XIII


Mimi caminaba junto a Sora con dirección al parque ubicado frente a la imponente Torre de Tokio. Ese día ninguna de las dos tenía clases en la universidad por lo que se pusieron de acuerdo para ir al gimnasio por un rato. Ambas cargaban una botella de agua, Mimi comía con gusto una manzana para quitarse el fastidio que tenía por sentirse tan cansada.

Se había pasado intentando parecer acostumbrada al ejercicio. Cada paso que daba era un gran esfuerzo, solo quería una superficie suave para acostarse y morir.

Sentía tanta envidia al ver a Sora tan fresca y relajada. La pelirroja todavía practicaba tenis, así que su condición física era excelente.

¿Para qué iba al gimnasio si llevaba una vida tan activa?

— Llevaba tiempo sin ver a alguien tan desagradable — Dijo apenas tomó asiento en una banca. En el gimnasio tuvieron el mal momento de encontrarse con un tipo que comenzó a intentar impresionarlas con los kilos que levantaba en pesas diariamente. Inclusive la llamó con un apodo que le provocó escalofríos.

Si en lo que le restaba de vida alguien volvía a llamarla "ojos dulces" la sangre iba a correr.

— Sí fue algo molesto, pero no era necesario insinuar que su físico era por esteroides, Mimi — La oji miel puso los ojos en blanco y optó por seguir con su manzana.

— ¿Qué has hecho, Sora? — Preguntó de repente tomando con la guardia abajo a la morena — ¿Has salido con alguien más después de terminar con Ishida?

Yolei se lo había dicho mucho. Había ocasiones en las que el cansancio era tanto que tu tacto al hablar se volvía nulo.

La pelirroja se sintió aturdida por el abrupto cambio de tema, y ese en cuestión era algo difícil para ella el abordarlo, no obstante, podía ver que Mimi estaba intentando saber de su vida puesto que a pesar de que estuvieron juntas en el gimnasio ambas pasaron escuchando música con sus respectivos audífonos. Y por otra parte, ella ya estaba al tanto del pasado de Mimi, el cual hacía que el fin de su relación con Matt no fuera la gran cosa. Sobre todo… si tomaba en cuenta que era la castaña misma quien preguntaba directamente y no como ella hizo buscando respuestas en terceros.

— Salí con un chico por un mes, pero no funcionó. En verdad intentamos conectarnos, solo que ambos creímos que era triste que nos estuviéramos forzando a sentir algo por el otro. Terminamos bien, pero no volvimos a vernos — Mimi no supo qué decir. Realmente no había razón para consolar o algo por el estilo. Se quedaron calladas por unos minutos hasta que alguien llamó la atención de Sora y la castaña miró en la misma dirección.

La pelinegra vio a Mimi y se acercó sonriendo — Hola Mimi. Sora…

El rubio se limitó a sonreír.

— Hola, chicos — Contestó Sora sin fijarse realmente en Zakuro.

— ¿Qué hacen por aquí? — Preguntó Mimi queriendo evitar saludos incómodos.

— No tenemos mucho por hacer, así que vamos a ver una película.

— ¿Qué película verán? — Preguntó Sora.

— Ni idea — Contestó Matt encogiéndose de hombros — Supongo que alguna que se vea interesante.

— Las siguientes funciones pronto empezarán, deberíamos irnos ya, cariño. Fue un gusto verlas, chicas — Zakuro se despidió con una sonrisa que fue dedicada más a Mimi que a Sora, la peli negra tomó la mano del rubio y lo arrastró junto con ella.

Cuando perdieron de vista a la pareja Sora suspiró, cosa que Mimi no pasó desapercibida y sin titubeos afirmó:

— Ella no te agrada — La expresión de la morena fue tan evidente que no fue necesario que dijera su pregunta en voz alta.

— Es muy obvio, Sora.

— No puedo negarlo. No sé… no podría decir una razón específica, pero… siempre me ha dado la impresión de que ella busca algo más en Matt. No lo digo como si fuera solo una ex celosa, sino como la amiga que fui antes de nuestra relación y la amiga que sigo siendo luego de ella, Matt es un gran amigo para mí, y no quiero que Zakuro lo decepcione justo como lo hice yo — Mientras hablaba los ojos ámbar de Sora se mantuvieron fijos en el suelo.

Mimi se mordió en labio inferior con indecisión. ¿Sería excesivamente grosero preguntar eso que llegó casi de inmediato a su cabeza?

