II
Yacía profundamente dormida sobre su cama, sin nada ni nadie que le perturbara el glorioso descanso en el cual estaba inmersa, algo que su odioso despertador se encargó de destruir vilmente al comenzar a sonar escandalosamente para que se dignase a iniciar el día. Aun estando debajo de las cobijas estiró una mano para apagarlo y se descubrió el rostro para ver la hora marcada, faltaban exactamente quince minutos para las ocho de la mañana. Involuntariamente hizo una mueca de descontento , dejó el despertador boca abajo en la mesita de noche, se dio la vuelta y se dispuso a dormir más, qué más daba, bien podría darse el lujo de continuar el cama unos minutos más y luego solo tendría que darse un poco de prisa y poder llegar a tiempo a su primera clase. Justo cuando sus párpados comenzaron a pesarle debido a que el sueño nuevamente se adueñaba de ella, la puerta de su habitación se abrió de golpe.
— ¡Ya es hora, bella durmiente! ¡Arriba! — Exclamó Yolei en un tono demasiado animado para no ser ni siquiera las nueve. Mimi descubrió su rostro y dedicó una mirada que expresaba claramente un odio puro por irrumpir en su descanso.
— Es temprano… — Murmuró con pereza — Solo dame unos cinco minutos más.
— Por supuesto que no. Usted, señorita Tachikawa, ayer me dijo que la despertara justo a esta hora para que no se atrasara — Dijo arrebatándole las cobijas — Casi me subrayas sobre una hoja el que no accediera a dejar que durmieras por más tiempo sin importar cuanto te quejases.
— Bien, bien… — Hizo una especie de gruñido al levantarse a pesar de sentir que abandonaba sin compasión a su cama, todo ante la satisfecha y molesta sonrisa de la peli morada — Veinte minutos y estoy contigo en la cocina. Ahora sal, me iré a bañar — No esperó respuesta y fue directo al baño mientras contenía un bostezo.
— Solo date prisa, Meems.
— ¡Dije que estoy en eso! — Alzó la voz que se escuchó amortiguada al haber cerrado la puerta del baño.
A pesar de que sabía que al principio hacer tal cosa era arriesgado considerando lo delicada que era con el agua fría y podría resfriarse fácilmente, en efecto se bañó con el agua en temperaturas bajas. Horrible pero necesario porque de lo contrario caería dormida en cualquier lugar. Entró a su habitación en lo que se secaba el cabello con una toalla blanca y fue directo a su clóset para buscar la ropa que se pondría. Tan solo tomó algo que fuese cómodo y fresco. Cepillo su cabello y lo ató en una coleta alta y se aplicó muy poco maquillaje. Al salir a la sala dejó su mochila sobre uno de los sofás y fue con Yolei a sentarse al desayunador.
— ¿Desde cuándo te tomas todo con tanta seriedad? — Más que una pregunta fue una acusación. Estaba irritada pues nunca había sido buena levantándose temprano. Sí, para ella las ocho de la mañana era temprano.
— Admito que eso fue rápido, creí que tardarías horas allá adentro.
La oji miel se encogió de hombros — Con los años dominé la estrategia de solo tardar lo más necesario y así poder dormir más tiempo — Tomó unas tostadas con dulce de leche y un vaso con té helado. Por su parte Yolei comía cereal con fresas y bananas.
Estuvieron hablando alrededor de media hora de nada en particular, poniéndose al día con lo poco que no sabían de la vida de la otra y sobre todo, respecto al exagerado montón de pertenencias que Yolei trajo al departamento la noche anterior. Todavía no terminaban de acomodar todo.
— ¿Tú no deberías estar desde más temprano en clases? — Cuestionó dejando los platos ya limpios en el estante.
— Hoy no. Nos dieron la mañana libre ya que tenemos que terminar un proyecto importante, así que mis clases inician hasta después del mediodía. ¿Qué hay de tu horario?
