IV
— ¿Qué dijo Yolei?
— Ya fue suficiente con su interrogatorio — Kari se quejó ante las mil y un preguntas hechas por sus amigos.
— Ya, hombre. Déjala hablar
— Tú tampoco has dejado de preguntar, Davis. Incluso más que yo.
— Basta, chicos — Dio un pequeño golpe sobre la superficie de la mesa y captó la atención de ambos — Mimi sí irá, incluso a pesar de todas las protestas de mi hermano.
Ante esa noticia, inconscientemente una sonrisa fue dibujándose de a poco en el rostro de Davis — No ganaste esta vez — Pensó satisfecho — Bueno, es una suerte no vivir con Tai si tomamos en cuenta todas sus negativas, lo respeto pero me habría dado igual darle un golpe para callar sus constantes "¿Quién demonios les dio el derecho de invitar gente a una casa que no les pertenece?".
— Matt también terminó por quejarse, Tai en verdad logró sacarlo de quicio. Recuerdo claramente sus amenazas de dejarlo en coma si no aceptaba con madurez algo que no era la gran cosa.
Los tres estallaron en carcajadas al recordar la escena que presenciaron. Si bien la situación era algo tensa debido al comportamiento de Mimi, las protestas de los hermanos mayores lograban darles motivos para reir sin reparo.
— Sora tampoco se quedó atrás —Kari sonrió — Realmente me recordó a mamá al regañarlos por sus discusiones. Ella tiene razón, ninguno tenía que estar a disposición de Mimi o algo por el estilo. Al final… Mimi irá y eso es lo que importa. Tenemos mucho de qué hablar.
Davis intentó disimular una mueca de incomodidad ante el rostro ilusionado de su amiga castaña, si ellos supieran la realidad detrás de la positiva de Mimi respecto a asistir a esa fiesta… si supieran que la oji miel solo aceptó porque Yolei con un poco de ayuda suya se encargó de agotar la paciencia de ella para que dijera que sí, ellos en verdad se sentirían enormemente decepcionados.
Luego de ese comentario, Tk propuso terminar el proyecto que debían entregar pronto para que así no se les hiciera tarde para la fiesta de esa noche.
Yolei salió de su habitación a la sala de estar y pego el grito al cielo — ¡¿Qué traes puesto, Mimi?! — La castaña yacía recostada sobre uno de los sofás mientras tranquilamente escuchaba música.
— ¿A qué te refieres con qué traigo puesto? — Preguntó arqueando una ceja a la vez que se retiraba los audífonos y le ponía pausa a la canción.
— Sabes a lo que me refiero. Vamos a una fiesta, no al supermercado.
Mimi suspiró con cansancio y le echó un vistazo a su ropa para ver qué había causado un pre-infarto en su amiga, sin embargo, no encontró nada extraño. Llevaba un short negro, una blusa blanca de manga larga, y bueno, pensaba ponerse unas botas bajas cuando ya se fueran a ir.
— Lo que llevo puesto no tiene nada de malo y tampoco es tan informal como lo haces ver, Yolei. Vamos a una fiesta, no a una graduación.
— Ni siquiera intentes cambiarme de tema — La acusó entrecerrando los ojos — Ahora ve a cambiarte, y te lo advierto, Mimi Tachikawa, puedes ponerte hasta una pijama y aun así te voy a llevar a esa fiesta — Y sintiéndose como regañada por su propia madre, la oji miel caminó hasta su respectiva habitación.
Luego de unos minutos, finalmente salió lo "suficientemente producida" como para obtener un visto bueno de su amiga que se auto designó como su madre.
— Bien, ya me vestí con esto y no pienso cambiarme de nuevo incluso si haces un enorme berrinche. Es más, por mi está perfecto no ir a esa absurda fiesta que me tiene sin cuidado.
Yolei se volteó para inspeccionar mejor su atuendo el cual consistía en una pantalón ajustado en negro, una blusa borgoña de manga larga, una chaqueta gris y unos botines negros; respecto a su maquillaje, este era muy sencillo, un poco de delineador sobre las pestañas superiores, rímel y un leve rubor. Su cabello caía en sus naturales ondas.
— Nos habríamos ahorrado mucho tiempo si te hubieses puesto esto desde un principio. ¡Luces hermosa! — Dijo encantada ante el buen gusto de amiga. Quizás Mimi ya no se vistiese tan "Rosa por aquí y por allá", pero su estilo urbano era perfecto.
