XIX


Sora empujó la puerta principal de la biblioteca e ingresó buscando una cabellera rubia. Conforme avanzaba sus pasos se volvían más lentos e inseguros debido a que su mente se encontraba en un terrible debate de voluntades.

Desde el incidente con Zakuro y Matt y su posterior rompimiento, ella no había hablado con el rubio por culpa de los remordimientos que la acechaban. Y definitivamente no se esperaba que fuera asignada en pareja con él para una investigación de su clase de inglés.

Fue directo a los cubículos ubicados en la parte trasera del recinto pues Matt siempre prefería un ambiente calmado cuando de terminar trabajos rápidamente se trataba; y justo como se lo imaginó, logró encontrar a Matt leyendo un libro grueso que descansaba sobre el escritorio.

A pocos pasos de llegar a él, Matt notó su presencia, sus miradas se encontraron casi de inmediato y Sora pudo distinguir perfectamente la incomodidad y culpa en la mirada zafiro que la observaba.

Debió haberle rogado a su profesora que la reasignara con otro compañero; por lo que supo Mimi fue emparejada con Tai, así que existió la oportunidad de trabajar con su mejor amigo o con la castaña.

— Hola — Saludó con voz suave.

Matt apenas sonrió e hizo un ademán para que se sentara junto a él.

— ¿Está bien si primero planeamos el contenido para no desviarnos en el proceso?

El rubio asintió distraídamente, parecía estar considerando alguna idea ajena con su proyecto — Primero… quiero pedirte disculpas por todo que lo que pasó. Por culpa mía estuviste en una incomoda situación.

— Está bien, Matt. En realidad, no quiero hablar de eso. No por ahora.

— En verdad necesitamos hablarlo, Sora. Te juro nunca me había sentido tan arrepentido de algo, actué imprudentemente y lastimé a dos personas importantes para mí.

— Lo sé. Estoy segura de que nunca tuviste la intención de hacerlo. Yo soy tu mejor amiga y Zakuro fue tu novia por un buen tiempo.

Matt suspiró frustrado.

Maldita sea la idea de su hermano de hablar directamente.

— Ese es mi problema, Sora. No logro definir qué siento por cada una.

Sora desvió la mirada hacia el suelo, sujetando con fuerza el borde de su falda. Su corazón estaba siendo oprimido en su pecho.

Esa indecisión en el rubio… No paraba de repetir que ella es su mejor amiga, pero luego se contradecía al decir que no sabe qué clase de sentimientos tiene por ella.

Ahora solo sabía que quería irse de ahí.

— ¿Podemos empezar? — Pidió en un susurró siendo incapaz de enfrentar a su mirada de nuevo, acción que Matt sintió como un puñetazo en el abdomen.


Hacía media hora empezaron con su proyecto y según Mimi, por culpa de Davis y sus ridículas insinuaciones no podía evitar mirar con recelo a Tai mientras que el moreno leía un artículo en la computadora completamente ajeno a los desconfiados ojos miel que lo analizaban.

Parte de su orgullo la regañó, alegando que si continuaba observándolo de esa forma en cualquier instante Taichi se daría cuenta y había altas probabilidades de que su ego saliera a flote.

Aunque… debía admitir que la impresionaba el hecho de que él tuviera la capacidad de mantenerse en silencio por tanto tiempo.

Aburrida apoyó la barbilla en su mano.

Fue ella la que insistió en comenzar todo aquello para terminar lo más rápido posible, así que no podía quejarse por tener tanto qué hacer.

En cambio, la situación era muy diferente para Tai.

Los últimos minutos había hecho lo humanamente posible por no estallar en carcajadas: claro que notó que ella lo estaba juzgando con la mirada, fue tan gracioso cuando puso una expresión de horror. ¿Qué tanto estaría insultándolo en esa cabeza suya?

— Ok. Tomemos un descanso, por favor — Pidió Mimi apoyando su frente en la mesa.

— Hecho — Tai se estiró sobre su lugar, el cuello le dolía un poco por la posición que mantuvo tanto tiempo.

