VIII
— ¡Cuidado ahí, Takaishi!
Tk no prestó atención a la advertencia de su compañero, continuó con su supuesta jugada que ni percibió que estaba haciendo mal y terminó por recibir lo que desde cierto punto se merecía: un buen golpe por parte del balón de baloncesto en su rostro.
— Maldita sea — Se quejó llevando una mano a la zona afectada. Su nariz, la cual ahora estaba sangrando. Tal fue el impactó que acabó sentado en el suelo, así que no solo le dolía el rostro, sino también el trasero.
— Vaya golpe, viejo — Comentó otro de los miembros del equipo que le ofreció un pañuelo para que se ayudara a detener la hemorragia.
— ¿Por qué has estado tan distraído durante toda la práctica?
El rubio volvió a maldecir por los interminables comentarios y exhaló molesto — Suficiente. ¡La práctica terminó por hoy! — Dijo levantándose del suelo — Ya pueden irse a las duchas.
Un coro de quejas, burlas y risas se extendió por todo el grupo de adolescentes mientras se dirigían a las duchas justo como su evidentemente malhumorado capitán les ordenó.
Cuando finalmente todos abandonaron el lugar, solo quedó Tk en la zona de aseo. Él estuvo bajo el agua un buen rato, inmerso en reflexiones que no lo llevaban a ninguna parte, así que cuando decidió que terminarían por dejarlo encerrado ahí por tardar tanto, salió, se vistió rápidamente y terminó recostado sobre la gradería del gimnasio, revolviendo con frustración sus húmedos cabellos rubios.
Últimamente todo le estaba saliendo mal.
Su desempeño durante las prácticas era peor que el de un novato de primer año. Había recibido un promedio de cinco golpes con el balón.
Olvidaba las tareas o constantemente se desconcentraba mientras estudiaba o durante las clases.
Y esas y muchas otras circunstancias apuntaban a una sola persona.
Kari.
Desde aquel día en que se encontraron con Momo en la hora de limpieza en la que Davis desinteresadamente se sacrificó para ausentarse, la castaña se estuvo comportando distante con él. Cada vez que intentaba hablar a solas con ella, Kari le respondía, pero estaba completamente seguro de que solo lo hacía por educación, había un gesto que daba a entender que ella estaba ofendida.
Los deprimentes pensamientos que fluían en su mente fueron interrumpidos por risas y pasos que provenían de la entrada.
Tk descubrió sus ojos que habían estado ocultos por sus antebrazos y vio al equipo de fútbol regresar de su respectivo entrenamiento.
— ¿Estás tomando algo raro, Motomiya? — Dijo el portero del equipo — Esos reflejos no pueden ser humanos.
Claramente pudo imaginar el orgullo de Davis inflarse como un globo aerostático al escuchar esa carcajada satisfecha — Soy un jugador nato, amigo. Eso es todo. No necesito nada para jugar así de genial. Pero bueno, eso fue todo por hoy. Ya váyanse de aquí, muchachos – Y tal como había pasado con el equipo de baloncesto, los compañeros de Davis fueron a las duchas mientras acusaban de abusivo al moreno.
Minutos después, el equipo de futbol también abandonó el gimnasio y al salir de las duchas, Davis por fin notó la presencia de Tk en la gradería.
— ¿Qué haces aquí? Hace bastante vi al equipo irse — Preguntó sentándose junto al rubio.
— Estaba recordando que tanto he echado a perder las cosas.
— Bueno, si te refieres a Kari esa es la peor metida de pata que has tenido en las últimas dos semanas — Contestó haciendo mala cara.
— Entonces sabes qué sucede con ella. ¿Por qué no has dicho nada al respecto?
— Me estás jodiendo, ¿verdad? — Dijo el moreno repentinamente molesto. Davis abandonó las gradas e hizo el ademán de irse.
— Hablo en serio, Davis. Si lo supiera no te lo estaría preguntando. Además, ¿Por qué diablos te molestas por ello? Hablas como si yo tuviera la culpa.
Davis suspiró y miró al cielo — ¡Porque es tu culpa, joder!
El rubio miró fijamente a su amigo, completamente desubicado.