— Mi plan era que hicieras un drama y así podría evitar ir, pero no funcionó. Tu terquedad llega a niveles sobrenaturales.
— Eres peor que yo, Mimi.
La oji miel sonrió ante lo escuchado y le guiñó un ojo — Vamos antes de que me arrepienta.
Se encargaron de apagar todas las luces y salieron del apartamento para tomar el taxi que recién llegó por ellas y se encontraba esperándolas frente a su residencia.
Al llegar se dirigieron directo al departamento de los muchachos, no obstante, cuando Yolei se disponía a llamar al timbre para que les abrieran, se dio cuenta que los metros que separaban la residencia del ascensor los había recorrido sola ya que Mimi se quedó atrás mirándola con una expresión vacía.
— ¿Qué pasa?
— ¿Es tan necesario que vaya?
— No seas inmadura. Anda, Meems.
−— Entra primero — Pidió buscando excusas para retrasar su ingreso — Dame un momento para mentalizarme, mientras puede ver si Davis ya llegó.
La peli morada suspiró ante la repentina actitud infantil de su amiga pero al final asintió — Bien, pero recuerda que si huyes te buscaré aunque te escondas en el fondo del mar — Hizo un gesto con sus dedo índice y corazón, indicando que estaría vigilándola de cerca, Mimi solo atinó a reir mientras le decía que entrara de una vez.
Yolei ingresó percatándose inmediatamente del volumen de la música electrónica.
Afuera Mimi deambuló por el extenso pasillo de ese piso ida y vuelta varias veces mientras su mirada se perdía en el cielo estrellado de esa noche fresca. Sin contar el escándalo filtrado de la fiesta todo lo demás se encontraba sumido en silencio
Las miradas se posaron sobre ella mientras avanzaba por el departamento, siendo demasiado consciente de las expresiones expectantes de sus amigos que hacía que se sintiera como si estuviese siendo sometida a un interrogatorio.
Y su pánico interno aumentó en cuanto Tk le preguntó acerca de Mimi.
Oh, Dios.
Era demasiada atención sobre ella. Se encontró con los ojos de Davis, estos le preguntaban silenciosamente y con mucho más interés sobre su mejor amiga. Contestó con un suspiro cargado de resignación y negó levemente con la cabeza para que así solo el moreno lo notara, él puso los ojos en blanco mientras sonreía de lado y se levantó sin decir nada y se perdió entre los asistentes a la fiesta.
Ese traidor. ¿Cómo se atrevía a abandonarla tan vilmente? ¿Cómo ella iba a decir que la terca de su amiga estaba allá fuera teniendo un conflicto de voluntad?
Davis salió al pasillo y el frío viento nocturno movió sus alborotados cabellos, miró a ambos lados y al fondo divisó a cierta muchacha de cabellos mieles.
— La fiesta es allá adentro, señorita — Su voz provocó un sobresalto en Mimi, sobre todo cuando colocó una de sus manos en el hombro de ella para captar su atención.
— Me asustaste — Se quejó frunciendo el ceño.
— ¿Se puede saber por qué estás dudando, Mimi?
— Davis… en serio no quiero entrar — Dijo abrazándose a sí misma — Vine en contra de mi voluntad. Eso que dice Yolei respecto a limar asperezas… sabes que no va a funcionar. Ambos insisten… pero no es algo de vida o muerte que ellos formen parte de mi vida de nuevo.
— No hagas de esto una tragedia — Davis se acercó y pasó sus brazos sobre los hombros contrarios — Además, creo que no entiendes lo que significa venir en contra de tu voluntad. Deja que te lo muestre — En sus labios se formó una sonrisa que extrañó a la castaña y antes de que pudiese decir algo más el moreno la sujetó de la cintura y la cargó como si fuera un saco de papas. Mimi contempló con expresión estupefacta que su pseudo mejor amigo la llevó hasta el frente de la puerta — Tú eliges. O entras con tus propios pies o lo haces con ayuda de los míos.
— No te atreverías…
— Sabes que sí.
— Bien. No es necesario llegar a estos extremos. Bájame ahora, niño.
Sonriendo como un niño que logró su cometido Davis la dejó en el suelo y le abrió la puerta, Mimi pasó por su lado y lo fulminó con la mirada.
Necesitaba una coartada ya mismo. Algo con qué distraer a sus amigos de los cuestionamientos acerca de Mimi. Sora ya comenzaba a sospechar, de esto estaba completamente segura.
— Mimi está…. Ella está afuera — Se sintió patética al percibir el tartamudeo en su voz — Está… respondiendo una llamada de su mamá.
