DISCLAIMER: InuYasha pertenece a Rumiko Takahashi y a quien mas corresponda.

Advertencia: A parte de tener contenido para adultos, va a haber OoC


Bloody Love

Por Aquarius-chan

2.

Tres días habían pasado desde el perturbador mensaje. Ya habían regresado a su casa. Por supuesto, lo primero que hizo Bankotsu antes de dar el pase de entrada fue pintar la pared que limitaba con el jardín trasero. Lo hizo con tanta ira acumulada que se impidió dejar rastros de la frase dejada.

Ahora Kagome se hallaba sentada en el sofá mirando la televisión mientras tomaba una taza de té caliente. Era de fresa, su favorito por el dulzor que tenía. No estaba tranquila, se sentía constantemente vigilada. Lo bueno era que habían conseguido una orden para que policías pasen por su casa cada tanto, con horarios azarosos para así evitar que el acosador conozca una rutina.

De repente, una llamada al teléfono robó su atención del documental que estaba mirando en National Geographic Channel. Estiró el brazo y tomó el tubo sin levantarse de la comodidad del mueble.

-Kagome... - reconoció la voz de una de su amigas llorando.

-¿Yuka? - preguntó y no recibió respuesta - ¿Yuka eres tú, qué sucede?

-Eri... - gesticuló e incrementó su llanto.


Sesshomaru estaba en su departamento, sentado en el piso con su espalda reposando en la puerta que daba al pasillo. Tenía una copa de vino tinto en la mano y la tomaba de a sorbos mientras pensaba.

Pensaba en ella, en Kagome. Extrañaba hablar con esa chica, pero tenía la maldita suerte de que solo podía moverse con libertad en el exterior cuando los rayos del sol se ocultasen. Y ella no salía en la noche como para crear un encuentro casual en la vía pública para tener una buena charla, que ella le contase sus pesares y busque su hombro para llorar. Después tal vez vendrían alguna palabras de los labios del peli plata implorando calma, algunas caricias en la espalda para darle confort. Tal vez vendría algún beso y quien sabe como terminaría todo. Le excitaba pensar en las posibilidades.

Se levantó y buscó con sus ojos dorados el control remoto de la televisión para poner las noticias y sonrió al ver lo que estaban transmitiendo. Los noticieros hablaban sobre un peculiar asesinato que solo cumplía el objetivo de enviar un mensaje de sádico amor a una joven. La víctima no tenía rastros de sangre, parecía seca. Lo más extraño fue que la dejaron colgaba, atada de sus muñecas en una de las paredes del living. Los periodistas se hallaban espantados por el sadismo que se mostró en la escena del crimen. Sesshomaru, en cambio, sonrió complacido.

Poco a poco se iba a acercar a su preciada Kagome hasta que ella le de una respuesta afirmativa. Al pensar en ella, sus colmillos hicieron amague de aparecer y las orillas de sus pupilas estaban tomando un tono colorado. Siempre le sucedía lo mismo, siempre que esa joven atravesaba sus pensamientos, su cuerpo pedía sangre, comida, y mucha. Suspiró y se levantó hacia la salida, otra morena lo esperaba.


Se hallaba sentada en una de las sillas que daba al centro de la mesa en la sala de interrogatorios. En cuanto recibió la triste noticia de su amiga, se apuró en salir donde estaba Yuka, desconociendo que la acompañaban oficiales de policías. La pelicorta se hallaba en calidad de testigo, mientras que la azabache aun no sabía qué hacía en ese lugar.

-Ey Kag - dijo una voz que supo reconocer muy bien luego de que escuchó abrir la puerta que ella no estaba mirando ya que reposaba su cabeza en sus brazos.

-Koga - lo saludo. Su amigo que era un agente, se encargaba de los interrogatorios - ¿Qué hago aquí?

-Antes que nada voy a necesitar que estés tranquila. Ya hablé yo mismo con Bankotsu y está en camino - la miró preocupado - Y me contó detalles que desconocía de tu problema con el acosador. Me dijo que te dejó de enviar cartas y regalos.

-Si - afirmó - Pero el otro día masacró a mi gato y me dejó un mensaje en la pared - inhaló hondo - Ese fue su último regalo.

