V


Recorrió lentamente la corta distancia hasta la entrada de su apartamento y al abrir la puerta hizo todo lo posible por no hacer ruido ya que probablemente Yolei ya estuviese durmiendo en su habitación, pero apenas cerró la peli morada salió de la cocina sosteniendo un vaso.

— Ya era hora — Dijo sentándose en uno de los sofás individuales — Tardaste mucho.

Mimi se contuvo de hacer una mueca al escuchar el tono sugerente de su amiga y sobre todo esa mirada que nada bueno decía — No dejes volar tanto tu imaginación. Yagami me preguntó por algo de nuestra clase de inglés, el pobre tipo parecía estar a punto de morir por tener que admitir que no hay mejor persona que yo para aclarar sus dudas del idioma — Internamente se felicitó por mentir con algo que no era del todo falso. Ciertamente… Yagami tenía dudas, ¿No?

— ¿Necesitaste quince minutos para explicarle?

— No es mi culpa que sea denso para entender. Y no te atrevas a insinuar segundas intenciones, la única razón por la que le expliqué a pesar de estar muriendo de sueño es porque él nos trajo hasta aquí y realmente no era necesario.

Yolei se quedó en silencio, analizándola. Podía sentir sus suspicaces ojos sobre ella con intensidad — Bien… — Murmuró insegura — En fin. Me alegra haber notado que hoy fuiste más abierta para relacionarte con los chicos.

— Me iba a sentir ridícula solo hablando contigo o Davis, sobre todo porque sé bien que a propósito me dejaban sola.

— Me declaro culpable, pero lo hice por tu bien. Y hablando de situaciones incomodas, Dios… por poco me da un ataque al corazón cuando mencionaron a Michael.

— Lo supuse. Admito que la noche no estuvo mal pero todo lo echaron a perder al hablar sobre ese hombre.


Hacía poco menos de diez minutos que llegó al departamento y por lo que medio pudo ver entre la oscuridad de la sala tanto Izzy como Matt decidieron limpiar al día siguiente y ahora se encontraban durmiendo en sus respectivas habitaciones. Tai fue directo a la suya aun inmerso en la reflexión que se desencadenó por las palabras de Tachikawa.

Se cambió la ropa y vistió un pantalón azul oscuro y una camiseta sencilla de color blanco; avanzó hasta su cama y al acostarse sintió la agradable temperatura de las sabanas traspasando su ropa.

Sus ojos quedaron fijos en el techo.

Definitivamente pudo haber imaginado cualquier cosa menos lo que la castaña le dijo. El que la pérdida de contacto con el grupo fuese la causante del gran cambio en su actitud con todos… no le pasó por la mente en ningún momento.

Hizo memoria de los años anteriores. Admitía que nunca llegó a considerarse muy cercano a ella, casi siempre estaba con Joe y Tk mientras que él se ocupaba de otras cosas junto con Matt, Izzy y Sora. Y después de que partiera a Estados Unidos su contacto fue mínimo. Unas cuantas veces al año en épocas de festividades. Tachikawa dejó de asistir a las pequeñas reuniones que hacína con motivo del aniversario de la primera visita al Digimundo y posterior a eso… no recordaba otra cosa.

Percibió que en su momento ella se sintió gravemente desilusionada y herida por la nula comunicación, pero ahora… parecía que realmente olvidó todo ese dolor y solo resentimiento fue lo que quedó en sus memorias.

Mimi Tachikawa era una niña demasiado sensible para su gusto, pero dulce. En cambio esta que regresó hizo que cayera en la realidad que la niña que conoció cuando tenía once años quedó atrapada en algún lugar de Nueva York.


— Si no nos vamos a dormir recibiremos el amanecer. Yo me rindo — La peli morada se levantó de su cómodo lugar — Suficiente emoción por un día. Tú también ve a dormir, Meems. No olvides que somos universitarias sometidas

— Ya voy. Duerme bien.

Cuando su amiga se fue, ella se dedicó a apagar las luces del apartamento desde el control inalámbrico y seguidamente fue a su habitación.