— No sufras más, ya estoy aquí — La voz que habló a sus espaldas fue como un canto de los ángeles. Mimi no pudo haber llegado en mejor momento, aunque habría sido genial que llegase antes de sus lamentables titubeos.
Los saludos restantes no se hicieron esperar, saludos que la oji miel respondió con incomoda cortesía, leves sonrisas y excusas sobre que los estudios no le permitían tener vida social, y que por lo tanto, no podía verlos tan seguido.
— Es una pena, supongo que tendré que poner ajo en todas partes para espantar presencias indeseables — Los ojos de Mimi se encontraron en un instante con otros color chocolate que la observaban con aburrimiento.
Tai dejó su lugar en uno de los sofás y se acercó a la castaña. Le dedicó una significativa sonrisa ladeada para posteriormente dejarla con la indignación hirviendo en sus venas.
Todos presenciaron ese extraño intercambio de miradas. ¿Qué pretendía Taichi?
En cuanto a Mimi… decir que estaba molesta era poco. Únicamente ella sabía perfectamente lo que quiso decir esa expresión en el mayor de los Yagami.
Ese cretino solo con una mirada etiquetó nuevamente su vestimenta como provocativa.
¿Quién rayos se creía él para verla así?
¡Y no andaba provocativa!
E incluso si fuera cierto, ese hombre no tenía ningún derecho para opinar al respecto.
— Joder — Tai seguía refunfuñando respecto a la realidad que suponía que la dichosa princesa de hielo estuviera en su casa.
— ¿Ahora por qué esa cara? — Preguntó Matt mientras tomaba asiento junto al moreno.
— Mimi está aquí. Eso es todo — Contestó Izzy por el moreno al salir de la cocina con parsimonia — Y si está molesto es porque asumo que ya tuvieron su primera disputa de la noche.
— Muy gracioso, cerebrito — Murmuró con fastidio — A veces prefiero que seas el mismo retraído social de antes. Vuelve con tu estúpida computadora y no jodas.
— Admite que Izzy le dio al clavo, Yagami. Además, recuerda lo que dije. Deja de quejarte como un niño. Sí, Tachikawa si vino, pero ella ya dejó en claro que lo menos que quiere es estar cerca de ti. Y tú también quieres eso. Así que no hay razón para discutir. Parece que es tu hobby preferido pelear con ella.
— Matt tiene razón — Una cuarta voz pero femenina interrumpió — Ya te he dicho que algunas relaciones inician con hostilidad — Zakuro les sonrió. Sus palabras consiguieron irritar más a Tai pues ya era el colmo las insistencias respecto a que esa mujer le gustaba. Lo tenía muy claro, nunca se retractaría de decir que ellos jamás tendrían algún tipo de relación amorosa — Y no hagas esa cara, Tai. Nadie sabe lo que puede ocurrir de la noche a la mañana.
Yagami junto con Izzy dejaron solos a la pareja. El primero porque odiaba los sermones y el segundo debido a que no le agradaba presenciar escenas demasiado afectuosas.
— Déjame adivinar. ¿Ella ya está aquí?
— Es fácil saberlo con solo ver la actitud de Tai. Habrá un par de peleas sin sentido.
— Resulta interesante — Comentó sonriendo divertida — En verdad quiero comprobar con mis propios ojos si Tai tiene razón al quejarse tanto de esa chica.
Matt asintió y paseo su mirada zafiro por la sala de estar — Hablando de la reina de Roma — Dijo fijándose en una de las esquinas de la sala de estar — Mira hacia allá, Zakuro — La peli negra siguió con la vista la dirección que indicaba su novio y divisó a Davis Motomiya junto a una muchacha de cabello castaña que le daba la espalda desde el punto del que estaban viendo.
— Qué injusto. No puedo verla bien desde aquí.
— Deja de sonreír como el gato de Cheshire y dilo de una vez. Sé que te mueres por decirlo — Mimi puso los ojos blancos al ver la expresión satisfecha de su mejor amigo.
— Vamos, Meems. Deja que lo disfrute un momento — Ella cruzó los brazos, cosa que causó que la sonrisa de ensanchara. Era muy evidente el fastidio de la castaña, así que consideró que era justo acabar con su tormento — Te lo dije — Davis comenzó a reir descontroladamente ante los asesinos ojos que lo miraban prometiéndole una muerte muy dolorosa — Bien, bien. Ya estuvo bueno. Mira el lado positivo de esto. Tanto Tai como tú han pasado días negándose a convivir en este lugar y ni siquiera se han dirigido la palabra.