¿Su culpa?
— ¿Qué demonios se supone que hice? — Preguntó desconcertado.
— En serio tienes que estar… — Se calló por un momento y revolvió su cabello — Te estás haciendo el idiota, ¿Es eso? Kari no solo parece ofendida, lo está. Porque tú andas coqueteando con Nakamura en frente de ella.
— Ok… ¿Yo estaba coqueteando con Momo?
— Sí, Takeru. Tú. Le ofreciste clases particulares hasta que entienda bien la materia.
— Me ofrecí a ayudarla porque es mi amiga. Además, Kari también es amiga de Momo. ¿Por qué ella se molestaría por algo así?
Un poco. Solo un poco más y su paciencia se agotaría. En ese momento sentía que estaba tratando de explicarle a un niño de preescolar. Se apretó el puente de la nariz con la mano y suspiró, más bien bufó, otra vez — Piensa un poco. Sé que puedes hacerlo. ¿Qué demonios pretendías hacer justamente ese día?
— Fue hace quince días, Davis. Cómo esperas que recuerde todo lo que sucedió. Kari comenzó a comportarse extraño conmigo, eso es todo.
El oji azul de verdad que intentaba recordar. Sus palabras eran ciertas, no era como si estuviera actuando como si no supiera nada a propósito, pero eso no detuvo a Davis para darle un fuerte puñetazo y dejar a Tk en el suelo nuevamente.
— ¡Eres un imbécil, Takeru! Kari está molesta, y no solo eso, está dolida contigo porque tu pensabas invitarla a salir, pero cuando llegó Nakamura la dejaste de lado y te pusiste a hablar con esa chica como si ella no existiera — Recogió su mochila del suelo y lo miró por última vez — Espero que ese golpe te haya devuelto la memoria.
Tk se mantuvo en el suelo. Ni siquiera estaba molesto por el golpe a pesar de que le dolió. Su mente seguía procesando todo lo dicho por Davis.
— Mierda… — Dijo en voz baja. Se dio ligeros golpes contra el suelo y maldijo — Soy un idiota.
— ¿No vas a decir nada? — Dijo Mimi con diversión — Estás haciendo que desperdicie electricidad.
— No mereces escuchar mi voz — Contestó su interlocutor con molestia.
Hacía unos pocos minutos inició una video conferencia con su amigo Willis, pero él se mantuvo todo ese tiempo acusándola con la mirada. Le resultaba irónico porque fue Willis el que la llamó a ella.
— ¿Ah sí?
— Por supuesto. Primero me dejas aquí, del otro lado del mundo y luego ni siquiera me contactas. Un mes, Mimi. Ha pasado un mes.
Inevitablemente terminó por reír — Si lo dices así me hace sentir muy culpable. En verdad lo siento, estos días han sido… algo complicados y con llantos innecesarios.
— Suena a que tuviste días emocionantes — Dijo sonriendo de lado — Te lo dije, Meems. Tarde o temprano tendrías que hablar con ellos. ¿Quién fue el desafortunado que tuvo que lidiar con tu ira interna?
— Y luego te atreves a etiquetar de chismosas a las mujeres…. Deja que te haga un resumen: discutí un poco con Davis y Yolei, pero nada serio, y luego terminé con dolor de cabeza por culpa del insufrible de Taichi Yagami. Y si hablamos de llanto… Sora y Kari casi inundan mi casa. Ellas se enteraron por boca de Taichi mis razones para comportarme tosca con ellos y justo por eso volví a discutir con él y luego esas dos llegaron a pedir una explicación más detallada que al parecer no les sentó bien.
— Bueno, si terminaste por perder la paciencia a cualquiera harías llorar.
En cierto modo aquello logró incomodar a Mimi. Ella no se sentía orgullosa de la forma en que reaccionó. La noche de aquel día ni siquiera pudo dormir por la ola de recuerdos.
Su atención se había desviado del rubio y ahora se enfocaba en la lluvia que golpeaba contra la ventana de su habitación, al menos hasta que un grito proveniente de la pantalla provocó que diera un salto.
Cuando volvió a mirar a la pantalla una sonriente muchacha de cabello negro y ojos verdes se acomodaba en la silla en donde antes Willis estaba sentado.