Al diablo. Lo iba a decir.

— No estoy cuestionando tu palabra, pero ¿Estás segura de que muy en el fondo no estás celosa?

— ¿Por qué habría de estar celosa? No tiene sentido, Mimi.

— A veces el amor hace que las personas y sus acciones no tengan sentido — Dijo con ligero desagrado.

— Puede… puede que haya algo de razón en eso… — Al ver la mirada escéptica de la castaña se apresuró a negar avergonzada — ¡No me malinterpretes! Es no significa que siga enamorada de Matt. Hace más de seis meses terminamos lo nuestro, y realmente creí haberlo superado del todo, pero creo que todavía algo de ese sentimiento sigue conmigo puesto que a veces al verlo junto con Zakuro siento la necesidad de huir.

Apoyó su barbilla en su mano y la miró de reojo — Si te sirve de consuelo, tampoco le agradas a Zakuro.

A pesar de que lo que le dijo no debería causarle gracia, no puedo evitarlo y sonrió — Lo sé, gracias por recordármelo. Y ya que hablamos de personas que no nos agradan, ¿Puedo saber por qué no te llevas con Tai?

La pregunta de Sora fue mágica, ya que la sonrisa de Mimi desapareció al instante.

— ¿Por qué sientes curiosidad por eso? — Preguntó alzando una ceja.

— Desde que regresaste… es como si ustedes se hubieran declarado la guerra. Es extraño. Recuerdo que cuando éramos niños se llevaban muy bien.

— No eres la única que me ha preguntado por eso, a decir verdad — Lo que estaba por contar no era nada personal, así que nada perdía — ¿Recuerdas cuando todos nos separamos y terminamos en distintas partes del Digimundo? — La pelirroja asintió — Hubo un… inconveniente y de alguna forma Taichi comenzó a tratarme como si fuera una princesa caprichosa y gritona, y… ¿A quién engaño? Lo era. Al final cuando conseguimos reunirnos con los demás, nosotros resolvimos ese momento tenso que pasamos y yo recapacité, me disculpé y dejé de ser tan mimada. Y luego… seis años sin hablarnos — Hizo una mueca cuando se dio cuenta que tocaba un tema incomodo para ella y difícil para Sora — En fin, al parecer la perspectiva de Taichi hacia mí cambió de nuevo. Volví a ser la princesa que exige atención. De la nada y sin razón aparente. Eso me molestó demasiado. Él no sabe nada sobre mí y se toma la libertad de ponerme títulos injustificados… Está claro que Taichi Yagami y yo no estamos destinados a ser amigos.

— Una vez fueron amigos. Nada está escrito ni dice que no pueden volver a serlo, Mimi.

— Amigos es una palabra que se presta para confusiones. ¿Fuimos realmente amigos? No niego que esa experiencia nos une de cierta forma, pero poco tiempo después de haber salvado al Digimundo yo me fui a Estados Unidos. Más que un amigo, Taichi era un conocido.


Maso menos una hora después Mimi llegó al borde de la muerte a su apartamento. Cerró la puerta detrás suyo como si de sus muñecas colgaran bolsas de cemento y fue hasta la cocina a buscar algo para tomar.

Sirvió té helado con limón en un vaso y fue a descansar al sofá.

Casi como si el destino quisiera verla hacer más esfuerzo físico su celular comenzó a vibrar sobre la mesa donde lo había dejado.

La castaña odió como nunca al pedazo de tecnología ese y en contra de su voluntad se estiró lo más que pudo para alcanzarlo sin tener que levantarse.

El nombre de su fiel compañero de universidad brillaba en la pantalla.

— Dime.

Tengo buenas noticias — La voz del moreno sonaba inexplicablemente feliz, quizás demasiado — ¿Tienes algo qué hacer esta noche?

Sintió ganas de molestarlo un rato, así que sonrió y dijo — ¿Me estás invitando a salir? Creí que le jurabas fidelidad a Zoe.

¿Celosa? — Seguidamente escuchó una gran carcajada — Sabes que eres mi favorita en toda la Facultad a pesar de que adoro a Zoe. No te cambiaría jamás, pero no te llamo para declararte mi estima, ¿Sabes quién es Shiro Matsui?

— Sí, Takuya. Conozco a Shiro. Llevamos juntos más de tres clases a la semana. ¿Qué tiene que ver Shiro con tu pregunta?