— Según mi horario… debo irme ya porque tengo lección a las nueve y treinta — Recogió su mochila y tomó sus llaves — Nos vemos luego, Yolei.
— Izzy y tú se pasaron anoche. ¿Cómo se atreven a dejarme fuera hasta la medianoche? ¿Se olvidan que esa también es mi casa? — Reclamó ofendido mientras avanzaban por la vereda.
— La próxima vez cumple con lo que te corresponde y evita que suceda de nuevo — El rubio se limitó a encogerse de hombros sin verse afectado ante la acusadora e infantil expresión de Tai por lo que le hicieron ayer.
¿Realmente es un adulto?
Tai consultó la hora en su celular y palideció. Estaba más que atrasado — Demonios, ese anciano de Relaciones Humanas va a comerme vivo por llegar tarde de nuevo. Me largo — Le dio igual el gesto indiferente de su mejor amigo y lo quitó del camino para caminar como si el mismísimo diablo lo estuviese persiguiendo, sobre todo si tomaba en cuenta que su facultad estaba en el otro extremo del campus.
— Este idiota no tiene remedio…
Resopló con cansancio. Habían transcurrido unas cuantas horas y a pesar de que en verdad le gustaba la carrera que cursaba, esta absorbía toda energía y atención, y, eso sumado a que llevaba seis años acostumbrada a una zona horaria completamente distinta aún le resultaba duro el acoplarse al horario de Japón. Le llevaría un tiempo el dejar de estar somnolienta en el día. Respecto a sus clases, en verdad se sorprendió cuando se encontró con una vieja compañera de clases de cuando ella estaba en la primaria y fue agradable contar con su compañía siendo este su primer día.
La castaña se despidió de su compañera para luego dirigirse a la biblioteca, sin embargo, a medio camino, una puerta que estaba siendo abierta la sorprendió. Mimi se detuvo abruptamente a solo centímetros de distancia y contuvo una exclamación, ese habría sido un feo golpe. Cerraron la puerta y un joven de curioso cabello azul oscuro apareció en su campo de visión.
Él pareció darse cuenta de que por poco la golpea en el rostro y enrojeció de la vergüenza — Lo siento muchísimo, señorita. Perdone mi torpeza, no estaba consciente de mi alrededor — Hacía múltiples reverencias mientras balbuceaba una y mil disculpas inentendibles. Ella no estaba molesta en absoluto, de hecho le resultaba graciosa la reacción tan extrema del chico. Unas cuantas reverencias después, el peli azul se agachó para tomar el libro que cayó de las manos de la muchacha y se lo tendió.
— No se preocupe, no fue nada — Dijo tomando el libro con simpleza y le dedicó una suave sonrisa amable.
Le devolvieron el gesto, pero la mirada contraria se posó sobre ella con excesiva curiosidad hasta el punto de extrañarla. ¿Qué clase análisis profundo era ese? El chico se retiró los lentes por un momento, los limpió con su camisa y al ponérselos de nuevo entrecerró los ojos — ¿Mimi…?
Involuntariamente parpadeo con desconcierto — Disculpe, pero… ¿Nos conocemos?
Por lo visto algún gesto que ella hizo causó que una sonrisa se formara en los labios ajenos — Eres tú. ¿Cómo no me reconoces? Soy Joe.
Él estaba en lo cierto ¿Cómo fue que no lo reconoció? Seguía exactamente igual si lo veía mejor. Los ojos oscuros, su estilo de lentes de siempre, y por sobre todo, las exageradas reacciones ante algún error — Joe… no puedo creerlo… ¡Cuánto tiempo! Ha sido demasiado para mi gusto — Aceptó sin dudas el abrazo que su amigo le dio.
— Cierto, la última vez que te vi tenías el cabello rosa. ¿Cuándo llegaste?
— No hace mucho en verdad. Llegué el lunes.
— ¿Te estoy interrumpiendo de algo, Mimi?
