VII


Tk dejó escapar un largo suspiro en un vano intento de relajarse.

Ese día junto con Kari le correspondía realizar el aseo de su salón de clase guía, de hecho, también Davis debía estar ahí pero debido a su "estructurado" plan para ayudarlo y por tanto, dejarlo a solas con la castaña, Davis aseguró que se sacrificaría por ellos y no iría a hacer la limpieza.

En ese momento el rubio se dio cuenta de dos cosas: Uno, que ese desvergonzado flojo se aprovechó de su situación para beneficiarse. Y dos, que si aquello salía mal Davis las pagaría muy caro por meterse en donde no lo llamaban.

— Es un idiota — Masculló indignado mientras abría la puerta del salón.

— ¿Quién? — Una suave voz a sus espaldas lo tomó por sorpresa. Se sostuvo del marco de la puerta y al voltearse se encontró con la expresión divertida de Kari ante su reacción.

Él se limitó a encogerse de hombros para lograr recuperarse del susto. Por poco y habla de más antes de tiempo. Con Kari iniciaron la limpieza, que por suerte no les daría mucho trabajo pues el día anterior ese salón no fue utilizado por ninguna otra clase. Cuando ambos se encontraban limpiando las ventas, la castaña dejó de lado su labor y lo miró con duda.

— ¿Sabes dónde está Davis? Sé que por lo general siempre llega tarde, sobre todo cuando nos toca limpieza, pero al menos nos habría mandado un mensaje.

Juró que los colores se fueron de su rostro. Davis y él no pensaron en una excusa ante la ausencia que evidentemente se notaría.

— Él me dijo… me dijo que tenía consulta en el dentista.

Vaya, patética excusa.

— Entiendo. Me compadezco por él. Davis odia esas consultas. Espero que todo le salga bien.

Y fue inevitable no sentirse miserable al ver la sincera preocupación de la castaña. Él que se había aliviado de que Kari le tuviera tanta confianza que no considerase la idea de que podría estarle mintiendo. Y en efecto le estaba mintiendo.

— Bueno. Cambiando de tema… — Tk carraspeo para que su voz no sonara tan insegura y se acercó a Kari — Quería hablarte sobre algo.

Al ver la mirada seria y decidida del rubio, Kari sintió la emoción bullir en su pecho al presentir que tal vez Tk finalmente se le declararía. Ella era observadora y sabía que su amigo no le era indiferente a sus sentimientos, pero necesitaba oírlo decir aquello.

Ambos miraron a los ojos del otro, y Tk al ver esos hermosos ojos rubíes de Kari no lo dudo un segundo más, sin embargo, en el instante en que iba a tomarla de la mano la puerta del salón se abrió y una joven de ondulado y largo cabello rojizo ingresó sonriéndoles amablemente.

— Hola, chicos — Momo Nakamura había sido su compañera de clase desde el primer año de preparatoria.

La pelirroja se caracterizaba por ser una muchacha sonriente y dinámica, no obstante, poco a poco comenzó a desarrollar un interés más allá del compañerismo y amistad por Tk.

Kari al caer en la realidad de que cualquier momento significativo que pudo formarse entre el rubio y ella se esfumó borró la sonrisa de su rostro. No es que Momo le desagradara, pero ella sí notó el interés de su compañera en Tk, algo mucho más allá de una amistad. A pesar de, creía que la presencia de Nakamura allí se debía solo a una coincidencia y no a algo premeditado.

— Buenos días, Momo. Hoy llegaste temprano — La saludó con usual amabilidad.

— Lo sé — Dijo suspirando con resignación — No fue voluntariamente. A mi hermana menor se le ocurrió la brillante idea de adelantar la hora en mi reloj y desperté creyendo que se me hacía tarde, y resulta que estoy aquí cuando nadie a parte de los encargados de la limpieza está. Por cierto, ¿No debería estar Motomiya con ustedes?

— Está en el dentista — Y Tk lo sintió de nuevo. Se sintió estúpido al repetir aquella absurda mentira.

— Ya veo. Bueno, ya que estoy aquí, ¿Puedo darles una mano?

