XV


¿Qué había hecho?

Su mente estaba repleta de reclamos y cuestionamientos, y sinceramente no quería pensar en nada. Necesitaba a los Hombres de Negro para que le borraran los recuerdos de la última hora.

Arrastró los pies desde la banqueta hasta llegar a la puerta de su apartamento. Abrió y cerró la puerta con fastidio. Siguió su patético y desganado recorrido hasta el sofá más cercano y se dejó caer sobre este como el lamentable saco de papas que era en ese momento.

Su celular avisó de un nuevo mensaje y confirmó que estaba sola en casa pues Yolei decía que estaba con Sora y le preguntaba si quería que comprara algo por ella.

Realmente no tenía apetito, pero terminó pidiéndole que le comprara manzanas y más palomitas.

Dejó el aparato sobre la alfombra y regresó a su infierno mental.

— ¿Por qué…? ¿Por qué ahora…? — Se lamentó.

¿Por qué le correspondió?

¿Por qué sintió tantas ganas de estar en llanto?

Estaba tan abrumada que otra vez quería llorar como una niña. Cerró los ojos con fuerza negándose a rendirse ante la vulnerabilidad.

La única razón que encontraba era la nostalgia. De nuevo.

Pero había algo de lógica pues la última vez en que alguien la besó de esa forma… fue cuando todavía estaba en una relación con Michael. El beso con Shiro estaba fuera de consideración.

Incluso terminó por querer golpear a Taichi. Solo faltaba que si le preguntaba por qué la besó él dijera la misma pobre respuesta que antes.

No lo sé

Cuando él la besó se sintió a salvo. Como si hubiese quedado atrapada dentro de una nube, en ese momento el mundo pudo haberse estado cayendo a pedazos a su alrededor y ella probablemente no se hubiese dado por enterada.

Y ahora que era consciente de que había huido de Taichi, una irracional idea la torturaba, y no solo eso, le provocaba pánico el pensar en ello.

Como si subconsciente quisiera gritar a los cuatro mundos que se sentía desesperada por un consuelo por más tonto que fuera, un bombillo se prendió en su cabeza.

— Quizás… — Murmuró levantándose — Quizás solo no quise ser grosera y por eso le correspondí — Sonrió digiriendo la idea, al menos hasta que se dio cuenta de lo ridícula que era y se golpeo el rostro con una almohada — Sí, claro… Ser grosera con él es algo que no me quitaría el sueño. No seas tonta, Mimi.

El problema giraba en torno a su otra teoría. Esa que le causaba escalofríos, como un fantasma susurrándole al oído y diciéndole "Te gusta…"

— No me puede gustar Taichi. Simple y sencillamente eso no puede ser — Dijo viendo al vacío — A menos que… — Sus neuronas trabajaron a mil por hora, y entonces la indignación le calentó la sangre — Ese idiota… ¡Me vio la cara! ¡¿Cómo se atreve a tratarme como a una de sus conquistas fáciles?!

La vergüenza, la nostalgia, la paranoia, todo había desaparecido. Ahora solo quería gritarle y acusarlo por descarado.

Ya había sido objeto de los juegos de un hombre antes, y no iba a serlo de nuevo.


Cuando llegó a su departamento, todo estaba en completo silencio. Ninguno de sus amigos estaba ahí.

Eso era algo bueno porque lo que menos quería en ese momento era ser el foco de curiosidad de ese par que al parecer eran aficionados a intentar analizarlo.

Definitivamente se darían cuenta de que algo le habían hecho, o que algo él había hecho. Tan sumido estaba en su debate interno que en lugar de sentarse en su fiel sofá reclinable terminó cayendo a suelo.

Tomó aire y lo expulsó sonoramente. Al diablo el sofá. Se levantó y fue a recostarse en su cama.

Un rayo se escuchó a las afueras y logró que diera un respingo.

Y ahora la lluvia se hacía presente para agregarle más dramatismo al suceso del día.

¿Qué demonios le estaba pasando?

Había besado a la chica a la que juraba detestar. A la caprichosa e insolente Mimi Tachikawa que se creía una sabelotodo.

¿Cómo terminó contradiciéndose de esa forma tan baja?

Antes de besarla la expresión en el rostro de la castaña era algo completamente distinto a lo que vio en sus ojos cuando se separaron. Su expresión era indescifrable. ¿Qué significaba aquello?

Muy, muy en el fondo odiaba admitirlo, pero ese beso había sido uno de los mejores que había recibido en su vida.

— Ah, reacciona, Yagami — Se regañó poniéndose de costado. Cerró los ojos para intentar conciliar el sueño y olvidarse de todo, pero cinco minutos después sus pensamientos estaban más confusos y erráticos que antes.