— Claro que no, ¿Por qué?
— Bueno es que me pareció que ibas ocupada. Ahora que noto ese libro… — Joe hizo el gesto que siempre hace cuando no entiende algo. No sabía cómo lo hacía, pero era algo extraño con las cejas — ¿Por qué tienes ese libro de segundo año…? A menos que… ¿Estudias medicina? — Le fue inevitable emplear un tono demasiado sorprendido.
— Eso duele. ¿Tan increíble parece? — Cuestionó entre risas — Pues permíteme decir que sí, estudio medicina al igual que tú. ¿Te parece si tomamos algo para ponernos al corriente? Si tienes tiempo, claro.
— Suena bien. Vamos a la cafetería de la facultad, sus bebidas son excelentes. Yo invito y no acepto una negativa a eso.
— Descuida, no pensaba negarme.
Atravesaron los largos pasillos repletos de estudiantes y finalmente llegaron a la cafetería. Joe guio a Mimi a una mesa aparte en la cual siempre tomaba lugar debido a que no llegaba tanto el ruido de afuera e incluso podía estudiar allí. Rápidamente una camarera tomó sus órdenes y pocos minutos después Mimi ya tenía su cappuccino helado y Joe su café con canela.
— Ahora sí me daré el lujo de extenderme en preguntas. ¿Los demás saben que estás aquí? Y lo que más me intriga, ¿Por qué decidiste estudiar medicina? Creí que el diseño de modas o inclusive el modelaje sería lo que llamaría tu atención.
— Esas son preguntas bien formuladas. Vamos en orden: sí, los demás ya saben que regresé, me encontré con ellos en el centro comercial. Y acerca de por qué elegí esta carrera, es una larga historia. Además, Joe… ¿Realmente solo es posible imaginarse en profesiones tan frívolas?
— No me malentiendas, Mimi. Sé que tú eres muy inteligente y puedes aplicar en cualquier carrera que quieras. Pero pensé en diseño o modelaje porque recuerdo que cuando eras niña todo eso te encantaba.
La oji miel elevó al vista hacia al techo y soltó un suspiro — Si supieras todo lo que he cambiado, probablemente no me reconocerías.
— Creo que tenemos suficiente tiempo para que me hables sobre esa larga historia — La animó llamando su atención — Soy todo oídos.
— Ponte cómodo — Mimi carraspeó y se dio fuerza para hablar de ese tema. La expresión siempre amable de Joe la confortó y supo que no había mejor persona a quien contarle tal historia —Fue hace casi tres años. Allá hice me hice amiga de una chica llamada Anika y también me acerqué mucho a su hermana menor. Un día cualquiera Anika recibió una carta proveniente del extranjero…
Una chica de largo cabello negro y poseedora de unos hermosos ojos verde oscuro se acercó a Mimi gritando por doquiera y son una gran sonrisa de oreja a oreja — ¡Meems!
La castaña rio ante la efusividad y trató de calmarla — Ya, ya. ¿Por qué gritas, Anika?
— ¿Recuerdas la beca que solicité para la Academia Tamwood en Canadá? — A lo que recibió un asentimiento de cabeza — ¡Me la darán! — Volvió a gritar dándole un abrazo que atentaba contra la vida de su amiga — Aprobé el examen y obtuve una de las calificaciones más altas y por ello la beca será de un cien por ciento.
— Eso es… impresionante. ¡Estoy orgullosa de ti! — Respondió detallando el rostro iluminado por la felicidad de la peli negra, sin embargo, este cambió drásticamente a una expresión muy seria — Hey… ¿Por qué esa cara? Deberías estar radiante como el mismo sol. Casi vomitando arcoíris…
— Es que… — Anika mordió su labio inferior — Mis papás ya lo saben, pero Addison todavía no…
— ¿Cómo no le has dicho a tu hermana? — Frunció el ceño extrañada — Cuanto más tardes en decírselo, más triste se pondrá con la noticia. Addison creerá que no te importa su opinión — No era su intención, pero se escuchó a sí misma reclamándole con enojo.