— Supongo que tienes razón — Murmuró no muy convencida. De repente recordó algo que llamó su atención hace unos minutos y levantó la mirada — Hace un rato vi a una chica con que jamás he visto en mi vida. Ella hablaba con Izzy. ¿Quién es?
— ¿Te refieres a Komatsu? — Mimi se encogió de hombros. ¿Cómo podría saber cómo se apellidaba esa chica? — Es la novia de Matt.
La castaña se encontraba apoyando su barbilla sobre su mano, de igual forma su codo estaba siendo apoyado contra el brazo del sofá, y Mimi al escuchar esa declaración sintió que su codo cedió sobre el material del mueble y por poco cae de bruces al suelo — ¿Novia? — Davis asintió entretenido por la expresión impactada de su amiga — ¿Novia? ¿Acaso él y Sora no son novios?
— Ellos terminaron hace un tiempo. Sí que tenías mucha razón al decir que no sabes nada acerca de la vida de los chicos.
— Ahora es mi turno de decir te lo dije — Habló sintiéndose repentinamente molesta — Por eso odio hablar de ese tema… Davis…
— ¿Qué?
— ¿Se puede saber por qué no estás incordiando a Kari siendo que ella está allá muy junto a Tk?
El moreno ante semejante pregunta quedó en blanco. Poco a poco una nueva sonrisa se curveo en sus labios y dejó escapar una gran carcajada ante una ofendida Mimi q ue en serio detestaba cuando lo que decía resultaba gracioso para los demás menos para ella.
— ¿Algún día piensas dejar de reir? — Le dio un leve golpe en el brazo — Responde, Davis.
— Me duele que no sepas algo como eso de tu mejor amigo — Él hizo una mueca fingida — Deberías saber que no estoy interesado en Kari — Ahora era el momento de la oji miel para estar perpleja — Al menos ya no. creo… que olvidé mencionarte eso. Aunque ya lleva tiempo… Y antes de que digas algo al respecto, deja que me explique. Sabes que era un necio y me negaba a aceptar que Kari estaba interesada en Tk y no en mí, así que luego de un tiempo en el que me lo pensé mucho, llegué a la conclusión de que en verdad nunca estuve enamorado de ella como según yo juraba estarlo. Quiero mucho a Kari, pero solo como una amiga tal y como ella me quiere a mí, solo estaba obsesionado con "ganarle" a Tk. Era una pérdida de tiempo y solo iba a conseguir alejarme de ellos.
Escuchó atentamente.
Wow. Decir que estaba sorprendida es poco.
Su boca fue formando una perfecta O — Yo… no sé qué decir… es que… Wow… hablaste con tal madurez… y tú… ¡Tú eres Davis! — Exclamó abriendo más los ojos — Eres más inmaduro que un niño de primaria, no me vas así, sabes que te amo, pero… realmente me tomaste desprevenida con eso. Y además… odio darme cuenta de esto, pero te pareces tanto al idiota de Yagami.
— ¿En qué?
— Decirlo le duele a mi orgullo. Pero hasta yo admito que él es alguien noble y buen amigo.
— Joder, ¿Así de bueno soy?
Debido a esas palabras Mimi sonrió con dulzura y le revolvió el cabello — Mucho más de lo que te imaginas. Eres una de las mejores personas que conozco — Davis comenzó a fingir un exagerado llanto en cuanto abrazó con fuerza a la castaña, ella reía y se quejaba de vez en cuando por el encierro al que la sometía el muchacho.
Tai contemplaba la afectuosa escena desde su lugar apoyado contra el marco de la entrada a la cocina. Ni siquiera había notado que su ceño estaba fuertemente fruncido y unas desconocidas ganas de golpear a alguien le recorrían el brazo.
Justo Sora pasó frente a él y la sujeta por la muñeca. La pelirroja dio un respingo y miró con duda a su amigo cuya expresión seria la confundió más.
— Mira qué conmovedora escena — Dijo haciendo un movimiento con la cabeza para apuntar a los jóvenes que hablaban tranquilamente.
— Bueno… sí, es extraño verlos abrazándose… espera… — Sora hizo una mueca y se fijó más detalladamente — Vaya, sí están abrazándose como si fuesen íntimos. Entonces sí es verdad que se llevan de maravilla.
— ¿No será que ellos dos…? — Se preguntó más para él mismo que para la muchacha.
