Capítulo 2.
Una extraña mezcla de admiración y precaución se instaló en el cerebro de Terry Grandchester, cuando vio a su actor favorito dirigirse hacia él. Ralph Schneider caminó como un gran gato sigiloso, a pesar de que todo el salón tenía puestos sus ojos en él.
- Terruce Graham, un honor conocerte. Soy Ralph Schneider, un gran admirador de su trabajo. - dijo el hombre de apariencia misteriosa.
- El honor es mío, señor Schneider, soy un gran admirador por igual de su trayectoria. - replicó el caballero de ojos azules a su colega austriaco mientras le tendía la mano.
- Por favor Terruce, somos colegas dejemos las formalidades a un lado, simplemente soy Ralph.
Asintiendo levemente, Terruce examinó al hombre que tenía frente a él. De aproximadamente 40 años, cabello rubio, ojos café, complexión atlética, vestido con un traje de tres piezas, y un bastón con puño de plata, era el epítome de la elegancia europea. Era su mirada intensa, y esa sonrisa de medio lado, que hicieron que Terry sintiera precaución en un inicio, pero ahora esos rasgos se habían suavizado.
Luego de intercambiar unas cuantas palabras más, Ralph continúo saludando a los presentes a través del salón, mientras Terry era abordado por actores y actrices de otras compañías. Luego de este intercambio se procedió a definir las actividades a realizar durante el festival, las cuales eran más de las que se les habían mencionado antes de viajar a Austria. Esto no complació a Grandchester, pero ya había firmado un contrato, y era hombre de palabra.
Al finalizar el inventario de actividades en las que era obligatoria su participación, dos actividades llamaron principalmente su atención. La primera una presentación de trozos de obras de teatro clásico en las que las compañías mezclaban a sus actores y en la que su participación era junto a Schneider, lo que significaba que debía ensayar junto al actor austriaco, al menos pensó podría aprender de las técnicas de su colega. La segunda una presentación ante la prensa en la que se le solicitaba dar un breve discurso sobre los aportes del festival a la paz entre los países de Europa como representante de Inglaterra, esto le desagrado. El político era su padre, no él.
Consultó su reloj de bolsillo, y se dio cuenta que ya habían pasado 4 horas desde que salió del hotel, su esposa debería haber hecho muchas cosas en su ausencia. Sonrió al pensar en las opciones: a) Candy ya había salido a recorrer la ciudad y había comido todo el chocolate que hubiera podido encontrar, b) estaba aburrida en el hotel (poco probable pensó, pero no descartable), c) aparecería en ese salón dejando a todo mundo perplejo por su algarabía y belleza. Media hora después aún continuaba en el mismo lugar y decidió que tenía suficiente, por lo que sigilosamente comenzó a retroceder en el salón, para escapar a la menor oportunidad.
Había logrado salir del salón, cuando la figura de Schneider se encontraba a su lado, sin saber como lo había detectado. Siendo el actor que era, Terry pudo contener su sorpresa de ver al otro hombre parado a su lado.
- Mi querido Terruce, te retiras ya?, dijo sonriendo Ralph.
- Si, ha sido un largo viaje y no he podido desempacar.
- Entonces no retraso más tu camino, pero permíteme invitarte a ti y a tu acompañante a una cena que daré para algunos amigos en mi hogar. Será el día de mañana así que puedes descansar esta noche.
- Tendré que consultarlo con mi esposa, pero no creo tener ningún inconveniente. – contestó el inglés mientras acentuaba la palabra esposa.
- Bueno, en ese caso será un placer conocer a la señora Graham, y presentarte a mi esposa.
- Será un gusto Ralph, ahora me retiro.
Terry tomó el coche que lo llevó al salón, con la sensación de que la extravagancia de Ralph Schneider era lo que le había ganado un lugar privilegiado en el teatro y el cine, pero a la vez no podía quitarse aquella molesta sensación que había algo más detrás de su anfitrión.
