.
Hey, Elliot aquí de nuevo. Me alegro de ver que a pesar de todo el tiempo que ha pasado el fic sigue teniendo sus seguidores.
Gracias a los que comentáis, como siempre :)
Que disfruten con este último cap.
.
.
Depués de recordar quiero salir a correr, moverme más rápido que el tiempo, eso es lo que necesito y si lo consigo todo irá bien.
Así que empiezo suave, probando, calentando motores y voy acelerando hasta que paso como una exhalación por entre los árboles del bosque.
Me siento viva con la sensación de velocidad, de peligro: Un paso en falso y acabarás con el cuello roto o gravemente lesionada.
Oidos atentos por si algún monstruo decide salir de su madriguera para tomarse el almuerzo, vista fija en el camino que se extiende ante mí, manos preparadas para apoyarme en ellas si hay algún imprevisto, control sobre la respiración para evitar el flato o la asfixia, pisadas firmes aunque flexibles para poder cambiar rápido los pies de sitio si resbalo. Es todo un trabajo de coordinación y pocos podrían hacerlo tan bien como yo.
Hasta mi olfato trabaja, puedo detectar cuando me acerco al arroyo, cuando estoy acercándome al acantilado, cuando voy a entrar en una zona de barro, cuando estoy demasiado cerca de la barrera del árbol de Thalía sin mirar a mi alrededor.
El sudor me cubre la frente y el viento hace que parezca frío. Noto las pulsaciones en el cuello, el pecho, las piernas...etc. Algunas ramas me arañan los brazos, más de una vez las zarzas se enganchan en mi ropa y noto un tirón que me indica que estoy rompiendo algunas costuras. Me da igual, nací para esto.
Nadie me sigue, nadie puede hacerlo. Estoy sola.
Y así estoy bien... porque soy libre.
Me dirijo hacia el acantilado cuando empiezo a sentir que la fatiga es demasiada para seguir con esta velocidad. Hoy quiero un final de carrera apoteósico y ya sé cual va a ser.
Alcanzo las rocas negras que me indican qu estoy prácticamente al borde, aún más riesgo, estas piedras pueden desprenderse en cualquier momento. Sonrío para mi y aguzo el oído, no hay grandes olas, puedo hacerlo.
Salto del borde del acantilado a una roca más baja, me crujen las rodillas y grito de dolor pero continúo. Otro salto y finalmente estoy suspendida sobre el mar, no hay más tierra entre nosotros.
Apenas hay espuma de las olas esperándome sobre esa superficie azul oscuro. Rodeo con mis brazos las rodillas, aprovecho la altura para dar una voltereta antes de llegar al agua y tengo tiempo para atisvar un pedacito de cielo azul. Grito en el aire de pura adrenalina, toda yo una bomba a punto de romper con lo que me rodea. Apartense, llega Clarisse, puede ser peligroso.
Vuelvo a estirarme a unos dos metros de altura y me cuadro para que la entrada no sea dolorosa. El agua me engulle y la rabia se aleja de mi en todas direcciones en forma de salpicaduras de agua. Me mareo un poco mientras sigo hundiendome con mi pesada ropa mojada. ¡Jo-der! El agua está helada... pero por otra parte es justo lo que necesito.
Pataleo con tanta energía para salir a la superficie que una de mis deportivas se me escapa. Me lleno los pulmones de aire limpio, me aparto algunos mechones rebeldes de pelo de la cara y nado hasta la playa lo más rápido que puedo para evitar que una ola más fuerte de la cuenta me estampe contra las rocas.
Salgo medio a la carrera del agua y oigo unos aplausos. Me giro un poco tensa, si es Quiron me coceará el culo por esto, pero es Beckendorf así que me río y hago a una reverencia.
-Clarisse en estado puro-. Se ríe y sacude la cabeza.
Silena, a su lado, me lanza una mirada de reprobación divertida a pesar de tener los ojos entrecerrados porque el sol le apunta directamente a la cara.
-¿Un día duro?-. Pregunta.
-¿Esto?-. Señalo con un pulgar el acantilado que está a mis espaldas y niego quitándole importancia- Nah, sólo un pequeño ejercicio de relajación-. Le vacilo burlona.
Empezamos a llevarnos mejor así que nos burlamos mutuamente de buen rollo.
Su sonrisa se hace aún más ancha:
-En realidad me refería a la zapatilla perdida-. Contesta burlesca y el pecho de Beckendorf se ajita por las carcajadas.
Lanzo una mirada consternada a mi clacetín blanco, que resalta vivamente al lado de la deportiva negra.
Echo la cabeza hacia atrás y hacia un lado para poder mirarla desde una pose aún más chulesca:
-Daños colaterales-. Intento salvar la situación – Efectos secundarios de hacer lo que hago yo, no se puede llegar a ser el mejor sin provar unas cuantas cosas antes- Creo recordar que era la frase de un anuncio pero me queda genial cuando lo acompaño de un par de gestos de rapero que le he visto hacer a Beckendorf.
Ella niega con la cabeza, resignada, pero su novio asiente con la cabeza y levanta los pulgares a su espalda, sigue riéndose. Ella se da cuenta del gesto y le pega de broma una colleja. Vuelven a sus moñerías y yo me voy a cambiarme.
Por el camino tiro a un hijo de Apolo al suelo por burlarse de mi aspecto pero finalmente entro en la cabaña de Ares. Ninguno de mis hermanos protesta porque entre soltando agua y sin un clacetín, supongo que esto no habla muy bien de nuestro orden, pero lo primero es lo primero:
-¿Has ganado?-. Una ceja levantada ante mi aspecto.
-He saltado desde el acantilado con voltereta incluida para terminar mi calentamiento-. Comento como de pasada con una sonrisa.
Mi hermano asiente orgulloso y vuelve a sus cosas.
.
.
.
.
.