Ella no pudo evitar reir ante las dudas del moreno — Lo dudo, Tai. Mimi especificó que Davis es su mejor amigo. Que se abracen es normal, ¿No? supongo que llevan una relación como la nuestra. Además… incluso si fueran algo más, ¿Eso en qué te afecta?
— No insinúes nada. Solo me dio curiosidad — Contestó ignorando la significativa mirada ella le dio.
— Como tú digas. Anda, vamos a la terraza. Los chicos están ahí.
— Acabo de ver a Tachikawa ir hacia allá. No, gracias.
— No seas un niño y vamos. Nadie te está obligando a hablarle a Mimi.
No le quedó de otra más que aceptar. Aunque probablemente fue más porque Sora lo jalaba del brazo y su mirada le advertía que no iba a aceptar ninguno no de su parte. Fueron directo a la pequeña terraza en la parte trasera del departamento. Todos los antiguos elegidos se encontraban ahí.
Al salir escucharon risas por doquier que tenía como centro a Davis. Al parecer Yolei hizo una broma al moreno recordándole que cuando tenía doce años él no entendía cómo el internet inalámbrico funcionaba sin necesidad de un cable.
— ¿No creen que sea ridículo seguir haciendo un chiste de algo que pasó hace años?
— Davis, tú haces exactamente lo mismo. Soporta el karma en tú vida.
— Tk, tiene razón. Debes aceptar que la vida te devuelva lo que haces.
— Siempre lo apoyas a él, Kari — Protestó el moreno ofendido — Tu favoritismo hará que te quedes sola y vivas con diez gatos.
— Eres tú el del favoritismo. No te hagas la víctima. Sé bien que usas eso para salir bien en los exámenes.
— No seas una traidora, Mimi. Ni siquiera tienes derecho a mencionar eso, hace tiempo te graduaste.
— ¿Hace tiempo? — Repitió con una sonrisa irónica — Fue hace dos años. No te atrevas a llamarme vieja.
— Debí quedarme en casa hoy. Todos están en mi contra — Davis se dejó caer en el sofá junto a Mimi.
— Somos dos — Dijo Tai mientras cerraba la puerta que daba al interior del departamento.
— No necesitamos tus quejas aquí — Matt solo se encogió de hombros ante la mirada asesina del moreno.
— Mimi — La oji miel se volteo para ver a Kari — ¿No será difícil mantener una relación a distancia? Aunque supongo que Michael vendrá seguido para verte, ¿Verdad?
Silencio.
Al escuchar la pregunta carente de mala intención de parte de Kari, Davis estuvo a punto de ahogarse con su refresco, y por su parte Yolei casi cae sobre Tk ya que estaba apoyada en su hombro.
Mimi solo sonrió como lo haría el mismo diablo al preguntársele si se arrepiente de haber sido expulsado del cielo.
— No hay necesidad de una relación a distancia así como tampoco es necesario que él venga hasta acá. Es más, si viniera solo sería una pérdida de nuestro tiempo.
Sora intercambio miradas con Tai que estaba sentado frente a ella — Ya veo… Entonces le pediste a él que no viniera por ti ni tampoco se preocupara. ¿Pero al ser tu novio no te extrañará?
La castaña cerró los ojos y suspiró. Sabía que en cualquier momento ese tema sería sacado a la luz — Michael y yo terminamos hace mucho tiempo — Anunció con severidad.
El ambiente se tornó helado como si la temperatura hubiese descendido bajo cero. La tensión era palpable y muy, muy incómoda.
Davis tenía un poco de miedo, no se atrevía a mirar a su amiga. Yolei definitivamente preferiría un ataque al corazón. No era cosa de Dios tocar ese tema tan delicado. Kari mantenía una expresión de sorpresa al igual que Tk. Sora se sentía avergonzada por haber hecho una pregunta tan indiscreta. Izzy y Ken prefirieron parar su conversación a parte a pesar de no saber mucho sobre qué hablaban los otros. Matt solo desvió la mirada y Tai… él observaba a Mimi beber su gaseosa completamente indiferente ante todo lo demás.
— Permiso, debo hacer una llamada — Mimi se puso de pie y pasó a un lado de Tai, rozó levemente su brazo con el del muchacho pero no se dijeron nada.
Apenas ella salió el ambiente recobró su tranquilidad.
Kari no apartó sus ojos de la castaña y también se levantó, se excusó que iba al baño y fui tras Mimi.
— Juraba que ese tipo y Mimi llegarían a algo más serio más adelante — Comentó Matt.