— Ahora vuelvo. Iré por un material que vamos a necesitar — Se levantó del sofá y se dirigió a su habitación. Una vez adentró fue por los folders que dejó sobre su cama y los llevó a la sala sin notar que estaba llevando documentos equivocados.

— Aquí están — Se los entregó a Taichi y fue en busca de algo para tomar a la cocina.

— ¿Estás segura de que esto es lo que buscabas?

— ¿Por qué no lo estaría? — Preguntó por el tono confuso del moreno. Se acercó para observar sobre el hombro de Tai lo que él estaba observando.

Era una carpeta con fotografías y citas textuales. La página que estaban viendo específicamente mostraba una foto de Mimi, quizá un poco más joven. Estaba acompañada por Yolei y Davis, y el muchacho cargaba sobre sus hombros a una niña de cabello negro y ojos color esmeralda.

Al sentir la respiración de Mimi cerca de su rostro se giró para ver la expresión vacía de la castaña — Tienes razón. Dame eso; iré por los documentos que sí ocupamos — Sin decir nada más le quitó los folders y fue a guardarlos.

Tai sintió que invadió la privacidad de la oji miel y probablemente por eso se molestó, por lo que la siguió para comprobar si su sesión de trabajo ya había terminado.

— Ella es Addison — Dijo cuando llegó a su lado.

— Sí, es ella.

— No lo tomes a mal, Mimi, pero… dejar que la situación te supere… ¿Eso no haría sentir mal a Addison?

Mimi dejó los folders con demasiada fuerza sobre el escritorio y se dio la vuelta — ¿Acaso conoces personalmente la situación? — Preguntó fríamente. ¿Quién se creía él para opinar en algo que no le concernía? — No tienes ni la más remota idea de lo difícil que es perder a alguien que consideras parte de tu familia, de saber que todo lo que soñaba cumplir solo quedó en forma de deseos inconclusos.

— Tienes razón, no lo sé. Sin embargo, debes seguir viviendo por aquellos que no pudieron. Es como si no fueras capaz de superar su pérdida.

— Sí lo hice, Taichi — Contestó suspirando pesadamente. Caminó hasta su armario y despegó una fotografía en la que salía solo con Addison fuera de la preparatoria de la castaña — Deja que te explique — Le acercó la foto al moreno y él sonrió por acto reflejo ante las sonrisas de ambas en la imagen — ¿Qué es lo que quiere estudiar tu hermana?

— Probablemente fotografía.

— Imaginemos una situación hipotética que espero nunca llegue a pasar: Si Kari tuviera un accidente en el que pierde la vida…

— Eso sería distinto — Alegó frunciendo el ceño.

— Solo escucha — Se quejó intentando reunir paciencia — Si Kari muriera… independientemente de la razón que sea… ella no podría graduarse, ni conseguir su título universitario, tal vez ir de viaje… Ella perdería la oportunidad de hacer todo lo que quiere porque la muerte se lo arrebató. Dime, Taichi. ¿Pensar en eso no te rompería el corazón?

Incluso solo imaginárselo le dejaba un vacío en el pecho. Jamás sería el mismo si a su hermana le pasaba algo como eso.

Al ver que la expresión de Mimi era nostálgica, decidió dejar el tema atrás — Ella los quería mucho, ¿Verdad?

La castaña sonrió quedamente — Y nosotros a ella. Era imposible no quererla. Cuando Addison murió todos sufrimos, su hermana necesitó atención emocional y yo… bueno, supongo que ya sabes que ciertas circunstancias me llevaron a una acción equivocada.

Mimi de nuevo le contaba acerca de los tiempos difíciles que vivió lejos de todos ellos, de la misma forma en que lo hizo cuando recién volvió de Estados Unidos.

— Lamento haber hablado de Addison — Puso una de sus manos en el hombro ajeno — Creí que preguntar por tu relación con ella te haría sentir mejor — Sus ojos se conectaron con los de Mimi y ella no hizo ademán de evitarlo — Nadie podría culparte por eso. No todos manejan el dolor de la misma manera, a veces es tan insoportable que no lidias con él de la mejor forma.

