XXII


Sora miró a Kari.

La castaña estaba recostada contra el hombro de Tai tratando inútilmente de mantenerse despierta puesto que la pobre lucía agotada. Tai rodeaba los hombros de su hermana, mirando distraídamente dos puntos específicos: el ascensor y el reloj de la pared frente a ellos.

Desvió un poco su mirada y se topó a Izzy tratando de distraer a Yolei de su monitoreo continuo sobre dónde y qué estaba haciendo Mimi porque desde hace dos horas que no aparecía.

Dejó salir un suspiro angustiado.

Por más que quisiera comprender lo que posiblemente pasaba por los pensamientos de Mimi en esos momentos... no lo lograría. Dudaba que algún día pudiera comprenderla del todo otra vez.

Años atrás Mimi era una chica dulce y transparente, no le importaba llorar frente a los demás porque odiaba fingir incluso si eran emociones negativas. Pero ahora... la castaña era lo opuesto: reservada y algo fría. No confiaba en su alrededor como para demostrar sus emociones, y prefería guardar su tormento para sí misma.

Con certeza podía asegurar que en ese momento Mimi no necesitaba a nadie a su lado, ni siquiera para consolarla.

Hace unas horas, cuando Mimi se fue justo después de que el médico hablase sobre los análisis de Davis, vio como Yolei se limitó a suspirar y dejar ir a Mimi, sin intenciones de ir tras ella.

Respecto a Tai...

Por más que él lo haya negado con excusas, estaba segura de que su mejor amigo siguió a Mimi. Lo sabía porque en cuanto Tai salió del ascensor, Mimi se quedó dentro del ascensor y pudo notar que ella llevaba su sudadera.

Todas esas recientes situaciones relacionadas con Mimi solo hacían que su anhelo por regresar en el tiempo fuese más grande, quería volver a ser una figura de confianza para Mimi, que la castaña se sintiera libre de confesarle si es que existía algún sentimiento particular por Tai.

Por último, miró a Matt. El rubio se había mantenido a su lado desde que llegaron, sobre todo cuando se llevó un horrible susto cuando unos paramédicos pasaron corriendo frente a ellos llevando una camilla en la que un joven muy parecido a Davis iba en calidad de emergencia.

Debió de quedarse mucho tiempo mirando a Matt, porque él se dio la vuelta haciendo un gesto curioso, como si quisiera decirle algo, pero al final solo le sonrió. Justo estaba por devolverle la sonrisa cuando fue interrumpida por la voz de Izzy.

— Chicas, deberían ir a descansar. Davis está estable y los resultados de sus análisis estarán hasta mañana pasado el mediodía, con quedarnos todos aquí no aceleraremos nada.

— Pero Izzy...

— Sabes que tiene razón, Kari — Dijo Tai — Todos nos hemos dado cuenta que intentas no quedarte dormida. Hoy fuiste a clases desde muy temprano y has estado aquí toda la tarde. Si quieres mañana puedes venir y quedarte todo lo que quieras con Davis. Además, aunque le hayas avisado a mamá ella debe estar preocupada.

— Y tú vendrás con nosotras — Yolei apartó sus ojos del ascensor y asintió ante lo dicho por su Sora. La peli morada no pensaba refutar al respecto, y tampoco lucía muy radiante. Sus ojos estaban hinchados — Si lo prefieren pueden venir a mi casa. Aunque deberíamos buscar a Mimi para que nos acompañe.

— No hay poder sobre la tierra que consiga sacar a Mimi de aquí — Dijo Yolei resignada.

— No podemos dejarla sola, Yolei.

— Yo estaré aquí con ella, Kari — Contestó con simpleza. No dejaría sola en ese momento a su mejor amiga. Dejó su lugar junto a Izzy y fue a sentarse en el lugar que antes estuvo ocupado por Sora. No creía poder estar de pie tanto tiempo sin el riesgo de quedarse dormida y darse un buen golpe.

Sora negó de inmediato — Yolei, tú también estás exhausta. Al igual que Kari llevas toda la tarde aquí.

— Vayan a descansar. Me quedo yo.

Todos voltearon apenas escucharon las palabras de Tai, mirándolo sorprendidos. El moreno se limitó a removerse incomodo por la innecesaria reacción — Incluso aunque estuviera en condición de irse por sí misma, yo tengo sus llaves. Cuando ella quiera irse yo la llevaré.