— También yo — Dijo Sora aun con la sorpresa.
Tai se encogió de hombros. Realmente no le importaba ese asunto — Al parecer la princesa de hielo se aburrió de él y simplemente lo dejó.
— Es posible que no le guste hablar del tema porque la lastimó — Razonó Ken cuando por fin cayó en cuenta de lo que estaban hablando antes.
Tanto Davis como Yolei se mantuvieron en sepulcral silencio durante varios minutos, mirándose mutuamente con la misma sensación de preocupación en el pecho.
Salió del departamento. Necesitaba que el aire frío de la noche le diera en la cara para que su enojo e incomodidad desaparecieran. Y todo debido al estúpido giro de conversación que se dio en la terraza.
Sora y Kari sí que sabían cómo matarle la poca voluntad que tenía para interactuar con ellos.
No pudo verlo bien ya que Davis estaba a su lado y Yolei atrás suyo, pero los conocía bien como para saber que ellos también se sintieron acorralados con ese tema incluso aunque no hubiesen sido cuestionados directamente.
Una suave voz a sus espaldas llamó su nombre, no obstante, sabían a quién pertenecía por lo que no se molestó en darse la vuelta.
— ¿Necesitas algo? — Su voz fue plana. Sin enojo, ni amabilidad. Nada.
La menor de los Yagami se acercó a la castaña y la imitó, recostó sus brazos contra la baranda del pasillo.
— Perdón por haberme entrometido en temas que no me incumben. No tenía idea de que…
— No tienes que disculparte por eso, Kari. ¿Cómo ibas a saber eso si…? — De repente calló sus palabras al notar el rumbo que estaban tomando — Olvídalo. No importa.
Kari asintió en silencio pero supo que Mimi notó su respuesta silenciosa. Ella le sonrió débilmente y camino de regreso a la calidez de la residencia de los chicos. Sin embargo, cuando su mano tocó la puerta, se detuvo y habló — Una cosa más, Kari. No menciones a Michael frente a mí.
Antes de Kari pudiera contestar a esa fría petición, Mimi entró.
— ¿Por qué has cambiado tanto...? — Murmuró con una mano sobre su pecho como un gesto involuntario que siempre hacía cuando se angustiaba.
Pasados unos minutos decidió regresar, ya que había dicho que iría al baño llamaría la atención si tardaba más de diez minutos y no quería que le preguntaran si habló como Mimi.
Al ingresar de nuevo al departamento Mimi fue directo a la cocina para servirse algo para tomar y pasar el trago amargo que recién soportó.
Tomó asiento en una de las sillas frente al desayunador.
— Mimi Tachikawa, ¿Cierto? — Al escuchar su nombre ser pronunciado por una voz desconocida se dio vuelta para encontrarse con la chica que resultó ser el "reemplazo" de Sora.
— Soy yo — Contestó con simpleza — Y tú eres la novia de Matt.
— ¿Te han hablado de mí? — Zakuro se acercó a la castaña y se sentó del otro lado de la delgada mesa.
— Algo así.
— También creo saber algo de ti. Bueno, me han comentado un poco.
— Grandioso – Mimi dejó de mirarla y comenzó a mover ligeramente el contenido de su bebida. No estaba siendo maleducada, ni tampoco estaba ignorando a la peli negra. Ciertamente, no era necesario el contacto visual para poder escucharla — ¿Qué te han dicho sobre mí?
— Para serte sincera, no soy una experta en la materia — Admitió ella riendo. Y no era una risa fingida ni irritante — Matt y Tai te han mencionado varias veces y sentí curiosidad.
— Si Yagami me ha mencionado supongo que gracias a él mi reputación está por los suelos.
— Se ha quejado bastante de ti, a decir verdad. Eso es lo que no logro entender. Ellos se refieren a ti como su amiga, pero no pareces agradarle mucho a Tai.
Su argumento murió en sus labios y tuvo que guardar silencio por unos segundos.
Era verdad. Lo dudaba completamente. Ella no se consideraba amiga suya, sobre todo de Yagami. Esa "relación" estaba en una línea de conocidos con amigos en común.
— Con él… siempre ha sido difícil. A decir verdad, no trato mucho con todos ellos. Sobre todo porque hace poco regresé del extranjero. Viví mucho tiempo lejos.
— Él se refiere a ti como una princesa de hielo.
— Es un inmaduro — Dijo encogiéndose de hombros — Si es posible prefiero evitarlo a toda costa. De hecho, estando aquí me siento a su merced por estar en su territorio. Estoy aquí obligada.