-Te equivocas, no fue el último - ella lo miró sorprendida y le indicó que siga - Verás, tu amiga fue asesinada - ella asintió entristecida - Y en su abdomen estaba pegado esto con una cinta - le alcanzó un papel que, por las marcas, notó que antes estaba doblado por mitades. Éste se hallaba envuelto en una bolsa de muestras transparente para preservarla.

Ella, nerviosa, lo tomó con su temblorosa mano y comenzó a leerlo.

"Kagome, mi amada:

Te dije que no quería seguir haciéndote daño, pero tu me obligas a seguir al no darme la respuesta que quiero oír. No tienes idea todo el tiempo que estuve solo, mi condición me impide relacionarme, pero contigo siento que todo sería distinto.

Quiero tenerte conmigo, no quiero verte con tu esposo abrazándote, besándote y entregándole ese amor que yo tanto necesito. Te necesito.

Espero que razones rápido porque en verdad no deseo hacerte daño ni asustarte. Quiero ser quien calme tus pensamientos y quien te haga olvidar tus problemas.

Solo tuyo,…"

Kagome tragó nerviosa y sintió como las lágrimas recorrían sus mejillas. Como suponía, él la vigilaba. Y asesinó, primero a su gato y después a su amiga, para recibir su atención. Sea quien sea, ese tipo estaba enfermo. No hacía falta ser un experto para analizar lo que quería, ya que prácticamente él lo contaba.

Koga, sin saber que decir, se levantó, se sentó junto a ella para abrazarla. Le molestaba ver a su amiga así, sobretodo por su profesión, ya que él era policía y no podía hacer nada para ayudarla.

-Enviaremos esto a analizarlo - dijo tratando de calmarla hasta que llegue el marido de la joven.

Y como si lo hubiese invocado, sintieron como alguien llamaba a la puerta. Al escuchar que se le permitía pasar, Bankotsu se adentró y fue directo a abrazar a su esposa. Koga le había contado acerca de la carta y sabía perfectamente como iba a reaccionar su esposa. El castaño uniformado salió dejándolos solos un momento. Aun tenía que interrogar a su amiga y él también debía calmarse.


Luego del interrogatorio, de más lágrimas y de la afortunada contención de su marido y de su amigo, Kagome volvió a su casa. Bankotsu estaba tenso. Su pareja ya no estaba segura allí, el problema era que si ese desquiciado estaba tan obsesionado como para perseguirla.

-Quiero salir - escuchar decir.

-¿Estás segura? - cuestionó sorprendido y preocupado,

-Si, vayamos al bar y tomemos algo - dijo con una sonrisa - Por favor, necesito despejarme.

Bankotsu vio la hora en su reloj. Las 22:30. Curvó sus labios y la miró a lo ojos.

-Bien - la observo festejar - Báñate, ponte más hermosa de lo que eres y vayamos.

Y eso hizo. En menos de media hora los dos ya estaban listos. El de cabello trenzado llevaba un pantalón de gabardina beige, zapatos marrones y camisa manga corta blanca. La azabache lucía un hermoso vestido azul ajustado hasta la cintura y luego suelto con unos zapato azul oscuro. Se subieron al automóvil y fueron con calma, llegando al lugar a solo quince minutos de la medianoche.


Sesshomaru estaba sirviendo las bebidas. Ese día le resultó bastante monótono. Lo único que lo divirtió fue la prostituta que forcejeó para que él no le chupara toda su preciada sangre. Al final resultó ganador como siempre y su apetito estaba bien. Sus ojos se mantenían dorados y sus colmillos no hacían acto de presencia, todo normal.

Pero su tranquilidad pasó a convertirse en emoción cuando, al levantar la mirada, la vio entrar. Estaba acompañada por el imbécil de su marido, pero ella estaba. Tan hermosa. Sintió que en cualquier momento iría a perder el control, por lo que desvió la mirada y se concentró en otra cosa.

-Buenas Sesshomaru, tanto tiempo - escuchó la alegre voz de ella - ¿Cómo has estado?

-Kagome, bienvenida - trató de calmar su emoción y la vio de cerca. Su aroma lo atraía. Sentía que en cualquier momento la abrazaría y la haría suya. Pero quería que sea así eternamente - Muy bien. ¿Y Bankotsu? - vio como lo señalaba.

-Unos amigos de él lo llamaron y yo le dije que vendría aquí, que estaría a salvo - Sesshomaru se limitó a mostrar una suave sonrisa al escuchar eso, aunque lo que en verdad quería era gritar a los cuatro vientos lo feliz que se sentía al saber que su amada confiaba en él.