Ella le había pedido una explicación, lo cual era justo. Y le daba toda la razón para que estuviera confundida pues efectivamente desde que Mimi Tachikawa regresó él de alguna forma se mantuvo al pendiente, se preocupó por ella e intentó prevenirle malos ratos. Sin embargo, por más discusiones que tuvieran o por más tiempo que convivieran, estaba seguro de que jamás le había sonreído como lo hizo cuando eran niños. ¿Cómo siquiera era posible que se estuviera sintiendo atraído hacia ella cuando sus tratos eran tan indiferentes?

Cuando pensó en los bastante infantiles motivos que los llevaban a discutir no pudo evitar sonreír. Puede que en esos momentos en verdad se sintiera molesto con ella, pero ¿A quién no sacaría de quicio?

En sus recuerdos no había muchos momentos significativos que compartiera específicamente con Mimi. El más nítido debía ser cuando él llegó a sentirse miserable por haber inducido una digievolución errónea en Agumon y la castaña lo reconfortó.

Aquella niña dulce y transparente ya no existía, sino que fue reemplazada por una joven que lo estaba conduciendo a ideas que no cruzaban su mente desde hace tiempo.

Gustar realmente de alguien.


— ¡Ya estoy aquí! — Yolei entró a su casa haciendo todo el ruido del mundo mientras a duras penas cerraba la puerta debido a las bolsas que traía consigo del supermercado.

La peli morada fue hasta el desayunador para dejar ahí los comestibles cuando la puerta de la habitación de Mimi se abrió pausadamente y segundos después la expresión desalentadora de su mejor amiga la recibió. La oji miel llevaba una gran camisa vieja color vino que pertenecía a Willis y unos shorts.

Era evidente que recién se despertaba porque su rostro estaba un poco hinchado, sus ojos lucían más rasgados que de costumbre y claro está, tenía la marca de la almohada arrugada en su mejilla.

Y como Yolei se autodenominaba la mejor amiga del mundo con poderes de intuición incuestionables pudo distinguir enseguida la falta de ánimo en la castaña.

— ¿Pasó algo? — Preguntó preocupada viendo como Mimi caminaba hasta sentarse en el sofá más cercano.

Mimi no siempre admitía que le pasaba algo a la primera, razón por la cual Yolei supo que algo malo sí había pasado cuando su amiga asintió sin agregar más. Así que dejó las compras para después y fue a sentarse junto a Mimi.

— No me gusta nadie — Tanto la determinación de la castaña como su comentario fuera de contexto desconcertaron a Yolei — Ya tuve suficiente de tener algún tipo de sentimiento romántico por alguien y me niego a volver a caer. Con Michael ya recibí las decepciones necesarias para toda mi vida. Antes creí que él era la persona perfecta para mí, y me equivoqué abismalmente, así que cualquier otro tipo cometerá los mismos o incluso peores errores.

A la oji miel en verdad le urgía desahogarse. No tenía planeado decirle a Yolei que se besó con Taichi, porque Oh dios, eso desataría un escándalo imparable, pero quería dejarle claro al mundo y sobre todo a su cerebro que ella no pensaría caer ante aquella clase de sentimientos otra vez.

— ¿Qué significa eso, Meems?

— Nada realmente. Solo tenía que dejarlo claro.

— Nadie puede decidir cuándo o de quién enamorarse, Mimi.

— Claro que sí. Yo puedo hacerlo — Dijo obstinada a pesar de que su razón estaba de acuerdo con Yolei. Había cosas en la vida de las que nadie tenía verdadero control.

— Ya que estás tan segura de eso, vas a tener que decirme por qué. Dudo mucho que te hayas despertado con esa resolución tan definitiva así de la nada — Inquirió mirándola fijamente.

Mimi se mordió el labio inferior evitando mirar a su amiga — No me pidas explicaciones por ahora, Yolei — Por más que intentaba solo parecer fastidiada por la situación, en realidad no dejaba de darle vueltas al asunto.

Al final Yolei tuvo que aceptar la petición puesto que sabía que si ponía aprueba la paciencia de Mimi no conseguiría algo más que la castaña enojándose y cerrándose por completo con ella.

Eran casi las tres de la mañana y seguía sin poder dormir. Por más vueltas que daba sobre su cama, lo único que había logrado era deshacer la sabana que cubría el colchón.

Él pensando en el dichoso beso y en los recuerdos, y seguramente Mimi Tachikawa se encontraba durmiendo totalmente ajena al insomnio que se reía de él

Nadie en toda su vida había conseguido robarle el sueño a tal magnitud, ni siquiera Sora a pesar de haber pasado varios años enamorado en secreto de su bondad y calidez. Si bien cuando estuvieron en sexto grado ellos intentaron tener algo así como un noviazgo que no funcionó, sus sentimientos prevalecieron por un tiempo más, hasta que decidió dejar todo atrás y apoyar a Sora para que se le declarara a Matt en aquella navidad del 2002.