Lo primero que hizo fue revolver su cabello y acomodarlo en una coleta no muy ajustada. Sacó un pijama cualquier de su armario y se cambió.

Una vez en su cama se permitió suspirar. Liberó toda la tensión que soportó durante el día, gran parte de la noche y madrugada.

Lentamente se fue recostando y cerró los ojos.

Tenía muy en claro lo que significa haberle confesado sus razones a Taichi, en cualquier momento él podría revelarles la verdad a los demás. Llegó a considerar comentarle a Yolei lo que pasó con el moreno, pero desistió al ver la expresión cansada de su amiga y no quería agobiarla más y peor, que iniciara un terrible drama interminable.

Más tarde que temprano, Yolei también se enteraría de que ella habló.

Sus pensamientos giraban a torno a todo lo que reveló.

Al regresar a Estados Unidos cuando tenía catorce años fue un golpe duro darse cuenta gradualmente que su vida ya no tenía importancia en la de sus amigos. Se sintió mucho peor cuando notaba las evasivas de sus mejores amigos para no verse forzados a hablar de los demás, ellos no querían herirla más y ser consciente de esa realidad fue lo que la llevó a cortar cualquier lazo que la uniera a esos supuestos "amigos".

Recordó una desagradable situación que vivió en la que, en medio de un momento de esperanza inútil intentó por última vez acercarse a Sora. Sin embargo, la situación solo empeoró.

Hizo una llamada a una hora adecuada para Japón, y luego de varios momentos la pelirroja le atendió. Ella ingenuamente se alegró al punto de casi llorar por escuchar de nuevo la voz de la persona que se supone era su mejor amiga. Pero al parecer su interlocutora tenía mejores cosas qué hacer pues no le permitió decir absolutamente nada a excepción de un escueto saludo respondido por un tono que trató de ser amable, en ese instante solo tenía en mente prepararse para su cita con Matt y le dio una pobre excusa de que la llamaría después cuando tuviese algo de tiempo libre.

Sora, la chica amable y maternal básicamente la dejó con la palabra en la boca. ¿Había peor forma de sabotear sus ilusiones?

Ante ese recuerdo el enojo corrió por sus venas y por acto reflejo lanzó una almohada cercana a algún lugar desconocido de su habitación. Esa definitivamente había sido la gota que colmó el vaso; todas esas decepciones acumuladas fueron causantes de que su carácter cambiara, esa costumbre suya de preocuparse por todos se limitó a sus seres cercanos, aquella dulzura fue enfriándose, y el mal humor se apoderó de ella, ese que siempre tuvo pero que ahora era más sencillo sacarlo a la luz.

Y hablando de mal humor… el tema que tomó Kari respecto a Michael Washington, realmente no quería hablar de eso nunca más. Ese problema dejó de ser un problema hace muchísimo tiempo. Las personas que le importaban ya conocían la resolución de aquella historia, y no hacía falta que nadie más la conociera.

Una vibración junto a su almohada provocó que su nube de pensamientos explotara. La pantalla de su celular parpadeaba anunciando un mensaje cosa que la sorprendió. ¿Quién enviaba un mensaje a esas horas de la madrugada? No obstante, lo que más la desconcertó fue el remitente.

Lo siento

Yagami

A decir verdad no comprendía por qué él le pedía disculpas. Por otro lado, ¿Cómo había conseguido su número?, aunque si pensaba en su mejor amiga daba por hecho que fue ella la que compartió sus datos con los demás.

Miró de nuevo el mensaje y bloqueo el celular para dejarlo sobre la mesita de noche a su lado derecho.

Una suave sonrisa se fue dibujando en su rostro mientras el sueño se apoderaba de ella y todo se volvía solo oscuridad.


— ¿Por qué esa cara?

— Tuve una larga noche, y cuando llegué a casa no pude dormir. Todo por las estúpidas preguntas de Taichi Yagami — Respondió acomodando su bolso en el césped para recostar su cabeza sobre este.

— ¿Yagami? — Repitió Takuya confundido — Lo noté desde hace unos días pero no quería incomodarte. ¿Hay algo respecto a Takenouchi, Ishida y Yagami que yo no sepa?