Esta vez ambas rieron ante la confesión trágica de parte de la oji miel.
3:20 am
Pasadas las horas y conforme el amanecer se acercaba los invitados fueron abandonando la residencia, incluyendo Zakuro.
Tk en compañía de Davis y Ken llamaron a un taxi para que los llevara a sus respectivas casas al estar no quedar muy lejos las unas de las otras. Únicamente quedaba Sora, Kari, Mimi, Yolei y por supuesto, los dueños del departamento.
— Ya es algo tarde, mejor dicho, temprano. Es mejor irnos ya, Mimi. Nos vemos luego, chicos — Yolei recogió su abrigo y su bolso del sofá sobre donde los dejó y caminó hacia la puerta siendo seguida por una somnolienta Mimi que solo quería dormir inclusive si solo tuviera como opción dormir en uno de los sofás de allí.
— Es peligroso que ustedes estén a estas horas solas en la calle — Sora intervino antes de que la peli morada abriese la puerta.
— No es la gran cosa — Se quejó Mimi poniendo los ojos en blanco — Vamos a tomar un taxi. No es como si fuésemos a caminar hasta casa.
Kari llegó de la cocina y miró a su alrededor hasta dar con su hermana — Hermano, llévalas a su apartamento.
— ¿Ahora soy un chofer? — Preguntó claramente fastidiado por las libertades que se tomaba su hermana. Se dejó caer en el sofá y suspiró. Él estaba cansado.
Matt se sentó junto al moreno y le dio un leve golpe en la pierna − Sé un caballero una vez en tu vida y hazlo. Si les sucede algo solo porque no quisiste llevarlas será tu culpa.
Tai gruñó, se reincorporó para quedar sentado y bostezó.
Yolei le insistía a Sora que no era necesario que nadie las llevara a casa y que ellas no eran ningunas niñas que no sabía cuidarse solas. Y por otra parte, la condesa de sus pesadillas ya se había rendido al cansancio y estaba recostada en uno de los sofás individuales mientras revisaba su celular (que sorprendentemente no era rosa sino dorado).
— De acuerdo — Suspiró con resignación — Señoritas, concédanme el honor de seguirme hasta mi auto – Él tomó sus llaves de la pequeña mesita que yacía frente a la televisión y fue directo a la puerta, dejó que Yolei pasara primero, ella sonreía divertida, y luego pasó que Mimi que por lo visto en verdad tenía sueño ya que al pasar por su costado ella chocó con su hombro y sin fijarse en lo que hacía se sujetó a él con fuerza y no le dio importancia cuando sus miradas se encontraron.
— ¿Es suficiente caballerosidad para ti? — Yagami no esperó la respuesta por parte de Matt y cerró la puerta con fuerza.
— Bastante, sí — Respondió el rubio a pesar de saber que su amigo ya no lo escuchaba.
Cuando llegaron al estacionamiento subterráneo del edificio Tai se adelantó para desactivar la alarma de una Gallopper color rojo.
Se acomodaron en el interior del auto con Tai claramente en el asiento del conductor, Mimi a su lado y Yolei no tuve de otra más que sentarse en la parte trasera.
— Yolei solo es un asiento. Es más, si vas aquí tienes más probabilidades de morir en un accidente — Mimi iba con los ojos cerrados y una expresión tranquila, pero su voz ya denotaba cierta irritación debido a varias quejas por parte de Yolei que desde un principio pidió ir adelante.
La peli morada finalmente aceptó la cruda realidad en las palabras de su mejor amiga y decidió hacer silencio. Mimi la asustó con eso de morir. Tai se limitó a sonreír mirando por el retrovisor la expresión inquieta de la chica.
Al salir del edificio todo se sumió en silencio. Yolei observaba a los castaños en intervalos de tiempo, ellos ni siquiera emitían ningún sonido.
Inevitablemente bufó con aburrimiento. Con Mimi siempre conversaban sobre cualquier tema al viajar en un auto, sin embargo, la idea de hablarle en ese momento la intimidaba de sobre manera. Le pasaba lo mismo con el moreno, pero cuando se trataba de esos dos juntos el ambiente se tornaba tan tenso que por seguridad propia era mejor no intentar involucrarlos en una amena conversación.
Solo esperaba que el viaje hasta su apartamento no tardara demasiado.
Diez minutos después llegaron a su destino y Tai detuvo el auto frente a la residencia de las muchachas.