Está organizando una fiesta. Claramente nosotros estamos más que invitados, y eso no es lo mejor de todo. ¡La casa donde se hará la fiesta está frente a la playa!

— Ok. Olvida la estúpida pregunta que hiciste. Por supuesto que vamos a ir a esa fiesta. ¿Sabes hace cuánto mi vida lleva necesitando algo así? Ya no tengo vida social, Takuya.

Eso es muy triste porque también llevo esa vida reprimida. Así que soy fan de lo que dijiste, Meems. Merecemos ir a esa fiesta.

— Espera un momento ¿Invitaste a Zoe?

Lo hice, pero había olvidado que esta mañana se fue con sus padres a Tomoeda para visitar a sus abuelos.

— ¿Soy tu segunda opción acaso? — Inquirió con diversión.

Sabes que siempre te voy a incluir, pero mi chica es primero.

— En fin, volvamos al tema de la fiesta. Es obvio que voy a ir, aquí el gran inconveniente es, ¿Cómo rayos voy hasta allá?

De regreso te puedo traer a tu apartamento, el problema sería la ida. No estoy necesariamente cerca de ahí, podría llegar a cualquier otro lugar más rápido que a tu casa.

— Descuida. Algo se me ocurrirá.

Mimi…

— ¿Qué?

¿No sería más sencillo si me pides la dirección?

Ella ya estaba por terminar la llamada, fue bueno no haberlo hecho. Por un momento se sintió realmente estúpida al olvidar algo tan importante.

— Buena idea. ¿Me la pasas? — Dijo apenada.

Claro, apenas terminemos de hablar de la envío por mensaje.

Hablaron por un par de minutos más y se despidieron, no sin antes que Takuya gritara algo de que llevara ropa playera sexy.

Dejó su celular sobre la mesita de la sala y volvió al sofá deseando descansar un buen rato. Todavía faltaban varias horas para la fiesta, no era necesario prepararse tan innecesariamente temprano.


— ¡Esto es alta traición!

Mimi puso los ojos en blanco ante el berrinche de su mejor amiga. Comenzaba a cansarse del drama.

— Voy a una tonta fiesta en la playa, Yolei. No es gran cosa. No estoy yendo a un After Party de Hollywood.

Yolei la miró indignada — Oh, eso sería aun peor. ¿Dices que no es la gran cosa? Es. Una. Fiesta. En. La. Playa. Y no puedo ir por el odioso examen que está extinguiendo mi vida social.

La castaña se dio la vuelta para encararla y apoyó la cadera contra el desayunador. Se cruzó de brazos y la miró con lástima — Estoy segura de que has escuchado que ir a la universidad "es una fiesta", pero creo que no te aclararon que tu eres la piñata.

— Gracias por el consuelo, Meems — Dijo suspirando — No debería quejarme tanto. Al menos hoy tuve un pequeño regalo del cielo…

Arqueo una ceja con interés — No has dicho nada respecto a eso, ¿Qué o quién fue tu regalo del cielo?

Mimi tenía una muy ligera sospecha.

— ¡Ken! — Dijo con una gran sonrisa.

Bingo.

— Gracias a ti tuve una maravillosa tarde, Meems.

— ¿Gracias a mí?

— Le dijiste a Ken que estaba viéndome con otro chico, y me di cuenta de que eso lo puso un poco celoso. Incluso creyó que hoy me vería con alguien.

— ¿Viéndote? ¿Quieres decir que ya dejaste morir la mentira piadosa que dije por ti?

— Técnicamente sí. Sería muy cruel dejarlo creer por tanto tiempo que salgo con otra persona, sobre todo después de ver su carita. Fue suficiente para mí.

—Debiste dejarlo creer mi mentira un poco más. Haz que su interés crezca, Yolei. No seas tan blanda.

— Que tu seas una bruja malvada no quiere decir que yo sea blanda. Tu segundo nombre debería ser Cruella.

Estuvo por quejarse ante el nombre que su amiga le impuso, pero tuvo una mejor idea.

Sonrió con malicia y se levantó — Es algo tarde. Debería ir preparándome para la fiesta. Takuya me comentó que podría ser una de las mejores de todo el semestre — Dicho eso, se apresuró a entrar a su habitación para huir del bombardeo de almohadones de la peli morada.

A pesar de que iba a ser una fiesta muy atendida por los estudiantes, al fin y al cabo era informal.

