III


— No insistas, Yolei. Por milésima vez, no voy a ir — Mimi había perdido la paciencia desde hacía un buen rato, todo gracias a su momentáneamente fastidiosa mejor amiga.

— Y yo por milésima vez te digo que no seas aguafiestas. ¡Di que sí! — Suplicó la peli morada jalándola de un brazo como si fuese una niña rogando por que le cumplan un capricho.

— No.

— Sí.

— ¡Que no!

— ¡Sí!

Las dos habían pasado buena parte de la mañana discutiendo sin parar en la sala de su apartamento. Todo se debía que Yolei no dejaba de rogarle a Mimi que asistiera a la fiesta que se daría mañana en la noche en la residencia que compartían Tai, Izzy y Matt. Pero la castaña se negaba rotundamente y la muchacha de ojos rubíes tampoco daba su brazo a torcer.

— Ya fue suficiente. ¡No seas necia!

— Al menos ve solo por educación, Kari me dijo que sería bueno que fueras para ponerse al día. Ella en verdad quiere que estés ahí.

— ¿Se supone que debo conmoverme por su interés en mí? — Preguntó frunciendo el ceño molesta.

— No empieces de nuevo, Meems. Acepta y ven conmigo, no tienes que estar todo la noche con ellos — Insistió — Solo di que sí.

— ¡Está bien! ¡Tú ganas! — Aceptó alzando la voz — Iré… recuérdame por qué te pedí que vivieras conmigo.

— Porque soy tu mejor amiga y no puedes vivir sin mí. Además que mi comida es deliciosa — Yolei le guiñó un ojo con orgullo y Mimi le respondió bufando ante el descaro de la peli morada.

La castaña se levantó de su lugar sobre la alfombra y caminó hacia la pequeña mesa que yacía junto a la puerta de entrada, tomó su celular y su juego de llaves del apartamento.

— ¿Vas a salir?

— No, Yolei. Solo llevaré a dar un paseo a mis llaves para que no se aburran.

— Tu sarcasmo duele.

— Si tanto te interesa, iré con Davis a dar una vuelta por ahí

— Es el colmo. Me hieres con tu ironía y ahora haces planes sin incluirme — Mimi observó cómo su mejor amiga se dejaba caer sobre el sofá haciendo lo que mejor sabía hacer. Drama — Ambos son unos traidores.

— Ah no. No intentes hacerme la villana del cuento, Yolei Inoue — La señaló con el dedo — Dijiste que tenías un proyecto por terminar, así que no me culpes por eso — Luego de defenderse Mimi salió y cerró la puerta.

— Estúpido trabajo de epidemiología — Murmuró entre dientes mientras tomaba asiento frente a un montón de carpetas esparcidas sobre la mesa de comedor.


— ¿Mi hermana hizo qué? — Repitió Tai con una expresión de horror.

— No me hagas repetirlo de nuevo Tai. Kari le pidió a Yolei para que Mimi asistiera a la fiesta — Comentó la pelirroja comenzando a cansarse de la insistente conversación entorno a la dichosa fiesta.

— ¿Dónde demonios está la fidelidad en la familia? — Se quejó suspirando — Invitar a Tachikawa alias la persona indeseada a una fiesta en un departamento del que no es dueña.

— No es necesaria la sobrerreacción, Tai. Dudo mucho que ella acepte — Dijo Matt restándole importancia al ridículo drama que su amigo estaba haciendo.

En el rostro de Sora se dibujó una mueca de tristeza al escuchar al rubio. Matt tenía algo de razón; nada aseguraba que Mimi aceptase. Desde hace días no sabía nada de la castaña, e incluso sin que Matt lo dijera, ella sabía que su amiga no querría ir.

Los demás no lo sabían, pero fue ella quien insistió en organizar esa fiesta y así tener la excusa ideal para acercarse a Mimi.

Tai se caracterizaba por ser un muchacho despistado, sin embargo, él podía leer fácilmente las expresiones de su mejor amiga, razón por la cual la tristeza en el rostro de la morena no pasó desapercibida por él.

— Claro… Y yo soy el idiota aquí — El castaño rodó los ojos ante el tonto error de Ishida. El rubio se dio cuenta de lo que hizo instantáneamente.

— Lo siento. No fue mi intención… yo no quise… — Solo balbuceos salían de sus labios intentando remediar lo que había hecho. Para él Sora significaba mucho a pesar de que ya no eran novios.

— No te preocupes — Lo tranquilizó sonriéndole — Sé que no fue tu intención, Matt.