— No es necesario que te molestes, Momo. Ya casi terminamos.

— No es molestia — Contestó restándole importancia — Después de todo no tengo otra cosa qué hacer, al menos no hasta que llegue Sana y le pregunte si puede ayudarme con la clase de matemáticas. Estoy teniendo serios problemas con esos ejercicios y necesito ayuda para los próximos exámenes.

— Yo podría ayudarte. Increíblemente sí estoy entendiendo los temas — Comentó sin darse cuenta del impacto de sus palabras en ambas jóvenes.

Kari que hasta el momento había estado borrando los antiguos apuntes del pizarrón dejó caer el borrador al suelo con un ruido sordo. ¿Tk le estaba ofreciendo tutorías individuales a Momo?

— ¿Lo dices en serio, Tk?

— Claro, no tengo problema con ello.

— En serio te lo agradezco. No tienes idea de cuan preocupada estaba por tener de nuevo calificaciones en rojo en mi boleta — Momo se acercó al rubio en un instante y rodeo con sus brazos a Tk; él por su parte rio avergonzado por la innecesaria gratitud de la muchacha.

Ella los miraba neutralmente. No podía evitar que su expresión se endureciera. Se limpió las manos llenas de tiza en su falda y dejó ruidosamente el borrador sobre el escritorio y fue por su celular que estaba dentro de su bolso.

— ¿A dónde vas? — Preguntó Tk sin notar el cambio en la actitud de la castaña.

— Ya terminé mi parte — Respondió sin mirarlo — Momo se ofreció para hacer la parte de Davis y tu aun no terminas la tuya. Me voy para no interrumpirlos. Nos vemos al inicio de clase.

Tk frunció el ceño, pero no dijo nada y se encogió de hombros para luego seguir con su trabajo.


Luego de salir a toda prisa de su salón Kari caminó con rapidez hacia cualquier lugar que se encontrara lejos de ahí. Su mente daba vueltas en torno a indignados pensamientos que tenía como foco tanto a Tk como a la conveniente intervención de Momo.

En serio creyó que como menos, él la invitaría a salir, eso justificaría, aunque sea el nerviosismo que percibió en sus ojos, pero definitivamente no vio venir que al final Tk terminaría por ofrecerle clases particulares a Momo.

— ¿Cómo pudo hacer eso…?

La castaña iba tan sumida en sus pensamientos que al ir caminando tan rápido no se percató de la presencia de otra persona hasta que chocó con el hombro de esta y que debido al fuerte impacto provocó que cayera de bruces al suelo. La frustración llegó a su límite y por poco maldice como nunca lo ha hecho, aspiró hondo y levanto su mirada para toparse con la confundida expresión de Davis.

— ¿Estás bien? No fue mi intención — Él le ofreció la mano para ayudarla a levantarse y por supuesto aceptó.

— Descuida, estoy bien. Davis… — Lo llamó ella observándolo fijamente — ¿No se supone que estabas en consulta con el dentista?

— ¿Dentista?

— Tk dijo que no viniste a la limpieza porque tenías consulta.

Davis se mordió la lengua para no reir.

Menuda excusa.

— Pues… la consulta fue rápida. Ese doctor finalmente se dio cuenta que la gente tiene mejores cosas qué hacer que estar ahí acostado mientras él nos revisa los dientes.

De nuevo su mirada se fijó en Kari. ¿Por qué ella lucía tan decaída? Incluso podía asegurar que escuchó de sus labios una maldición antes de que ella lo notara. Se supone que ella debería estar con Tk en el salón en medio de un mar de azúcar.

— ¿Ocurrió algo mientras no estaba? — Preguntó tanteando el terreno. Era posiblemente que ante la mención de Tk la expresión de Kari cambiase, pero sus esperanzas se fueron al demonio cuando ella más bien hizo una mueca como si hubiese comido limón ácido.

— Nada importante — Respondió ella frunciendo el ceño — Solo decidí no seguir interrumpiendo luego de terminar mi parte de la limpieza.

