XXIII
Dejó su toalla secándose en la repisa del baño después de la larga ducha que tomó apenas despertó. Se vistió con la primera ropa que tuvo al alcance, la cual podría haber sido una pijama de cupcakes y de todos modos no le habría importado.
Se sentó frente el espejo para cepillar su cabello y fue inevitable ver su lamentable reflejo. A pesar de haberse duchado hace apenas unos minutos su aspecto seguía igual de muerto que cuando se fue a dormir.
Todo lo hacía como si fuera un robot programado. Su cuerpo sabía que estaba despierta, sin embargo, su mente por lo visto continuaba rebobinando los hechos de ayer, la madrugada, y por supuesto, el sueño con Addison.
"Y también Taichi…"
La frase que la pequeña dijo se repetía como un mal chiste en su cabeza.
Parpadeo perpleja al ver que el rostro de la joven dentro del espejo se tornaba rojo como las luces de Navidad. Tiró el cepillo sobre su cama y bufó escondiendo el rostro entre sus brazos cruzados.
¿Por qué la vida era tan dura?
Casi como un recordatorio de la realidad su celular vibró ayudándola a desaparecer inmediatamente el sonrojo. Supo que no tenía escapatoria en cuanto vio quién la llamaba.
La voz del otro lado de la llamada casi la deja sorda — ¡¿Por qué no viniste a la casa de Sora?! Estuve toda la madrugada atenta a que llegaras y nunca lo hiciste. ¿Tienes idea de lo mal que hace tanta preocupación al corazón? Por poco le hago compañía a Davis en otra camilla, Mimi.
— No tenía ánimos de hablar. Y tampoco para recibir consuelos. Solo quería estar sola — Dijo cansada.
— "Solo quería estar sola" Sí, claro. ¿Acaso creíste que era remotamente posible que no me diera cuenta de que Tai pasó la noche allí? Lo llamé para preguntarle por qué no te trajo con nosotras.
En ese instante, Mimi sintió no solo sus mejillas sino también sus orejas arder.
Su recuerdos tan oportunos como siempre le devolvieron la imagen de ella recostada sobre Taichi y él abrazándola para protegerla del frío.
Ok. Stop.
Sacudió la cabeza con brusquedad. Ella no debería estar pensando en eso, tampoco en el injusto interrogatorio que Yolei le estaba haciendo, sino en su mejor amigo herido.
— Ahora mismo pensaba desayunar algo para regresar al hospital — Comentó como si nada. La mejor estrategia era fingir demencia y cambiar de tema — Ya casi comienza la hora de visita.
— Dejaré pasar esto momentáneamente, pero te seguro, Mimi Tachikawa, que esta conversación no acaba aquí.
— Hablo en serio, Yolei. No pasó nada — Dijo quejándose. Antes de recibir protestas de su mejor amiga decidió cortar la comunicación.
Era muy temprano y honestamente sus ánimos estaban por los suelos como para lidiar con las exageraciones e insinuaciones de Yolei.
Tenía muy en claro que entre Taichi y ella no sucedió nada. Simplemente durmieron juntos en el mismo lugar.
Solo eso.
Ahora ya no estaba avergonzada, sino irritada.
Llevó las manos a su cabello para atarlo en un moño desordenado.
— Debes estar disfrutando esto, ¿Verdad, Addison? — Entrecerró sus ojos hacia la fotografía de su amiga que colgaba de la pared — Él fue amable. Yo estaba sensible y me dejé ser. Esto es culpa del descuidado de Davis, voy a… — Sus palabras se detuvieron de golpe al notar que se enojaba en voz alta con su mejor amigo que ni siquiera estaba ahí.
Genial.
Ahora hablaba sola y soñaba con muertos.
Dentro de la habitación de Sora, Kari estaba acostada boca abajo sobre la cama mientras abrazaba una almohada, perdida en sus pensamientos que para su maldición y bendición tenían un único dueño de bonitos ojos celestes.
Hacía días que no escuchaba sobre Tk, y justo el día de ayer, ella sintiendo que moriría de preocupación por Davis en esas horribles circunstancias… por fin supo sobre el rubio gracias a la llamada que le hizo a Yolei.
Algo en su corazón se removió esperanzado cuando supo que Tk preguntaba por el estado de Davis.