— Ellos… — Mimi le quitó la botella con agua al moreno y jugó con esta — fueron amigos míos hace muchos años, pero todo cambió.

— Eso explica ese ambiente tan pesado… ¿Qué sucedió? Bueno, si puedo saber.

— Es una larga historia. Me exaspera solo pensar en eso.

— Tendrás que hacer respiraciones relajantes, quiero saber todas las penas por las que hicieron pasar a mi estimada amiga.

— ¿Te estás burlando de mí?

— No, estoy siendo serio — Mimi levantó la mirada y se encontró con la expresión en verdad interesada del castaño — Lo juro. Y sabes que no le diré a nadie, Mimi.

— Está bien. Ponte cómodo, Takuya.

Durante los siguientes diez minutos la oji miel le relató a su compañero toda la historia que la involucró con sus viejos amigos. Takuya por momentos se mostraba sorprendido, también un poco molesto y de vez en cuando sonreía por la fortaleza que al parecer la muchacha desarrolló.

Solo que él tenía una pequeña duda que aún no aclaraba.

— Ok. Me dijiste que las pocas veces que trataste a Yagami se llevaban bien y todo eso, ¿Entonces por qué diablos ahora discuten como una pareja de divorciados?

— Él siempre tuvo una imagen especifica de mí — Hizo una mueca al recordar la forma en que la llamaba — Sé que cuando era niña fui muy consentida, pero ya no lo soy y a pesar de eso Yagami me sigue viendo como a una princesa malcriada. Él sabe muy bien que odio que me llame así y por razones obvias no se lo voy a permitir solo porque sí.

— Das miedo. Nunca quiero estar en tu contra. Valoro mi atractivo lo suficiente como para no hacerte enojar.


— ¿Qué tiene esa mujer en la cabeza? Este lugar no tiene nada que me interese… — Zakuro puso los ojos en blancos al leer los múltiples carteles que indicaban cada salón de ese pasillo.

Su profesora de Psicofisiología la envió para que realizara un trámite por ella en la Facultad de Diseño. Solicitud con la que no estuvo muy de acuerdo por varias razones: ¿Cómo podría ella saber dónde diablos quedaba cada oficina si nunca había estado allí antes? Lo que menos quería era perderse y hacer el ridícula al evidentemente no ser estudiante de primer ingreso, y eso la llevaba a la razón más importante, sabía que Sora Takenouchi estaba ahí.

Y justo como si hubiese sido invocada la mujer esa apreció frente a ella observándola con desconcierto y sus brazos cruzados sobre el pecho.

— ¿Qué haces aquí?

— ¿Acaso no sabes lo que es la cortesía? Primero se debe saludar y luego cuestionar — Respondió con ironía.

— No necesito lecciones de cortesía de tu parte, pero gracias.

— Odio decir esto, pero no tengo tiempo libre como para perderlo contigo — La peli negra se detuvo justo al lado de Sora — ¿Sabes? En la fiesta hice una amiga muy interesante a la que al parecer no le agradas mucho — Sonrió cuando estuvo por reiniciar su camino hacia la oficina a la que se dirigía pero la voz sorprendida y desconfiada de la morena la detuvo.

— ¿Hablas de Mimi, cierto?

— Por supuesto. No pasamos mucho tiempo juntas pero me atrevo a decir que ella y yo seremos cercanas. ¿Recuerdas lo que es eso? Es curioso darse cuenta que no solo alejaste a Matt de tu vida sino también a Mimi. ¿Qué cosa tan horrible le hiciste, Sora? — Llevó una mano a su pecho y una fingida expresión de dolor pintó sus facciones.

— Nada respecto a eso te incumbe, así que no necesitas saber nada — Dijo apretando sus manos en puños. Muy a su pesar le dolió esa última insinuación.

— Veo que sí hiciste algo muy malo — Murmuró al ver el cambio en la actitud de la otra muchacha.

— Ya tuve suficiente de ti — Sora se dio la vuelta y dejó a Zakuro con la palabra en la boca.