— ¿Interrumpir a quién?

¿Qué mierda pasó allá arriba?

— A Tk y Momo. Él se ofreció a darle clases particulares de matemáticas.

El moreno quiso golpearse la cabeza contra la pared para así averiguar en qué momento su mente llegó a considerar que Takeru Takaishi era un ser inteligente.

— ¿Qué hace aquí Nakamura a estas horas? Ella no es de nuestro equipo de limpieza.

— Al parecer le ocurrió un imprevisto y terminó por llegar mucho más temprano. Ella y Tk tenían una conversación tan amena que no quise seguir ahí sintiéndome como si estuviera pintada en la pared – Kari detuvo la caminata que habían iniciada y se sentó sobre el césped del patio luciendo decepcionada y triste.

Tremendo imbécil resultó ser ese rubio. No solo un imbécil, un idiota, un hijo de su bendita madre… ¿Cómo mierda se le ocurre hacer eso frente a Kari? ¡Se supone que debía invitarla a salir a ella! ¿Así pretendía demostrarle que la quería? ¡Coqueteó con Nakamura así nada más! Sabía que Tk no era tan estúpido, pero independientemente de la naturaleza del jodido abrazo… simplemente no debió abrazar a Momo Nakamura. Punto.

— No hagas caso de eso, Kari. Los hombres podemos llegar a ser la forma de vida más estúpida que ha pisado el plantea. Vamos a la cafetería por algo de tomar, yo invito — Davis la sujetó del brazo y la arrastró junto con él. La castaña solo se dejó llevar y correspondió a la amable sonrisa del moreno.


— ¿Y ahora qué pretendes hacer, cerebrito? — Tai se recostó contra el marco de la entrada a la cocina mientras comía una jugosa manzana que se le antojó.

Izzy puso los ojos en blanco y respondió — ¿No tienes algo productivo para hacer?

— Por ahora no.

— Entonces busca algo. No sé, adelanta materia o lo que sea. Pero deja de incordiar.

Tai estaba por responder ante el hecho de que Izzy pretendía ignorarlo, pero el celular del pelirrojo comenzó a sonar y lo interrumpió.

— ¿Diga?

Por fin — Escuchó que una voz conocida murmuraba –— Izzy, necesito tu ayuda. Es cuestión de vida o muerte. No puedo confiarle esto nadie más. Por favor, por favor. Di que sí.

— Bien, bien. Habla más despacio. ¿Cuál es el problema, Mimi?

Mi estúpida laptop se bloqueó de forma que no puedo continuar como una investigación realmente importante.

— De acuerdo. Estaré todo el día en casa, así que puedes pasar por aquí cuando quieras — Contestó en tono tranquilizar. No creí que resolver el problema de Mimi llegase a ser complicado, en ocasiones anteriores algo como aquella ya había sucedido con la laptop de Matt.

Gracias, Izzy. En serio te lo agradezco mucho. Nos vemos en un rato.

— No es nada. Te veo luego — Izzy terminó la llamada y dejó su celular sobre la mesa, y no dijo nada más.

El castaño arqueo una ceja ante el silencio de su amigo — ¿Por qué esa cara?

— Ella se escuchó como la Mimi que conocí hace muchos años.

— Pues se comportará así contigo, con los demás es un dolor de cabeza.

La puerta de la habitación de Matt se abrió y el rubio le sonrió burlonamente a Tai mientras se secaba el cabello — Percibo celos en el aire. ¿Quieres un trato especial de su parte, Yagami?

— No jodas de nuevo con eso, Ishida.

Antes de que cualquier discusión infantil iniciara entre ellos el timbre de la puerta de entrada sonó y ya que Tai era quien se encontraba más cerca fue a abrir no sin antes advertirle a Matt que lo dejara en paz.

Mimi Tachikawa borró su sonrisa apenas notó que él fue el que abrió la puerta — Ah, solo eres tú.

— Lamento que mi presencia te moleste, pero hazte la idea porque yo vivo aquí — Contestó con ironía. Tai le hizo espacio para que pasara y la siguió con la mirada hasta la sala de estar.