— Muchas gracias, Tai — El moreno respondió a la sonrisa de su amiga. Bien sabía que ella había estado deseando llegar rápido para huir de ese incomodo entorno que se creaba debido a él y Tachikawa.
— Gracias — Mimi se retiró el cabello que le cubría los ojos y se dispuso a abrir la puerta, no obstante, Taichi activó los seguros y le impidió bajar.
— ¿Piensas secuestrarme?
— ¿Qué pasó contigo? — La seriedad pintó sus facciones al preguntar luego de haber ignorado lo que ella dijo.
Mimi parpadeo entre la oscuridad del auto pero no respondió.
— Te escuché hablar con Kari.
— ¿Y eso qué tiene que ver aquí?
— No solo hoy, hablo de que desde que regresaste noté que actúas completamente diferente a como solías hacerlo.
— Esa es mi actitud ahora. Deberías acostumbrarte a ella, Yagami.
— ¿Esa actitud no incluye a Davis y Yolei?
Una sonrisa amarga se curveo en sus labios — Por supuesto que no los incluye a ellos
El moreno la observó durante varios segundos sin decir nada y luego habló — No eres tú… ¿Qué demonios ocurrió contigo?
En los ojos contrario brilló una emoción que él no fue capaz de interpretar — ¿Estás seguro de querer la verdad? — Cuestionó indiferente.
No sabía cómo asimilar todo eso. Si de alguna manera el tiempo pudiese regresar y ver a aquella caprichosa y llorona niña con sombrero rosa y compararla con la castaña de fría mirada… se sentiría incapaz de decir que son la misma persona.
Entendía que todo el mundo cambiaba. Era inevitable. Inclusive él cambió, pero Tachikawa… le era imposible encontrarle alguna característica de su niñez ahora.
Sin apartar los ojos de los de ella, asintió.
— Se han vuelto desconocidos para mí.
— ¿Qué?
— Me escuchaste. Desde la última vez que estuve en Japón para acabar con la amenaza al Digimundo y a nosotros no volvimos a tener ningún contacto. Y eso fue hace seis años — Explicó fijándose en el cielo que podía ver a través del parabrisas — Yo regresé a Estados Unidos e intenté comunicarme con tu hermana, con Sora y los demás. Envié e-mails para responder a los suyos, pero después acabó gradualmente. Soy realista, por eso supuse que no podía esperar respuestas inmediatas debido a la diferencia horaria y a sus responsabilidades escolares, así que pensé que una llamada a una hora debida podría funcionar, pero nunca respondieron.
Sé que todos se han sorprendido por mi relación tan cercana a Davis. Poco tiempo después de que tuviésemos que cerrar las puertas al Digimundo él viajó a Nueva York cuando yo aún vivía ahí y junto a un amigo nos vimos involucrados en una situación con un digimon sin dueño. Eso causó que nos llevásemos mejor, así que siguió visitándome durante las vacaciones, eso mismo sucedió con Yolei.
Y volviendo al otro tema, luego de pasar tanto tiempo esperando respuestas que jamás llegaron me cansé, me sentía tonta enviándole mensajes a la nada misma y decidí que no intentaría contactarlos otra vez. Seguramente te parecerá soberbio, pero pensé "Si algún día tienen intenciones de hablar conmigo que sean ellos los que me busquen". Al principio, a pesar de mi decisión cuando Davis y Yolei se reunían conmigo yo preguntaba por ustedes, pero siempre noté lo incomodos que se mostraban al no saber cómo decirme que no formaba parte de sus conversaciones en absoluto. Supe que son la clase de personas que solo toman en cuenta a quienes tienen cerca. Tú cuestionas mí actitud para con ustedes, la respuesta es simple: es hipócrita que luego de tantos años sin saber nada de mí, sin interesarse ahora que he regresado finjan como si los años no hubiesen pasado. Y encima tienen el descaro de quejarse por mi "desaparición" — Tai notó el gesto sombrío en la castaña — Hoy por sobre todos los días que llevo aquí desde mi regreso me doy cuenta que no sé nada sobre sus vidas y esa situación es recíproca y lo sabes.
Mimi esperó a que Taichi dijese algo, sin embargo, él solo la observaba mientras iba asimilando cada una de sus palabras. Ella bufó con cansancio y preguntó — ¿Puedo irme ya?
Y debido a su estupor por las recientes y crudas declaraciones él se limitó a desactivar los seguros para que ella saliera, apenas la castaña salió, emprendió el viaje de regreso a su residencia.