— Anika — Una nueva sonrisa se curveo en sus labios al ver a su vieja amiga — ¿Cuándo regresaste de Canadá?
— Hace una semana. Decidí que prefiero terminar mi carrera aquí. Creo que ya he pasado mucho tiempo lejos de casa.
— Ya era hora. Aunque no me gusta que estés allá cuando yo ya estoy aquí. Muy lejos.
— En realidad, fue un impulso. De haber sabido que iba a decidir regresarme juro que lo habría hecho antes de que te fueras.
— ¿Hola? — Una mano empujó la silla de Anika y Willis apareció haciendo una mueca — Sigo aquí en caso de que lo hayan olvidado. Y en cuanto a ti… — Habló dirigiéndose a la peli negra — ¿Con qué derecho te crees para hacerte con mi silla en mi cuarto… en mi casa?
— No dramatices, Willis. No te sale bien. Además, ¿Cómo te atreves a dejarme en la puerta y venir a hablar con Mimi?
— Ok. Ustedes dos, ¿Qué estaban haciendo? — Preguntó la oji miel extrañada.
— Una tarea.
— Willis tiene que hacer una investigación que incluye aplicar cuestionarios a personas que hayan vivido en el extranjero y yo lo ayudo con mis experiencias en Canadá. Pero eso es lo de menos. Habla con detalles, ¿Cómo va todo por allá? Y no intentes hacerte la desentendida, Meems. Sabes a qué me refiero.
Mimi intercambio miradas resignadas con Willis y suspiró. Veía venir un feo dolor de cabeza.
— Podría decirse que las aguas ya se calmaron, pero al principio fue bastante incómodo.
— Es eso algo bueno. Al menos ya no te sientes tan observada ni cuestionada.
— Lo sé. Por cierto, Anika.
— ¿Qué pasa?
— ¿Por qué no me has preguntado sobre algún chico? — Preguntó arqueando una ceja. Su amiga solía ser bastante entrometida en esos asuntos.
— ¿Me crees tan chismosa?
— No creemos que lo seas. Lo eres, Anika.
— Nadie ha dicho tu nombre, Wallace. Y respecto a tu pregunta… si tanto quieres que lo haga… ¿Hay algún chico lindo?
La castaña rio ante la expresión pícara de la peli negra y negó — Lamento decepcionarte, pero no. Salir con alguien es algo que está al final de mi lista de prioridades.
— ¿Nada de nada? — Cuestionó con gesto decepcionado.
— Acéptalo ya, mujer. Mimi dijo que no.
— Eres tan molesto. ¿Por qué no mejor vas y terminas tu tonta tarea?
— Necesito que me ayudes con eso para terminarla, niña genio.
— Él tiene razón. Creo que tendremos que conversar luego, Meems. Me alegra verte tranquila estando allá.
— Fue bueno verte — Dijo Willis sonriéndole abiertamente — No te olvides de nosotros y llama más seguido.
— Lo prometo — Asintió — Suerte con la tarea, chicos — Ambos jóvenes le sonrieron por última vez y la conexión terminó.
Ella se quedó ahí mirando la pantalla de inicio de Skype y sonrió con nostalgia.
Tan sumida estaba en su mundo de recuerdos que cuando la repentina voz de Yolei se escuchó tan cerca por poco se cae de su silla.
— ¡No aparezcas así, Yolei! — Se quejó mirándola con el ceño fruncido.
— ¿Es mi culpa? — Preguntó sorprendida — Yo solo vine y me senté en tu cama. Tú eres la que estaba a punto de llorarle a la pantalla de tu laptop.
— Yo no iba a… olvídalo. Y respondiendo a tu pregunta, sí, los extraño.
— Lo bueno es que apenas tengamos vacaciones podemos programar un viaje para visitarlos. Aunque sea uno corto.
— Dios, nunca he sentido que las vacaciones se tarden tanto en llegar — Con gesto cansado se levantó de la silla y fue a recostarse junto a Yolei en su cama. Abrazó una de sus almohadas y cerró los ojos dispuesta a descansar por unos minutos.