Ella lo miró por el rabillo del ojo y se encogió de hombros. Fue hasta donde se encontraba Izzy y después de saludar con un gesto a Matt se sentó junto al pelirrojo.

— Me voy a volver loca si esto no funciona para mañana, Iz — Se quejó con preocupación.

Izzy le indicó que le diera su computadora y la castaña explicó que un archivo desconocido se desencriptaba, bloqueando el escritorio del computador cada vez que intentaba abrir cualquier otro archivo.

— Es justo lo que imaginé — Contestó pensativo — Voy a probar algo…

En tanto Izzy y Mimi continuaban lidiando con la laptop de ella, Matt y Tai veían la televisión sin prestar atención al par de jóvenes a sus espaldas.

— Contra todo pronóstico, hoy fue más amable — Dijo el rubio mirando disimuladamente sobre su hombro a Mimi.

— No me canso de decirlo. Esa mujer me odia, hasta contigo es amable.

— Ella siempre fue amable conmigo, Tai. No somos tan cercanos así que su actitud no cambia mucho cuando se trata de mí.

— Con Izzy… es exactamente como antes. Es como si el tiempo no hubiese pasado.

— Sabemos que Izzy es un adicto a las computadoras y todo eso, es obvio que el contacto con ella era constante.

— Listo. No debería darte ningún problema, Mimi.

— ¿Lo dices en serio? ¿Ya puedo trabajar en paz? — Cuestionó mirándolo incrédula. Eso había sido rápido.

— Estoy seguro. Solo debes esperar unos minutos. Instalé un antivirus especial para este tipo de problemas. Hay que esperar que cargue para revisar el sistema por última vez.

— Eres un genio — Dijo abrazándolo por los hombros — Debes tener otras cosas qué hacer. Esperaré viendo la televisión mientras el antivirus se instala.

Mimi se alejó de Izzy y fue hasta el sofá individual ubicado diagonalmente al sofá donde estaban los otros dos muchachos. Ella observó a Tai con seriedad y volvió a mirar la televisión.

— ¿Tu buen humor ya desapareció?

— No. solo recordé algo que me sucedió por culpa tuya. No creí que fueras hablar sobre aquel asunto tan rápido a Sora y Kari. Gracias por el trago amargo, Yagami.

— Dijiste que no te importaba.

— Lo dije en serio. No me importa — Respondió encarándolo de nuevo — Solo no consideré la posibilidad de recibir visitas que me traerían un dolor de cabeza.

Los ya de por si oscuros ojos se Tai se volvieron aún más penetrantes — ¿Qué hiciste?

— Dije la verdad. Pero por lo que veo nunca se le queda bien a todo el mundo. Primero, se quejan por una mentira piadosa, y cuando la verdad se revela terminan llorando. Ellas deberían establecer sus márgenes de tolerancia.

— No me equivoqué cuando dije que tenías un hielo ahí dentro en lugar de corazón. ¿No te importa haberlas lastimado?

— No puede ser cierto — Mimi rio sin humor — ¿Estás defendiéndolas? Ambas son lo suficientemente mayores como para necesitar alguien que las proteja del mundo.

Matt se había mantenido el silencio todo lo posible. No le interesaba en absoluto esas discusiones cuyo origen descansaba sobre la intención de herirse mutuamente. El rubio se levantó del sofá y recogió sus llaves y el celular, los guardó en su bolsillo y sin decir nada salió del apartamento con dirección a la salida del edificio, sin embargo, no se esperaba encontrarse con Sora. La pelirroja seguramente iba a su residencia.

— Hola, Matt. ¿Vas de salida?

— Sí. Y te recomiendo que vengas conmigo — La sujetó de la mano y la llevó con él, pero al ver la interrogante en la expresión de Sora, suspiró — No preguntes, es una larga historia.

De nuevo, en el interior del departamento.

— Las defiendo porque no tienes un corazón que considere a los demás.

— No hables de mí como si fuera un criminal, idiota.

— Pues parece que sí, porque las palabras son peores que una acción.