— Estuviste todo el día entrenando, Tai. Debes estar agotado.

— El entrenamiento acabó temprano, Matt. Descansé lo suficiente antes de que Yolei me llamara. Lleven a las chicas a casa de Sora. Luego yo llevaré a Tachikawa con ellas.

— ¿Estás seguro? — Cuestionó Izzy estudiando al castaño. Él conocía la complicada relación que había entre Tai y Mimi, así que consideraba que era mejor sí él se quedaba haciéndole compañía a su amiga — Puedo quedarme yo.

— No hay problema, Izzy.


Mimi dejó una última caricia en el cabello de Davis antes de abandonar la habitación. Ya era hora de dejar los lamentos de lado y seguir apoyando a su mejor amigo en lugar de solo llorarle como una viuda.

Estuvo bastante tiempo vigilando el sueño tranquilo del moreno y aquello logró relajarla lo suficiente para dejarlo solo por un rato.

Al llegar a la sala de espera frunció el ceño extrañada al no ver a nadie. Únicamente Taichi estaba ahí con su cabeza recostada contra la pared, aparentemente dormido.

Avanzó la poca distancia que los separaba, y al estar frente a él con su mano le movió suavemente el hombro. Tai se removió, abrió sus ojos mirando al alrededor y luego posicionando sus ojos chocolates sobre ella.

— ¿Y los demás?

— Matt e Izzy llevaron a las chicas a casa de Sora para que descansaran — Contestó acomodándose en su asiento.

Tai miró con seriedad el aspecto de la oji miel.

Estaba realmente pálida, sus ojos estaban hinchados y había pequeños círculos oscuros formándose debajo de sus ojos, además, su sudadera hacía que se viera más pequeña de lo que era.

Sintió un vacío en el pecho cuando dedujo que ella pudo haber estado llorando mientras acompañaba a Davis.

— Es un alivio. Yolei necesitaba algo de paz. Estoy segura que pasó toda la tarde perforándose el labio por la preocupación. Debería dejar de hacer eso — Respondió sentándose al lado de Tai — ¿Por qué no te fuiste con ellos?

Evitó la mirada inquisitiva de Mimi. Con ella era un poco más difícil responder esa pregunta en comparación con los demás. Nuevamente era incapaz de darle una respuesta decente — Me quedé con las llaves de tu casa y las del auto. Y olvidé regresárselas a Yolei. ¿Cómo ibas a regresar?

— No era necesario, Taichi. Después de todo tengo pensado quedarme hasta saber los resultados de Davis.

— Luces agotada. Deja que te lleve para que descanses.

— Estoy bien — Contestó con terquedad — Hablo en serio.

Por lo visto no iba a conseguir nada por más que insistiera. Suspiró recostándose de nuevo — ¿Cómo está Davis?

— Nunca dije que estuve con él.

— Por tu aspecto puedo decir que estuviste con él. ¿Está mejor?

— Es deprimente ver tan herido y pálido a alguien tan activo como él.

— Estará bien. Ha enfrentado cosas peores, y todos podemos confirmar eso.

— Vaya que sí — Mimi utilizó un tono tan desalentador que se sintió patética. Ya había suficiente melodrama.

Estuvieron sentados sin decir una palabra, Mimi resignándose a lo cansada que estaba, preocupada y con el frío que tenía se olvidó de su orgullo y apoyó su cabeza en el brazo de Tai. Cerró sus ojos para descansar el ardor en ellos debido al llanto previo y entonces pudo sentir que el moreno se movió más hacia ella pues el apoyo en su mejilla aumentó. No prestó demasiada atención a aquello y bastaron unos minutos más para que se quedara dormida.

Tai notó que la respiración de Mimi se aligeraba.

Sonrió de lado ante la obvia mentira blanca que ella le había dicho.

Claro, no estaba cansada según ella.

Un rato después una enfermera llegó a los escritorios que estaban cerca de ellos y la escuchó mencionar algo sobre Davis y sus análisis, por lo que sosteniendo a Mimi con suavidad para no despertarla se puso de pie y la acomodó contra la parte acolchada del sillón.

— Disculpe, señorita — Dijo apenas llegó frente a la joven que no parecía ser mucho mayor que él — Mi amigo está ingresado en la habitación trescientos cuarenta. ¿Habrá alguna noticia sobre los análisis que le hicieron más temprano?