Hasta que Yolei soltó la bomba.
— En realidad no venía solo a "asustarte", lo que pasa es que… ah… ¿Cómo te lo digo…?
— ¿Qué? — La interrumpió sin siquiera abrir los ojos.
— Sora me llamó hace un rato, pero no estoy segura…
— ¿Qué, Yolei?
— Preguntó si irías de compras con ella y Kari.
La peli morada sintió que los ojos de su amiga le atravesaron el cráneo al momento de abrirlos para mirarla fijamente. Desde aquel ángulo, la mirada de Mimi era intimidante.
— ¿Por qué no te invitó a ti…? No, no me respondas. No es asunto mío. Y no, no me interesa tal invitación. Puede que ellas no, pero yo sí tengo trabajos de la universidad y nadie los hará por mí.
Yolei puso los ojos en blanco — No maximices tus responsabilidades, Mimi. Ayer dijiste que tenías una estúpida tarea de inglés que podías hacer en cuestión de veinte minutos. Además, si mi memoria no falla, tu prometiste que harías el esfuerzo de acercarte a ellas, así que esta es una oportunidad para que lo hagas.
— Bien. No voy a negar que dije esa tontería, pero nunca dije cuándo.
— De acuerdo. entonces yo te ayudaré a decidir cuándo — Mimi no prestó especial atención a su amiga cuando esta abandonó la cama y se fue a su respectiva habitación, lo supo cuando escuchó la otra puerta abriéndose.
No pasaron ni cinco minutos y la castaña cayó en cuenta de lo que podría estar haciendo Yolei por lo que se levantó como si algo le hubiera pinchado la espalda y corrió hacia la habitación de la peli morada, solo para ver que terminaba una llamada acompañada de una odiosa sonrisa de suficiencia.
— ¿Q-qué hiciste?
— Ya te lo dije — Contestó sonriéndole — Te ayudo. Por cierto, deberías vestirte, en una hora te encontrarás con las chicas en la entrada del centro comercial.
— ¡Yolei!
— Ya es hora de que enfrentes la situación. Sé que en el fondo quieres regresar a la convivencia de antes, es necesario que pases tiempo con ellas.
Mimi intentó intimidar a Yolei con su mirada, pero estaba tan indignada por la acción de su amiga que no era capaz de estar molesta, solo sabía que no quería ir y punto. Al ver que nada funcionaría para cambiar la mente de su amiga, terminó por suspirar — Iré, pero no esperes gran cosa de esto. Si veo que la dichosa salida se está alargando mucho voy a volver a casa.
— ¿Estás segura de lo que dijo Yolei, Sora? Es posible que hayas escuchado mal — Kari miraba con preocupación la entrada del lugar al igual que Sora, solo que ella parecía más optimista.
— No te preocupes. Escuché bien.
— Estoy actuando un poco paranoica — Admitió sonriendo — Pero ambas conocemos a Yolei y odia dar malas noticias, incluso pudo haber aceptado por Mimi, aunque ella haya dicho que no.
— Ella vendrá, Kari.
Y efectivamente, la pelirroja tuvo razón. Casi por arte de magia la castaña a la que esperaban entró al centro comercial y se acercó a ellas saludando con un pequeño gesto de su mano.
— Lamento la tardanza, perdí el tren que debía tomar.
Tanto Sora como Kari no se molestaron en ocultar el alivio y alegría de ver a la oji miel ahí, y luego de un breve intercambio de palabras, las tres iniciaron el recorrido por toda la extensión del lugar.
Por supuesto, como en toda salida de chicas, las visitas a tiendas de ropa y accesorios no pudieron faltar. Conforme el tiempo pasaba, Sora observaba discretamente a Mimi de vez en cuando, era evidente que no sentía las cosas como antes, pero agradecía de corazón que Mimi hacía el intento de tratarlas mejor, así que no podía quejarse. Era mejor tomárselo con calma y madurez.
— ¿Qué tal este? — La menor de las castañas salió del probador luciendo un bonito vestido de tiras color rosa pastel que por debajo llevaba una camisa de delgadas rayas blancas y grises.