Al igual que Matt había hecho hace unos momentos, Izzy se dispuso a recoger sus pertenecías y retirarse de ese campo de batalla que comenzaba a formarse. Fuera lo que fuera a pasar allí, tanto Mimi como Tai podían lidiar con ello.

— ¿Quién demonios te crees para juzgarme? — Sus mejillas habían comenzado a volverse de una tonalidad roja debido al enojo — No saques conclusiones sin saber lo que pasó. No estuviste ahí, y supongo que ni Sora o Kari te han hablado sobre eso. No tienes idea si me disculpé. Si me comporto mal o no, ¡¿Qué te importa eso a ti?!

— ¿Importarme? ¿Tú? — Taichi rio mientras se pasaba las manos por el cabello — Me importan ellas.

— Entonces no me reclames y ve a buscar explicaciones a otro lado.

Tai se acercó y le pellizcó la mejilla. Justo como si fuera una niña — Contigo no se puede hablar. No pienso seguir perdiendo el tiempo.

Él se alejó con intenciones de encerrarse en su habitación, pero el orgullo de Mimi, negándose a ser dejada con la palabra en la boca se lo impidió.

— Descuida. No tengo intención de volver si estás incordiando con tu presencia.

Se detuvo. Ya había tenido suficiente con esa insoportable mujer. ¿Quién demonios se creía ella para venir a joderle la existencia a las personas luego de desaparecer por seis malditos años? El moreno no pudo contenerse y la insultó con una palabra que no debería decírsele a una mujer, acción a la que Mimi respondió con una fuerte cachetada que al darla con tanta fuerza perdió el equilibrio y golpeo con su rodilla una de las esquinas de la mesa de la sala y se estrelló con el pecho de Taichi quien cayó sobre la alfombra junto a la oji miel.

Ella rezó para que aquello no fuera verdad. Pero sí, estaba encima de ese hombre maleducado y él la estaba abrazando como acto involuntario por la caída. Luego de unos segundos en que intentó disipar su vergüenza, Mimi levantó su cabeza y se encontró con los ojos color chocolate de Tai.

Por poco estuvo a punto de sonreír, incluso aunque ella lo hubiese golpeado, el enojo se fue de su cuerpo cuando casi se matan de haberse golpeado la cabeza con la maldita caja de madera que guarda Matt debajo del sofá. Sintió a Mimi removerse en sus brazos. Ella al instante ya estaba de pie y él salió de su ensoñación.

Imitó su acción y carraspeo para aligerar el ambiente — ¿Te hiciste daño?

— Creo que no. Debería irme de aquí.

— Tu rodilla está sangrando.

Mimi bajó la mirada y notó una herida de la cual brotaba sangre, si bien no era gran cosa, la longitud sí era considerable.

— No es algo del otro mundo, al llegar a casa me encargo de esto — Sin embargo, cuando hizo ademán de dar un paso un pequeño pinchazo en la cortada provocó que hiciera una mueca de dolor ante la expresión escéptica de Taichi.

— Claro, tú te encargas — Dijo él asintiendo con ironía. Tai la sujetó por la muñeca y la llevó al sofá sin importarle la posibilidad de que la castaña se negara a recibir su ayuda – Ahora vuelvo.

Mimi mantuvo sus ojos sobre él todo el tiempo. Aun sentía aquella extraña familiaridad con respecto a la cercanía que tuvo con el moreno. ¿Por qué la incomodidad no estaba al nivel en el que debería estar considerando su escueta relación?

Taichi volvió unos minutos más tarde. Él se arrodilló frente a Mimi, le dijo que apoyara su pierna sobre la propia para tener mejor acceso a la herida y procedió a realizar la tarea de desinfección.

Es una suerte que no traigo falda…

Cuando sintió el algodón mojado de alcohol rozar su rodilla no pudo evitar quejarse en voz alta y querer retirar su pierna del agarre de Tai — Ten más cuidado, Taichi. Eso ardió mucho.

— Bueno, deberías agradecer que no es una herida profunda — El moreno contestó con una leve sonrisa que lo delataba. Sin duda estaba disfrutando de verla quejarse como toda una niña.

