XXI
Bastó que dejara de escuchar la angustiada voz de Yolei para cortar la llamada, ir por las llaves de su auto y tomar la primera sudadera que se encontró a su paso para salir lo más rápido que sus pies le permitieron e ir hasta el estacionamiento del complejo de departamentos.
Su mente era un caos cuando inició el recorrido hacia la casa de Mimi.
Definitivamente no esperaba una noticia de tal magnitud, que Davis se haya visto involucrado gravemente en un accidente automovilístico lo dejó en blanco por varios segundos.
A pesar de haber escuchado la preocupación en la voz de su amiga no creyó que fuera algo grave en primera instancia, considerando que ella tendía a ser un poco exagerada claro. Sin embargo, la situación justificaba por completo su angustia.
No fue necesario que Yolei le diera una gran explicación, puesto que en el instante en que conectó la idea de Davis siendo víctima de un accidente y la petición de Yolei de que fuera por Mimi y que no dejara que ella saliera sola de su apartamento... bueno, un golpe en la cabeza lo habría dejado más lucido.
Tai tenía muy claro lo impulsiva que se había vuelto la castaña, y en situaciones como esta no podía culparla porque si algo así le hubiera ocurrido a Sora él habría perdido la calma por completo.
Maldijo por lo bajo cuando, al llegar a una intersección recordó que a esas horas de la tarde el tráfico era una pesadilla que podría retenerlo una hora como mínimo. Tenía que darse prisa pues su mente no paraba de darle vueltas a la posibilidad de que Mimi saliendo con dirección al hospital estando alterada podría acabar en otra tragedia.
Él fue testigo del inmenso cariño que tenía la castaña por Davis y no cabía duda de que haría lo posible por llegar con el menor incluso si se ponía en una situación peligrosa.
Le tomó casi veinte minutos más finalmente llegar frente al apartamento de las chicas.
Literalmente saltó del asiento de copiloto a la banqueta, sin cerrar la puerta detrás de él, y en cuestión de nada llegó a la puerta dispuesto a llamar a la castaña, no obstante, en el momento en que levantó su mano la puerta se abrió tomándolo por sorpresa al ver a Mimi que parecía tampoco esperar que él estuviera ahí.
Abrió la boca para decir algo, pero sus palabras se perdieron en algún lugar de su garganta cuando Mimi estiró los brazos hacia él, rodeándole la cintura y escondiendo el rostro en su pecho.
Tuvo que arreglárselas para no perder el equilibrio y caer al suelo junto a la castaña.
Sintió la figura temblorosa y tuvo que arrodillarse con ella cuando percibió que las piernas le fallaban, el golpe habría sido fuerte de no ser porque la sujetó a tiempo.
Dejó pasar unos segundos para que Mimi tuviera tiempo de recomponerse y finalmente la ayudó a levantarse. Su rostro estaba aún más pálido de lo normal y sus ojos en ese momento demostraban un caos de emociones que nunca había visto en ellos.
— Todo está bien — Susurró llevándole un mechón detrás de la oreja.
— No, Taichi... No lo está, yo... tengo que irme — Respondió en voz baja.
Un frío paralizante le recorría el pecho, un frío tan intenso que le impedía respirar bien.
Al principio llegó a pensar absurdamente que Kari estaba jugándole una broma de mal gusto, pero de inmediato descartó esa idea ya que la menor de los Yagami sería incapaz de algo como aquello. Además, pudo escuchar la lucha de su amiga por detener los sollozos que abandonaban sus labios a cada momento.
Decidió encarar al moreno, obligándose a cerrar los puños en el intento de contener el llanto que tanto amenazaba por salir. Esa calidez que desprendían los ojos de Taichi le decía que todo iba a estar bien, que no importaba llorar porque no sería juzgada, pero ahora no tenía tiempo para sentimentalismos. No cuando su mejor amigo estaba en el hospital en una condición que ella desconocía.
— Sé que tienes que ir, pero yo conduciré — Dijo quitándole suavemente las llaves de su mano para guardarlas en su propio bolsillo.
Tai la tomó por la muñeca y la llevó hasta el auto, luego se encargó de cerrar la puerta del apartamento.
— ¿Dónde ingresaron a Davis?
— En el Hospital Universitario — Contestó quedamente. Le resultaba tan difícil hablar con ese nudo en su garganta.
