Esto se acaba chicos, no podía ser de otra manera. Muchas gracias por el apoyo de los comentarios, los favoritos y las lecturas. Ha sido muy divertido compartir esto con ustedes y espero que lo hayan disfrutado.
Nos vemos, o más bien nos leemos, (o eso espero) en otras historias.
Canción final: "A que no me dejas" de Alenjandro Sanz (Si pueden ver el anuncio de cine español de la 1, mejor que mejor. A mí me toca la patata XDD)
Percy's POV
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Lo cierto es que por la noche aprovecho que han dejado una ventana abierta para que entre la brisa y la observo dormir sentado en el alféizar junto a un par de tiestos de plantas aromáticas que al director le gusta cuidar.
No es que eso vaya a ayudarla mucho pero al menos a mi me tranquiliza.
Cuando llevo un rato observándola sus labios se mueven:
-¿Qué haces ahí plantado, Prissy?- No levanta los párpados- ¿Alguien se ha olvidado de regarte?- Se ríe por su juego de palabras.
Es un sonido casi sordo y carente de movimiento que me indica que no se encuentra bien.
Me deslizo dentro lanzando un vistazo al campamento antes, todo sigue dormido, no tengo que preocuparme de eso por ahora.
-O a lo mejor habías echado raíces- Continúa con el juego y me recuerda un poco a los borrachos.
Abre los ojos.
-¿Por qué no has bebido néctar para recuperarte?- Pregunto preocupado.
Me ignora y sigue con su cháchara:
-O tal vez hayas venido para terminar de joderme la vida- No se está riendo ahora.
Esas palabras son como los gruñidos de los perros antes de lanzarse a morder.
No me rindo:
-¿Por qué no duermes en el sofá-cama de abajo en vez de ahí?- Es lo que se suele hacer cuando se está herido.
Se incorpora sin apoyarse y me agarra de la camiseta con su brazo ileso. Puedo ver en sus ojos, iluminados por la luna creciente, rabia. Su pecho se agita debido a las respiraciones fuertes que le provoca el dolor de moverse.
-Me he quedado aquí para darles la oportunidad a mis hermanos de apuñalarme mientras duermo- Susurra muy despacio con la voz cargada de odio- Y no he tomado néctar para recordarme lo que le pasa a los débiles-
Me suelta para volver a echarse en el sofá. Retrocedo un par de pasos:
-Yo no te he obligado a salvarme- Me permito recordarle a pesar de lo desagradecido que debe sonar- Igual que no fui yo quien empezó la pelea con tu padre ¿Debería no haberme defendido?- Mi propia voz me sale fría, como ajena.
-Deberías estar muerto- Replica como si fuera lo más obvio del mundo.
Es como si me hubieran dado un golpe en el pecho con un mazo. No puedo quedarme aquí.
Voy hasta la ventana y pongo un pie en el poyo para alzarme.
-Quédate- Ordena.
-No, gracias- Estoy de cuclillas en el alféizar pero me giro para mirarla y entonces lo sé- Me iré mañana por la mañana para no molestarte más- Le doy la espalda.
-Si te vas gritaré y te cogerán las arpías- Me amenaza a la desesperada.
Si eso pudiera importarme ahora...
Tal vez sería mejor que eso pudiera importarme. Significaría que no me marcho porque le este "jodiendo" la vida a la chica que quiero.
Aún de espaldas a la ventana le contesto:
-Quien sabe, quizás tengas suerte y me mate algún monstruo de camino a casa- Intento bromear pero se me quiebra la voz al final de la frase.
Cierro los ojos para no llorar y empiezo a andar algo tambaleante hacia mi cabaña. Las manos en los bolsillos, la cabeza baja.
Oigo ruido y después un ahogado:
-Por favor...- Es una mezcla de ruego y llamada autoritaria.
Miro por encima de mi hombro.
Se ha levantado y está apoyada con una mano en el poyo de la ventana, respiración alterada y ojos clavados en mí con urgencia.
A la luz de la luna me parece más hermosa que nunca, probablemente tenga algo que ver con saber que no la volveré a ver.
Sin embargo me giro y sigo andando porque no soy capaz de soportarlo. Si no os ha dicho nunca que "deberíais estar muertos" alguien a quien queráis no entenderéis el envenenamiento del alma que se sufre.
-Adieu, Clarisse- Su nombre, que en tantas ocasiones he pronunciado deleitándome con lo que me evocaba, me sabe amargo.
Más ruidos, un quejido, pasos y la respiración suena más cerca. Me coge del brazo y tira.
Quedamos cara a cara:
-No... no quería decirte eso- Explica ahogada.
Bufo y me zafo de su agarre:
-Tal vez no quisieras decirlo con esas palabras pero es lo que pensabas desde el principio- Estoy desesperado.
Y en ese estado se cometen grandes estupideces. Lo digo por experiencia, porque en ese estado poso una mano en su nuca, con la otra aparto el pelo que se ha fugado de su felpa al dormir, me pongo de puntillas, ladeo la cabeza y pego mis labios a los suyos.
Sus labios, al contacto de los míos, se separan un poco sorprendidos. Suelta el aire. Aprovecho para besar, en lo que a mí me parece una eternidad, su labio superior. Con cariño, ternura... beso de enamorado, a fin de cuentas, que es lo que soy.
Si hicieran una película sobre este beso tendrían que hacer que todo el paisaje girara, desde las constelaciones hasta el césped, y que Clarisse y yo permanecieramos en el centro de todo... quietos como si no percibieramos nada.
Si esto fuera una película no me separaría de ella como hago.
Abre los ojos y sin atreverse a mirar a los míos pregunta confusa:
-¿Qué...?- Se atranca y frunce el ceño.
-Yo te quiero- Vocalizo todo lo claramente que puedo- ¿Te cabe a ti un sentimiento tan grande entre las dos partes metálicas de tu coraza?- Hago una pregunta retórica dolido.
Traba la mirada con la mía:
-Ahora no la llevo puesta- Susurra con simpleza.
Es bastante obvio que no lo hace. Lleva un pijama gastado compuesto por una camiseta de manga corta gastada y unos pantalones finos y largos.
Me llevo la manos a la cara y de ahí las paso al pelo:
-Ah, no entiendes nada- Me desespero.
-Eres tú el que no ha entendido mi metáfora- Dice seria y bastante incómoda.
Wow, espera. Abro los ojos mucho. En cierto modo sé que tiene razón porque no se está comportando de un modo irónico y chulesco, ha salido, me por favor que me quedara...
El problema es que no sé cuanto abarca su metáfora, si se refiere a que entiende que la quiera o a que me quier...
-Oh- Protesta ella ahora- Por esto prefiero el lenguaje explícito-
Me rodea con un brazo y me besa con la misma dulzura que he usado yo.
Me sujeto a ella y sin querer pongo la mano en su hombro herido. Suelta un quejido. Me apresuro a pedirle perdón y ella aprovecha para decirme:
-Una condición: No lo hagamos público- Pide- Tengo una reputación que mantener- Sonríe.
-Hecho- Concedo encantado con el giro de los acontecimientos- Oye... ¿Te he dicho ya que eres mi heroína favorita?-
Nos reímos juntos con sonidos ahogados para evitar que las arpías nos escuchen.
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THE END
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Suya, Elliot.
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