-Yo te protegeré, no dudes de ello - observó como curvaba los labios - ¿Sucedió algo que no aparecías? - le sirvió una vaso con piña colada - Ten, yo invito.

-Gracias - dio un sorbo a la bebida - Sucedieron muchas cosas en este tiempo, cosas que ni Bankotsu ni yo podemos controlar - comenzaba a sentirse mal de nuevo - Todo me hace sentir mal, no estamos tranquilos. Hace unos días mataron a mi amiga y antes hicieron lo mismo, y mas grotesco, con mi gato - lo miró con ojos llorosos - Alguien quiere que lo acepte. No se quién es, pero se qué quiere y no se lo daré - dijo decidida, haciendo que el peli plata de media vuelta para no mostrarle su ceño fruncido.

Cuando iba a hablar, alguien lo interrumpió. El infeliz que siempre era su mayor obstáculo. Lo escuchó lamentarse por su breve ausencia y, seguido de eso, palabras bonitas a las que ella correspondía con alguna muestra de cariño. Si su corazón latiera, su presión estaría en las nubes por lo rápido que latiría. Lo odiaba, odiaba a ese moreno.

-Gracias Sesshomaru por la bebida - agradeció la joven - Luego regresamos para tomar algo.

El aludido la vio marcharse y bailar alegre con el moreno. Estaba perdiendo el control. Necesitaba saciarse. Coqueteó un poco con una joven que encontró en la barra y la persuadió para salir, terminando por dirigirse detrás del bar, entre unos contenedores "para tener un poco de privacidad". Algunos besos para distraerla y después la terrible mordida en el cuello que le robaría la vida. Pero no era a ella a quien en verdad quería.

A los pocos minutos, ya saciado su apetito, volvió a su puesto de trabajo, dejando un cadáver sin sangre a algunos metros de donde ahora estaba parado. Pero la escena que vio no fue algo agradable para él. Bankotsu arrinconando y acariciando descaradamente el cuerpo de Kagome mientras la besaba y ella aceptándolo. Gruñó. Odiaba ver eso. Y esa noche lo vería varias horas.


La joven de cabello ondulado miraba las noticias nocturnas. Se mostraban casos de muertes misteriosas de prostitutas y algunas jóvenes que salían a divertirse. Los periodistas anunciaban que podía ser causado por algún asesino serial, ya que todas tenían una cosa en común y eso era que poseían una larga cabellera oscura. No pudo evitar pensar en una de sus amigas. Ya habían asesinado a Eri de manera trágica y sádica, debía advertirle a Yuka y, especialmente a Kagome.

De repente el timbre de su casa sonó. Se preguntó quién llamaría a las nueve de la noche, por lo que, antes de atender, observó por la mirilla de la puerta, descubriendo a un apuesto peli plata esperando a ser atendido. A pesar de la sorpresa, actuó con cautela y abrió solo una porción de la puerta.

-Buenas noches, ¿lo puedo ayudar en algo?

-¿Tú eres Ayumi Yamada? - la joven asintió - Yo vi algo sobre la muerte de tu amiga en el departamento.

-¿Eri? - sintió como sus ojos se aguaban - ¿Cómo...? ¿Por qué no apareciste antes?

-Porque vivo en el mismo departamento que ella y vi pasar a alguien extraño el día de su muerte - mintió - La conciencia no me deja estar tranquilo porque siento que pude haber hecho algo por ayudarla - actuó un drama sumamente creíble - Y averigüé tu nombre y dirección ya que te vi pasar por allí algunas veces.

Ayumi comenzó a llorar y cometió un grave error. Lo invitó a pasar.


Kagome miraba el reportaje policíaco que transmitía el noticiero acerca de los crímenes de las jóvenes mujeres de largo cabello azabache. Sintió un intenso escalofrío atravesar su columna al escuchar que lo mas misterioso del caso era que ninguna presentaba signo de violencia, sino que tenía una total ausencia de sangre. "Tal como le sucedió a Eri" pensó. Pero su concentración y pensamientos frenaron cuando el teléfono sonó. Se levantó y caminó para atender.

-¿K-Kagome? ¿Eres tú? - preguntaron.

-¿Ayumi? - sintió como si se quejara - ¿Estás bien?