— Cuando hablé con Yolei no hubo mucho tiempo para los detalles. ¿Exactamente qué ocurrió? — Preguntó iniciando la marcha del auto.
— Yo tampoco lo sé. Lo único que me dijo tu hermana fue que Davis fue golpeado por un auto y el impacto con el suelo lo dejó inconsciente. Aun no entiendo qué hacían ellos juntos si se supone que Davis está suspendido.
El moreno suspiró frustrado. Estaba intentando aligerar el ambiente, pero Mimi se lo ponía difícil.
Estaba odiando a cada uno de los autos que pasaban por la carretera. Ese maldito tráfico los estaba reteniendo más de lo necesario, como si ella no tuviera la suficiente prisa, en ese momento era capaz de pasar por encima de todos para llegar rápido al hospital.
Por más que intentaba controlar su mente, no dejar que los peores escenarios se desarrollaran debido a la preocupación y mantener un ambiente racional dentro de sí misma... no podía. Lo único que deseaba era despertar y darse cuenta de que aquello solo era una estúpida y cruel pesadilla.
Dejó salir todo el aire que había en sus pulmones y se hundió en el asiento del copiloto. Todo su cuerpo estaba contraído por la preocupación.
Cerró sus ojos por unos minutos y al abrirlos miró de reojo a Taichi; el moreno se había mantenido callado básicamente desde que iniciaron el recorrido hacia el hospital.
Su semblante era serio, pero más allá de eso no parecía especialmente afectado por lo ocurrido con Davis.
No pudo evitar fruncir el ceño. ¿Acaso no le importaba la condición de Davis? Ellos se conocían mucho antes de que ella conociera a su mejor amigo. Además, esos dos tenían muchísimas cosas en común. Se atrevía a decir que si no los conociera bien podría creer que eran hermanos.
— También me preocupa Davis.
Mimi dio un respingo al escuchar la voz del moreno tan de repente — Yo no he dicho nada.
— Tú expresión me lo dijo todo. Cuando juzgas a alguien tus ojos se sienten como dagas — Contestó sonriendo de lado.
En cuestión de unos minutos más vislumbraron la fachada del Hospital Universitario y Taichi aceleró para ingresar al estacionamiento.
En el instante en el que el auto se detuvo por completo Mimi se quitó rápidamente el cinturón con toda la disposición de salir corriendo, pero solo dio unos cuantos pasos fuera del auto cuando Tai la detuvo sujetándola por la mano.
— La única razón por la que no luzco tan abrumado por lo que sucedió con Davis es porque mi hermana está allá arriba y si ella me ve preocupado se pondrá peor. Si puedo evitar que eso pase entonces me guardaré lo que estoy pensando — Mimi asintió ligeramente y se dio la vuelta para seguir caminando sin importarle que ella guiaba a Tai, puesto que no se dio cuenta que él mantenía el agarre en su mano.
Apenas llegaron a recepción Tai instintivamente dejó ir a Mimi para que ella indagara sobre el estado de Davis.
— ¿Puedo ayudarlos en algo? — Cuestionó la recepcionista con una amable sonrisa.
— Un amigo nuestro sufrió un accidente y nos dijeron que lo trasladaron aquí. No sabemos a qué unidad lo han llevado — Respondió Mimi fastidiada por tener que estar dando detalles.
— Nombre y apellidos de su amigo, por favor.
— Davis Motomiya.
La mujer les pidió que esperaran unos momentos. Usó el teléfono que descansaba sobre su escritorio y realizó una llamada que duró muy poco. Intercambió un par de palabras, mencionó a Davis y colgó — Él ingresó al Servicio de Emergencias, pero fue trasladado al área de Cuidados Intensivos en el cuarto piso.
Tai miró de reojo a Mimi y notó claramente los colores desaparecer de su rostro y también sus manos cerrarse en puños en torno a la tela de su abrigo. Antes de poder decirle algo, la castaña agradeció por la información y caminó directo al ascensor.
No le quedó más de otra que seguirla en silencio.
Yolei había perdido la cuenta de cuántas veces se había mordido el labio inferior desde que llegaron al hospital. Aquella era una mala costumbre que desarrolló en la secundaria cada vez que se estresaba o angustiaba demasiado.
Definitivamente tenía que dejar de hacerlo.
El timbre del ascensor la sacó de sus pensamientos. Sintió un increíble alivio al ver a Mimi salir del ascensor acompañada por Tai.