Difícilmente alguna chica iría usando zapatos altos con plataformas mortales o tacones de aguja que atenten contra la integridad física.

Y si alguien lo hacía… esa persona necesitaba ayuda psicológica.

Fue hasta su armario y sacó un pantalón holgado a rayas verticales blancas y negras que se ajustaba a la cintura con un lazo, un crop top blanco cuyas tiras se cruzaban en el pecho y finalmente unas sandalias beige con cintas que se ajustaban al tobillo.

El "proceso de belleza" como lo llama Yolei le tomó una media hora incluyendo el tiempo que le tomó terminar de secar su cabello y dejar su cama lista para cuando regresara, así solo tendría que cambiarse de ropa e ir directo a dormir.

Al salir miró a Yolei sentada a la mesa de comedor con varios libros bastante gruesos repartidos sobre la superficie, muchas hojas sueltas y demasiados marcadores en color pastel — No mentías cuando dijiste que esa prueba era dura.

La peli morada movió su cabeza mecánicamente para mostrarle a su mejor amiga la cara de pocos amigos que tenía.

— Yo solo decía… — Murmuró suavemente — Ya me voy. Intenta no perderte entre tanto libro.

— Mimi Tachikawa, se te está haciendo muy tarde…

— Ok, ok. Si necesitas algo, lo que sea, sabes que puedes llamarme. También llevo mis llaves, así que no es necesario que me esperes despierta. Ve a descansar apenas te sientas muy cansada.

— Me conmovería, si no supiera todo eso de antemano y sobre todo porque sé que lo estás diciendo solo para molestarme.

El Uber la esperaba frente a su casa. Realmente no tenía por qué correr. Una fiesta universitaria nunca acababa temprano, así que nadie llegaba precisamente tarde.

Tardó cuarenta minutos en llegar. El lugar no estaba tan lejos, pero tratándose de una playa debía haber cierta distancia. Bajó del vehículo y bastó que caminara unos cuantos metros para que el bullicio de la fiesta llegara a sus oídos.

Impresionante.

Esa era la palabra indicaba para describir la residencia que tenía frente a sus ojos. Había varios balcones sobresaliendo de su estructura, muchísimas ventanas enormes, rústica, pero elegante.

Y enorme.

Había luces por todas partes, risas y gritos, y justo frente a la casa una gigantesca fogata se alzaba haciendo que las luces que instalaron dieran una luz casi inútil. Un DJ dándole ánimos a los fiesteros en la improvisada pista de baile. A esas horas la marea ya había bajado lo suficiente, o al menos eso pensó la castaña al ver a varias personas en el agua.

Decidió entrar del todo a la casa, y de camino se encontró muchas mesas repletas de comida chatarra, a un grupo de chicos que se designaron los encargados de la parrillada y por supuesto, a los fanáticos del karaoke en una esquina.

Sería peligroso intentar quitarles el micrófono.

— ¡Aquí estás! — Justo después de escuchar eso unos brazos la sujetaron de la cintura y la levantaron sin previo aviso logrando que gritara. Apenas estuvo de regreso en el suelo se dio la vuelta dispuesta a golpear al idiota que casi le provoca un infarto. Y sí, no le importaba que ese idiota fuera Takuya, pero sus intentos de homicidio murieron cuando el castaño le sonrió e inevitablemente ella también — Creí que nunca llegarías.

— Por poco y Zoe habría enviudado antes de siquiera casarse.

— Veo que me hiciste caso, muñeca — Dijo viendo su vestimenta — Buena elección.

Volvió a sonreír resignada cuando Takuya le tomó la mano e hizo que diera una vuelta — Exageras. Tampoco te ves nada mal.

— Lo sé, pero gracias por decirlo.

— Como siempre tu ego sabe exactamente qué decir — Su mirada se paseo por el lugar y regresó al moreno — ¿Has visto Hitomi o a Sakura?

— Me pareció verlas cerca de la piscina.

— ¿Este lugar también tiene piscina? — Preguntó atónita —Si fuera más cercana a Shiro inventaría cualquier excusa para que me deje vivir aquí. Voy a saludarlas. Nos vemos en un rato — Takuya le enseñó su pulgar en alto y se dio la vuelta para acercarse a un par de conocidos.

No fue nada difícil encontrar la piscina. Combinaba perfectamente con las dimensiones de toda la casa.

Era enorme.

— ¡Hitomi! — Llamó a la chica que se encontraba con los pies dentro del agua.

