Capítulo 6

La música seguía sonando en la habitación, cuando la puerta se abrió y un joven salió con un cigarrillo sin encender en sus labios, su rostro visiblemente molesto.

Ya sé que no te gusta que fume en la habitación, estaré en el jardín y espero que para entonces dejes de hacer esa rabieta.

Tiró la puerta al salir, y se escuchó que algo se estrellaba con la puerta desde adentro.

Mujeres…-. Susurró el joven.

Dirigiéndose hacia el jardín, Terry percibió las figuras que lo seguían, pero no trató de evadirlas.

Una hora después con el tabaco en los pulmones, se dirigió a su habitación, apagó la música, encendió el agua, y espero en las sombras.

Al salir Terry de su habitación, una mujer se deslizaba desde la ventana de la habitación, vestida como hombre. La mujer, tiró un jarrón contra la puerta, y luego se escabulló en la noche. Corrió a través de la vereda detrás del hotel, luego corrió hacia la catedral para detenerse en la esquina, esperando que nadie la estuviera siguiendo.

Cinco minutos después, continuó su camino con pasos lentos, como cualquier transeúnte que esperaba disfrutar de un paseo nocturno. Sus pasos se encaminaron hacia uno de los barrios pobres de la ciudad, hasta llegar a una vieja taberna, donde un caballero se encontraba disfrutando de una cerveza.

Se sentó frente al hombre, que lo observó en silencio.

Aún quiere esa exclusiva.

No sé de qué hablas amigo, si estás esperando que te invite una bebida te equivocaste de sujeto.

Recuerdo que hace 2 mañanas me pidió una entrevista para saber cómo era la vida de un actor fuera de los escenarios. Tal vez puedo ofrecerle algo mejor…

El hombre abrió la boca cuando reconoció los ojos verdes que lo miraban nerviosamente.

Señora,... - dijo el hombre.

Silencio, si quiere hablar conmigo seriamente. - le indicó la dama.

Stein, que era el nombre del periodista, era un austriaco de origen judío, que había ganado relativa fama por exponer el arte de la ciudad desde una perspectiva más de sus creadores que del arte en sí. Aunque su verdadera vocación era el trabajo periodístico de investigación, su origen le había cerrado muchas puertas, incluso siendo acusado de perjurio, al tratar de descubrir los tratos oscuros de un político. Con su carrera en ruinas, decidió recomenzar en el sendero del arte, exponiendo el lado humano, y a veces comercial de las élites artísticas.

Hace unos días había tratado de entrevistar al famoso Terruce Graham, que era famoso por rechazar a todos los periodistas, aunque lo hacía de forma educada. Fiel a su perseverancia, lo intentó con la joven señora Graham, quien muy amablemente rechazó la entrevista, aduciendo que ella no sabía nada de arte y que era una enfermera, y ama de casa que se había tomado un tiempo de su trabajo para poder apoyar a su esposo. Él le había indicado donde se hospedaba por si su esposo cambiaba de opinión, podía mandarle un mensajero, verla aquí era lo último que esperaba esa noche.

Le parece si hablamos fuera de aquí.

De acuerdo.

Caminaron por la calle hasta llegar a un callejón donde nadie pudiera escucharlos sin ser visto. El hombre sacó una libreta antes de hablar.

Puede decirme de que se trata esto, quiere confesarme alguna infidelidad de su esposo para venir a hurtadillas y vestida como hombre.

Antes que nada, no se trata de eso. Señor Stein, esto es más grave de lo que puede imaginar, mi esposo y yo estamos en peligro.

Con todo respeto Señora, que peligro puede correr un actor y su esposa.

El mismo peligro que puede correr un periodista con ascendencia judía en un país que está siendo amenazado por nacionalistas, personas que creen en la superioridad de la raza

Entiendo su punto, pero déjeme preguntarle como usted está involucrada?

Eso señor Stein, se lo diré si promete ayudarme, usted debe conocer personas que pueden ayudarnos.

Haré todo lo que esté en mis manos señora Graham

Si es así, le diré todo lo que sé y tendrá la exclusiva cuando esto termine

Luego de discutir con Stein, se dirigieron a la catedral de Salzburgo, donde entraron a la casa junto a esta; antes de que Candy comprendiera lo que estaba pasando, se encontraba frente al obispo de Salzburgo quien la recibió con sorpresa en su mirada.