— ¿Davis Motomiya, cierto? — Tai asintió — De hecho, me estaban informado al respecto. El TAC que le realizaron arrojó resultado positivos. Sus órganos vitales se encuentran en perfecto estado — La joven le sonrió como transmitiéndole que ella también se alegraba por los resultados — Por el momento eso es todo, los análisis restantes estarán listos hasta pasado el mediodía.

Tai sintió como si parte del peso que llevaba en su hombros se hubiera evaporado. Instintivamente miró de reojo a Mimi y suspiró aliviado — Muchas gracias.

La enfermera vio por sobre el hombro del moreno a Mimi durmiendo ajena a su conversación — Ella debe estar exhausta.

— Sí... Creo que con estas noticias ya podrá ir a descansar tranquila.

— Usted ha cuidado mucho de ella desde que llegaron. Vi a su novia muy afectada cuando fui a revisar los signos vitales de su amigo. Es agradable ver que tiene a alguien que la apoya tanto en momentos tan difíciles.

— Ah... Nosotros no somos... — Dijo mirando a la mujer con sorpresa.

— Lo siento. No debí entrometerme — Dijo haciendo una leve reverencia.

— Descuide. Con permiso. Y gracias por avisarme sobre mi amigo.

Todavía abochornado por la últimamente usual confusión respecto a su relación, Tai regresó con Mimi, no queriendo despertarla, pero igual haciéndolo para avisarle sobre el estado de Davis.

Mimi frunció el ceño, pasando una mano por detrás de su nuca por la tensión en esa parte — ¿Pasó algo? — Preguntó con el sueño aún en sus facciones.

— El TAC de Davis dio resultados normales. No tiene ningún daño en sus órganos.

Fue testigo de cómo el alivio iluminó el rostro de Mimi, tan feliz se sintió por aquella noticia que se levantó de pronto y lo abrazó — Al fin buenas noticias — Murmuró.

Él ni siquiera se sorprendió por el repentino abrazo, quizás porque en verdad le aliviaba verla así de optimista cuando hasta hace unas pocas horas lucía tan desanimada.

— Ahora que sabes que él está fuera de peligro, déjame llevarte a casa de Sora.

— No puedo irme hasta que...

— Mimi — Le interrumpió seriamente — Te estás exigiendo demasiado. Ve a descansar, si sigues de esta forma mañana no podrás dar ni un paso por el cansancio.

La castaña frunció el ceño, pero no fue capaz de contradecirlo. Taichi la estaba mirando tan severamente que no importaba cuánto se negara a irse, él la obligaría a salir de ahí incluso si se veía forzado a cargarla — No me lleves a casa de Sora, por favor. Llévame a mi apartamento. No estoy de ánimo para conversar sobre nada.

Tai no dijo nada más, la tomó por los hombros, la guio hasta el ascensor y luego al auto.

Con el auto una vez en marcha, ambos guardaron silencio, probablemente teniendo sus propias reflexiones dentro de sus mentes. La lluvia que inició cuando estuvieron en la azotea del hospital no había terminado, por lo que las grandes gotas de lluvia golpeaban las ventanas y todo lo que estuviera descubierto.

La oji miel observaba inexpresivamente las gotas resbalar por el vidrio, casi con pereza, como si en realidad estuviese viendo otra cosa.

Desde que salió de su apartamento con Taichi esa tarde una extraña sensación le recorría el cuerpo, como un escalofrío constante de que algo le faltaba, algo que no la dejaba pensar con claridad. Por un lado, Taichi, el invivible cuyo pasatiempo favorito era molestarla, desde esa tarde se mantuvo a su lado, cuidando de ella, asegurándose de que no se viera involucrada en un accidente por llegar rápido junto a Davis, asegurándose de que no sintiera frío al prestarle su sudadera y justo ahora, pidiéndole que fuera a descansar. El moreno le habló con preocupación, y cuando fue necesario la regañó para que entendiera que si continuaba siendo tan obstinada podría colapsar por el agotamiento.

Tenía tantas interrogantes, y como siempre, algo dentro suyo argumentaba tener las respuestas, aquellas que planteaban la posibilidad de algo que su ego negaba.