No lo estaba. Ella no lo sabía, pero el peli plata que tan obsesionado estaba con ella se encontraba robándole la sangre desde su cuello. La había amenazado con que, si advertía a Kagome en el transcurso de la llamada, luego de ella iría por su familia.

-Kagome - gimió del dolor - Él dice... - la aludida abrió grandes sus ojos al saber de quien hablaba - Él dice que espera una re-respuesta positi...va. - dio un pequeño quejido - Y-y dice que quiere... que seas d-de él - sollozó y sintió que le faltaba el aire - Kag, t-ten cuida... - su mano, que sujetaba el teléfono inalámbrico que el peli plata obligó a tomar para llamar a su amiga, perdió fuerza y soltó el objeto al mismo tiempo que daba un último suspiro - ...do.

Kagome, al otro lado de la línea, lloraba desconsolada. Bankotsu llegó luego de salir de bañarse y no podía calmarla. Ella escuchó el sonido del tubo del teléfono al caer y luego como alguien lo levantaba y cortaba la llamada. Ella le contó la situación a su marido y seguido a ello llamaron a la policía.

Pero ya era tarde. Cuando llegaron, los uniformados encontraron el cadáver de Ayumi tirado al lado de la mesa donde estaba el teléfono, con la camisa que llevaba abierta y un mensaje escrito con marcador en su abdomen.

"Se mía"

La azabache recibió la noticia y se sintió devastada. Ese hombre actuaba cada vez peor. Y solo para llamar su atención. No podía más.

-Kag - Bankotsu la llamó - Debes irte con tu madre.

-No - comenzó a mover si cabeza negando - No me pidas eso.

-Kagome, por favor. Si algo te sucede no se que haría.

-Lo mismo digo Bankotsu - se secó las lágrimas con su mano - ¿Y qué tal si por el hecho que me voy se enoja y se desquita contigo? Jamás podría perdonármelo - lo abrazó - Por favor, no me dejes - él aceptó el gestó y correspondió.

-No permitiré que algo te suceda - la separó y la besó.


Kagome no respondía al pedido y Sesshomaru se impacientaba cada vez más y más. Dos semanas después de la muerte de Ayumi, quien la siguió fue Eri. Esa chica tenía un tipo de sangre que le gustó, además de que se resistió por un rato. Era su intención, buscaba hacerla sufrir. Era un día de tormenta y la peli corta corrió por toda la casa con tal de escapar. Y cuando creyó que lo iba a hacer, él la tomó con fuerza de los brazos y la mordió. Primero de un lado del cuello y luego del otro. Era una ventaja eso de que las marcas desaparezcan a los pocos minutos de la mordida.

El mensaje lo escribió con pintura en aerosol en una de las paredes. La frase decía "Kagome: voy por ti".

Y así era. Ya se estaba cansando. Y esa noche, la fortuna estuvo de su lado.

Mientras la espiaba antes de ir al trabajo, escuchó decirle a su odioso marido que iba a sacar la basura, algo que no hacía desde hace mucho tiempo. Se lo propuso, iba a provocar el "encuentro casual" que tanto deseaba. La vio salir, vestida de unos pantalón de jeans azul oscuro, zapatillas y camiseta de mangas cortas blancas. Tan perfecta.

-¿Kagome? - preguntó simulando sorpresa - ¿Eres tú? - vio como levantaba la mirada y como su gestó pasó de sorpresa a calma.

-Sesshomaru, tanto tiempo - lo saludo.

-Oye, escuché que hablaron de ti en las noticias - eso era verdad - Lamento mucho lo que sucedió - no lo lamentaba, solo mentía - Debe ser muy duro todo esto.

-Lo es, es muy difícil.

-Lo superarás Kagome.

-Eso espero - sintió una brisa que le provocó escalofríos, lo que hizo que frotara sus brazos - Tengo un amigo en la policía que está tratando de apresurar todo.

-¿Un amigo? - cuestionó frunciendo levemente el ceño.

-Sí, es mi amigo de la infancia. Koga trabaja en la policía hace años. Me ayudó mucho - volvió a sentir el escalofríos - Creo que iré adentro, me pone nerviosa estar tanto tiempo fuera y está refrescando - le sonrió.

-Es lo mejor, no me gustaría que te enfermes.