Desde hace un tiempo le parecía extraordinariamente raro lo sencillo que resultaba hablar con Taichi sobre temas que con los demás sería un milagro compartir. A pesar de que la mayoría del tiempo se la pasaban discutiendo… en ese momento la calidez de los ojos de Taichi le transmitían tanta paz.

— Puede ser…

Tai sonrió suavemente mientras ponía un poco de distancia entre ellos — Volvamos al trabajo, ¿De acuerdo? — El moreno se le adelantó y justo cuando estaba por cruzar el marco de la puerta Mimi se armó de valor y la llamó — ¿Qué pasa?

— Gracias por no juzgarme, sobre todo por no creer que estoy loca.

Él le devolvió esta vez una amplia sonrisa — Descuida. Eso no es lo que me hace pensar que estás loca, princesa.

Ella frunció el ceño y caminó hacia la sala empujándolo — Muévete — En ningún momento permitió que Taichi le viera el rostro porque notaría el obvio sonrojo en sus mejillas.

Ese idiota sabía cómo hacerla regresar a su constante guerra.


Al llegar a su casa ya tenía la excusa perfecta para no tener que enfrentar a sus padres durante la cena y el resto de la noche, por lo que por fin podía estar sola en su habitación alegando cansancio por sus estudios.

Dejó sus cosas en la parte superior de la litera y con solo las tenues luces de sus dos lámparas se recostó en la cama de abajo, dejando libres las lágrimas que urgían por escapar desde que abandonó el salón de castigo.

Su corazón dolía tanto.

Fue tan fácil que le rompieran el corazón, tan sencillo… que la idea de terminar con TK fue una rápida resolución que la asustó.

Takeru siempre fue un chico dulce y amable, sus amigas siempre decían que hacían una bonita pareja, no obstante, siempre le aconsejaban que tuviera cuidado puesto que para nadie era un secreto que el rubio tenía ganado a un selectivo grupo de admiradoras de la población estudiantil y que existía la posibilidad que se viera atraído por los coqueteos de alguien.

Justo como sucedió hoy.

Ingenua.

Eso es lo que era ella.

Tan enamorada estaba de Tk que decidió ignorar todo aquello; incluso Sora y Yolei que confiaban mucho en el rubio le advirtieron de que de una amistad a un noviazgo, esa transición envolvía muchas cosas, situaciones como los celos y la desconfianza podían surgir en cualquier momento y tomando en cuenta la popularidad de Tk, era mejor ser precavida.

Sollozó con fuerza hundiendo su rostro en la almohada

La ilusión de que su "verdadero amor" se hacía realidad la cegó impidiéndole considerar las posibilidades.

Durante una hora la hija menor de los Yagami desahogó todo la tristeza y decepción siempre con cuidado de que sus padres no la escucharan.

Sus ojos ardían y su rostro estaba caliente debido al llanto, sin ánimos de levantarse se obligó a salir de la cama para lavarse el rostro en el baño.

Logró escabullirse ida y vuelta sin que sus padres notaran su presencia. Gracias al cielo.

Al volver se cambió el uniforme por una cómoda pijama, se cepilló el cabello el cual se había desordenado cuando se ocultó debajo de las cobijas y finalmente regresó a su cama.

Abrazó sus rodillas y algo que captó su atención consiguió sacarle una sonrisa triste.

Allí sobre su escritorio descansaba un pequeño peluche de un gatito blanco que llevaba un collar rosa del cual colgaba un cascabel del mismo color.

Ese fue el primer regalo de parte de Tk cuando cumplieron un mes de noviazgo.

— ¿Cómo lo hiciste…? — Murmuró con un nudo en la garganta — ¿Cómo lograste romperme el corazón y que aun así siga queriéndote tanto?

Cada vez que cerraba los ojos recreaba la imagen de aquellos hermoso ojos color cielo observándola con calidez, y al instante, como una broma de mal gusto revivía el beso entre aquella chica y Tk.

Ese día por fin comprendía a esas "adolescentes crédulas" de las que Mimi tanto se quejaba en las películas, si se viera ahora mismo en el espejo tendría una etiqueta de adolescente ingenua pegada en su frente, porque eso es lo que fue.