Al igual que cuando iban en dirección al hospital, notó la mirada de Mimi sobre él estudiándolo de nuevo, solo que esta vez aquellos ojos no expresaban frialdad, sino tristeza, incluso miedo. La castaña evitó de nuevo su mirada y vio al frente. Varias lágrimas bajaron por las pálidas mejillas de Mimi, hecho que no pareció importarle a ella.

Aprovechando que a esa hora prácticamente no había autos en la calle, acercó el auto a la banqueta y lo detuvo encendiendo las luces de emergencia.

Se inclinó sobre la marcha del auto para acercarse a Mimi, ella de reojo notó su mirada, pero no hizo ningún comentario.

Tai tuvo el impulso de sonreír para animarla, pero la expresión de la castaña era desoladora. Probablemente su estado de ánimo no se debía solo a lo ocurrido con Davis, sino que había recuerdos que estaban pesando hoy más que nunca sobre sus hombros. Ee hecho de que llevara puesta esa gran sudadera que incluso a él le quedaba algo holgada hacía que luciera como una niña, haciendo que la necesidad de querer protegerla se hiciera más grande. Inclusive si actualmente Mimi Tachikawa lo que menos necesitaba era ser protegida. Esa joven era fuerte, obstinada y posiblemente se dejaría en segundo plano para velar por los que le importaban.

Levantó la mano y con su pulgar limpió el rastro húmedo que dejaron las lágrimas en las pálidas y frías mejillas de Mimi. Él creyó que la castaña lo alejaría con recelo, pero se limitó a bajar la cabeza y a terminar de limpiar las lágrimas con frustración.

— No me mires así — Pidió con la voz apagada. Decidida a ignorar la calidez que sintió brevemente en su rostro debido al tacto del moreno — No es como si fuera a llorar un diluvio.

— Mimi...

— ¡Tú no lo viste! — Dijo alzando su voz quebrada — Sé que intentas entenderme, pero es inútil. Detente ya, Taichi.

— ¿Cómo podría alguien entenderte si lo único que haces es alejarte? — Reclamó frunciendo el ceño.

— ¿Acaso dije que necesitaba que alguien me entendiera? Me negué a ir a casa de Sora para evitar esta clase de conversaciones condescendientes. Por favor, no quiero hablar más — Mimi se hizo más hacia atrás, como si quisiera fundirse con el asiento.

La expresión de Tai se oscureció, molesto con toda la situación se resignó a continuar el recorrido hacia el apartamento de la castaña.

Cinco minutos después Mimi entró a la sala de estar de su casa. A pasos torpes llegó al sofá y se sentó mientras escuchaba a Tai cerrar la puerta de la entrada.

El moreno al darse la vuelta la observó en silencio, ella con sus opacos ojos fijos en ninguna parte. Mimi ni siquiera parecía haberse dado cuenta de la lluvia que la mojó y que ahora causaba que su cabello goteara sobre su ropa.

— Deberías buscar algo para secarte. Estás empapada.

Mimi asintió mecánicamente, abandonó el sofá, fue hasta su habitación y entonces llamó a Tai.

El moreno fue con ella y recibió la toalla que le tendía para que secara al menos un poco su cabello.

Suspiró al mirar la hora que marcaba el reloj sobre su mesa de noche.

Eran casi las cuatro de la madrugada.

¿Tanto tiempo estuvimos en el hospital? — Pensó recostándose de lado sobre la cama.

— Es bastante... tarde — Habló Tai dejando la toalla sobre el escritorio de la castaña — Será mejor que me vaya para que puedas dormir.

Ella había comenzado a cerrar sus ojos, pero en el momento en que escuchó a Tai se levantó y lo sujetó por la marga de su camisa.

Presentía que estaba por perder parte de su dignidad en ese momento.

— Creo que ya te he colmado la paciencia lo suficiente por un día. De hecho, has hecho mucho, pero... ¿Podrías quedarte por un rato? Al menos hasta que me quede dormida, probablemente... no será mucho tiempo — Evitó todo lo posible verlo a los ojos, porque se sentía estúpida, y no soportaba la vergüenza que calentaba su rostro. Por su parte, Tai la miraba sorprendido sin saber muy bien cómo reaccionar.

Al final se limitó a sonreír sin agregar algo más. Se cercioró que la puerta de la entrada estuviera correctamente cerrada y regresó con Mimi. Medio recostándose medio sentándose en el espacio que ella le cedió al hacerse más hacia el otro lado de la cama.