— Creí que no vendrías, Mimi — Contestó la aludida sonriéndole como saludo.

— Pues creíste mal — Dijo sentándose junto a la joven de cabello negro y ligero degradado en color celeste en sus puntas.

Su otra compañera, Sakura, de cortos cabellos rubios cenizos y ojos oscuros la abrazó por los hombros y también sonrió — Tengo que admitir que Shiro se lució con esta fiesta.

— Estás llena de razón.

Hitomi se abanicó el rostro con la mano — Aunque está empezando a hacer calor.

— Iré por algo de beber. Necesitamos refrescarnos porque no hay poder en la tierra que me saque de este lugar sin antes haberla pasado bomba.

— ¿Y bien, Mimi? ¿Has visto algún chico lindo?

Y de nuevo el tema de la discordia. ¿Acaso tenían diecisiete años?

Ella ya no podía con los hombres.

— Por el momento no, Sakura.

— ¡Pues yo sí! Kai Minatozaki de economía. A ese tipo sus padres lo hicieron con mucho amor.

— O muchas ganas y sin planearlo — Rebatió con malicia — Tengo una leve sospecha de quién es, y no está mal. Harían una linda pareja.

Los ojos de Sakura brillaron como si le hubieran concedido tres deseos — Eso es lo más bonito que me han dicho en la vida.

— ¿Qué es lo más bonito que te han dicho en la vida? — Hitomi llegó junto a ellas y les tendió una copa de piña colada a cada una.

— Le dije a Sakura que ella y el tal Kai harían una linda pareja.

— ¿El tipo sexy de economía? — Tanto Sakura como Mimi asintieron — Lo acabo de ver en la barra de bebidas.

Fue cuestión de que Hitomi terminara esa oración para que vieran a Sakura levantarse y correr hacia donde se encontraba el atractivo futuro economista.

— Realmente debe de gustarle — Dijo sorprendida por la velocidad de su compañera — ¿Y dónde está tu novio?

— Debe estar con sus compañeros en alguna parte, la última vez que lo vi estaba en la mesa de ping pong. En un rato iré a buscarlo — Le dio un trago a su piña colada y prosiguió — ¿Ya has visto a Takuya?

— Básicamente él me vio primero — Entonces notó el brillo significativo en los ojos ajenos. No pudo evitarlo y tuvo que reírse — Por favor, Hitomi ¿No estarás insinuando que Takuya y yo…? ¡En absoluto! Solo somos amigos, y no, esto no se trata de una negación que con el tiempo se vuelve real. Además Takuya está muy interesada en una chica de la Facultad de Arte, y Zoe es agradable y linda.

— Deberías dar información verídica, Hitomi. Kai no estaba ahí — Ambas vieron a Sakura regresar con expresión de fastidio y sentarse. De nuevo.

— No me mires así. Lo que dije sí es cierto. Minatozaki estaba ahí, pero dudo mucho que su plan fuera quedarse toda la noche a esperar que llegaras a buscarlo — La pelinegra puso los ojos en blanco — Ok… antes de que Sakura me interrumpiera con sus quejas y mal de amores, te iba a preguntar algo, Mimi.

— ¿Qué cosa?

— Ya me quedó claro que son solo amigos, pero… hipotéticamente… ¿Besarías a Takuya?

Sakura miró con la boca abierta a Mimi. ¿De qué se había perdido como para que ahora Takuya Kambara fue objeto de conversación?

Mimi pretendía contestar de inmediato, pero no pudo. Tuvo que pensárselo bien. Finalmente despegó sus ojos del grupo jugando más allá dentro de la fiesta y encaró a las muchachas.

— Sí. Si lo hubiera conocido en otras circunstancias bien podría haberme interesado en él, pero ahora es imposible que algo como eso suceda.

Las tres charlaron por un par de horas hasta que el novio de Hitomi apareció para llevársela. La salida de la pareja fue acompañada por risas y silbidos de parte de ambas muchachas y los amigos del novio. Luego el famoso y solicitado por Sakura, Kai Minatozaki pasó cerca de ellas y la rubia miró suplicante a Mimi.

— ¿Está bien si te dejo por unos minutos?

La oji miel fingió estar ofendida — Me niego a ser la causante de que tu cuento de hadas no se haga realidad. Ve por él.

Sakura volvió a iluminarse y abrazó a Mimi antes de iniciar la búsqueda del amor de su vida.