— Gracias por decirme lo evidente.

— De acuerdo, ya está. Solo no hagas mucho esfuerzo al menos por hoy.

— Nuevamente, agradezco que le des una clase de cuidados básicos a una estudiante de medicina — Respondió poniendo los ojos en blanco.

— No solo tú sabes sobre cuidados. Desde que tengo uso de memoria y juego futbol constantemente me ocasiono heridas, y si consideramos que soy entrenador en una academia junior profesional…

— ¿Están contándomelo o presumiendo?

Él rio, y ella no vio venir que también terminaría riendo. Al darse cuenta de lo que hacía se detuvo abruptamente y se levantó del sofá — Gracias por ayudarme con mi rodilla. No era necesario, pero gracias — Mimi se apresuró a recoger sus cosas y literalmente huyó de allí. Ya había tenido suficientes momentos extraños por ese día.

Tai se recostó sobre el sofá más grande y cerró los ojos haciéndose de la vista gorda de aquello que recién pasó.

Qué agradable era ese absoluto silencio…

Entonces abrió los ojos y miró alrededor.

¿Dónde diablos estaban Matt e Izzy?


Ok. Matt hizo que se subiera a su auto y condujo durante un buen rato sin decir nada en absoluto.

Si no lo conociera tan bien podría incluso pensar que él la estaba secuestrando porque ciertamente no tenía ni la más remota idea de a dónde la estaba llevando.

Había estado mirando por la ventana todo aquello que tenía al alcance de la vista hasta que su mirada se desvió hacia el rubio que conducía ajeno a cualquier otra cosa, o eso pensaba Sora hasta que Matt la miró de reojo luego de un par de segundos y causó que ella diera un pequeño brinco por la sorpresa.

Ella sintió la vergüenza calentar su sangre y bajó la mirada a sus piernas.

Por su parte, Matt no pudo evitar sonreír ante la timidez de su amiga. Después de tantos años de conocerse ella seguía actuando de esa forma.

— ¿Hay algo que quieras decirme? — Preguntó sin apartar sus ojos de la carretera.

— ¿A qué te refieres?

— Bueno, tu expresión es bastante obvia, Sora — Contestó volviendo a reir.

— Siendo honesta… no tengo idea a dónde estamos yendo.

— Espera un poco y lo sabrás — Matt sonrió tan abiertamente que provocó un potente sonrojo en Sora. Él siempre era serio, pero cuando sonreía de esa manera lucía encantador.

Al cabo de unos minutos finalmente llegaron al destino que el rubio definió para ellos y estacionó el auto a un costado de la carretera. Al bajarse del auto fue imposible para Sora que la nostalgia no se plasmara en sus ojos.

Matt la había llevado al restaurante a donde la llevó a comer en su primer aniversario.

— Este lugar… — Susurró con una sonrisa en los labios.

— Cuando subimos al auto realmente no tenía idea de a dónde ir, solo quería escapar de ese caos que se desató en la sala, así que cuando noté el camino por el que íbamos decidí venir aquí. Pensé que sería agradable — Matt caminó y se dio cuenta que Sora no lo seguía — ¿Hice mal en venir aquí, Sora? — Preguntó mirándola por sobre su hombro.

— No, no. Solo… estaba recordando. Es bueno estar aquí.

Como si fuera una mala broma del destino, ambos recordaron aquel día en el que su relación se acabó. Después de tanto tiempo, ellos regresaban a ese lugar que los vio reir como adolescente enamorados, solo que ahora tan solo eran dos amigos.

— En fin, ¿Entramos? Sería un desperdicio quedarnos solo en el parque y no comer algo en el restaurante. Yo invito.

— No hay forma de que me niegue — Aceptó riendo.

— Señorita Takenouchi, permita escoltarla a su mesa.

Compartiendo sonrisas cómplices entraron al restaurante. Con sentimientos confusos en sus corazones, pero con una certeza que jamás podrían cuestionar.

Siempre existiría una conexión que solo ellos tendrían.