Y ahora, años después gracias al regreso de esa bruja de hielo él volvía a comportarse como un gran imbécil que no sabe lo que está haciendo, tal y como sucedió con Sora.

— Ya no puedo más.

Tai se quitó de encima las sabanas que se habían enredado en sus piernas, se levantó de la cama y se cambió la ropa, tomó las llaves del auto y salió sin importarle mucho si en el proceso despertaba a Izzy o a Matt.

Le daría fin a la razón de su insomnio de una buena vez.


La fría agua de lluvia no había cesado desde que terminaron sus clases. Podía escuchar las fuertes gotas golpear contra la ventana de su habitación y también contra el techo. Faltaba poco para que también cayera granizo.

Hacía un buen rato que perdió el hilo de cuántas ovejas llevaba. Decir que había dormido media hora sería mucho.

Quería patalear y llorar de la frustración. El día de ayer se levantó muy temprano para ir con Sora a sufrir al gimnasio, luego estuvo más tres horas recluida en la biblioteca estudiando para un examen de Inmunología, y otras dos horas trabajando en su ensayo para la clase de coreano. Y finalmente dos horas más haciendo el examen para el que tanto estudio. ¿Qué mal había hecho ella? Lo único que pedía era recuperar el sueño sacrificado y para colmo, la causa de su incapacidad para dormir tenía nombre y apellido.

Taichi Yagami.

Por él, su estúpido beso; por ella que le correspondió y por su ilógico cerebro que en conjunto con su corazón que le decían que cabía la posibilidad de estarse enamorando del moreno.

Su berrinche se detuvo cuando en medio del ruido de la lluvia logró escuchar el timbre de la puerta principal.

Mimi frunció el ceño. Se cercioró de que sí estaba lloviendo, salió de su cama y fue hasta la sala pensando en quién pudo haber tenido la genial idea de ir a su casa a esas horas de la madrugada y en medio de una lluvia torrencial.

Llegó a la puerta y al abrirla vio a Taichi con el cabello goteando y observándola con mucha seriedad.

Tai quiso sonreír porque la imagen de Mimi vestida con ese pijama celeste y unos calcetines desacomodados le pareció adorable, pero enseguida se reprendió.

Con un demonio. Él no venía a divagar aquí también.

La castaña parpadeo sin saber qué pensar.

— ¿Tienes idea de qué hora es?

— Tengo que hablar contigo sobre lo que pasó ayer. Y tiene que ser ahora porque no he podido dormir nada por eso mismo.

— Ya somos dos — Contestó cruzándose de brazos mientras se recostaba contra la pared — Solo… hablemos en voz baja. Si pude escuchar el timbre aun con el ruido de la lluvia, Yolei podría oírnos y no es un buen momento para escuchar todo el drama que puede inventarse en cuestión de segundos. Se breve, necesito dormir aunque sea un par de horas, Taichi.

— ¿Acaso soy el único que tiene algo qué decir? — Preguntó cerrando la puerta — Sino mal recuerdo tu me correspondiste.

Suspiró con pesadez y rezó para que la oscuridad de la sala ocultara su sonrojo — Bien. ¿Sentiste algo con eso?

Fue el turno de Tai para sentirse apenado. Incluso en la penumbra tenía la sensación de estar bajo el escrutinio intenso de los ojos mieles de Mimi.

Desvió la mirada por un segundo mientras se rascaba la nuca.

Había estado buena parte de la noche y madrugada pensando al respecto, pero hasta ahora no se había detenido a pensar en si sintió algo más allá de aquella extraña explosión. El problema era que no era muy difícil aceptar algo tan confuso y desconcertante para él.

Y por la expresión de Mimi parecía que ella en verdad quería escuchar una negativa de su parte. Si bien ella le correspondió no significaba nada, ya que a diferencia de él, Mimi sí que no tenía conflicto en decir que no lo toleraba.

— No, no sentí nada.

Por un segundo quedó congelada en su lugar. ¿Por qué se sentía decepcionada? ¿Acaso no era eso justo lo que quería escuchar?

— Es bueno saberlo — Contestó secamente — Podemos estar en paz ya que ese beso fue una tontería. Solo acláramelo, Yagami. ¿Me besaste por mero antojo?

Ahora se arrepentía de haber ido a encarar a la castaña. ¿Por qué él era el único interrogado?