Mimi levantó la mirada de la pantalla de su celular, vio el vestido y regresó a lo que hacía — Es exactamente igual al que recién nos enseñaste — Contestó con humor.
— Tiene razón — La secundó Sora — De hecho, podría asegurarte que te has probado más de tres vestidos que son casi iguales.
Kari suspiró — Ambos me gustan mucho, pero no tiene sentido comprar vestidos tan parecidos.
— Entonces haz esto: llévate el último vestido que te probaste; siempre que tengas algo que te guste, pero luego otra cosa te gusta más, elige el segundo, porque si el primero te gustara lo suficiente no habría un segundo. Y si quieres los otros vestidos, cómpralos, pero en otro color.
— Si lo piensas bien tiene mucho sentido. Es una gran idea, Mimi — La muchacha entró de nuevo al probador, se cambió de ropa y al salir fue por la versión en otro color de los vestidos que le gustaron y en minutos ya se encontraba pagando su compra.
Sora hizo un comentario con intención de hacer reir a la oji miel, pero está ya había abandonado su lugar y ahora estaba junto a Kari en la caja registradora.
— Poco a poco, Sora — Se dijo antes de alcanzar a sus amigas.
Finalmente decidieron ir por algo de comer para descansar luego de tanta caminata y llegaron a un restaurante de comida rápida.
— Siento que no podré caminar en una semana — Murmuró Mimi recostándose contra el material acolchado de su silla.
— Mi hermano se queja de que ir de compras es una pérdida de tiempo, pero lo que no sabe es que hacemos ejercicio.
— Tai suele exagerar las actividades de los demás.
Pasaron alrededor de una hora en el restaurante y después siguieron otro recorrido por la tercera planta del centro comercial.
Tenía que aceptarlo. No la estaba pasando tan mal como creyó, sin embargo, su actitud no cambiaría por una sola tarde de convivencia agradable luego de años de ausencia. Por más que la idea rondara en su mente como una ridícula posibilidad, ella no podría comportarse con Kari y Sora de la misma forma en que lo hacía con sus mejores amigos. Ni siquiera de la misma forma en que se comportaba con Takuya.
Takuya…
¡Cierto! El cumpleaños del moreno se acercaba y si no le compraba un regalo él posiblemente actuaría irritantemente dolido por tal acto de desconsideración de su parte.
Pensó en aprovechar que estaba cerca de una tienda de ropa masculina, pero descartó su idea. Si ella compraba un regalo para un chico, las otras dos comenzarían con preguntas referentes a quién y qué tipo de relación tenía con el futuro dueño del regalo. Y ella sí que no se creía capaz de tener un poco de voluntad de dar explicaciones innecesarias.
Las tres jóvenes deambularon por un rato más por los diversos pasillos y cuando el reloj marcaba las seis de la tarde, Sora se marchó de primera no sin antes haberle dado un abrazo a Mimi que hizo que se sintiera terriblemente incomoda, sin embargo, Kari declinó la invitación de la pelirroja para acompañarla hasta la estación del metro, por lo que cuando se fue, Mimi se giró para ver de frente a Kari y su contrariada expresión.
— ¿Estás bien?
— Lo estoy — Le respondió la menor con una sonrisa para nada convincente.
Mimi suspiró y apartó la vista. No pretendía en absoluto inmiscuirse en problemas ajenos, pero Kari estaba ahí con ojos de cachorro agredido.
— ¿Segura? Tu expresión dice lo contrario.
Después de unos momentos en silencio, Kari se dispuso a hablar, solo que una tercera y escandalosa voz la interrumpió. Momo Nakamura se abrió pasó entre la multitud y se acercó a ambas castañas con una gran sonrisa.
Ella dio varias bocanadas de aire antes de hablar — Qué alivio que me escucharas. Necesito un favor — Fue cuando notó la presencia de Mimi y saludó con una pequeña reverencia — Hola. Soy Momo Nakamura.
− Soy Mimi – Contestó un tanto aturdida por la ruidosa aparición de esa desconocida.
— Es un placer. En fin, necesito el número de celular de Tk, Kari.
— ¿Su número? — Repitió confundida — Creía que ya lo tenías.