Si había algo en el mundo que la pelinegra más odiara que cualquier otra cosa era que la dejaran hablando sola.

Contuvo la respiración y contó hasta veinte para borrar las intensas ganas que tenía de correr hacia esa descarada y darle su merecido. Sora se las iba a pagar muy caro. Ella había herido a Matt y aun así él decidió mantenerla a su lado como su amiga, no podía entender las actitudes del rubio y en verdad aborrecía que Takenouchi siempre terminaba siendo la víctima.


Tk Takaishi ingresó su salón de clases con los nervios a flor de piel. El camino de su casa hasta la preparatoria fue eterno sobre todo porque se negaba cooperar. Hacía días venía pensando mucho sobre su decisión y finalmente se determinó, hoy era el día en que iba a vencer sus inseguridades.

Cuando dio el primer paso dentro del salón sintió una fuerte palmada en la espalda que por poco lo hace caer de frente contra el piso, tuvo que sostenerse del marco de la puerta mientras se recuperaba de la sorpresa y escuchaba el ruidoso saludo de Davis.

— Davis…

— ¿Por qué luces tan pálido? — Su amigo arqueo una ceja al verle en rostro, y por lo visto no fue consciente de los cuchillos que arrojaba su mirada. Davis fue hasta su asiento sin prestarle mucha atención — A decir verdad desde hace varios días que pareces como si fueras a morir…

Tk cerró la puerta de golpe y clavó sus ojos en el moreno despistado del fondo del salón — Se puede saber… ¿Qué demonios haces aquí si tú siempre llegas tarde? ¿Por qué diablos quisiste venir temprano justo hoy?

— Wow, estamos de un excelente humor hoy, eh — Dijo sorprendido por el arranque de frustración del rubio — Estoy aquí tan temprano perdiendo valiosos minutos de sueño porque la desquiciada de Jun me lanzó agua fría. Al parecer hoy tenía algo importante y necesitaba más tiempo del que siempre se tarda sometida en el baño así que tenía que deshacerse de mí. Ya eso da igual, ¿Por qué luces tan miserable?

— Llevo días armándome de valor para invitar a Kari a salir pero ya todo se fue al demonio porque tu llegaste y… — Abruptamente detuvo su explicación y volviendo a ver al moreno. Davis lo observaba con seriedad pero luego estalló en risas — No malinterpretes, Davis. Yo…

— Así que se trata de eso — Habló cuando al fin pudo vencer la risa — Kari es muy dulce y amable, no es como si invitarla a salir fuera peligroso. Estoy seguro que ella aceptará a la primera.

El rubio abrió mucho sus ojos al escuchar eso. ¿Davis estaba restándole importancia a que él quería invitar a Kari a salir?

— Mira, ahí viene Kari. Deja que yo te ayude, viejo — Y bajo la instantánea mueca de horror de Tk, Davis lo sujetó del brazo y comenzó a jalarlo.

— ¿Estás loco? — Dijo soltándose como si el agarre del contrario lo quemara — No puedo solo decírselo y ya.

— Si tú no hablas, lo haré yo.

Y para su pesar, sabía que esa macabra sonrisa en el rostro de su amigo no mentía para nada.

Lo peor era que si Davis hacía eso él quedaría en ridícula. Un chico de diecisiete años que no tiene el valor de hacer algo que todos los demás hacen… se sentiría un niño que necesita de su madre.

Su reputación de iría al diablo.

— Ayúdame si quieres, pero hoy no pasará nada.

— Así me gusta. Hoy solo me dirás qué estabas planeando y yo ayudaré solo con detalles insignificantes. Te aseguro que estás en manos expertas. Y para no levantar tantas sospechas hoy te sentarás junto a mí.

— ¿Qué? — Tk borró su sonrisa inmediatamente — Siempre soy el compañero de Kari en química.

— Lo que faltaba… — Se quejó poniendo los ojos en blanco — No vas a morirte por no compartir una estúpida clase con ella.

Una mano se posó en el hombro de cada uno y provocó que dieran un salto — ¿Por qué tantos susurros por aquí?