Luego de unas despedidas, Kagome entró a su casa y Sesshomaru se quedó allí unos minutos antes de irse. Koga. Pensaba eliminarlo. Ella no necesitaba amigos, lo necesitaba a él.


-Koga vendrá por la noche - anunció el de cabellos trenzados - Dijo que apenas salía de trabajar, vendría aquí, eso de las nueve.

-Entonces para cuando tú vengas, me verás preparando todo - suspiró resignada.

-Lamento tanto que hayas tenido que dejar de trabajar - se acercó y la abrazó.

-Fue algo que yo decidí - correspondió el gesto.

Algunas palabras de lamento pasaron a convertirse en palabras cariñosas que fueron acompañadas por gestos cargados de amor. Y al final una despedida. Desde que descubrió el cadáver de Buyo, decidió dejar su trabajo por el miedo que le provocaba su acosador. Bankotsu trató de convencerla para que siguiese, pero ella se negó y él lo aceptó.

La tarde llegó y Bankotsu vio que su esposa comenzaba a preparar la cena para el amigo de los dos. Éste le iba a contar algunas cosas que sabía sobre el caso de la azabache. Las horas avanzaban y antes de las nueve de la noche escucharon el sonido del tiembre.

-Koga - saludo sonriente la joven luego de abrir la puerta.

-Buenas noches jovencita - miró al moreno - Bank, buenas noches amigo.

-Buenas noche lobo - le dio la mano.

Charlaron y rieron. Era una calma para ella que su amigo esté ahí. Con su marido ya estaban lo suficiente tensionados por la desagradable situación que tenían encima. A eso se le sumaba que las familias de sus amigas la culpaban de la muerte y la trataban de infiel frente a su marido. Eso, a los dos, les hacía hervir la sangre. Ella se defendía y él la protegía a capa y espada.

-Sobre el caso... - habló el de la coleta luego de unos minutos de terminar la cena - ...pudimos deducir algunas cosas.

-¿Qué? Por favor dime que son de ayuda - suplicó Kagome.

-Nos sirvió para armar el perfil, pero hay muchos misterios - suspiró - Por las cosas que escribe y, mas que nada por las víctimas que eligió, sabemos que es alguien que te conoce, alguien con quien hablaste. Tal vez algún amigo o conocido al que no necesariamente le hayas contado tus secretos, ya que... - vio como ella se tensaba - Ya que te pudo haber investigado o espiado él mismo. Aparte es alguien que sabe lo que quiere y no tiene miedo en dejar el mensaje claro.

-Creo que eso lo supimos desde el principio - comentó Bankotsu.

-Así es, se que parece algo obvio eso que dije, pero nos da a entender una cosa. No solo es alguien seguro de sí mismo, sino que es un ególatra, que se cree con el derecho de poder ir dejando estos mensajes por donde quiera. No soporta el rechazo, eso es un golpe para su orgullo y no puede aceptarlo - tomó un poco de agua - Además hay algo de lo que debo advertirte - miró a Kagome - En estos últimos tiempos, ha habido muertes de jóvenes. Supongo que lo viste en las noticias - ella asintió - Hay días que no se denunciaron, pero casi siempre encontramos a una o dos como mucho. Todas tienen dos cosas en común, una de ellas se relacionan a Eri, Ayumi y Yuka.

-¿Qué?

-A excepción de tus amigas, todas tenían cabellos largos y negros, semejantes al tuyo - la peli negra abrió los ojos espantada - Y todas murieron de la misma causa. A todas les faltaba toda su sangre y no presentaban signos de violencia. Kagome, creemos que todas fueron asesinada por el mismo hombre. En tus amigas buscó dejar un mensaje, en las demás tal vez buscó reemplazarte.

Kagome sentía que le faltaba el aire y, antes de que pase a mayores, utilizó su broncodilatador. Desde lo sucedido con Buyo lo había usado mas de lo que le hubiera gustado. Y sollozó, de los nervios, del miedo, de la ira.

Koga miró la hora, eran las 23:30 y se estaba haciendo tarde.

-Ten - colocó sobre la mesa un arma calibre 22 y observó como su amiga lo miró sorprendida - Es mejor que la uses y no te preocupes, es mía y asenté que te la dejaría a ti. Es mejor que tengas algo con que defenderte.

-Koga, ni ella ni yo sabemos usar armas - le recordó Bankotsu.

-A partir de mañana les enseñaré. Ahora es tarde y no tengo el auto.