Sana y salva.
Kari que estaba a su lado se levantó de la silla y corrió a abrazar a su hermano. Tai la envolvió en sus brazos y comenzó a susurrarle palabras de consuelo.
Ella por su parte esperó a que Mimi llegara. La oji miel apenas estuvieron frente a frente estiró los brazos invitándola a acercarse y Yolei aceptó sin miramientos.
Una profunda tristeza se instaló en su pecho cuando vio la palidez de Mimi y también ese rostro inexpresivo que tanto odiaba ver en su mejor amiga.
— Fue horrible, Mimi — Lloriqueó sintiendo la mano de Mimi dar palmaditas en su espalda — Davis no respondía... Creí que él... que él había...
— Lo sé — Habló interrumpiéndola. No quería ni imaginarse la posibilidad de perder a Davis. Inhaló profundamente como había estado haciendo para evitar ponerse a llorar, y se separó un poco de Yolei para mirarla — ¿Dónde está Davis?
Yolei mordió su labio inferior. De nuevo — No nos han dejado verlo. No tengo idea qué está pasando con él, Meems — Dijo empezando a fruncir el ceño porque ahora sí quería llorar como una niña. Antes se contuvo por Kari, pero con Mimi y Tai ahí se sentía con cierta libertad.
— De acuerdo. Yo me encargo — Mimi asintió quitándole el cabello del rostro — Dime cómo pasó todo.
— Kari y yo íbamos al cine y en el camino nos encontramos con Davis. Andaba deambulando como si no tuviera propósito en la vida. Aunque no me sorprendió, imaginé que se aburrió de estar en su casa por la suspensión. Kari le pidió que nos acompañara y poco antes de llegar al Centro Comercial Davis no prestó atención al cambio del semáforo y cruzó la calle. Nosotras no nos dimos cuenta en qué momento Davis se adelantó y lo siguiente que escuchamos fue el rastrillar de un neumático contra la calle, un golpe en seco contra metal y luego otro golpe contra el asfalto. Todo pasó tan rápido que lo siguiente que vimos fue a Davis inconsciente en el suelo con una fea herida en su cabeza que sangraba mucho. Toda su camisa estaba manchada de rojo. No se movía en absoluto.
Tai miró a su hermana, luego a Yolei y por último a Mimi.
La castaña no parecía afectada por el relato del accidente.
— En un momento Davis despertó e intenté hablarle para que no cerrara los ojos de nuevo, pero cuando veníamos en la ambulancia volvió a perder el conocimiento y no despertó más. Llegamos a Emergencias, pero el médico que lo atendió pidió que lo trasladaran a Cuidados Intensivos de inmediato — Comentó Kari con la voz quebrada.
A pocos minutos escucharon el ascensor abrirse de nuevo. Sora salió en compañía de Matt e Izzy.
— ¿Cuál es la condición de Davis? — Preguntó el pelirrojo sentándose junto a Mimi.
— Nosotros acabamos de llegar, y Kari y Yolei no han sido informadas sobre él — La mirada de Tai se encontró por un momento con la de Matt; el rubio hizo una pregunta silenciosa levantando ambas cejas a lo que Tai hizo una mueca.
No era momento de indagar sobre ciertas cosas.
— ¿Los familiares de Davis Motomiya? — Un médico de mediana edad se acercó a ellos sosteniendo una tabilla de diagnóstico.
La reacción de Mimi fue inmediata. En un abrir y cerrar de ojos la castaña ya se encontraba frente al médico — Sus padres se encuentran fuera de la ciudad, por lo que yo seré su guardián. ¿Podría explicarme cuál es la situación de mi amigo?
— Por supuesto, ¿Cuál es su nombre, señorita?
— Mimi Tachikawa.
El hombre asintió llevando su bolígrafo al bolsillo de su gabacha — El pronóstico del joven Motomiya por el momento no es seguro. Si bien el accidente no fue realmente grave, la contusión que recibió en el cráneo fue muy fuerte. Si tomamos en cuenta que a pesar de haber pasado algunas horas desde que perdió el conocimiento él no ha recobrado la conciencia lamentablemente debemos considerar la posibilidad de que la contusión sea lo suficiente severa para comprometer vasos sanguíneos importantes. Realizamos radiografías en el área craneal, sin embargo, los resultados no son tan detallados como esperábamos, por ello procederemos con un encefalograma y una resonancia magnética para agotar las posibilidades de un diagnóstico grave. Apenas acabemos con los análisis trasladaremos al muchacho a una habitación con permiso de visitas limitado.