Una voz a sus espaldas captó su atención. Los tres se dieron la vuelta para encontrarse con una chica de largo cabello negro y bonitos ojos violetas — Hola, Tai… hola, Sora — Al saludar a la pelirroja ambas transformaron su expresión.

El castaño le hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo y Sora se limitó a responderle con un sereno e indiferente "Buenos días".

— ¿Acaso yo estorbo aquí? — Preguntó Matt cruzándose de brazos al sentirse ignorado por la recién llegada.

La pelinegra sonrió y se acercó al rubio para rodear su cuello con sus brazos y dejar un pequeño beso en los labios contrarios — Jamás podría olvidarme de ti, Matt.

— No coman pan en frente de los pobres — Tai habló mirándolos con fastidios para luego llevarse una galleta a la boca.

— No intentes aparentar para causar pena, Taichi. Tú tienes a buena parte de la comunidad femenina detrás de ti.

— Y tú no te preocupes. No debes estar celosa, mi estimada amiga. Siempre tendrás un lugar en mi corazón, Sora.

Sora puso los ojos en blanco y le dio un leve golpe en el hombro — Es bueno saberlo. En fin… debo irme. Nos vemos luego chicos — La muchacha sonrió por última vez y pasó por el lado de la recién llegada sin dirigirle la más pequeña mirada.

Sora y Zakuro Komatsu compartían una tensa historia.

Desde que la pelinegra inició hace un tiempo su relación con Matt y desde que se enteró que Sora en efecto había sido la novia del rubio y que, a pesar de haber terminado aún mantenían una estrecha relación de amigos, no le agradó en absoluto y por lo tanto su trato con la moreno siempre fue indiferente y a veces hostil. Por su parte, a Sora no le caía nada bien Zakuro, ya que incluso antes de conocerla creía que la pelinegra podía ser fácilmente etiquetada con palabras que no deberían ser dichas frente a niños, además de considerar que ella solo usaba a Matt para incrementar su popularidad en el campus. Sin embargo, lo que Sora no sabía era que Zakuro en verdad estaba enamorada del rubio, nunca se acercó con otras intenciones.

Ambas poseían tan incómoda relación que, a pesar de no ser característico de su personalidad, Sora no mostraba intenciones de ser amigable con la otra, tan solo se limitaba a ser educada como lo era con cualquier extraño.

— ¿Cómo has estado? Hace varios días que no nos vemos — Cuestionó Zakuro sentándose junto al rubio sobre el césped.

— Todo en orden. Lo único que podría ser diferente es que una… amiga volvió de Estados Unidos — Dijo con duda en la voz debido a que no tenía idea qué clase de relación lo unía a Mimi Tachikawa.

— Estás dudando. ¿No es amiga tuya?

— Es complicado.

— Deja, yo te explico — Lo interrumpió Tai dejando de lado sus galletas y su gaseosa — Esa mujer es un hígado. La conocimos cuando estábamos en primaria y nos llevaron a un campamento de verano y luego de eso se mudó al extranjero por seis años y ahora que regresa se cree una reina de hielo digna de admiración, a pesar de que yo tengo muy en claro que solo es una mocosa malcriada que sigue creyendo que es una princesa a la que se le deben de cumplir todos sus caprichos.

— Según tu descripción no parece ser muy agradable. Entonces, ¿Por qué la consideran una amiga? – Inquirió confusa — ¿Piensas lo mismo de ella?

— No realmente. Tai solo está siendo infantil porque ella lo enfrentó. Mimi Tachikawa en efecto fue una niña muy caprichosa y llorona, y admito que ha cambiado bastante, antes no la traté lo suficiente pero a pesar de eso supongo que sí la considero una amiga.

— Insisto, Zakuro. Esa mujer es el demonio en persona.

— ¿Sabes algo, Tai? He escuchado acerca de varias relaciones que comenzaron en odio…

— Tu chiste no tiene nada de gracia. No digas algo como eso otra vez. El día que Tachikawa y yo lleguemos a ser algo así como una pareja, créeme cuando te digo que prefiero morir. Yo no la soporto, ella no me soporta. Ninguno saldría ileso de una relación.

— Si tú lo dices…


— ¿Dónde diablos se metió esa chica? — Davis se paseaba de un lado a otro en ese sector del parque. Ya había dado más vueltas de las que podía recordar.

Hace una hora salió de clases, ni siquiera fue a su casa para cambiarse el uniforme para así no retrasarse y evitar las quejas de Mimi y ahora era ella la que se daba el lujo de no llegar y dejarlo esperando como un idiota.

