Hola a todos! Bueno, pues como me emociono pensando en Anna y Hans y tal xD Pues he abierto una historia para ir poniendo One Shots :) para ir subiendo lo que se me ocurra! Espero que os guste. Igualmente, sabéis que acepto y respeto las críticas negativas, siempre que sean respetuosas y eso. Hans y Anna es mi OTP (lo siento por Kristoff xD), respeto a los Kristtannas y Helsas y Elsannas, así que opinad con respeto, también ;)

Esta vez hay un lemmon muy light, porque quería basarme más en lo que siente Hans. No estoy segura de haber transmitido todo lo que quería (estoy pasando una etapa de estrés y tal) pero espero haber conseguido algo.

Bueno, os dejo con el oneshot! Espero que os guste :) Doy gracias a todos los que comentaron el anterior lemmon ^^ GRACIAS! y los que dieron fav/follow! Un beso enorme!

Acepto ideas para próximos oneshots de HANSANNA! para los que quieran algo en particular ;)


Siempre la hacía llorar y no sabía qué le molestaba más, que estuviera echándole en cara todo lo que pasó, cada vez que tenía ocasión... o verla así, tan frágil y enfadada.

-Mañana te casas, no deberías estar aquí... así.- le dijo, intentando echarla de su habitación.

Pero tampoco quería hacerlo. Lo que más deseaba era abrazarla y llorar con ella. No sabía cuándo había llegado al punto de sentirse tan culpable, porque eso que tenía en el pecho era el más puro y primitivo sentimiento de culpabilidad que había sentido en la vida.

Y siempre lo sentía cuando la veía llorar.

-Por eso me da rabia. Porque me caso mañana y, hoy, sigo llorando por ti.

-Pues deja de hacerlo.- intentaba sonar frío y antipático, lo suficiente como para enfadarla más y que se fuera de allí.

-¡No puedo! ¡No sé!- la princesa se tapó la cara con las manos. Podía notar su dolor a flor de piel. Cada lágrima, cada sollozo se le clavaban y eso era lo peor... que su sufrimiento le afectara a él, cuando se suponía que todo aquello debía resbalarle, que debía odiarla. Pero sentía justo lo contario... y se moría de rabia.

-Tendrás que aprender, no querrás que tu marido sospeche algo.- eso último lo dijo en voz baja, por si alguien rondaba por los pasillos.

-No sospechará nada porque nunca habrá nada más- le escupió esas palabras llenas de veneno. Aún lloraba pero no parecía tan indefensa, sino dura, implacable. -Es demasiado bueno, por eso me odio a mí misma estar así, por ti... HOY.- se sorbió la nariz y se apartó las lágrimas del rostro bruscamente -MAÑANA no serás nada... NADA! Ojalá nunca te hubiese conocido! Ojalá... hubieses muerto cuando fuiste a capturar a mi hermana! Ojalá...

Se abalanzó sobre ella, sobre sus labios. No quería seguir escuchando todo aquello, que sin quererlo ni entenderlo, le dolía tanto. Ojalá no la hubiese conocido él. Ojalá no le hubiese parecido tan adorable en el puerto, ni tan valiente cuando no se lo pensó dos veces en salir tras su hermana. Ojalá se hubiese muerto ella, como estaba planeado, así no tendría que arrastrar ese sentimiento de culpa que le mataba y que seguía sin entender por qué lo sentía.

Anna luchaba por apartarle, pero cuanta más fuerza hacía, más la bloqueaba Hans.

-¡Te odio!- le chilló la pelirroja en su boca, mientras él la atrapaba entre la pared y su propio cuerpo.

-¡Yo más!- cogió su cara entre sus manos y la zarandeó sin llegar a hacerle daño -¡Yo te odio mucho más!- Anna ya no lloraba, ni tenía el ceño fruncido, sino que le miraba como si no le conociera -¿Qué me has hecho? Se supone que debe darme igual que te cases, que te mueras... ¡Pero no! ¡Todo eso me hace daño!

-Hans...- otra vez hacía fuerza para zafarse de él, sin éxito. -Por favor, déjame ir...

La miraba a los ojos. Conocía muy bien esos ojos azules... Se había enamorado de ellos en el puerto.

Sonrió, dándose por vencido y reconociendo lo obvio. Para su asombro, Anna no intentó alejarse cuando le acarició la mejilla con el dorso del dedo índice, ni cuando se las besó, atrapando su rostro entre las manos otra vez, salado por las lágrimas.

-Mañana te dejaré ir... Hoy aún eres mía...

La volvió a besar, pero ya no en un acto desesperado de demostrar quién mandaba o quién debía sufrir más. Se atrevió a pensar que aquél era el beso más tierno que había dado nunca. Ella se abrazó a su cintura, dejándose besar, reclamándole la lengua, pegándose a él como si la vida le fuera en ello, sin dejar un sólo resquicio por dónde pasara el aire.

Todo se volvió un baile de lenguas, labios, brazos, dedos y pelo entre aquellas sábanas. Las respiraciones fuertes llenaban la habitación. Las velas se habían apagado hacía rato y las cortinas sólo dejaban entrar la luz azul de la Luna, que brillaba tan grande y tan blanca como la noche en que bailó con ella por primera vez, en la Coronación de Elsa.


Notó la sonrisa de Anna en su hombro, mientras hacía circulitos en el vello del pecho. Agradecía haberla conocido, agradecía que siguiera viva... agradecía haberse enamorado de ella.

-Hans...- dijo, después de un largo rato mirando a la nada -¿Qué pasará mañana?

Giró la cabeza para mirarla directamente a los ojos, que volvían a hablarle de Esperanzas, Sueños... de Amor. La besó en la frente y comenzó a enredar ese pelo tan naranja y tan suave entre sus dedos.

-Anna... lo que me importa es que me sigues queriendo hoy...

Y la habitación volvió a ser escenario de esa Historia de Amor que él mismo habría frustrado, pero que, en ese momento, estaba más viva que nunca.