-Deja que te lleve.

-No, no la dejes sola y menos de noche - enfocó sus ojos celestes en la aludida - Todos los crímenes ocurrieron en la noche.

Algunas palabras más de recomendaciones más y Koga salió, sin darse cuenta que había olvidado su cartera en la mesa del living. Kagome la tomó y salió de su casa dispuesta a entregársela.


Koga caminó algunos metros tranquilo, tranquilidad que se perdió cuando vio de reojo que alguien salía de entre las sombras y comenzaba a perseguirlo. Tan solo estaba a unos metros de la casa de sus amigos y no quería asustarlos mas, por lo que decidió seguir. Pero ese alguien lo sujetó de las ropas y lo arrastró hasta un callejón que había entre unas casas. Tenía mucha fuerza ese desconocido, no podía frenarlo y escapar. Cuando amagó a tomar su arma reglamentaria, el desconocido lo sujetó de los brazos, arrancándole un quejido por la fuerza que impuso.

-¿Tú eres Koga? - escuchó que le hablaba.

-Suéltame infeliz y deja en paz a Kagome - contestó.

-Eso no va a poder ser - sonrió y lo arrojó contra la pared con una fuerza que lo dejó indefenso por el fuerte dolor.

Cuando vio, con esfuerzo, el gesto sádico de sus labios y la manera en la que se le acercaba, buscó y encontró en velocidad record su arma y apuntó al peli plata que tenía en frente. Le costó la fuerza que impuso para sostener el revólver, pero disparó dándole en su abdomen.

No pudo creer lo que sus ojos vieron. Ese hombre no se quejó, no se tomó la zona herida, no cayó, no sangró. En cambio, sus labios seguían curvado, su mirada estaba carmesí y se encontraba solo a unos centímetros de él, en posición de cuclillas.

-Eso... - golpeó la mano del castaño haciendo que arroje el arma - ...no sirve.

-¿Q-qué eres? - tembló.

-¿Tienes miedo? - rió - Soy la criatura que te va a asesinar.

En un rápido movimiento, lo sujetó de sus cabellos y lo mordió, imponiendo violencia. Koga luchó y gritó del mismo dolor que el otro implicaba.

Kagome escuchó el grito y trotó buscando donde estaba ya que había reconocido que era la voz de su amigo. Los quejidos la llevaron al callejón y lo que vio la horrorizó. Un sujeto, oculto por las sombras, sujetando a Koga, que pataleaba y luchaba por su vida. Hasta que dejpo de resistirse y de quejarse. En menos de un minuto, satisfecho, Sesshomaru levantó su cabeza del cuello del ya fallecido y sintió otra presencia de la que no se había percatado.

Dispuesto a silenciar al intruso, se levantó arrojando a unos centímetros el cadáver y volteó fúrico, encontrando los asustados ojos café de Kagome, quien se espantó más al ver el rastro de sangre que tenía en la comisura de sus labios cayendo hasta su barbilla.

-Kagome... - susurró. Aun tenía sus orbes rojas y deseaba más sangre.

-Se-Sesshomaru, tú... - se detuvo cuando lo vio caminar lentamente hacia ella.

-Si, yo las maté - contestó la pregunta que interrumpió.

-¿Por qué? - tragó saliva y sintió que las piernas le temblaban.

-Por ti - sonrió mostrando sus colmillos.

Cuando lo tuvo mas cerca, por instinto, se giró y comenzó a correr hacia su casa, llegando en menos tiempo del esperado. Bankotsu quedó sorprendido al ver como cerraba la puerta con llave y comenzaba a asegurar todas las ventanas.

-¿Kogome?

-Fue Sesshomaru - su esposo la miró sin entender - Sesshomaru mató a Eri, a Ayumi, a Yuka, a las chicas... - comenzó a llorar y su marido la abrazó para consolarla - ...y a Koga.

-¿Qué? - la miró con los ojos como plato - Koga está...

-Recién lo mató, le chupó la sangre, como si fuera...

Pero el timbre de su casa la detuvo.

-Kagome ábreme - exigió Sesshomaru desde afuera.

Bankotsu tomó el teléfono y marcó a la policía, pero la línea estaba cortada. Y Sesshomaru, desde afuera, golpeaba la puerta ya enojado.

Continuará...


Capítulo muy largo xD ¿Me dejan su review?