Como ya se había resignado a que dadas las circunstancias la mayor parte de su dignidad se fue al diablo, Mimi se acercó al moreno y recostó su cabeza sobre el brazo que él extendió. Fue instantáneo el efecto que provocó la calidez del cuerpo ajeno en ella. Al parecer Taichi no recibió tanta lluvia como ella. Cerró sus ojos y se concentró de nuevo en el aroma que desprendía Tai: la lluvia y esa loción cuyo aroma no podía descifrar bien.

Toda esa situación era tan... inusual que ninguno quería decir nada al respecto, justo por eso él no reaccionó ante el acercamiento de Mimi. Claro estaba que los dos estaban ignorando el hecho de que estaban juntos en la misma cama, completamente solos.

Tai también cerró los ojos para dormir al menos un poco. Puede que la tarde de ayer durmiera unas buenas y largas horas, pero la intranquilidad de todo aquello y su necesidad extraña de cuidar a Mimi lo dejaron agotado de nuevo. Descubrió que el cabello de Mimi, más allá del olor a lluvia, emanaba un agradable aroma a manzana verde y vainilla.

Le tomó bastante tiempo en caer rendido, contrario a Mimi. Ella en cuestión de minutos se quedó dormida, su respiración se relajó. Tan ajena estaba a lo que pasaba que se acercó más a él, esta vez recostándose no en el brazo de Tai, sino más hacia su pecho. Una posición algo incomoda que obligó al moreno a acostarse del todo sobre la cama, y a cubrirla con el cobertor que reposaba a los pies de la cama puesto que podía sentirla temblando entre sus brazos.

Mimi se vio a sí misma en una habitación completamente blanca. Tanto sus paredes como el techo y el suelo carecían de color, además, en ese espacio no había nada. Ni siquiera una puerta por la que pudiera salir.

Avanzó, alargando sus manos para intentar dar con los límites de la habitación, conforme avanzaba sin encontrar algún obstáculo con el cual chocar, divisó un punto verde, la sola visión de aquello la atrajo como si fuera una polilla acercándose a la luz.

Conforme se acercaba a aquel punto verde, este fue expandiéndose y adquirió la forma de una silueta humana de tamaño mediano. Casi de su misma estatura.

La observó desconcertada y justo cuando su mano estuvo por tocar la silueta, esa comenzó a tomar un rostro; el aspecto de una adolescente de piel pálida, largo cabello negro y grandes ojos verdes. La chica le sonrió a Mimi y con ello consiguió helar el alma de la castaña.

Inconscientemente retrocedió ante lo que sus ojos veían.

Esa sonrisa... esos ojos esmeralda. Conocía tan bien esas facciones. Solo que... la persona que las poseía... ¿Quién era esa chica?

Era imposible que se tratase de...

Hola, Meems.

Entonces escuchó su voz.

La pelinegra avanzó los pasos que Mimi había retrocedido.

Addison... ¿Qué es todo esto? ¿Cómo es que tu...?

La chica se encogió de hombros sin perder la sonrisa — Este es el aspecto que tendría si siguiera con vida. ¿Acaso no me veo bonita con casi dieciséis?

Esto es una locura. ¿Cómo es posible que esté soñando contigo de esta forma? — Dijo negando confundida — Desde que falleciste la única forma de que sueñe contigo es con recuerdos. En mi mente siempre has tenido doce años.

Es tu sueño, Mimi. Yo ni siquiera puedo soñar — Inquirió haciendo una mueca — Pero estoy aquí, de esta forma por algo importante. Sucedió una situación desafortunada, ¿No es así? — Eso último lo dijo perdiendo el ánimo en su voz — Es bueno hablar sobre esas cosas — Addison sujetó la mano de Mimi; en el instante en que sus manos hicieron contacto una luz las envolvió dejando a Mimi sin poder ver por unos momentos.

La luz desapareció y ahora se encontraban en lo que parecía ser el patio de la casa de la abuela de Addison y Anika. En invierno, hace años, siempre aprovechaban que la abuela Reeds vivía en Minnesota para visitarla y disfrutar del blanco paisaje.

El amplio lugar usualmente cubierto por fresco, vibrante y abundante césped y flores estaba completamente blanco por la nieve. El viejo columpio también estaba salpicado aquí y allá de nieve. El enorme árbol de manzanas había perdido sus hojas y por supuesto, sus frutos. Cuando se dio cuenta comenzó a sentir copos de nieve caer en su rostro y cabello, a pesar de eso, no sentía frío.

