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Unos días después, Elena terminando su turno en el Grill, vio que la tienda de cómics aún seguía abierta y recordó que todavía no había ido a comprar el regalo de Jeremy, así que fue allí.
-¡Está cerrado! –anunció una voz masculina que Elena no supo de dónde venía.
-Oh, lo siento, yo…
El chico, que estaba agachado detrás del mostrador guardando unos artículos que un cliente había dejado encargado, se puso de pie en el acto al reconocer esa dulce voz.
-Pero si es mi damisela en apuros… -dijo él con una sonrisa encantadora-. Contigo puedo hacer una excepción.
-Acabo de terminar mi turno en el Grill y vi que había luz… -intentó explicarse ella con timidez.
-No te preocupes, siempre hay tiempo para atender a una chica bonita.
La soltura con la que tonteaba al chico hacía que Elena se quedase siempre sin saber muy bien qué decir y acababa balbuceando como tonta.
-¿En serio no hay problema? –preguntó ella sintiéndose mal por hacerle cerrar más tarde-. Puedo venir mañana si eso.
-Ya estás aquí, así que aprovecha.
-Está bien…
-¿Buscabas algo en particular o prefieres echar un vistazo por la tienda primero? Puedo hacer de guía si quieres.
Aunque la oferta sonaba muy tentadora, Elena sí que tenía claro lo que estaba buscando y prefirió no hacerle al chico perder más tiempo.
-Buscaba Ultimate Comics. Spiderman 3.
-De acuerdo… -murmuró él mientras buscaba el cómic en su inventario del ordenador-. Hoy es tu día de suerte, preciosa.
-¿Tienes el cómic? –preguntó ella, ignorando que la había llamado de esa forma.
-Me queda uno en el almacén. ¿Quieres venir?
Como única respuesta, Elena asintió con la cabeza. Era la primera vez que el dueño de una tienda le dejaba ver el almacén y tenía curiosidad por ver el material que habría en el sótano.
-No te hacía de las que leían el universo Ultimate –comentó él mientras descendían las escaleras.
-Y no lo hago. El cómic es un regalo para mi hermano, pasado mañana es su cumpleaños. Yo soy más de Era de Apocalipsis.
-X-Men, ¿eh? A mí también me gustan mucho, aunque donde esté Iron Man…
Elena asintió conforme, ya que después de X-Men, Los Vengadores eran sus superhéroes favoritos. Iron Man era el personajes que más le gustaba, pues su sentido del humor irónico y su chulería la volvía loca.
Tal y como había supuesto, allí abajo en el sótano había una cantidad bastante considerable de cómics, juegos de mesa, merchandising y demás artículos de colección. Le sorprendió ver lo bien organizado que estaba todo, ya que hasta tenía distribuido en estanterías los cómics por orden. Parecía increíble que un hombre fuese tan ordenado.
En el centro del sótano había una gran mesa que actuaba de taller de pintura de lo que parecía ser el ejército de Warhammer personal del chico.
-¿Condes vampiros? –preguntó ella, mirando un par de cajas de Warhammer sobre la mesa.
-Es de mi hermano –le explicó el chico mientras buscaba el cómic-, yo soy más de El señor de los anillos.
"Otra cosa que tenemos en común" pensó ella. Elena no pintaba ejércitos de estos, pero las películas de El señor de los anillos le fascinaban y las veía cada año por Navidades, al igual que adoraba el universo literario de Tolkien.
-¡Aquí está! –celebró el chico al encontrar lo que estaba buscando.
Él fue hacia Elena con el cómic en alto, luciendo una sonrisa muy sexy. El chico se le arrimó tanto que la arrinconó contra la mesa de trabajo. Las pulsaciones de Elena se aceleraron por la excitación de tenerlo tan cerca.
-Gr-Gracias –dijo ella entrecortadamente, no pudiendo razonar mucho por culpa de su proximidad.
El chico de ojos azules, viendo la reacción que provocaba en Elena, quiso seguir jugando.
-¿Solo eso? Vamos, soy el héroe que ha salvado el cumpleaños de tu hermano –bromeó él, para luego hablarle de forma sensual-. ¿Qué tal una compensación?
-No ha sido para tanto… -susurró la chica, incapaz de apartar la mirada de sus labios, aquellos que estaban tan próximos a ella que la tentaban a besarlos.
-¿No? –volvió a intentarlo él, pegándose aún más a Elena, si es que más era posible-. ¿Ni una pequeñita?
La chica no veía sentido a seguir rechazándolo, puesto que era algo que estaba deseando hacer, así que cerró los ojos y se puso de puntillas para acabar así con la distancia que separaban sus labios y le dio un tímido y casto beso. No duró más de unos segundos, pero el agradable cosquilleo que sintieron al besarse dejó a ambos con ganas de más.
-Ahora ya estamos en paz –murmuró ella al romper el beso.
-De eso nada –negó con la cabeza él, rodeando la cintura de la chica con sus manos y atrayéndole hacia él para volver a unir sus labios.
Con forme más se besaban, más pasional era el beso y más se iba calentando el ambiente. El chico acarició el cuerpo de Elena por debajo de la ropa y la aupó para sentarla en la mesa. Como esta llevaba vestido, pudo acariciar sus muslos sin obstáculos. Debido a su toque, Elena gimió contra su boca y se apretó contra la erección de este.
Al verla tan receptiva, el chico no dudó en sacar un condón del bolsillo trasero de sus vaqueros, a lo que Elena respondió desabrochándole los vaqueros y bajándoselos junto con los bóxers.
Tras colocarse el preservativo, el chico de intensos ojos azules hizo a un lado las braguitas de Elena y jugó con su intimidad con los dedos de una mano, hasta que se apiadó de ella y finalmente la invadió con su miembro con rudeza.
Los movimientos de él continuaron siendo duros y profundos, aumentando el ritmo al notar cómo ambos estaban a punto de alcanzar sus respectivas liberaciones.
Al terminar, como si no hubiese ocurrido nada, el chico tiró el condón a la papelera que tenía a su lado y rápidamente se subió los pantalones y se abrochó la camisa, para después mostrarle a Elena el cómics que habían dejado olvidado sobre la mesa y hacerle señas a esta para que subiese a la tienda con él.
Elena, extrañada por su actitud pasota, tardó unos minutos en volver en sí y adecentarse para reunirse con el chico arriba, donde le vio junto al ordenador, introduciendo los datos de la compra.
-Son cinco dólares –dijo él sin levantar la mirada del ordenador.
Molesta por su actitud, Elena dejó el billete en la mesa y se largó sin despedirse.
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Nada más ver a Bonnie al día siguiente, Elena le contó lo sucedido la pasada noche con el chico de la tienda de cómics. Su cuñada, al oír su historia, se quedó flipando.
-Aunque no sé de qué me sorprendo -dijo la chica Gilbert, riñéndose a sí misma por haber sido tan ingenua de caer en sus redes-. ¿Qué clase de tío lleva un condón en el bolsillo trasero de su pantalón? A saber las veces que habrá hecho algo así...