Quería llamar a Sora y escuchar sus maternales consuelos. Quería confesar que por unos momentos quiso darle una cachetada a la chica que besó a Tk, pero no lo hizo porque ella no era así.

Inclusive, aunque le rompieran el corazón ella no era capaz de odiar a nadie.

Había una sola persona con la que estaba molesta y decepcionada, y ese era Takeru.

Frunció el ceño comenzando a cansarse de llorar y lanzó un cojín para ocultar el peluche de su vista.

Su celular comenzó a vibrar junto a su pierna y con pereza decidió atender ya teniendo una idea de cómo reaccionaría dependiendo de quién la llamara.

Si era Yolei o Sora, no se molestaría en ocultar su tristeza.

Si se trataba de su hermano, sabía que por más que lo intentara ella terminaría por llorar y contarle todo a Tai, sabiendo que luego podría desatarse un problema.

Y si era Tk… demás estaba siquiera pensar en que no contestaría por nada del mundo.

— Diga — Su voz se escuchó rasposa debido al llanto.

Hey, Kari.

Parpadeo sorprendida al no haber considerado a la persona que la estaba llamando — Davis… Sabes que siempre estoy dispuesta a ayudarte con la tarea, pero ahora estoy muy cansada. ¿Está bien si te la presto mañana temprano?

Escuchó la contagiosa risa de su amigo, pero le siguió un silencio que no supo interpretar — No… no era eso, pero… ¿Todo está bien? Tu voz suena extraña.

— Todo está bien, Davis — El nudo en su garganta creció al escuchar el tono preocupado del moreno — De verdad.

Me estás ocultando algo, voy a llamar a Tk para…

— ¡No! —Lo interrumpió de inmediato, sujetando el celular con fuerza contra su oído — No hace falta que lo llames, lo digo en serio.

Entonces tiene que ver con él… Solo dime, Kari. De lo contrario sabes que haré lo imposible por saber qué pasa. Sé que tienes algo.

La voz de Davis dejaba claro que no tenía otra opción más que hablar, un mal presentimiento le advertía que su confesión traería problemas, pero el moreno ya había dejado claro que tarde o temprano lo sabría.

Respiró profundo para intentar tragar el nudo en su garganta — Tk y yo terminamos.

Y no resultó realmente pues un pequeño sollozó se escapó de entre sus labios.

¡¿Qué?!

— Sucedió algo que no tiene solución y…

¿Que no tiene solución? ¿Qué diablos pasó que sea tan grave para llegar a esos extremos? Kari, puede que ahora parezca que no tiene arreglo, pero ustedes son una de las parejas con menos problemas que conozco, son casi perfectos según tus amigas…

— Bueno, parece que ahora sí los tenemos. O teníamos…

Kari… tranquila, no llores, por favor. ¿Puedo saber qué pasó?

— Sabes que a Tk lo castigaron hoy durante la prueba, ¿Verdad?

Sí, fue al único al que descubrieron pasando las respuestas. Incluso aunque él no estaba copiando — Lo escuchó reir.

— Concéntrate, Davis.

Lo siento, continua.

— Cuando terminaron las clases fui al buscarlo al salón de castigo y… — Hizo una pausa para tomar aire — Tk y Hana Daidouji estaban… besándose.

¿Hablas de Hana la del equipo de atletismo con las sexys piernas?

— ¡Davis! — Se quejó frunciendo el ceño. Lo que menos necesitaba era que le recordaran que Hana era realmente atractiva.

Ok, ok. Perdón. ¿Qué rayos ocurre con Tk?

— Al parecer no soy tan especial para él como solía decirlo — De nuevo las lágrimas inundaron sus ojos. Por varios minutos no intercambio palabra con el moreno, incluso llegó a creer que la llamada se cortó, pero entonces distinguió la respiración de su amigo.

Ve a dormir, Kari. Trata de no pensar en nada. El imbécil de Takeru no merece tus lágrimas. Mañana todo estará mejor.

— ¿Lo… lo prometes?