¿Qué estamos haciendo aquí, Addison?

Te traje a un bonito lugar para que podamos hablar con tranquilidad.

Mimi se acercó al columpio para sentarse, miró a Addison y sonrió de lado — Claro. ¿Quién podría interrumpirnos en mi propio sueño?

Sabes lo que quise decir, Meems. Quiero que hablemos sobre Davis. Sé muy bien por lo que estás pasando — La pelinegra caminó hasta su amiga y se sentó sobre la nieve, frente a Mimi.

Algo me dices que me vas a dar un sermón como suele hacerlo tu hermana sobre que debo ser positiva. Lo intento, Addison, pero no necesariamente tengo los mejores antecedentes a los que aferrarme.

¿Me estás culpando de algún trauma? — Preguntó señalándose a sí misma con desconcierto.

La última vez que un amigo estuvo en un hospital no terminó bien. Me aterra la idea de perder a Davis también.

Addison la miró con tristeza — Todos mueren, Mimi...

¿Acaso crees que no lo sé? — Reclamó indignada — No soporto la idea de que Davis muera y nos deje como tu lo hiciste, Addison. Sé que morir forma parte de la vida, pero eso no significa que se esté preparado para enfrentarla siempre.

No eres la indicada para decir algo como eso con tanta tranquilidad — La acusó haciendo un puchero y cruzándose de brazos.

¿Qué estás insinuando, Addison?

Puede que haya muerto, pero no estoy ciega. Desde el cielo puedo verlo todo. Y pude ver que intentaste quitarte la vida sin detenerte por un segundo a pensar en cómo eso afectaría a mi hermana, a Daniel, a tus mejores amigos o a tu familia. Solo pensaste en ti como si fueras la única persona en el mundo que sufre. Querías escapar como una miedosa, Mimi.

No sabes de lo que hablas — Dijo pateando la nieve a sus pies — Moriste siendo solo una niña. ¿Qué puedes saber sobre la vida si estuviste solo en una situación difícil? No tienes idea de cuánto te quiero, Addison, pero no voy a permitir que juzgues mis actos tan a la ligera.

Addison suspiró sin mostrar intenciones de discutir con ella. Por un segundo, Mimi notó que el cuerpo de la pelinegra se tornaba translucido como si fuera una seda de las más finas. Creyó que si intentaba tocarla su mano traspasaría la figura de Addison como si fuera un holograma.

No estoy aquí para discutir. Sino para encontrarle un significado a todo lo que estás viviendo. Nadie quiere que esta clase de situaciones ocurran, pero gracias a ello espero que te hayas dado cuenta de todas las personas que te rodean con la única intención de apoyarte a ti y a Davis. Hablo de esos amigos que dices ya no tener: Sora, Kari, todos ellos... Y también Taichi...

Una nube de humo blanco apareció frente a ellas mostrando una imagen como si se tratase de un televisor, más como una transmisión en vivo porque en ese momento Mimi pudo ver lo que ocurría en su apartamento, más específicamente en su habitación.

Sintió su rostro arder en cuanto se vio a sí misma durmiendo abrazada a Taichi. El moreno apoyaba la barbilla en su cabeza y sus brazos igualmente la rodeaban.

Con un movimiento rápido y buscando quitarle importancia a aquello movió la mano para desaparecer la nube.

Addison ahora sonreía con satisfacción — Él se ha quedado junto a ti todo este tiempo...

No es como si yo se lo hubiera pedido...

¿Ah no? — Preguntó con fastidio. Addison quiso recordarle a Mimi que ella le pidió a Taichi hacerle compañía mientras trataba de dormir, pero le pareció inútil — Eres tan testaruda. Deberías dejar de discutir tanto con él. ¡En este momento te está cuidando, aunque no tenga la obligación!

Yolei debió pedírselo, ya sabes cómo es.

Te equivocas. No te daré detalles, pero ella no dijo nada.

Mimi puso los ojos en blanco ¿Tanto te entretienes con mi vida?

La verdad sí.

Pues la gente que me rodea tiene mejor drama en sus vidas. Si supieras el drama en el que está metido Matt...

¡No me hagas trampa cambiando de tema!