— Le agradezco al información, doctor. Por favor cuide bien de mi amigo — Contestó Mimi encontrando muy difícil hablar.
— ¿Son necesarios tantos análisis? ¿Qué tan grave está Davis? — Dijo Kari mirando por donde se había ido el médico a cargo de su amigo.
— Lo suficiente para que lo sometan a esos exámenes — Mimi les dio la espalda a todos y sin decir una palabra más caminó de regreso al ascensor sin percibir cierta mirada preocupada sobre ella.
La oji miel ingresó al ascensor y no fue capaz de liberar el aire que estaba conteniendo hasta que se vio sola en la azotea del edificio. Sintió las puertas del ascensor cerrarse a sus espaldas cuando una fuerte ráfaga movió sus cabellos a la vez que pequeñas gotas caían desde el cielo y llegaban como sutiles caricias frías en su rostro.
Por más que lo intentara no dejaba de imaginar a su mejor amigo reposando inconsciente sobre una cama de hospital y probablemente conectado a una máquina de signos vitales.
De la misma forma en que ella lo estuvo. De la misma forma en la que Addison lo estuvo.
Miró el cielo de un azul oscuro debido a la hora, la visión de aquel manto triste no mejoraba en absoluto su ánimo y le hizo recordar que de nuevo estaba cerrándose al mundo. Puede que no de la manera en que lo hizo cuando descubrió las mentiras de su ex.
Tratándose de Davis su corazón no podía cerrarse. Todo lo contrario, solo que la falta de confianza bloqueaba que demostrara sus emociones tan libremente frente a los otros.
— En verdad es sofocante estar allá abajo.
¿En qué momento él llegó en el ascensor como para no darse cuenta?
— ¿Acaso Yolei te pidió que cuidaras de mí?
Aunque si lo pensaba mejor... Yolei, conociéndola tan bien como lo hace, le habría dado ese espacio a solas que tanto necesitaba. Además, si su amiga hubiese querido que alguien le hiciera compañía definitivamente habría venido ella. Era innecesario pedírselo a Taichi.
— No en realidad. Solo estoy preocupado por ti.
Sintió a Taichi colocarse junto a ella a pesar de no haberlo volteado a ver.
Una sonrisa triste se formó en sus labios — Gracias.
No quería ser grosera con el moreno. Debía admitir que le sorprendió que él subiera para... bueno, en realidad no tenía muy claro para qué subió tras ella. ¿Cómo podría Tai ayudarla en ese momento?
— Ahora que lo pienso... — Murmuró — Esta situación es irónica.
Tai arqueo una ceja, mirándola de reojo — ¿A qué te refieres?
— Soy estudiante de Medicina. Yo decidí estar la mayor parte de mi vida dentro de un hospital aprendiendo y ejerciendo, y al parecer, he estado dentro de estas paredes debido a desgracias que no tienen nada ver que con mi decisión. Tanto así que creo que podría comenzar a temerle a estos lugares, pero... ese chico necio me necesita y por más aterrada que esté de lo que pueda pasar... sé que no voy a irme de aquí... — Tuvo que hacer una pausa para pasar el nudo en su garganta. Para tomar aire, algo que en esos momentos era una tarea difícil para ella.
— Nadie dice que debes dejarlo, Mimi. Lo único que intentamos hacerte saber es que estamos aquí contigo, y por supuesto con Davis...
— Lo sé — Lo interrumpió apartando una lágrima con rapidez — Pero volver a confiar es tan duro... — Decidió finalmente encarar a Tai, encontrándose con unos cálidos pero preocupados orbes chocolate que la observaban con comprensión.
Avanzó el único paso de distancia que necesitaba para terminar de acercarse a él y apoyó su frente contra el pecho de Tai — Cada vez que vengo a un hospital ocurren tragedias... Tai, no quiero que algo irremediable pase con Davis. Simplemente no lo soportaría — Un sollozo se coló por entre sus fríos labios.
Tai había tratado de mantenerse al margen y darle su espacio a la castaña para serenarse, sin embargo, se vio mandando todo al diablo demasiado rápido. Estiró sus brazos para rodearla y atraer a Mimi más hacia él.
— Nada como eso va a suceder con Davis — Le susurró acariciándole el cabello — Te lo prometo.