— ¡Por supuesto que me importa su opinión! Y ya lo dijiste, Mimi. Se pondrá triste y eso es lo que menos quiero… entiéndeme.
— Te entiendo — Habló mientras se levantaba — Ahora vamos — Tomó a la chica de la mano y, literalmente comenzó a arrastrarla para que la siguiera.
— Espera, ¿A dónde vamos?
— ¿Acaso no es obvio? Iremos en este mismo instante a tu casa y le vas a decir a Addison o lo haré yo. Bien sabes que no estoy bromeando, Anika. Estás advertida.
Anika se detuvo en seco y miró al suelo. Ligeros espasmos sacudieron sus hombros y Mimi se dio cuenta que estaba llorando.
— No llores… Tienes que estar feliz. Si Addison te ve radiante no habrá manera de que se entristezca e incluso estará más emocionada que tú. Ya… detente. ¿Sí? ¡Anda, sonríe!
— Anika se sentía terrible. Ella y su hermana siempre fueron muy unidas. El impacto de saber que al aceptar la beca tendría que alejarse de Addison fue grande. Entre unos amigos y yo le repetíamos que ella se ganó esa beca luego de haberse desvelado y estudiado mucho y que por ello se lo merecía. Además… Addison era una niña bastante testaruda y nunca le permitiría rechazar la beca. Al llegar a su casa, Anika se armó de valor y le dio la noticia. Fue tal y como yo le dije. Addison se emocionó como si estuviese en navidad. Todos la convencimos de que no era una opción quedarse y decidió irse. El día en que Anika se fue me hizo prometerlo que cuidaría de Addison, aunque no era necesario puesto que siempre cuidé de ella, y en cierto modo no pude cumplir esa promesa en su totalidad… — Admitió con una sonrisa triste.
— Algo malo ocurrió — afirmó Joe — ¿Qué pasó?
— Solo tres meses después de que Anika se fuese a Canadá, Addison fue diagnosticada con Leucemia — El silencio del peli azul fue su señal para continuar con el relato — Como ya sabes, Addison tuvo que ser admitida en el hospital para recibir el tratamiento pertinente. Yo no pude visitarla tan seguido como quería porque en el colegio me mantenían ocupada con trabajos e investigaciones, y cuando veía algún espacio libre salí con prisas hacia el hospital ya que las visitan eran limitadas y el horario estaba pronto a terminar.
— Buenas tardes, señorita. ¿La hora de visita ya terminó? — Cuestionó apenas estuvo frente a la recepcionista en la sección de hemato-oncología.
— Aún no. Los horarios fueron modificados así que quedan alrededor de dos horas.
— Gracias al cielo… ¿Podría decirme en cuál habitación se encuentra Addison Reeds?
— Con gusto — La muchacha tecleó unas cuentas veces y consultó en la pantalla de la computadora — La paciente Reeds se encuentra en la habitación 240.
— Muchas gracias, con permiso.
Caminó rápidamente por los pasillos y llegó a la recámara indicada, cuando estuvo en frente, se detuvo un momento y tomar aire para regularizar su respiración y de igual forma cambiar la expresión sombría en su rostro, lo que menos quería era que Addison la viese en ese estado y creyese que es por su culpa.
Golpeo levemente la puerta en dos ocasiones e ingresó. En definitiva debió prepararse mentalmente por más tiempo pues la visión frente a ella desató un pandemónium de emociones y pensamientos. Por poco rompe a llorar.
Addison se encontraba recostada en la cama, conectada a una máquina que llevaba controlado el ingreso del suero en sus venas así como el otro líquido que con impresión descubrió en otra bolsa era sangre.