— Lo tenía, pero la memoria de mi celular se descompuso y la mayoría de mis contactos fueron borrados. Intenté contactarme con Motomiya, pero no contestó. Fue un golpe de suerte verte por aquí.
Kari intentó por todos los medios mantener una expresión relajada, pero poco a poco el disgusto pintó sus facciones — Claro. Puedes anotarlo — Dijo mostrándole la pantalla de su propio celular en la que se veía el nombre de Tk y su respectivo número.
— Te lo agradezco muchísimo. Nos vemos en clase — Momo le dio un ligero abrazo a la castaña y se despidió de Mimi.
— ¿Quién es ella y por qué parece que no querías darle ese número?
— Es una amiga y compañera de clases. Y por lo visto tiene un interés especial por Tk — Respondió con amargura — Momo es la alumna exclusiva de él.
Mimi miró a ambos lados con nerviosismo cuando distinguió lágrimas que querían huir de los ojos de Kari. Ella no podía lidiar con el llanto. Había dos posibilidades de cómo podía terminar un intento de consuelo de su parte: que ella terminara deprimida o que la otra persona llorara más. Luego de un fugaz debate mental se decidió por abrazarla, puede que de esa forma las lágrimas no ganaran.
— Todo es su culpa — Escuchó que la menor susurraba — Lo siento, Mimi. No debería estar retrasándote de esta forma.
— Ven acá — Como si se tratara de una niña, sujetó la mano de Kari y la llevó hasta una banca cercana a los cajeros automáticos — Habla sobre eso, Kari. Así al menos habrá una buena razón para que sigamos aquí.
— Hace unos quince días, tanto a Tk como a Davis y a mí nos correspondía la limpieza del salón, pero ese día Davis se ausentó ya que tenía consulta en el dentista. Tk y yo estábamos solos en el salón. Él dijo que quería pedirme algo importante y yo ilusamente creí que me invitaría a salir…
En serio que Mimi tuvo que luchar no gritar de asombro. ¿Ellos no estaban saliendo? ¡Llevaban gustándose desde hace más de seis años!
— Justo cuando Tk estaba por hablar, apareció Momo. Ella se ofreció a hacer la parte que lo correspondía a Davis puesto que llegó antes de tiempo y no tenía otra cosa qué hacer. Sin embargo… estoy casi segura de que lo hizo a propósito.
— ¿Por qué lo dices?
— El día anterior Tk le contó a todo el mundo que había sacado más de un nueve en álgebra, y la razón por la que Momo terminó siendo "alumna" de él fue porque ella mencionó que no estaba entendiendo nada. Al final Tk se ofreció a ayudarla y se olvidó de lo que sea que me iba a decir. Terminé siendo ignorada y me fui de ahí. Davis se enteró y dijo algo respecto a que los chicos a veces actúan como idiotas.
¿A veces?
— Yo… me he sentido tan molesta y apartada que no he hablado regularmente con él en todo este tiempo — Finalizó mirando hacia el suelo — Me siento mal porque lo extraño, pero…
— Él se merece tu indiferencia — Comentó Mimi frunciendo el ceño — Por lo que me contaste, Tk espera que independientemente de lo que haga mal tú se lo perdonarás solo porque sí. Debes hacerle entender que si quiere que te comportes con él tal y como lo hacías antes, sus acciones deben corresponder a tu trato.
En ese instante Kari no podía pronunciar palabra. Realmente… Mimi había cambiado. De ser la chica que conoció hace tantos años, Mimi habría organizado todo un evento romántico para unirlos. Ahora solo se limitaba a dar su opinión independientemente de si podía ayudar o no.
Había razón en sus palabras. Ella le perdonaba a Tk cualquier cosa solo porque estaba enamorada de él.
Mimi se levantó y la observó seriamente — No permitas que esto — Dijo señalando donde estaba el corazón de Kari – Te haga actuar ingenuamente. Sé que tu personalidad es muy amable, pero cualquier chica debe ser fuerte. Tú eres fuerte, así que usa la cabeza antes que el corazón. Si los coordinas bien podrás actuar inteligentemente.
— Gracias por el consejo, Mimi. Creo que las cosas están más claras.
— De nada.
