Capítulo 3.
El Festival de Salzburgo había abierto sus puertas en 1920 como homenaje a la música de Mozart, había sido acompañado además de los conciertos por representaciones de ópera y teatro. Fue en 1926 cuando el teatro tomó mayor auge y se abrió a compañías europeas como una forma de hermanar a la aún desangrada Europa posterior a la Primera Guerra Mundial.
La Unión de Europa inició en 1923 como una forma de combatir el nacionalismo que había traído tanto dolor al continente. En 1926 el austriaco Conde Coudenhove Kalergi fundó el Movimiento Pan-Europa. En 1926 consiguió reunir en Viena a diversas figuras políticas en el Primer Congreso Paneuropeo para estudiar la posibilidad de unir a Europa como una sola fuerza.
Fue ese verano de 1926 que Terry y Candy compartirían su tiempo como parte de la visita de la Real Shakespeare Company a Salzburgo.
Desde muy temprano en la mañana, podían escucharse a lo lejos músicos interpretando una suave melodía de Mozart como parte de las actividades del Festival, probablemente un ensayo para la tarde o noche. Terry sintió un brazo estrecharse aún más a su torso, y una suave risa que lo hizo mirar a la dama a su lado, su rubia compañera se reía dormida. Pasaban los años, pero su pecosa no dejaba de sorprenderlo y de hacerlo reír.
Se recostó nuevamente en la cama sabiendo que Candy tardaría aún en despertar, sobre todo porque se durmieron muy tarde. Una sonrisa de medio lado cruzó la cara del ojiazul de lo bien que se sintió durante la noche, pero luego recordó sus compromisos del día y fácilmente desapareció la sonrisa; no podría pasar tanto tiempo con su esposa como lo había planeado, sabía que Candy lo comprendería, pero no le parecía justo, el director debió revisar bien el contrato antes de colgarlos de tantas actividades.
Sin que Candy despertase era la hora de atender su agenda, por lo que decidió prepararse y cumplir con sus compromisos, aunque su joven esposa tuviese que pasar el día sola. El día transcurrió sin mayores inconvenientes que algunas actrices que se acercaban en busca de una oportunidad, pero su postura de arrogante inalcanzable funcionaba bien en estos casos, agregando el hecho que sus compañeros de la compañía ya habían advertido a más de una que el actor estaba acompañado por su esposa.
Al regresa al hotel Candy ya se estaba preparando para la cena, vestida con un vestido rojo que acentuaba sus encantos, Terry pensó que tal vez aún podían cancelar su asistencia.
- Con ese vestido Candy, no estoy seguro de querer asistir a esa cena.
- ¿A qué te refieres Terry, no es adecuado?
- Es demasiado adecuado, - Terry tomó a su esposa por la cintura mientras le daba un beso en el cuello, un manotazo lo sacó de su acción.
- Compórtate Terry, nos comprometimos a asistir y lo haremos.
- Como usted diga señora Grandchester. – suspiro el castaño
- Así es como yo digo. - secundó la rubia sacándole la lengua a su esposo.
Con la puntualidad que lo caracterizaba, Terry estuvo listo para conducir a Candy al coche que los esperaba. Nadie habló en el camino, pero ambos sabían que había algo en la atmósfera que la hacía un poco cargada esa noche. Media hora después, la residencia de Ralph Schneider aparecía ante sus ojos.
Grandes puertas de madera labrada se abrieron para dar paso a una escalinata de mármol cubierta por una alfombra roja. Una bandera austriaca, y una bandera alemana flanqueaban la entrada. Aproximadamente 20 personas conversaban en diferentes grupos en el salón principal, mientras las luces de antiguos candelabros y meseros con bandejas con bebidas completaban el cuadro.
Terry sintió la aprensión de Candy, que, aunque acostumbrada a todo ese despliegue de riqueza, no dejaba aún con los años de sentirse preocupada, por lo que apretó suavemente su brazo para darle ánimos, la rubia se tranquilizó ante este gesto.
Al descender la escalinata, todas las miradas estaban puestas en la pareja recién llegada, que descendía con la mirada indiferente del caballero, y la sonrisa dulce de la dama. Inmediatamente su anfitrión acompañado de una pequeña mujer rubia de ojos azules salió a su encuentro.
- Terruce, bienvenido a mi hogar. Permíteme presentarte a mi esposa Helga Schneider.
- Un placer Herr Graham.- dijo la rubia mujer sonriendo al caballero.
- Un gusto madame. Permítame presentarle a mi esposa Candice Graham.
