillaban a uno de mis ex compañeros, cuando hizo pacto con uno de eso guardianes. No duro ni la semana con vida—.
Alga ahogo un grito. Él la sintió tensa.
— Debería decirte, la razón por la que no se recomienda hacer pacto con ellos...—.
—¿Y cuál es esa razón?—.
— Que los culpables de que esta ciudad fuera consumida , son los conocidos guardianes—.
Mikan quedo boquiabierta.
—Te hace en gran manera, ser deseada de la mayor parte de las criaturas y abominada de los humanos que habitan esta ciudad, nadie quiere que ellos sean liberados de su castigo—.
Las rodillas de hMikan temblara. Él chico hablaba como si fuera todo un experto en estas cosas, pero su tilde era de odio y rencor.
—Tranquila , yo no te odio a ti, los odio a ellos—.
Cayo, no dijo nada y cuando lo vio acercarse a ella, retrocedió dos pasos, asustada.
—Mikan ¿Quieres venir a un lugar seguro?—
—¿Y debería confiar en ti después de lo que has dicho' ¿Cómo se que no quieres llegarme a un lugar más oculto y matarme?—.
Él rio.
—Tranquila, recuerda que yo no te odio, además, desde aquí puedo escuchar tus tripas. Morirás de hambre, solo te aseguraría eso si no me acompañas—.
Las mejillas de la chica se sonrojaron, y sus brazos abrazaron su estomago. Miro como Hiros le extendía una mano con una sonrisa amigable en su rostro.
—Bien— Pero no correspondió el agarre.
Hiros la guio por un sendero desconocido. Sin embargo, hermoso y deslumbrante, sitios nuevos para Mikan. Era como tomar un paseado turístico, y le estaba gustando. Pasaban de cuadra en cuadra, calle a calle, aéreas completamente diferentes de viviendas y plazas, hasta pasaron por el centro de la ciudad, y parques tupidos de naturaleza y juegos para niños. En verdad, y Mikan lo acepto, esta era una hermosa ciudad por el día, y solo por el día. Lo que para Mikan resultaba completamente confuso.
—¿Por qué...—.
—¿Por qué es todo tan hermoso de día y de noche horroroso?—.
—¿Si?—.
—Por la maldición, en absoluto—.
Mikan se mordió el labio. Había algo que la inquietaba en su vientre y llego como un piedrazo los temibles ojos del guardia.
—Anoche mire a unos niños horribles. Tenía el cuerpo como carbonizado, lava, no sé cómo decirlo. ¿Ellos también están malditos?—.
—Hay tanto niños, como adolecentes jóvenes adultos y ancianos, hasta animales que fueron consumidos por la maldición: todos carnívoros—.
—¿C-carnívoros? — su tilde bacilo. Y él asintió.
—Hay algo peor que ser comidos por ellos—.
—Oh no me digas—.
—Te lo aseguro. — Hiros se dio cuenta también. Juzgando por el tilde tan despreocupante y el andar ya relajado de Mikan, sabía que no creía que todo esto fuera real. Apretó su mandíbula y soltó— Espectros, demonios , monstruos, quimeras, hadas, espíritus , fantasmas y de lo que todo humano desea no ver, el gran Incabu—.
Mikan chasqueo la lengua, y pregunto—¿Incabu y hadas?—.
Él hizo un ademan con la cabeza antes de responder.
—No te creas, Mikan, las hadas no son tan bonitas como lo cuentan los libros de niños. Estas hadas están malditas y roban tus peores pesadillas para convertirse en ellas y atormentarte. Y el Incabu, una creatura antropomórfica y el protector de la maldición, con cadenas en sus muñecas, cuello y pies, se multiplica dependiendo de las almas consumidas en la noche, nunca lo eh visto pero sus rugidos es como si estuviéramos escuchando los gritos de todos los muertos. Dicen que mientras más se alimenta de las almas que llegan a esta ciudad, más termina el día para nosotros. ¿Sabes lo que significa?—.
Mikan atónita con la cabeza.
—Qué si eso sucede, morimos—.
Nananana! Quiero agradecer a todos por su total apoyo!