Señora Graham, si no me equivoco?, - dijo sorprendido el obispo.

Eminencia… respondió Candy sin encontrar algo más que decir.

Stein, en qué te metiste ahora?, - preguntó el obispo.

Patrick, aún no estoy realmente dentro de esto, pero si lo hacemos, no hay vuelta atrás.

Señora Graham, soy un gran admirador de su esposo, por lo que espero que esto no se trate de un caso de abuso doméstico.

No eminencia, se trata de un problema con los nacionalistas, - dijo la joven sin inmutarse.

Stein, hizo bien en traerla señora. Traeré té para que podamos hablar.

Un par de horas después, Candy nuevamente adaptada a su disfraz de jovenzuelo, se deslizaba en la ventana, para correr a los brazos de su esposo que la miraba con ansiedad.

Terry arrancó la gorra y la peluca que cubría los rizos dorados de su esposa, para luego depositar un beso en su cabello.

Antes que Candy pudiera decir algo más, Terry la arrastró a la cama, indicando que se quedara callada.

Pecosa, mi amor. Me perdonas?, - dijo el ojiazul ante la mirada sorprendida de la rubia, y procedió a señalar la puerta.

Si mocoso engreído, te perdono. Sé que estás cansado?

El joven actor procedió a besar a su esposa, dándole a entender que no podrían hablar, pues no podrían encender la radio ni el agua, y podrían escucharlos.

A la mañana siguiente, al encender el agua, y la radio, Candy procedió a susurrar a su esposo lo que había hablado con el periodista y el obispo. Decir que se sorprendió fue poco ante los planes de su pecosa, pero sabía que era la única forma.

Bajaron a desayunar siguiendo su rutina habitual, para luego dirigirse a los compromisos de Terry, en los que Candy debía permanecer junto a Helga.

Sabes Candice, - dijo la mujer austriaca. - Escuche que en muy pocas ocasiones acompañas a Terruce a sus giras.

Tengo mi propio trabajo, - contestó la rubia intentando no sonar descortés con la malévola mujer a su lado.

Enfermera, según creo. Con la fortuna de los Andley y los Grandchester, yo me dedicaría a disfrutar de los lujos y de tan apetecible esposo, Terruce es joven y puedo asegurarte que el 90% de las damas aquí presentes quisieran estar en la cama de tu marido.

No veo en que te interese eso…

Me interesa en el hecho de que soy parte de ese 90%, y puedo hacer que Terruce esté mucho más entretenido conmigo, que con una enfermera puritana.

A Terry no le interesan las zorras ambiciosas como tú.

Diciendo esto la rubia se levantó a servirse un té, evitando que sus manos temblaran mientras pensaba lo mucho que le gustaría tener su lazo con ella y atar a esa zorra a uno de los postes de la carretera. Si Candy hubiese visto la mirada de odio en el rostro de Helga, probablemente no solo sus manos hubiesen temblado con el té.

Los días pasaron tal como Ralph los había programado para los Grandchester, sin mayores variaciones que el silencio enigmático de Terruce cuando se nombraba al movimiento nacionalista, o la tensión que aumentaba entre Candice y Helga ante las insinuaciones hacia Terruce de esta última. Ralph sabía del deseo de su esposa por el enigmático inglés, precisamente fue la obsesión de ella lo que lo llevó a pensar que Terruce era el candidato ideal para sus planes.