- Es un placer Frau Graham. Veo que el buen gusto de mi colega en sus presentaciones se extiende a su exquisito gusto en las damas. – indicó el austriaco.
- Querido, -intervino la dama austriaca-, no provoques a nuestros invitados.
- Jamás haría eso querida, fue solo un cumplido. Sin rencores Graham…
- Por supuesto, - contestó Terry. - Siempre y cuando no olvides el lugar de la dama, sin rencores.
Luego de este breve intercambio, fueron presentados a los diferentes invitados al evento, lo que le pareció extraño a Terry, fue que, a excepción de otros dos actores con sus esposas, el resto estaban vinculados de una manera u otra a la política y la banca. En algún momento se lo comentó a Candy.
- Tal vez, sea que ellos no han renunciado a sus familias aristócratas como lo hicimos nosotros, no te parece.
- Quizás tengas razón pecosa.
La cena fue anunciada, y el anfitrión dispuso los lugares, siendo que a su lado se encontraba la rubia pecosa esposa de Graham, y junto a su esposa Helga, se encontraba el actor inglés. Del lado derecho de Candy, se encontraba un joven conde alemán, y al lado derecho de Terruce, la esposa del accionista principal del primer banco de Austria.
Las conversaciones giraron en torno a Mozart y el festival, la dama junto a Terry dedicaba su tiempo al estudio de la música clásica mientras su marido se dedicaba a las finanzas. Era una mujer culta que amaba la música, y que pasaba su tiempo practicando diferentes instrumentos musicales y aprendiendo de los músicos que llegaban a Salzburgo para los que incluso celebraba tertulias en su hogar. La señora Schneider trató de participar de la conversación, pero su falta de conocimientos sobre el tema, la hizo abandonar sus esfuerzos por participar. Mientras tanto Candy era abordada por el anfitrión y el joven conde sobre sus impresiones de Austria.
Como parte de las viejas costumbres, luego de la cena, los caballeros se retiraron a uno de los salones para tomar whisky y fumar, mientras las damas pasaron al salón de música. Antes que pudiera darse cuenta, Candy estaba rodeada por las damas presentes que deseaban conocer como era la vida en Norteamérica. Fiel a su naturaleza bondadosa, Candy comenzó a relatarle historias sobre su vida en Nueva York, su trabajo como enfermera, y su vida en Illinois.
Contrario a lo que usualmente sucedía, no muchas damas se quedaron extrañadas o mostraban disgusto al conocer que la joven americana se había criado en un orfanato. Candy evitó mencionar el nombre de su familia adoptiva para no mezclar sus apellidos de origen con el nombre artístico de su esposo. Luego hubo demostraciones al piano y violín por algunas de las damas presentes. Mientras tanto en el salón de los caballeros, se discutía sobre política y sobre las secuelas que aún persistían de la gran guerra.
- Y díganos Terruce, cuál es su posición sobre el nacionalismo versus la unificación de Europa, - preguntó un banquero al actor.
- Soy un actor caballero, no un político. Dejo esas decisiones a las grandes cámaras y a los gobernantes.
- Sin embargo, todo ciudadano tiene una opinión.
- Mi opinión es que la unión de un continente suena como algo idílico, pero las corrientes políticas actuales sugieren lo contrario. Tarde o temprano ya sea por un factor u otro volverá a desencadenar una guerra y en ese caso cada uno de nosotros debe proteger lo que considere sagrado.
- Veo que además de buen actor es un gran orador Terruce, - agregó otro caballero.
- Solo soy un actor señor, solo un actor.
Antes de reunirse nuevamente con las damas, Ralph se acercó a Terry para solicitarle un favor.
- Terruce, podría solicitarte un favor.
- Dime, Ralph.
- No quise decírtelo antes, pero mi pequeña esposa es una gran admiradora de tu talento, y quisiera tener un momento para conversar contigo. Sería posible que le dedicases unos minutos cuando volvamos al salón principal.
- No será ningún problema Ralph, aunque no me pareció que tu esposa estuviese muy interesada en el teatro inglés.
- Mi pequeña puede parecer una cabecita loca, solo llena de moda y paseos, pero puede ser muy inteligente cuando se lo propone.
Sin mayores comentarios, pasaron al salón, donde ya se encontraban las damas, mientras Terry pensaba sobre la extraña y un poco extravagante petición de su colega austriaco.
Nota: Muchas gracias a todas por sus felicitaciones y comentarios. Lamentablemente no pude en este capítulo agradecer a cada una.
Espero lo disfruten. Hasta pronto.