Después de los gritos, golpes y acusaciones irracionales… ¿Tk seguía considerando a Davis como su mejor amigo?
Una sonrisa esperanzada se dibujó en el rostro de Kari: parte de su enojo con Tk se debía a su injusto comportamiento para con Davis.
Hacía tiempo Davis le confesó que él solo estaba confundido con sus sentimientos, que en realidad solo la quería como una buena amiga, que siempre estaría a su lado y no era necesario actuar "prudentemente" junto a él porque no habría más malinterpretaciones. Incluso sabía que Davis lo habló con Tk.
Justo por eso le dolió tanto escuchar a Tk cuestionar su honestidad y confianza.
El teléfono de la casa de Sora comenzó a sonar ruidosamente en la mesita de noche junto a la cama.
— ¡Atiende, por favor, Kari! — Escuchó que Sora le pedía desde el baño.
La castaña estiró la mano y tomó el dispositivo.
— ¿Hay alguna noticia, Sora?
El corazón de Kari se detuvo por un segundo, para luego comenzar a latir con tanta fuerza que creyó que se le saldría del pecho.
— Ella… ahorita no puede atender — Dijo sintiendo su voz temblar. Pudo percibir un gran suspiro de parte del rubio, así que supuso que él jamás consideró que ella podría atender esa llamada.
— Bueno… no importa, Hikari — Tk habló sin saber muy bien cómo sentirse respecto a aquello — Dime si han tenido noticias sobre Davis, por favor. ¿Ya está mejor?
Era tan extraño e hiriente ser tratada de esa manera tan formal por Tk, como si ella fuera una simple conocida. No obstante, no era momento para que sus problemas personales interfirieran, esa llamada era por Davis y su estado.
— Él… está estable por el momento. Cuando despertamos mi hermano nos avisó que los análisis que le hicieron dieron resultados negativos. Así que no hay ningún daño grave.
— Ya veo, gracias por decirme.
Supo que Tk estaba por terminar la llamada, así que se apresuró a llamarlo antes de que cortara.
— ¿Qué pasa?
— ¿Por qué no fuiste a ver a Davis al hospital?
— No lo creí correcto. Te incomodaría a ti y a Tai, pero no importa. También me preocupé mucho por Mimi, pero hablé con ella y parece estar bien.
— ¿Estás seguro de que no fuiste solo por evitarme?
— Por supuesto que no… Puede que no haya ido, pero no quiere decir que no quiera verte… Sé que ahora no es el momento, pero en verdad necesito hablar contigo.
— Tienes razón. No es el momento, creo que deberías hablar primero con Davis. Le debes una disculpa por cuestionar su palabra y su amistad. Después ya veremos qué pasa con nosotros, Tk.
Al llegar al hospital ni se molestó en preguntar por Davis en la estación de enfermería, fue directo a la habitación de su amigo. Seguía tal y como lo dejó cuando estuvo con él por última vez en la madrugada.
Su respiración era regular y su sueño imperturbable.
Hizo una mueca mientras se sentaba desganada en el borde la cama mirándolo con reproche.
— ¿Cuánto tiempo más piensas dormir, gran flojo?
Iba a continuar expresando su desacuerdo con el alargado sueño de su mejor amigo cuando la puerta de la habitación fue abierta por un médico de aspecto joven.
Bastante atractivo a ojos de Mimi.
Su cabello era castaño rojizo, y su piel pálida hacía resaltar unos hermoso ojos color esmeralda que expresaban amabilidad.
El médico guapo llevaba una tabla de diagnóstico en una de sus manos.
— Disculpe la intromisión, señorita — Habló el hombre.
Mimi asintió distraída porque ella trataba de calcularle la edad.
Tal vez unos veinticinco años.
¿Hay posibilidad de que alguna vez tenga que trabajar con él?
Notó que el médico seguía hablando, así que consideró prudente sonreír, aunque no era tan difícil hacerlo por esos bonitos ojos verdes.
— No se preocupe. No interrumpió nada. ¿Alguna noticia, doctor...?
— No me gustan mucho las formalidades. Sobre todo, porque parece que tenemos edades cercanas. Dime Kyle. Y, de hecho sí, el médico encargado de Davis me comunicó que los análisis restantes arrojaron resultados normales. No hay compromiso a nivel nervioso.