— Mujeres… el día en que una mujer no llegue tarde a algún lugar definitivamente será el fin del mundo como lo conocemos…

El moreno continuó murmurando en contra del sexo femenino sin darse por enterado que a sus espaldas Mimi lo observaba divertida — Ya estoy aquí, señor quejumbroso. No fue mi culpa llegar tarde, Yolei me retrasó.

— No es de extrañar. ¿Cuál es su problema ahora?

— Que asista a la fiesta de Izzy y los demás.

Ante esa declaración el oji negro estalló en una sonora carcajada bajo la perpleja mirada de su mejor amiga.

— ¿Debo preocuparme por esa risa? — Inquirió con extrañeza. A veces las reacciones inesperadas de su amigo eran un poco demasiado excesivas. No había dicho nada que fuera gracioso y parte le molestaba que él se estuviera riendo de ella sin razón alguna.

— Le advertí a esa necia que no ibas a querer ir a la fiesta bajo ninguna circunstancia, pero supe que tarde o temprano Yolei conseguiría que tu paciencia se agotara y terminarías aceptando.

Mimi lo miró indignada — ¿Sabías de esto y no dijiste nada?

Él percibió la amenaza en los ojos de su amiga y llevó una mano al brazo de ella para dejar una caricia simplona y así intentar apaciguar la ira que sabía estaba creciendo en Mimi — Primero, relájate y escucha. Segundo, sí, yo lo sabía, Kari no dejaba de hablar sobre eso ayer durante el almuerzo. Además… no te enojes conmigo por lo que te voy a preguntar, pero… ¿Por qué tanta negativa a ir a la fiesta, Meems?

Apartó la mirada de su amigo y suspiró. Realmente no quería hablar de ese tema en particular — Solo no quiero ir. Sabes que mi relación con el idiota de Yagami no es precisamente agradable, y respecto a los demás… no necesito explicarme. No puedo estar toda una noche con tus amigos, Davis.

— Eso lo entiendo, pero tú también sabes que ellos son tus amigos — Le refutó seriamente.

— Ellos no son mis amigos — Respondió sonriendo con ironía — Al menos ya no.

Davis se acercó más a ella, haciéndole sentir incomoda al sentir los intentos ojos negros de su amigo sobre ella, mas no se atrevió a encararlo — Mírame. Oye, no me ignores — Se quejó ofendido — Mírame.

La castaña negó con la cabeza y murmuró una negativa acompañada de una maldición en inglés, pero Davis no dio su brazo a torcer y le sujetó la barbilla con suavidad para obligarla a verlo, hecho que sorprendió a Mimi al notar lo realmente seria que era la expresión contraria. No era muy común.

— Y no te atrevas a cerrar los ojos — La regañó anticipándose a sus acciones.

Frunció el ceño al sentirse como una niña siendo reprendida por su padre por lo que a regañadientes lo encaró. Los ojos severos la atravesaron y a pesar de ello se mantuvo firme.

— No quiero hablar del tema, por favor.

— Tú nunca quieres hablar sobre ello, Mimi.

— Tengo más que justificadas mis razones – Dijo apartando la mano contraria y se puso de pie para hacer distancia. Se sentía demasiado descubierta.

— Y volvemos a tu necedad… olvídalo, es lo mejor que podrías hacer.

— Tanto tú como Yolei constantemente dicen que comprenden lo que siento, pero no parece que lo hagan, ellos no les hicieron a ustedes lo mismo que a mí, Davis… es mas… ya fue suficiente. Dejemos este tema bajo tierra y no lo saquemos más de ahí — Y su tono sentenció el final de esa discusión sin dejar espacios para negarse.

Ella no tiene remedio… — Pensó con un suspiro — Está bien. Tema olvidado.

— Hablemos de algo más importante. ¿Cómo pasas la vida de un estudiante de último año?

Mierda…

— Perfecto, maravilloso… ¿Por quién me tomas…? — Ahora era él quien quería evadir el tema — Solo… yo tomé un curso de italiano y lo reprobé y también voy un poco deficiente en dos materias. ¡Pero solo eso!

Ella lo intentó. En serio que trató de contener la risa al ver lo incomodo que se comportaba el moreno al ver acorralado con el tema de los estudios. Al final fue inútil y tuvo que reírse.

— Esta vez soy yo el ofendido. ¿Qué es tan gracioso?

— Lo siento, pero… es que no entiendo, Davis — Habló cuando por fin logró que su risa se detuviera — Los idiomas nunca se te han complicado. Hablas inglés de forma fluida, gracias a mí claro pero el punto es que lo hablas perfectamente.