Cuando llegó al lugar donde se estaba hospedando esperaba no encontrar a su esposa, o encontrarla dormida luego del largo viaje. Lo que menos espero fue encontrarla en el jardín rodeada de niños y algunas madres y niñeras a quienes les explicaba como hacer un nudo para un lazo, y luego como tirarlo para atrapar a alguien. Simplemente algunas cosas nunca cambiarían.
No se movió de su lugar para continuar viendo a su pecosa, que explicaba pacientemente a un niño de unos 6 años como hacer correctamente el lazo. Luego de un momento, mientras el chiquillo reía a carcajadas por las payasadas de su esposa, esta volvió su visto a la esquina desde donde él la observaba.
- Terry…
- Señora Graham, creo que aprovechó su tiempo de descanso.
Antes de que la rubia pudiera decir algo, Terry se dirigió a las damas presentes, mientras conducía a su enrojecida esposa, para disculparse que debía retirarse a descansar. Suaves risas se escucharon detrás de ellos al ver a la joven avergonzada y al guapo caballero tratando inútilmente de esconder su risa. Terry tomó a Candice del brazo mientras se dirigía a su habitación, tratando de contener su risa, ante la mirada mortificada de su esposa. Al entrar a la habitación, ya no pudo contenerse.
- Señora Graham que pensaría la respetable tía abuela si la viese enseñando a lazar a un grupo de respetables matronas.
- Terry, solo estaba entreteniendo a los niños.
- Hubiera querido que vieses tu cara cuando te diste cuenta de que había llegado al jardín; veo que no puedo dejarte mucho tiempo sola, para que no hagas travesuras.
- Terry, no te burles…
- Así que pecosa, cuéntame que hiciste en mi ausencia.
- Solo me dedique a desempacar, y cuando baje porque pensaba ir a conocer la ciudad, estaba este pequeño niño intentando tirar un lazo, mientras su niñera no le ponía atención, así que pensé solo enseñarle una pequeña lazada, pero luego vinieron otros, y luego sus madres y cuando me di cuenta, olvide que iba a salir.
- Es decir que la mona, aunque salga de América, mona se queda, ja ja
- Terry…
La rubia intentó dar un manotazo a su sarcástico marido, pero este último fue más rápido y logró tomar su mano y arrastrarla por la cintura para detenerla con un beso.
- Terry… -. Suspiró la joven.
- Que tal si te cuento mi día y luego descansamos un poco.
Aún embriagada por el beso, Candy se sentó para que Terry le contara sus impresiones sobre el festival y Ralph Schneider. Para Candy no era extraño que Terry tuviese esas emociones con respecto a Schneider, siendo desconfiado por naturaleza y porque es común desilusionarnos de nuestros ídolos cuando comprendemos que también son de carne y hueso como nosotros.
Sin embargo, sabía que la interacción de ese hombre con su esposo no era casualidad; probablemente había dicho Candy era porque deseaba conocer las técnicas de actuación de su esposo, o buscaba sus contactos en Nueva York.
Luego de tomarse un tiempo para descansar se cambiaron para bajar a cenar. Cuando llegaron al Hall, un botones entregó a Terry un sobre, este contenía una inesperada redacción:
Graf Ralph von der Schneider y su distinguida esposa tienen el gusto de invitar a Terruce Graham y su esposa a una cena en la residencia Scneider el día de mañana a las 20 horas.
- Qué sucede Terry?
- Tenemos una invitación a cenar de Ralph Scneider, para el día de mañana.
- Hay algo que te sorprendió, pude verlo en tu mirada.
- Me parece Candy que nuestro anfitrión es un Graf, y guarda más de una sorpresa.
- Qué es un Graf? – preguntó la rubia.
- Un conde austro alemán…
Muchas gracias a Canulita-Pech, skarllet northman, kamanance, Nally Graham, Blanca G, Marina W, Cinthya, Ayame DV, Elizabeth Mancera Moreno. Me alegro se hayan unido a esta pequeña aventura, esperando que disfruten este capítulo.