— ¿Entonces por qué no ha despertado?
Kyle parpadeo confuso — Él ya despertó. Alrededor de las cinco de la mañana cuando vinieron a revisar sus signos vitales. Como seguía con dolor en su clavícula la enfermera le pidió que intentara dormir de nuevo mientras los medicamentos le ayudaban con la molestia.
La castaña miró de reojo a Davis con tal intensidad que esperaba que ese mocoso sintiera su amenaza silenciosa. Ese desconsiderado despertó poco después de que ella se haya ido del hospital con Taichi.
— Ya veo. Es un alivio saber que está fuera de peligro. Gracias por esas buenas noticias, Kyle — Sin intención de coquetearle sonrió, provocando una nueva sonrisa en el castaño.
— No es nada. Es mi trabajo después de todo.
— Aún no eres residente, ¿verdad?
— A finales de este año obtengo la residencia, ¿Por qué lo preguntas?
— También soy estudiante de medicina, pero hasta dentro de poco comenzaré las prácticas aquí como interna.
— Eso explica por qué no te confundiste con los resultados de los análisis — Un sonido proveniente de la camisa de Kyle interrumpió su conversación. Sacó de su bolsillo un pequeño aparato similar a un bíper, hizo una mueca y volvió a guardarlo.
— Creo que te entretuve demasiado — Dijo sintiendo pena al darse que cuenta que olvidó por completo que él estaba trabajando y no estaba ahí precisamente para conversar.
— Descuida. Es cosa de todos los días, hay una emergencia y debo ir a dar apoyo clínico. Espero poder hablar contigo en otra ocasión, Mimi. Sin estas situaciones de por medio — Y ahí estaba: otra dulce y encantadora sonrisa.
— Nos vemos, Kyle.
En el instante en que el médico cerró la puerta Mimi se dio un susto de muerte cuando una carcajada maldosa explotó detrás suyo.
Al darse la vuelta se encontró a Davis revolcándose patéticamente sobre la cama mientras se sostenía la clavícula, probablemente le estaba doliendo horrible por los espasmos en su cuerpo causados por la risa.
Mimi cerró los ojos y contó hasta diez. La sangre comenzó a hervir en sus venas conforme se acercaba al moreno.
— ¡¿De qué tanto te estás riendo?! — Se quejó indignada. Estiró una mano y le sujetó con fuerza la mejilla.
Davis hizo una mueca al sentir su piel siendo vilmente agredida por su mejor amiga, pero igual no dejó de reír — Lo siento, Meems. Pero… ¿Podrías disimular un poco frente a ese doctor? Renunciaste a parte de tu dignidad.
— No me hagas cometer un crimen, Davis. Ya cállate — Pellizcó por última vez la mejilla del moreno y lo dejó ir.
Él finalmente logró controlar su risa, pero continuaba sonriendo con humor.
— Fuiste tú quien hizo todo lo posible por conversar con el pobre hombre, no me reclames. Además, su conversación fue aburrida, casi me quedo dormido de nuevo.
— ¿De nuevo? — Repitió frunciendo el ceño. Davis se cubrió el rostro para evitar otro pellizco — ¿Fingiste estar dormido cuando llegué, idiota desconsiderado?
— Oye, ya deja mi rostro. Ya bastantes moretones tengo. No me agredas, Mimi.
La castaña suspiró, se revolvió el cabello y fue a sentarse en el borde la cama.
— Eres un tonto — Davis creyó que Mimi lo golpearía por haberla engañado, pero lo que su mejor amiga hizo fue acariciar su cabello y luego su mejilla — ¿Cómo te atreves a preocuparme de esta forma…? — Entonces le rodeo el cuello con sus brazos y ocultó el rostro en su hombro — Pensé que ibas a dejarme.
La expresión de Davis se suavizó y respondió el abrazo de la castaña — No seas tonta. ¿Cómo podría dejarte? Lamento haberte asustado.
— Por supuesto que me asustaste. Y no solo a mí. Fue peor para Yolei y Kari.
— Me imagino. Soy tan importante para ellas que seguro creyeron que su motivo para vivir ya no estaba — Sonrió separándose de Mimi.