La niña sobre la cama sonrió ampliamente, lo que le recordó mucho a Anika — ¡Mimi! — Addison tenía diez años. Era exactamente igual a su hermana mayor solo que con el cabello castaño oscuro y cuyo largo llegaba hasta los hombros.
No era momento de ponerse sentimental y llorar como la niña que no era, por lo que inhalo profundamente y se acercó a la pequeña para abrazarla con fuerzas.
— Lamento no venir antes, Addison. Es culpa de mis profesores, no entienden que tengo mejores cosas que hacer en lugar de estar cumpliendo con sus tontas tareas.
— Descuida, todos aquí me han tratado muy bien y he conocido a muchos niños igual que yo.
— ¿Igual que tú? ¿Con el cabello castaño? — Cuestionó queriendo jugarle una pequeña broma.
Addison rio con muchas ganas — Claro que no, no me refiero a eso, Mimi. Sino que están enfermos de lo mismo que yo.
— Incluso aunque intentase explicártelo detalladamente no podrías tener una idea lo suficiente clara como para saber cómo me sentí al verla ahí en esa cama. Cualquiera fuera de ese hospital no podría pensar que esa niña tiene cáncer. Estando ahí, conectada a tantas mangueras y con tantas personas revisándola constantemente, yo le pregunté cómo se encontraba, pero ahora que lo pienso esa pregunta es algo tonta pues Addison siempre me diría que está bien. Sin embargo, conozco el tratamiento y muy es doloroso. Yo intentaba todo lo posible por hacerla reir en las visitas y que se olvidara del lugar donde estaba y lo que significaba – tomó aire y lo dejó salir dos veces – Pasó alrededor de un año. Addison estaba feliz, y lucía sana. No tenía que pasar tan seguido en el hospital y mucho menos internada. Tan solo iba por su revisión de control dos veces al mes. En verdad… todo estaba de maravilla. Ella salía a divertirse con sus amigos, iba a mi casa a ver películas o que mamá la enseñase a cocinar. En general llevaba la vida de una niña común y corriente de casi doce años.
Joe escuchaba cada detalle de la historia, pero a pesar de que sus pensamientos daban vueltas pudo notar lo tensos que se encontraban los hombros de Mimi conforme el relato avanzaba. Sintió la urgencia de decirle a la castaña que no era necesario que siguiese hablando si eso la hacía sentir mal, pero vio tal determinación en los ojos de su amiga que no se atrevió a decir una palabra al respecto.
— Un día, a la hora de salida de clases, decidí ir a ver a Addison a su casa y también para charlar un rato con su mamá. Supuse que a esa hora en la tarde ella ya debía haber regresado de la escuela. Pero cuando llegué no había nadie. Llamé a su celular, al de su mamá, intenté varias veces mas no hubo respuesta de ninguna de las dos. Creí que salieron a dar una vuelta y regresé sobre mis pasos para ir a casa. En el camino me encontré con su primo quien también era mi compañero en la preparatorio, de hecho hacía poco había hablado con él.
— ¿Dan? ¿Qué haces aquí? Me pareció escuchar que irías con los chicos del equipo de soccer al cine.
— Cancelé mis planes con ellos — Contestó el muchacho. Daniel era un joven de cabello castaño oscuro y según Mimi, había sido bendecido por la genética al ser dueño de unos hermosos y extraños ojos azules.
— ¿Está todo bien? — Dijo acercándose más — Luces como si… ¿Q-qué ocurre?
— No te lo han dicho… — una sonrisa amarga cruzó el pálido rostro de su amigo.
— ¿Decirme qué? Dios, dime de una vez, Daniel. Me estoy asustando — Su corazón había comenzado a latir desbocado.
El oji azul la sujetó de los hombros y miró fijamente a sus orbes mieles — ¿No has hablado con Addison últimamente?
— La vi hace unos días…
— Mimi, Addison tuvo una recaída el miércoles — Sintió ajeno el apretón en sus hombros.