Lo prometo. Nos vemos mañana, pero solo ven a clases si te sientes mejor.


Davis ni siquiera le dio oportunidad a Tk para decir algo, apenas logró encontrarlo le dio un puñetazo con tanta fuerza que hizo que el rubio cayera al suelo — ¿Qué demonios estabas pensando?

Tk se llevó la mano al labio al sentir que sangraba, miró con el ceño fruncido al moreno que estaba más que enojado — ¡¿Qué pasa contigo, Davis?!

— Realmente eres un cínico — Dijo sonriendo sin humor — ¿Pretendes fingir como si no le hubieras hecho nada a Kari?

Todo tuvo sentido para el rubio. No obstante, quizá no de la misma manera que para Davis — Así que fuiste su primer consuelo. Creí que buscaría a Sora o Yolei, inclusive a Mimi. ¿Pero a ti? — Tk sonrió con el mismo cinismo con el que lo había hecho su amigo.

— ¿Qué estás insinuando?

— Tu palabra no vale nada. Por más que dijiste que todo acabó, veo que sigues estando enamorado de ella.

El rostro del moreno se transformó ante tal acusación. Observando con desconcierto a Tk que seguía en el suelo del patio — Usa un poco la cabeza, Takeru.

No podía negar que se sentía traicionado por lo que Tk dijo.

Él se había sincerado con el rubio. Le aseguró que Kari solo era una amiga valiosa para él y ya está.

Hace tiempo comprendió que entre Kari y Tk existía una conexión que nadie podría romper, y que él solo se había obsesionado con ganarle al rubio.

— ¿Esa es la única explicación que encuentras para que quiera defender a Kari? Maldita sea, besaste a esa chica olvidándote por completo de novia. La traicionaste.

La mención de su error causó que el remordimiento y la frustración crecieran, y más aún, que la imagen de Kari rompiendo con él se formara claramente en su cabeza.

Tk se levantó con la ira corriendo por sus venas y tomó el impulso para golpear a Davis, haciendo que el moreno retrocediera aturdido — No uses tu nobleza como excusa. ¡¿Por qué habrías de molestarte tanto en protegerla?! — Reclamó golpeándolo de nuevo.

— ¡Porque es mi amiga, idiota! — Contestó intentando regular su respiración. En ningún momento tuvo la idea de terminar a los golpes con Tk. Pero recordar a Kari llorando mientras hablaban, y la acusación de que su palabra no tenía valor lograron que no le importara tener que golpearlo para enseñarle una lección — ¿Qué crees que voy a hacer luego de escucharla llorar por lo que hiciste?

Por un segundo Tk se quedó quieto siendo sujetado por la camisa, sin embargo, su enojo se reavivó y se lanzó al suelo junto con Davis — ¡No intentes engañarme, Motomiya! ¡No soy imbécil!

Los golpes y las palabrotas no cesaban.

Algunos estudiantes comenzaron a formar un círculo en torno a los jóvenes involucrados en la pelea. Tanto los miembros del equipo de fútbol como el de baloncesto intentaron detener a sus respectivos capitanes, pero era imposible. Podrían incluso terminar peor a como estaban quedando Davis y Tk.

Motomiya tenía rota una de sus cejas, además de un gran moretón que comenzaba a formarse en su pómulo derecho. Por su parte, Takaishi probablemente se fracturó la nariz porque esta no paraba de sangrar y su labio estaba roto.

— ¡Deténgase, chicos! — Kari llegó junto con una de sus amigas luego de haber escuchado que muchos estudiantes hablaban sobre una pelea y los nombres de ambos chicos siendo relacionados con ella.

En el momento en que la voz de Kari llegó a oídos de Tk, este se detuvo y observó que la castaña caminó hasta Davis para ayudarlo a levantarse, sujetó el rostro de él entre sus manos examinando la herida en su ceja.

Kari frunció el ceño sintiéndose culpable — Mira nada más cómo quedaste… — Murmuró con pena.

Tan enfocado estaba en el dulce trato de la castaña para con Davis que no notó a sus amigos ayudándolo a levantarse. Sus ojos estaban lanzando dagas hacia su "amigo".