Mimi se dejó abrazar, percibiendo el agradable aroma de la loción del moreno impregnarse en sus sentidos y tranquilizándola. Por unos minutos sería egoísta, pensaría en sí misma y en lo cómoda que estaba en los brazos de Taichi, sin importarle los estúpidos pensamientos que en otra ocasión estarían abrumándola.
Hasta entonces se dio cuenta que el temblor en su cuerpo no solo se debía a su estado emocional, sino a que debido al caos que hubo en su cabeza y la necesidad de llegar cuanto antes junto a Davis se olvidó por completo de que con el clima actual las noches se ponían muy frías y no trajo consigo nada que la cubriera del viento y las lloviznas. Se estremeció, de repente sintió frío cuando el moreno se alejó de ella y colocó sobre sus hombros la sudadera que él llevaba puesta, inclusive subió la capucha de la misma para cubrir su cabeza.
— Será mejor que regresemos, de lo contrario toda nuestra delegación subirá — Tai le sonrió suavemente y le indicó que lo siguiera de vuelta al ascensor.
Mimi marcó el cuarto piso, sabiendo muy bien que aquel no era la planta en la que estaban los demás, sin embargo, mientras pasaban por los pisos solicitados escuchó a una enfermera hablar algo sobre que Davis ya había sido trasladado al ala oeste de ese piso en específico.
Sin decirle nada a Tai ella quedó en el cuarto piso y una vez sintió al ascensor cerrarse tras de sí y continuar su recorrido, Mimi avanzó por los corredores acomodándose mejor la enorme sudadera del moreno que claramente estaba lejos de ser de su talla.
Por un segundo se detuvo frente a una habitación de observación externa y a través de la ventana tuvo una visión que le dio un sentimiento de deja vú.
Una niña yacía recostada sobre una cama. Podría tener unos diez u once años.
Pudo distinguir que le estaban realizando una transfusión de plaquetas y también hidratación mediante suero intravenoso.
Aquello que consiguió llevarla dentro de sus recuerdos fue el hecho de que la niña guardaba un gran parecido con Addison. Su cabello era corto, lacio y negro.
Su piel estaba muy pálida y gracias a eso era más fácil distinguir los moretones en sus brazos debido a las múltiples ajugas que han de haber insertado en ella.
Justo cuando Mimi se dispuso a alejarse para seguir su camino hacia la habitación de Davis, la niña que al parecer estaba dormida abrió sus ojos lentamente y sus bonitos ojos castaños observaron con curiosidad a la joven que la miraba por la ventana con tanta nostalgia como si la conociera.
Mimi parpadeo ante el despertar de la niña y sonrió levemente siendo respondida casi de inmediato con una dulce sonrisa por parte de la pequeña.
Yolei regresó a la estancia en lo que terminaba la llamada que minutos antes recibió.
— No te preocupes, lo entiendo. Yo le diré. Te aviso apenas sepamos algo sobre él. Hablamos luego, Tk.
Con solo escuchar el nombre del rubio Kari sintió su corazón hundirse un poco más.
— ¿Cuál es la necesidad de estar hablando con Takeru? — Preguntó Tai frunciendo el ceño.
— Solo le estaba diciendo que todavía no hay noticias sobre Davis — Contestó extrañada por el casi regaño del moreno.
— ¿Por qué habría de estar preocupado por Davis? — Habló la menor de los Yagami con la cabeza gacha — Después de su pelea no han querido saber nada sobre el otro.
Sora miró a ambos hermanos, sus expresiones tan opuestas sobre una misma situación, y suspiró con pesadez — Tai — Llamó a su mejor amigo y luego volteo en dirección a la castaña — Kari. A pesar de lo que haya pasado, Tk y Davis son amigos. Sí, discutieron y a simple vista parece grave, pero nosotros ya hemos sido testigos de peleas "graves" entre ciertas dos personas y eso no cambió nada a largo plazo, así que algo como un accidente en medio de toda esta situación debe ser duro para Tk. Él no se siente con el derecho de estar aquí por temor a la reacción que podría tener Davis. Además, tampoco viene por no incomodarte a ti, Kari. Y también por culpa tuya, Tai.
— Tiene razón, Tai — Asintió Izzy — No seas inmaduro. Sí, Tk actuó mal, pero te atreves a criticarlo como si nunca hubieras hecho una idiotez con alguna novia del pasado — Matt se apretó el puente de la nariz ante la defensa de su amigo. Yolei sonrió divertida por lo mismo — Y tú también, Matt.