— No juegues con eso — Susurró sintiendo que podría desmayarse en cualquier momento — Ella… ¿Ella está bien, verdad?
— Ahora sí, Meems.
— Eso es un alivio — Dijo soltando el aire que no creyó estar conteniendo — Es una desgracia que Addison tenga que volver a pasar por eso otra vez.
Daniel vio con pesar la expresión pacifica de su amiga, y se sintió un gran imbécil al verse obligado a matar su alegría — No me dejaste terminar — Le dijo con suavidad — Sí, mi prima recayó, y no mentí, ella está bien ahora, pero es porque… — Apretó más su agarre sobre la oji miel y contuvo el aliento — Addison murió.
Ella retrocedió como se le hubiesen dado una fuerte cachetada y tuvo que tomar con fuerza las manos que la sostenían o podría acabar en el suelo — No. no, no. Es mentira, Daniel. ¡Eso no es cierto! — Las lágrimas caían por sus mejillas sin detenerse — Addison no puede haber muerto. ¡Una recaída no necesariamente la va a matar! ¡El tratamiento puede reiniciarse desde cero!
— Lo sé, Mimi. Los médicos intentaron reiniciarlo. Pero fue demasiado para Addison. Ella aún no se recuperaba del todo. Recuerda que seguía tomando medicamentos fuera del hospital.
Ambos acabaron abrazados en ese parque mientras Mimi era consolada a la vez que su amigo liberaba toda la frustración e impotencia de haber perdido a su pequeña prima.
— Esa noticia fue algo enorme para mí, pero en definitiva quién más salió herida fue Anika. Fue horrible recordar todo lo que Addison decía acerca de que en cuanto el médico le permitiera viajar iría a Canadá durante las vacaciones para estar con su hermana. Esperaba más que nadie su graduación, tenía muchos sueños, y de la noche a la mañana todo le fue arrebatado. Para la gran mayoría nos fue imposible despedirnos de ella como es debido. Lo hicimos en su funeral, pero no era lo que nosotros considerábamos una despedida real. Al haber sido testigo de una experiencia tan difícil como esa, aprendí muchas cosas de medicina, eso junto al recuerdo de los rostros ilusionados de los niños por mejorarse que Addison conoció fue lo que me decidiera a estudiar medicina y después especializarme en Hematología.
— Lo que te movió a tomar esa decisión es admirable, Mimi. Lamento mucho que hayas pasado por eso. Por todo lo que me contaste, puedo decir sin ninguna duda que adorabas a esa pequeña.
— No estás para nada equivocado, Joe — Admitió apenada — En fin, basta de cosas tristes. Mi límite diario ya se rebasó.
— El tiempo pasó rápido, me temo que ya debo volver a clases.
— Vaya que sí, también me quedan cosas por hacer, incluso aunque terminé mis clases, los profesores se encargan de que sigamos en casa.
Mimi y Joe salieron de la cafetería y se quedaron charlando por unos cuantos minutos mientras se dirigían a la salida de la facultad.
— Matt… — El castaño le movió el hombro a su amigo para que este dejase de prestarle tanta atención a su celular
— ¿Qué? — E Ishida siempre tan elocuente y amable.
— ¿Ese de allá no es Joe… con Mimi saliendo de la facultad de medicina?
— Parece que sí — Respondió agudizando la vista.
— ¿No es raro?
— ¿Raro? No creo que seas tan tonto como para olvidar que Joe estudia medicina — Comentó arqueando una ceja con incredulidad ante la posible ignorancia de su mejor amigo.
— No me refería a eso, sino a qué hace Tachikawa saliendo de ahí, dudo mucho que ella estudie medicina, es muy profundo para ella — Al decir esto último una ligera risa malvada salió de sus labios.
— No hables sobre cosas así. No eres quién para opinar. Seguramente fue a saludar a Joe y ya.
— Puede ser…
Ambos chicos caminaron en dirección hacia donde estaban Joe y Mimi charlando.