— Solo fue un impulso. Y dadas las circunstancias, tú me seguiste la corriente.

Mimi rio sin una pizca de humor — Así que un impulso… Muy bien. Sí, fue un impulso y yo te seguí la corriente. Pero no terminó ahí y lo sabes. ¿No querías ser grosero? — Preguntó cruzándose de brazos.

— Podría decirse que sí.

— Eres impresionante. Hablo en serio, me dejas sin palabras. Como dije antes, ya todo está claro y podemos ir a dormir con la conciencia tranquila. Puedes irte y desaparecer de mi vista por un muy largo tiempo. Gracias por la visita.

Definitivamente la había cabreado en grande, y se merecía que lo estuviera mandando al diablo por decir esa ola de mentiras. Y por lo visto seguiría fastidiándola más, porque ahora era su turno de preguntar — Todavía no, su majestad. No me respondiste, ¿Tú sentiste algo?

— No, Taichi. No sentí absolutamente nada.

— ¿Entonces por qué están tan enojada?

— No estoy enojada, solo te pedí que te fueras porque quiero irme a dormir.

— Claro que sí, Mimi.

Fueron solo unos segundos, pero al escuchar llamarla por su nombre con tanta familiaridad y confianza sintió que estaba frente al Taichi que conoció cuando eran niños, ese que siempre le decía que no fuera una princesa llorona.

— Ya vete de aquí — Abrió la puerta, lo sujetó del brazo para llevarlo hasta el porche de la casa, y cerró la puerta frente a él.

Viéndose sola en la sala Mimi se recostó contra la puerta y suspiró con cansancio. ¿Por qué todo tenía que ponerse de ese modo?

El sonido de la puerta hizo que diera un brinco y escuchó la voz de Tai del otro lado:

— Olvidé decirte una cosa.

Ese hombre estaba poniendo a prueba su paciencia.

Con gesto cansino se separó de la puerta y la abrió de nuevo.

Él sonreía. Estiró su mano y le sujetó la muñeca para atraerla contra sí mismo y darle un beso. Más lento, más largo, y más profundo. Sin más la dejó ir aun con la sonrisa adornando sus cálidos labios — No siempre puedes quedarte con la última palabra.

Y como si no hubiera causado un caos en la mente de Mimi, Tai corrió del porche hasta su auto estacionado en el borde de la banqueta.

Se quedó ahí, con el frio viento húmedo moviendo sus cabellos castaños, con su mano tocando levemente sus labios y a la vez odiando a Taichi porque gracias a ese intenso sonrojo en su rostro no era capaz de sentir frío.


— Esto ya está colmando mi paciencia — Zakuro entró al auto azotando la puerta del auto, hecho que hizo que su amiga Marina pusiera cara de tragedia.

— Ten cuidado, Zakuro. No es de juguete. ¿Por qué están tan enojada?

— Pasa que le pedí a Matt que interpretara una canción para mí y tuvo la brillante idea de tocar la estúpida canción que escribió para Sora Takenouchi. Debías haber visto la sonrisa boba que tenía. La canción puede ser muy bella, pero es un golpe bajo que sonría en mi presencia tocando una canción que compuso pensando en su ex. Ya bastante tengo con saber que siguen siendo tan amigos como antes de estar en una relación.

La joven de cabellos rubios miró con lástima a Zakuro — Detesto recordarte esto, Zakuro. Pero ya sabías que esos dos seguían siendo amigos incluso antes de acercarte a Matt. Además… sigo sin entenderte del todo. Siempre me juras que confías ciegamente en él, te ha demostrado eso muchas veces. Estoy segura de que si hubiera querido serte infiel ya lo habría hecho hace tiempo. No es como si le faltaran ofertas de toda la población femenina.

— Da igual, Marina. Sora ya se ha metida lo suficiente en mi camino. Ella debería conocer de sobra su lugar, y sino respeta el mío se atendrá a las consecuencias. Actúa como alguien incapaz de romper un plato, pero basta con ver la expresión que pone cuando mira a Matt.

— Hay veces en las que me convenzo de que tienes celos de ella.

— ¡Marina! — el gritó repentino de Zakuro provocó que la rubia pegara un frenazo el cual, de no haber sido por sus cinturones abrochados habría provocado un accidente.

— ¡Por Dios, Zakuro! ¡Casi nos matas! ¿Por qué diablos gritaste?

— Escúchame bien porque no voy a repetirlo. No hay nada en la faz de la tierra que yo tenga que celarle a esa mujer, Marina. Me voy a encargar de que a Sora Takenouchi se le caiga el disfraz de santa que usa frente a los demás, la voy a descubrir y que Matt se dé cuenta de la clase de persona que tuvo como novia y tiene como amiga.