La rubia se perdió en la multitud y Mimi bajó la mirada a sus pies dentro del agua.

¿En verdad había dicho que sí besaría a Takuya?

Al diablo con eso. Era una situación hipotética…

Ella estaba pensando realistamente. No es como si estuviera afectada por el alcohol de su bebida, porque, ¿Cuánto alcohol podría tener una estúpida piña colada? Solo había tomado tres desde que llegó. Quizá cuatro.

Y estaba haciendo calor, así que apenas vio que su cuarto vaso ya estaba vacío se levantó y fue hasta la barra de bebidas al otro lado de la enorme fogata. Vio varios tipos de bebidas exhibidos en la mesa y se acercó demasiado a ellos para decidir bien. Sus ojos viajaron sobre la mesa y se detuvieron sobre una nieve de frutos rojos cuya base era un Martini.

La decisión fue instantánea. Le pidió al encargado de la barra que le sirviera una gran copa de nieve alcoholizada en frutos rojos.

Llegó hasta unos sofás abandonados en una esquina y se dedicó a mirar de aquí para allá.

Si antes había muchas personas, ahora era como el triple. Faltaba poco para la una de la mañana.

Más allá de la fogata, una silueta llamó su atención, así que se despidió innecesariamente del tipo de la barrada y caminó hacia aquel individuo que yacía acostado sobre una toalla en la arena, con sus manos cruzadas detrás de la cabeza.

Parpadeo varias veces para ajustar su visión a esa zona alejada de la gran iluminación dada por la fogata y se agachó para quedar de frente.

— Si viniste a dormir mejor te hubieras quedado en casa — Habló con un poco de torpeza y burla.

La otra persona abrió los ojos por la repentina y cercana voz y se encontró con los ojos mieles de Mimi.

— ¿Ya es hora de que las brujas malvadas salgan de su escondite?

La castaña golpeo a Tai en el hombro para luego sentarse a su lado.

— No intentes empezar una discusión que al final ganaré.

Taichi prefirió no contestar y volvió a su posición original. Ambos se mantuvieron en silencio por unos minutos, a lo lejos podían escuchar el bullicio de los fiesteros.

— Así que conoces a Matsui…

— No somos las personas más cercanas del mundo, pero comparto varias clases con Shiro. Ya en serio, Taichi. ¿Viniste solo para dormir sobre la arena?

— Solo estoy esperando a unos amigos. Fueron por unas amigas suyas.

— Claro, ahora tus amigos se encargan de traer a tus conquistas…

— Podría decirse que sí. ¿Tú viniste con Yolei?

— Con Takuya en realidad. Yolei tiene una gran prueba mañana, así que está estudiando.

— Y como no veo a Kambara por ningún lado, asumo que dejaron sola a su majestad.

Aquello hizo que formara una mueca de disgusto — Para tu información no necesito ningún tipo de chaperón. Yo misma puedo conseguirme agradables compañías, y he visto a varios en la fiesta. No te crea el gran Bachelor, Yagami.

Con toda la dignidad que el alcohol en su torrente sanguíneo le permitió Mimi se levantó sin esperar una respuesta de parte del moreno. Prefirió unirse a Takuya, a Hitomi y a su novio que ya habían regresado de hacer sabrá Dios qué cosas.

Tai observó a la castaña tambalearse hasta llegar junto a Takuya Kambara. Una sonrisa irónica curveo sus labios, ¿A eso le llamaba agradables compañías?

Eran casi las dos de la mañana cuando Mimi nuevamente se separó de sus amigos. Ahora sí podía decir que sus piñas coladas y las deliciosas nieves de frutos rojos adulteradas estaban proyectándose en su caminar y humor. Se dio un tour por la gigante residencia y terminó en alguno de los muchos balcones que había en el segundo piso. Fue hasta la baranda hecha de fina madera oscura y apoyó sus manos en ella mientras cerraba los ojos y el viento la ayudaba a despejarse.

Escuchó a una chica llamar a alguien en los pasillos que conectaban el balcón con las escaleras. Entonces una voz masculina contestó:

— Denme un minuto, muchachos — La voz se escuchaba muy alegre. Y terriblemente conocida. Fue cuando se dio la vuelta y se encontró con Shiro Matsui mirándola extrañado — Perdón, no creí que hubiera alguien aquí. Hola, Mimi.