— Estoy bien, en serio — Contestó Davis abochornado por la excesiva preocupación de su amiga.

Aunque claro, ese golpe en su espalda le dejaría un feo moretón que luego le pasaría factura.

— ¿Decías que estoy equivocado? — Tk reclamó ante la escena frente a sus ojos. En otras circunstancias los bonitos ojos de Kari estarían buscando su bienestar — Sigues enamorado de ella. ¿Ese era tú plan? ¿Hacerte quedar como la víctima para que Hikari se preocupe por ti?

Kari cerró sus ojos, intentando ignorar que el rubio la llamó solo Hikari. Por más que le doliera, ahora también estaba enojada — Ya basta, Takeru.

Más allá de su corazón roto por haber terminado con Tk… le dolía horriblemente verlos tratarse de esa forma tan insensible.

— Gracias, Davis, pero no era necesaria ninguna pelea.

Las palabras de Kari eran suaves, pero sabía que lo estaba regañando — Esto no es nada. Ya te lo dije.

Finalmente tuvo que tomar valor para enfrentar a su exnovio — Y tu Takeru…. No puedo creer que te involucraras en una pelea. ¿Acaso no llegué a conocerte bien? Davis no tiene nada qué ver en esto. Quiero que te quede claro que el que hayamos terminado no se debe a él; el que haya ayudado a Davis en lugar de a ti, significa que me preocupo por él porque es mi amigo. Te diré una cosa, en este momento desearía estar enamorada de él. Davis jamás ha cuestionado tu palabra, pero veo que es fácil para ti dejar la lealtad de lado y cuestionar las acciones de los demás.

Tk sintió una flecha atravesar su corazón.

La castaña no llegó a percibir el dolor ajeno debido al propio, pero más allá de la ira de Tk, lo que abundaba en su pecho era un profundo arrepentimiento.

Por un error que nunca debió cometer perdió a su novia.

Y gracias a la ira generada por la frustración de sus errores… era seguro que perdería a su mejor amigo.

— ¡Takaishi, Motomiya! ¿Qué significa todo esto? — El profesor de Educación Física logró ingresar al tumulto de adolescentes y todos hicieron silencio. Cuando el señor ese se molestaba era de cuidado — Ustedes grupo de entrometidos hagan el favor de irse a sus clases en este instante, por estar de mirones ni siquiera escucharon el timbre de ingreso. Yagami, gracias por detener a este par de salvajes, por favor regrese a su salón. A partir de aquí yo me encargo.

Kari asintió en silencio y se fue sin atreverse a ver a Tk de nuevo a los ojos.

— Y ustedes dos… — Dijo volviéndose hacia ellos con mala cara — Quedarán suspendidos por lo que resta de esta semana. Y realmente espero que aprendan la lección. Que tengan fuerza no significa que pueden demostrarla moliéndose a golpes entre ustedes. Vayan a la enfermería a que los atiendan o como quieran vayan a sus casas. Agradezcan que soy condescendiente y no los estoy revocando de sus capitanías y sus respectivos equipos. — El hombre gruñó con indignación y los dejó solos.

Ambos tuvieron un pesado intercambio de miradas. Tk fue el primero en romper el contacto visual y darse la vuelta para marcharse de ahí, no obstante, el frío llamado del moreno lo detuvo.

— Considera todo esto también como lo que merecías por haber abandonado a Mimi.

Aquello fue como una segunda y más profunda estaca en su pecho.

Takeru continuo su camino, solo que esta vez a paso más lento pues realmente comenzaba a darse cuenta de que se merecía todo eso.

Davis también dejó el patio y al llegar al estacionamiento de los profesores se dio cuenta que no eran ni las once de la mañana.

Gruñó con fastidio.

Hace menos de una hora se fue de su casa, si regresaba tan pronto su mamá lo dejaría loco con sus regaños.

Lo mejor era llamar a su rescatista por excelencia.

Activó la marcación rápida en la pantalla de su celular y esperó solo unos segundos.

Es raro que me llames tan temprano.

— Meems, ¿Estás en la universidad?