— Tu modestia nunca deja de sorprenderme, Tachikawa.

— Da igual, volvamos al tema. El italiano es más sencillo que el inglés. ¿Cuál es el problema?

— ¿Ahora también hablas italiano?

— No debería sorprenderte.

— Demuéstralo — La retó sonriendo con suficiencia — Traduce: Yo no odio a nadie, lo que pasa es que la existencia de ciertas personas en el mundo me molesta.

— Io non odio nessuno, quello che sucede é che l´esistenza di certe persone in tutto il mondo mi dá fastidio — Mimi le devolvió la sonrisa de victoria.

— Bien. Supongo que sabes algo. Aunque esa frase era muy sencilla.

— Veo que intentarás ponerme trabas antes de aceptar que hablo bien italiano. Adelante, pídeme que traduzca otra cosa.

— "El tiempo lo cambia todo, eso es lo que la gente dice, pero no es cierto, hacer cosas, cambia las cosas. No hacer las cosas, deja todo exactamente como está".

— Tempo cambia tutto, questo é quello che dice la gente, ma non é vero, fare la cose, cambia le cose. Non fare le cose lascia le cose esattamente come questo. ¿Algo más, joven Motomiya?

— Ok… lo admito. Sí sabes italiano — Aunque su orgullo se vio altamente herida no podía negar las habilidades de lenguaje de su amiga.

— Me alaga que admitas mis destrezas. Pero, Davis…

— ¿Qué?

— Algún día tendrás que superar Doctor House.


— Buenas tardes — Mimi llegó agitada a la oficina de una de las secretarias de la facultad de Lenguas y Letras luego de haber corrido como desquiciada y todo por haberse quedado mucho más tiempo del que planeaba estar con Davis en el parque — Necesito ayuda con mi horario.

La mujer a quien le habló podría tener no más de treinta y cinco años, poseía una expresión amable y tranquila, y su voz era suave — Claro, ¿En qué puede ayudarte, querida?

— Hace unos días me transferí de mi universidad del extranjero a la Facultad de Medicina de aquí y aun no consigo todos los horarios que incluyen las clases extra que tomo para aumentar mi promedio. Consulté en la plataforma de la universidad y se supone que debo estar en mi curso de inglés, pero tengo el gran inconveniente de no saber el nombre del profesor y mucho menos dónde se imparte la clase.

— Aguarda un segundo, consultaré en registro. ¿Tú nombre?

— Mimi Tachikawa.

La secretaria tecleó unas cuantas veces en la computadora, y esperó por unos momentos, Mimi la observaba de manera impaciente mientras movía constantemente su pie contra el suelo. Luego de lo que le pareció toda una eternidad la mujer se volvió nuevamente hacia ella.

— Su profesor de inglés asignado es el Sr. Hiroshi Yamada, y su salón se ubica en el área oeste de la universidad justo al lado de la facultad de relaciones públicas, Señorita Tachikawa.

En ese momento la castaña la observó con adoración — ¡Es usted mi salvadora! Gracias al cielo… muchísimas gracias, señorita — Y dicho eso sin importarle haber actuado tan dramáticamente se dirigió lo más rápido que sus piernas le permitieron hasta su clase a la que evidentemente llegaría retrasada.

— ¿Lo vez, chico? — Le comentó la señora a otro estudiante que se encontraba atendiendo — Esa jovencita sí que sabe distinguir entre quien es viejo y quien solo es un joven.


— Muy buenas tardes, jóvenes — Saludó un hombre de edad avanzada, con su cabello en tonos plateados y enfundado en un conjunto gris y negro.

La puerta de salón fue golpeada levemente y Mimi ingresó con lentitud tratando de no hacer ruido en caso de que la clase ya hubiese comenzado. Hizo una leve reverencia al profesor y le entregó sus datos para que la registrara en la lista. El hombre le devolvió el saludo con un "Bienvenida" y le indicó que podía tomar asiento en donde gustara.

Paseo su mirada miel por todo el salón para localizar algún puesto vacío y su sorpresa fue evidente al encontrarse con Matt Ishida, Sora Takenouchi y el invivible de Tai Yagami al fondo de la clase. No repaso sus expresiones, pero pudo distinguir una mueca de fastidio en el rostro del moreno, hecho que le sacó una sonrisa de satisfacción. No celebraba en absoluto tener que compartir curso con ellos, sin embargo, podría sacarle provecho y molestar a Tai con su sola presencia. También logró divisar a un amigo/conocido de sus anteriores clases de fisiología y cirugía II, Takuya Kambara le guiño el ojo en cuanto sus miradas se encontraron y devolviéndole la sonrisa se dirigió hacia él para tomar el asiento detrás del suyo.