Matt evitó la critica mirada de Sora sobre sí mismo — No te hagas el inocente aquí, Izumi.
— Ok. El punto aquí en que ninguno de ustedes está en posición de juzgar algo que también han hecho mal.
Los tres decidieron no objetar nada porque el tono empleado por Sora se sintió como el que sus madres han usado para regañarlos en el pasado.
Kari les hizo mala cara por el descaro con el que hablaron, pero decidió dejarlo pasar y preguntar por otra cosa — ¿Dónde está Mimi, hermano?
El moreno arqueo una ceja — ¿Por qué sabría dónde está?
— Fuiste detrás de ella apenas se fue.
— Claro que no — Mintió con total descaro apenas escuchó a Sora. Ya bastaba con sus cuestionamientos internos sobre por qué se preocupaba tanto por Mimi, como para tener que sufrir los interrogatorios de su mejor amiga — En realidad fui a la cafetería.
— ¿Entonces cómo explicas que ella se quedó en el ascensor cuando tú te bajaste?
— Yo qué sé, ¿Acaso dos personas no pueden coincidir en un ascensor?
Le tomó al menos cinco minutos reunir valor para entrar a la habitación de Davis.
Su amigo yacía recostado sobre su cama, su pecho subía y bajaba acompasadamente, lo cual era un buen signo porque significaba que a nivel pulmonar no existía ningún daño. Mechones rebeldes de su cabello sin fijador le cubrían la frente. Su piel naturalmente morena estaba muy pálida. Una venda cubría su frente ajustándose en la parte de atrás, solo que aquella parte que se encontraba sobre la herida en su cabeza ya la había manchado con un poco de sangre. En ambos brazos tenía raspones. Igualmente estaba siendo hidratado por suero intravenoso.
Reunió otro poco de valor y se acercó más a Davis, pudiendo notar que la herida en su ceja que recibió en su pelea con Tk aun no sanaba del todo y que también los moretones de aquella misma pelea seguían ahí.
La abrumaba lo quieto que estaba.
En ese punto ya no necesitó ningún segundo aliento para estar cerca de él.
Dejó una caricia en su mejilla mientras una sonrisa rota se formaba en sus labios — Mírate... Estás tan lastimado, Davis. Nunca imaginé verte así... — Mordió su labio ahogando un sollozo, pero fue inútil — Despierta ya. Dime que estás bien. Moléstame todo lo que quieras. No puedo regañarte si no intentas excusarte con que no es nada grave — Sujetó la mano de Davis entre las suyas y apoyó su barbilla sobre el colchón, cerca del rostro de su amigo.
Siempre le había parecido curioso cómo las personas lucían más jóvenes cuando dormían.
Un destello de recuerdos eclipsó su mente, trayéndole sentimientos previamente experimentados que lograron derrumbar la última y más delgada barrera que le quedaba.
— No me hagas esto, por favor, Davis — Hipó limpiándose las lágrimas — Todos estamos locos de preocupación por ti. Siento que voy a perder la cabeza si no escucho tu voz... ¿Tienes idea del susto que le has dado a Yolei y a Kari? — Preguntó en un hilo de voz — Aun no es hora, campeón. Estoy segura de que Addison te correrá si te reúnes tan pronto con ella. Hace tiempo yo quise irme, y fuiste tú el primero en aferrarte a mí. Ahora es mi turno. ¡No puedes irte, Davis Motomiya! — Estando ahí, a solas con su mejor amigo no le importaba caer en al vulnerabilidad. Lloró como hace tanto tiempo no lo hacía, su garganta picaba, sus ojos ardían — ¿Qué va a pasar conmigo si no te tengo...?
La sola idea de que Davis pudiera morir... por más que intentara ignorarla, esa idea se planteaba como una cruel posibilidad.
Preferiría morir ella en su lugar, de todos modos, una vez ya estuvo cerca de la muerte.
Se alejó un poco del moreno para quitar los restos de lágrimas de sus mejillas — Más te vale despertar pronto. Te queda mucho por hacer, el heredero del valor y la amistad no tendrá un fin tan simple, ¿Verdad? — Miró la mano de Davis entre las suyas, dejando un suave apretón que logró sacarle una sonrisa y más lágrimas.