Si estuviera ahí probablemente no te habría contestado, ¿Qué pasa? — La voz de su mejor amiga se escuchaba amortiguada, seguro tenía poco de haberse despertado.

— ¿Puedes venir por mí?

¿Ahora? ¿No deberías estar en clases en este momento?

— Sí, debería, pero me metí en un lío. Larga historia.

De acuerdo… — Dijo no muy convencida — Llego en diez.

— Bien.

— Y espero escuchar esa larga historia.


— Me cambiaste el tema durante todo el camino, así que ya es hora de que me digas cómo fue que quedaste así de lastimado — Mimi cruzó los brazos sobre su pecho luego de obligarlo a sentarse en uno de los sofás de la sala

Davis hizo una mueca no queriendo hablar de tema, con solo recodarlo le daba coraje de nuevo, sin embargo, sabía que con Mimi no había escapatoria.

— Me peleé — Dijo de mala gana al sentir el escozor en su mejilla cuando la castaña puso alcohol con un algodón allí.

— Eso es obvio — Contestó sonriendo de lado — Y deja de quejarte, sino te limpio la herida se puede infectar y entonces tendrías que despedirte de tu bonito rostro.

— Al menos ese pseudo novio perfecto quedó peor que yo.

— No hables en código, Davis — Reclamó irritada — Ya dime con quién terminaste a golpes.

— Con Tk… — Mimi alzó una ceja, pero al no obtener más respuesta de la mueca de Davis, le movió el brazo animándolo a que continuara — Ayer llamé a Kari y estaba algo extraña, no parecía estar de mucho ánimo, terminó por llorar y decirme que terminó con Tk porque lo encontró besándose con otra chica.

— ¿Lo dices en serio?

— Me sentí horrible al escucharla llorar, Mimi. Me enojé tanto que apenas vi a ese idiota ni siquiera lo pensé y acabé golpeándolo.

— Es… casi imposible imaginar a Tk haciendo algo así. Es decir, estuvo tanto tiempo intentando declarársele a Kari y que ahora haga algo semejante…. No considero que la violencia sea la primera opción en un conflicto incluso cuando se trata de defender a tus amigos, pero si las circunstancias lo ameritan… la última instancia es un buen golpe.

— ¿Lo dices por experiencia propia? — Davis la miró significativamente, como si supiera un secreto.

— ¿De qué estás…? — Frunció el ceño — Espera, fue Yolei. ¿Cierto?

— No, fue Willis. Dijo que fue casi imposible separarte de una porrista en décimo grado.

Aquello había sido gracioso, podía imaginarse perfectamente a su mejor amiga perdiendo la paciencia con la chica de los ridículos pompones.

— Ella se lo buscó, pero no estamos hablando de mis conflictos pasados. Ok. Sé que te peleaste con Tk, lo que no entiendo es por qué no estás en clase.

— El profesor de educación física nos suspendió por lo que resta de la semana y si llego a casa tan temprano mamá me va a matar, así que por lo menos hasta que sea el momento de acuerdo de volver me voy a quedar aquí. Mis papás irán a visitar a la abuela fuera de la ciudad y aunque Jun realmente no importa, ella está viviendo en la residencia de la universidad muy, muy lejos de aquí.

— No sé si ofenderme o alagarme porque me uses de excusa para esconderte de la ira de tu mamá — Davis podría estar intentando restarle importancia al conflicto con Tk, pero se notaba que estaba preocupado — ¿Qué harás respecto a Tk?

— Me da igual — Se recostó en el sofá usando el regazo de su amiga como almohada, cerró los ojos tragándose un quejido de dolor por el golpe en su espalda — No importa cuánto se lo explique Takeru insiste en que estoy enamorado de Kari y que todo esto fue un plan para quedar como la víctima frente a ella… ¿Te digo algo, Meems? — Preguntó abriendo los ojos de nuevo.

— ¿Qué?

— Sé que fue pasajero, pero haberme enamorado estúpidamente fue lo más idiota que pude haber hecho.

— Bienvenido a mi mundo — Dijo con una sonrisa al revolver los cabellos de Davis.