Ambos miraron a sus espaldas. Kari había dejado de hablar con una amiga de un salón vecino y ahora los escrutaba intensamente (según ellos) con la mirada.

— Kari… ¡Qué bueno que llegaste! ¿Me ayudas con la tarea de algebra?

La castaña parpadeo extrañada ante la temprana petición de su amigo. Ya le había ayudado al moreno en muchas ocasiones, solo que él solía tratarla demasiado bien cuando quería que le dieran una positiva de inmediato.


Taichi llegó al lugar acostumbrado de reunión con sus amigos cuando tienen algún periodo libre. Dejó su mochila junto al grueso tronco del árbol manzano que ofrecía una enorme y fresca sombra para protegerlo del tenue sol y se recostó en el césped mientras dejaba escapar un suspiro de cansancio.

Si alguna vez pensó que lo más agotador y estresante del mundo eran los exámenes de último año, definitivamente sus profesores fueron faltos de ética y consideración al no decirles lo que les esperaba en la universidad.

Cerró sus achocolatados orbes por unos minutos para "descansar la vista" y cuando los abrió se encontró con unos inexpresivos ojos mieles que lo observaban.

Mimi Tachikawa hacía acto de presencia en su día.

— Honestamente me sorprende verte aquí — Dijo al reincorporarse.

— No debería. Yo estudio aquí — Contestó Mimi arqueando una ceja — No pienso quitarte tiempo, solo vine a preguntar una cosa.

Él asintió para luego golpear el espacio de césped como invitación para que ella se sentara. Y contra todo pronóstico, la oji miel aceptó — ¿Y lo que quieres preguntar es…?

— ¿A qué se debe esa disculpa por mensaje?

Al voltear para encararla comprobó que Mimi tenía la vista fija en aquella fuente que estaba maso menos a unos diez metros de distancia de ellos, así que se apoyó con sus codos en el suelo y se limitó a responder con simplicidad — Te pedí que me dieras una explicación, y a pesar de ser algo difícil para ti respondiste. De haberlo imaginado no te habría insistido tanto, por eso quise disculparme. Solo que no me respondiste. ¿Y bien? — A lo último le dio un ligero empujón a su hombro.

Mimi intentó por todos los medios no sonreír, pero fue inútil pues una pequeña sonrisa la delató. Como odiaba aceptar la realidad de que el castaño era muy noble — Está bien. Aunque no era necesario una disculpa de todos modos — Ella guardó silencio por unos segundos y volvió a hablar — ¿Has dicho algo de esto a los demás?

El frunció el ceño y negó — No realmente. ¿Importaría si hablo al respecto?

— Tarde o temprano lo sabrán. Yolei me ha reclamado hasta el cansancio sobre la incertidumbre de los demás en relación a mi actitud, supongo que al menos deben saber la razón.

— ¿No es difícil para ti tratar a Sora de esa manera? Ambas eran muy unidas…

— Suficiente de explicaciones — Declaró levantándose. Recogió sus cosas y cuando dio un paso para regresar al camino que la llevaría a la cafetería la voz de Tai la detuvo — ¿Ahora qué?

— Toma esto — Las palabras del moreno la desconcertaron, sobre todo cuando notó que él le lanzó algo pequeño que apenas logró sujetar.

— ¿Un dulce? — Cuestionó mirando del caramelo rosa en sus manos a la expresión tranquila del moreno que seguía sentado en el césped — ¿Por qué me das un dulce? No creas que vas a lograr sobornarme como si fuera una niña.

— No era un soborno. En realidad necesitas comerte algo dulce para que no tengas esa expresión todo el día.

En otras palabras… ¿Yagami la estaba llamando amargada?

— Muy gracioso — Dijo antes de girarse sobre sus talones y reemprender su camino siendo consciente de la sonrisa de victoria que se curveaba en los labios ajenos.

Por su parte Tai siguió con su descanso y llegó a la conclusión de que por primera vez no terminaban discutiendo con una victoria que siempre terminaba llevándosela ella.