Prefirió ignorar el hecho de que Yagami estaría a sus espaldas.

— Creí que no llegarías nunca — Le susurró riendo.

— No le veo lo gracioso — Respondió en el mismo volumen — Si también tenías este curso y justo en este salón debiste decirme. ¿Tienes idea de todo lo que corrí para saber dónde quedaba?

— Apuesto todo el dinero que no tengo en mi tarjeta a que llegaste tarde solo por quedarte dormida en algún lugar.

— No me quedé dormida. Solo… perdí la noción del tiempo.

— Kambara, lo solicitan en las oficinas de registro, por favor diríjase hacia allá — Interrumpió el anciano llamando la atención de ambos.

— No puedo creerlo. ¿Estás en problema la segunda semana del semestre?

— No hice nada, estoy seguro de ello — Takuya hizo una graciosa mueca ante la indignante acusación — Ya luego te diré qué querían conmigo. Vuelvo enseguida.

Luego de que su compañero se fuera, sintió un ligero toque en su espalda y miró a su costado para encontrarse cara a cara con la amable sonrisa de Sora. La pelirroja la saludo felizmente, acción que Mimi respondió únicamente por cortesía.

— Es una sorpresa. ¿Qué haces aquí?

— Bueno, en mi plan de estudios también es optativo llevar un idioma para elevar el promedio, así que elegí inglés aunque no me suponga el menor esfuerzo, otros cursos exigen más que este así que prefiero no complicarme. Veo que esta clase la imparten sin las habituales divisiones por facultad independientemente del tiempo que se lleve aquí.

— Supongo que sí — Contestó Sora con gesto pensativo — Por cierto, ¿Yolei ya te habló de la fiesta?

La pequeña y diminuta sonrisa fingida de Mimi desapareció, se removió incomoda ante el abrupto cambio tema y sobre todo por ESE tema.

Mal momento para preguntar eso.

— Sí, algo habló de eso — Prefirió ahorrarse la verdadera historia detrás de la insistencia de s amiga de lentes — No sé si pueda ir. Aún tengo pendientes por hacer respecto a la universidad y la mudanza, pero traté. De todas maneras te agradezco por incluirme — Al decir esas últimas palabras se sintió enferma al percibir la ironía de la situación, a pesar de, se contuvo de decirle a Sora que simplemente dejara de hablarle.

— Haz todo lo posible — Comentó Tai mirándola con aburrimiento — Si no te veo ahí probablemente muera de decepción.

— Bien por ti. Muere cuando se te dé la gana.

— Un futuro médico deseándole la muerte a una persona. ¿Qué clase de ética es esa? No permitiría que atiendas ni al ratón que se comió el gato de nuestra vecina.

— No seas idiota. La veterinaria es una disciplina aparte.

— Por supuesto que lo sé, tonta. ¿Acaso no captas el sarcasmo?

— Eres un niño. Madura.

Matt y Sora intercambiaron expresiones resignadas. Tai habló y comenzó una discusión en la que probablemente perdería contra el sorpresivamente astuto responder de Mimi ante sus intentos por hacerla enojar.

— ¿Un niño? — Repitió incrédulo — Mírame bien y te darás cuenta que no queda nada del niño que fui.

— Ah, disculpa por ofender un atractivo que no identifico. Aunque admito que si eres más alto. Eso explica el porqué de tu deficiente inteligencia, no te llega el oxígeno necesario al cerebro.

Tai iba a replicar, si no fuera porque el profesor junto con Kambara ingresó al salón, el anciano con el ceño fruncido y el chico con una sonrisa autosuficiente.

El hombro les solicitó que sacaran el libro del curso para retomar la lección mientras Takuya caminaba por entre los escritorios para llegar al propio. Ante esto Mimi supo que su discusión que Yagami había terminado y se dio la vuelta para mirarlo de reojo, le sonrió de una manera que el castaño etiquetó como impertinente, una sonrisa que le decía "Yo gano", hecho que lo molestó tanto que juró que de haberse tratado de un hombre ya le habría dado un buen golpe. ¿Cómo podía joderle los nervios con un mísero gesto?

— ¿Qué diablos fue eso? — Susurró Takuya luego de haber presenciado ese pequeño intercambio de miradas.

— Nada especial — Dijo intentando borrar su sonrisa de niña traviesa — Luego te diré.

Takuya formó una expresión confusa y sacudió la cabeza. ¿En qué se había metido esa chica?