Mimi sonrió quedamente mientras levantaba su mano — No te preocupes. Hola, Shiro.

— ¿Qué haces aquí?

— Necesitaba un respiro del caos que hay allá abajo. Siento que en cualquier momento voy a quedar sorda — Dijo sacudiendo la cabeza — Por cierto, buena fiesta.

— No por nada soy el Rey de las Fiestas — Admitió el peli negro sonriendo satisfecho. Rodeo los hombros de Mimi con su brazo y a ella no pareció molestarle la cercanía a pesar de la repentina reducción del espacio personal.

Mimi hubiera reaccionado mal ante el abrazo de Shiro, pero ella estaba un poco ebria.

Shiro no hubiera tomado esa confianza con Mimi en otras circunstancias, pero también estaba ebrio.

— ¿Te molesta si te hago compañía?

— No realmente, pero ¿Te molestaría traerme algo para tomar? Ya me he perdido lo suficiente para una noche.

— Vuelvo enseguida — Dicho esto dejó un beso en la mano de Mimi y se retiró.

Los poderes de una sonrisa manipuladora… — Susurró con malicia ante su juego sucio.

Muy en el interior seguía ofendida por el idiota de Taichi Yagami.

La sangre le hervía cuando recordaba las insinuaciones respecto a que no sabía cómo conseguirse una conquista de una noche y ya.

Por supuesto que sabía.

Pero se sentía patética haciendo eso. Ella no necesitaba meterse con un calentón del demonio para estar en paz y sentirse realizada en la vida.

Sus ojos viajaron a la zona de la fogata y pudo ver a sus amigos divertirse en la piscina, casi tratando de ahogarse entre ellos. Y luego, en una esquina pudo distinguir a la causa de sus dolores de cabeza comiéndose la boca con una pelinegra que llevaba un vestido tan corto que podría confundirse con una blusa.

¿A eso le llamas una conquista fácil?

Más bien, una chica fácil, idiota.

Shiro volvió pasados unos minutos y le entregó otra nieve, solo que esta vez era de té verde.

Ella definitivamente necesitaba esa receta.

El muchacho tomó asiento en una silla de mimbre frente a Mimi — ¿Viniste con alguien?

— Vine con Takuya. Aquí me reuní con unas amigas, pero ellas tienen a sus novios y no pienso hacer el mal tercio.

— Así que Kambara. No seré el único que ha creído que ustedes dos tienen o tuvieron algo, ¿Verdad?

— No tienes idea de cuántas veces he escuchado eso desde que llegué, y no, Shiro. Entre Takuya y yo solo hay amistad.

— De acuerdo, te creo — Dijo alzando las manos en señal de inocencia, pero casi de inmediato su expresión cambio mientras se iba acercando a ella — ¿Te han dicho… que tienes unos ojos increíbles?

Mimi fue consciente, dentro de lo que su estado le permitía, de la intensa mirada de su compañero por lo que desvió la mirada hacia el apacible y silencioso mar a metros de ellos. Sintió un toque en su mano y al regresar su mirada se encontró a pocos centímetros de la de Shiro. Él sonrió sujetándola por el lazo de su pantalón y plantó sus labios sobre los propios en un intenso beso.

Su cerebro se detuvo por un segundo en el que llegó a la conclusión de que no perdía nada correspondiéndole: Shiro era atractivo, inteligente y amable, y por sobre todo… ¿A quién diablos le importaba? ¡Era una fiesta!

Sus manos rodearon el cuello de Shiro y lo acercó mucho más, si es que eso era posible. Al notar su reacción positiva Shiro la tomó esta vez por la cintura y la dejó sentada sobre el barandal del balcón. Cuando el aire comenzó a escasear en sus pulmones se separaron e intercambiaron miradas a la vez que se reían.

Ambos tenían muy claro que aquello no tendría por qué se un tema para tratar. Mañana sería historia antigua.

— ¿Por qué sabes tanto a frambuesa? — Preguntó Shiro arqueando las cejas. Mimi solo atinó a reír de nuevo y lo atrajo a sus labios buscando por más de aquel contacto.

Probablemente habrían terminado besándose sobre la alfombra del balcón de no ser porque alguien sujetó a Shiro por la parte de atrás de su camisa y los separó por completo.

Fueron segundos de confusión pues la falta de iluminación no le permitía ver.

— Te estás aprovechando de ella, viejo — Reclamó con seriedad — Claramente está pasada de tragos.