Ya, ya. Le estaré eternamente agradecida a Taichi por lo que hizo. ¿O esperas que lo bese como recompensa por su dedicación?

Me parece perfecto Asintió levantando su pulgar.

Mimi iba a quejarse puesto que aquello solo era parte de su sarcasmo, pero por un segundo la figura de Addison desapareció y luego reapareció.

Addison suspiró — Tengo que irme ya.

¿Irte?

Esto es un sueño, Meems, y ya se está acabando. Pronto vas a despertar.

Generalmente despierto tarde, pero ahora tan oportuna voy a despertar antes — Resopló poniendo los ojos en blanco.

Cuídate mucho, Mimi. Y cuida a los demás por mí — La figura de la pelinegra parpadeo de nuevo, cuando su apariencia se volvió opaca de nuevo, Addison tenía la apariencia de cuando dejó este mundo hace ya varios años.

Sus sentidos despertaron al sentir una superficie firme contra su mejilla y una calidez rodeándola, con pereza abrió sus ojos y levantó apenas la cabeza buscando ubicarse en el espacio tiempo. Fue entonces que se sintió despertar de golpe al encontrarse a escasos centímetros del rostro de Tai.

Creí que se iría apenas me durmiera… — Pensó dándose el lujo de recorrer con su mirada el pacífico rostro del moreno.

Taichi realmente no había cambiado tanto como otros pudieran creer. Claramente ya no era aquel niño extrovertido de once años, pero su cabello seguía siendo rebelde e indomable a su manera. Cuando lo conoció le quedó clara la clase de personalidad que Yagami tenía: Obstinado, algo orgulloso, decidido y muy valiente.

Él había crecido a través de sus facciones, estas simplemente se habían endurecido de la manera correcta debido a la madurez.

Ok. Sabía que lo estaba examinando demasiado de cerca, pero su mente por apenas haber despertado no procesaba lo suficientemente rápido como para caer en cuenta que observó los labios de Tai por más tiempo del necesario.

No importaba cuántos sermones recibiera de Yolei, Sora, Kari, hasta Addison en sus sueños… jamás podría hallarle una explicación racional al comportamiento tan protector del moreno para con ella.

La absurda idea que hasta ese día continuaba dando vueltas en su cabeza, esa idea que insinuaba que Taichi sentía algo diferente por ella, un sentimiento más allá de la amistad que tuvieron cuando niños… esa idea la aterraba, sobre todo cuando se combinaba con los susurros maliciosos de que ella se sentía tan a salvo y feliz a su lado.

Mimi estaba tan absorta en sus pensamientos que no notó que Tai estaba despertando, así que no pudo disimular ni un poco que estuvo viéndolo con todo el descaro.

Específicamente, viendo sus labios.

Ella quiso fingir demencia cuando enfrentó a los ojos ajenos, pero no lo logró cuando sintió su rostro calentarse al verse descubierta en el peor de los momentos.

Por su mente pasaron millones de excusas, y palabrotas, pero nada fue dicho.

Mientras Mimi vivía un infierno en su mente, Tai apenas estaba asimilando lo que sucedía. Ni siquiera notó el análisis intensivo de los ojos mieles de Mimi, él simplemente creyó que la castaña lo miraba porque se estaba despertando, así que Tai sonrió sin segundas intenciones.

Solo que eso Mimi no lo sabía. Ella vio venir las burlas e insinuaciones de Taichi, así que se alejó del abrazo del moreno, él por su parte se quitó la cobija de encima y se levantó de la cama.

— Me quedé dormido. Ahora sí debería irme — Dijo acomodándose la camisa — ¿Necesitas algo antes de que me vaya?

Mimi no pudo sostenerle la mirada, estaba demasiado avergonzada.

— Estoy bien.

— ¿Segura? — Preguntó él dándose la vuelta para encararla.

— Sí — Tai hizo ademán de darse la vuelta para salir, pero Mimi lo llamó de nuevo.

— ¿Sucede algo?

— Tu sudadera — Inconscientemente la castaña apretó la tela de la prenda entre sus manos, había dormido con ella puesta — Probablemente te la devuelva esta tarde luego de lavarla.

Tai sonrió haciendo un gesto para restarle importancia — No te apures con eso — Se acercó rápidamente a ella y sujetó la capucha de la sudadera, entonces la levantó cubriendo la cabeza de Mimi — De todos modos, te ves bien con ella.