— ¿Qué tal todo, Joe? — Saludó Matt mientras chocaba puños con el peli azul — Hola Mimi.
— Ocupado como siempre, pero estoy perfectamente.
La castaña se limitó a hacer un gesto con la cabeza en señal de saludo.
Ante el silencio de Mimi, Tai aprovechó para molestar y sonrió con malicia — ¿Y tú qué haces con un libro de medicina? ¿Lo usaste para sostener tu espejo?
Ella le dedicó una ácida mirada — ¿Acaso te importa?
— Mimi también estudia medicina. ¿No es genial? — Les infirmó Joe emocionado sin percatarse del tenso ambiente entre ambos castaños.
Un silencio invadió el lugar, Matt miraba a Joe como si un tercer ojo le hubiese salido en la frente y Tai no pensó en contenerse y soltó una sonora carcajada.
— Perdón por reírme, Joe. Me pareció oírte decir que ella estudia medicina. Seguro escuché mal.
— ¿Es cierto? — Cuestionó Matt a la castaña que los miraba indignada.
— Sí, es cierto. No lo hagan ver tan imposible. Es la misma situación con ustedes. ¿Quién en su sano juicio creería que Yagami estudia Diplomacia si cuando era niño pasaba metiéndose en peleas? Lo mismo va para ti y tu física cuántica — Se defendió encarando al rubio.
— En ese caso… ella no está en su sano juicio — Tai ensanchó más su sonrisa a pesar de que pocos segundos antes lo habían etiquetado de bruto salvaje indirectamente. Mimi lo escuchó claramente y juró que si no fuese porque había demasiados testigos a su alrededor, Taichi ya estaría camino a su autopsia. .
Matt notó que se avecinaba otra pelea sin sentido de parte esos dos y se apresuró a evitar la fastidiosa experiencia — Tengo que ir a clases, arréglense ustedes, suerte con ellos Joe — Y sin más se fue como alma que lleva el diablo desapareciendo entre los universitarios.
— Yo… ¡Yo también! — Avisó el mayor de los tres, tenía el presentimiento de que si no se iba cualquiera de sus dos amigos podrían lastimarlo y temía más por la mirada de Mimi, se dio la vuelta y huyó sin importarle escuchar la respuesta de los castaños.
Se quedaron ahí, sin hacer ningún ademán, no se inició ninguna discusión como anteriormente Matt y Joe predijeron, Mimi miraba hacia cualquier lugar y Tai no despegaba sus serios orbes chocolates de Mimi, por lo que ella se sintió incómoda por la intensa mirada que le dedicaba el castaño y se impacientó.
— ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?
— Luces muy provocativa con esa ropa — Declaró el castaño sin reparar en el tacto y sin vergüenza alguna.
Mimi quedó helada. ¿Qué demonios sucedía con ese descarado?
Su ropa no era en absoluto provocativa. Era normal.
Sus reflejos reaccionaron antes de que ella misma se diese cuenta y el libro que llevaba en sus manos se estrelló contra la coronilla del muchacho.
— ¿Era necesaria la violencia? — Protestó sujetándose la cabeza. Ese libro no solo parecía pesado, en efecto lo era.
— Eres un desvergonzado — Dijo desviando la mirada, intentando por todos los medios que el rosa de sus mejillas desapareciera — Ahora… ya insultaste mi inteligencia y hablaste de mi atuendo. Así que cierra la boca, y piérdete — Levantó la barbilla y se dispuso a retirarse per un brazo la sujetó por la muñeca y no tuvo otra opción que detenerse.
— Espera un segundo.
— ¿Qué?
— ¿Por qué estudias medicina?
Mimi recordó en un instante todo lo que le contó a Joe y sintió un vacío en su pecho provocado por la melancolía.
— Eso no te incumbe — Respondió cortante y seguidamente se marchó, dejando a Tai con la palabra en la boca.
— Ella en verdad ha cambiado…