Si alguien se preguntará cómo un noble, pudo haberse enamorada de una mujer calculadora e infiel como Helga, solo debía conocer los antecedentes del conde. Helga era su cuarta esposa, la primera era una jovencita noble como él, que no pudo darle un heredero por lo que se separó, la familia del conde era anglicana por lo que no fue un problema basándose en la incapacidad de la joven para dar un heredero. La segunda una actriz con sangre serbia con tintes de sangre imperial en sus ancestros quien huyó a América a raíz de los golpes que recibía de su esposo por no darle un heredero. Llegando a los 30, Ralph era una estrella de los escenarios por lo que lógicamente su esposa fue encontrada en una joven actriz, fue este matrimonio con una esposa de origen inglés lo que llevó a Ralph a aprender más sobre el arte y la nobleza en Inglaterra. Esta joven mujer se cayó un día de las escaleras con el rostro destrozado, lo que llevó a su muerte, no hubo ninguna investigación al respecto. Después de esto Ralph Schneider se dedicó a vivir entre cabarets, bares de lujo y bares de poca monta, fue en uno de estos que conoció a una bailarina con la capacidad de adaptarse a sus excesos e incluso a sus estallidos, lo que le hizo tomar la decisión de convertirla en su cuarta esposa, con una diferencia de casi 20 años de edad. Helga se adaptó rápidamente al mundo fastuoso de su marido, aceptando todos sus excesos y compartiendolos a cambio de joyas, casas y todo los lujos que pudiese permitirse.

Helga Schneider era una mujer que obtenía lo que que quería, y ahora sus ojos estaban puestos en un nuevo desafío. Aunque había tratado de acorralar al actor, la constante presencia de Candy y los admiradores alrededor no le permitían tener a su presa lo suficientemente cerca, le parecía extraño que ambos actuaran tan relajados con todo lo que pasaba, algo debían estar tramando...

Cada noche los Grandchester inventaban una rutina para distraer a sus captores, desde Terry borracho en el restaurant del hotel, hasta pleitos con Candice para que la rubia pudiera escapar por la ventana y reunirse con las personas que les ayudarían. Todo iba según lo planeado hasta la noche previa al discurso que Terry debía pronunciar.

Terry ensayaba en voz alta el discurso que debía pronunciar, proporcionado por la gente de Schneider, mientras al fondo se escuchaba un fonógrafo con aplausos, técnica excéntrica que algunos actores y actrices utilizaban cuando ensayaban. Candy sonrió disfrazada de hombre y salió nuevamente por la ventana. Había dado unos cuantos pasos antes de doblar por la calle principal cuando una mano cubrió su boca…

En la calle opuesta Stein miró lo que había sucedido sin poder delatarse, sabía que la señora Graham había sido descubierta, tenía que caminar tranquilamente y regresar sobre sus pasos.

Momentos después que Candy saliera, golpes fuertes interrumpieron el monólogo de Terry, abrió la puerta cautelosamente pero fue empujado bruscamente, cuando se recuperó del golpe encontró a Helga Schneider parada junto a uno de sus matones.

Terruce, Terruce, en realidad creíste que serías más inteligente que nosotros.

Terry trató de acercarse, el matón se acercó para darle un puñetazo a Terruce, para doblarlo sobre su estómago.

Terruce, será mejor que vengas tranquilamente si no quieres que Candice sufra las consecuencias. Aún puedes salir de esto relativamente bien si haces lo que te decimos. Puedo interceder ante el partido si haces lo que te digo, mi esposo está furioso, pero si te diviertes conmigo haré que se calme y sea indulgente.

Mientras decía esto, se acercaba sugestivamente hasta el inglés, el cual permitió que se acercara lo suficiente para luego…

Escupirle en la cara.

Un manotazo cayó sobre la cara de Terry, mientras se reía.

Crees que eres la primera zorra que se insinúa, si crees que voy a dormir contigo estás muy equivocada.

Helga miró al matón, quien volvió a darle un golpe en el abdomen a Terry para doblarlo.

Tráelo..- fue la única palabra de Helga.

Un pañuelo cayó sobre la boca y nariz de Terry, luego todo se volvió oscuro.

Cuando abrió los ojos estaba amarrado a una silla, frente a él Ralph Schneider, sostenía a Candy por el cabello quien trataba de no moverse.

Terruce Grandchester si creías que eras más listo que nosotros, tendré que darte una demostración.

Diciendo esto procedió a sacar una navaja para colocarla en el cuello de Candy.

Detente, haré lo que digan.- gritó Terry.

Schneider bajó la navaja y tiró a Candy al suelo.

Ahora Terruce, comienza por contarme cuál es el plan que tienes…

NOTA: gracias por continuar conmigo en esta historia. Sigue siendo un año duro pero tengo fe que con la ayuda de Dios las cosas mejoraran pronto.
Bendiciones.

Saharaloto