Mimi puso los ojos en blanco — Me hiciste perder la cordura en las últimas horas. Si supieras cómo pasé en la madrugada con…
— ¿Con qué? ¿Con quién, Meems?
— Nada de "¿Con quién?", Davis. Hablo de la camisa que dejaste en mi casa…
Dejaron su batalla campal para que Mimi se recostara junto a Davis a ver la televisión.
La castaña estaba por quedarse dormida en el momento en que Davis se giró hacia ella y preguntó si tenía un espejo.
Ella se levantó desconcertada — ¿Para qué quieres un espejo?
— ¿Tienes uno o no?
— No, pero imagino que debe haber alguno en el baño. Espera.
Rápidamente fue y regresó del baño con un espejo mediano de marco cuadrado, lo dejó en manos de Davis y volvió a sentarse junto a él teniendo cuidado de no hacer algún movimiento brusco que pudiera lastimarlo.
Davis puso el espejo al nivel de su rostro y se quejó como un perro que fue maltratado, el sonido que hizo fue tan lastimero que asustó a Mimi.
— ¿Qué diablos…?
Ella miró como su amigo tenía una expresión de espanto mientras se tocaba el rostro con sus dedos, como si quisiera quitar algo que no estaba ahí.
— ¿Qué pasa contigo? — Dijo frunciendo el ceño — Pueden pensar que estoy matándote, Davis.
— Mi hermoso… mi atractivo rostro… Está arruinado, Mimi — Se quejó con un puchero de niño llorón que no iba para nada con su personalidad — Ese maldito accidente lastimó aún más mi bello rostro.
Mimi lo juzgó intensamente con la mirada — En serio estás mal…
El moreno dejó el espejo sobre la mesa que tenía a su costado izquierda, y suspiró de mala gana — Como si ya no tuviera suficiente con lo que el cabrón de Takaishi me hizo en la ceja. Parezco una momia lleno de vendas y puntos morados por todas partes. Mira mis ojeras, los raspones y para colmo mi rostro está hinchado por el suero y la falta de ejercicio.
— Ok… Creo que ya estás exagerando, Davis. Déjame decirte que, Park Bogum no eres — Dijo cruzándose de brazos.
— La apariencia de ese tipo está sobrevalorada, Meems.
— La tuya sí lo está. Él es todo lo que está bueno en este mundo, si te parecieras remotamente a él créeme que jamás estaría feliz con solo ser tu mejor amiga — Ante la mala cara que le hizo Davis, Mimi le sacó la lengua — Y retomando el asunto con Tk… no le digas así, Davis. Ayer estuvo llamando continuamente para saber cómo estabas, no seas malagradecido.
Davis abrió los ojos en un gesto que se le hizo gracioso a Mimi — Estás bromeando, ¿Verdad?
Ella negó — Escucha, Davis. Tú tienes algo de culpa en todo este drama con Kari y Tk.
El moreno sonrió con ironía mientras se señalaba a sí mismo — ¿Entonces la culpa es mía? Fue él el que engañó a Kari, no yo.
— Te pedí que me escucharas y no lo estás haciendo — Dijo empujándole el brazo — Sí. Tk hizo mal, actuó por despecho y orgullo porque "su corazón se rompió". Es obvio que no podía seguir siendo ese pequeño ángel de ocho años. Ahora es un estúpido adolescente que hace las tonterías que cualquier chico de su edad hace. Sí, besó a alguien que no era su novia, ese fue su error. A raíz de eso Kari terminó con él, y Tk lo sabía. Lo sabe mejor que nadie, y por eso perdió la paciencia consigo mismo. Ser tan consciente de su error lo frustró. Y luego, al día siguiente cuando todavía sus humos no se calmaban… tu llegas a buscarlo para defender a Kari. Y llegaste en el peor de los momentos, tan frustrado estaba que quería convencerse de que no fue su culpa el que Kari lo dejara, y entonces se aferró a tu pequeño enamoramiento hacia ella, a que tu estabas influyendo para que Kari terminase esa relación porque seguías interesado en ella.
Davis se quedó mirando a Mimi como si fuera un libro escrito en jeroglíficos.
— Dudo mucho que él tuviera tiempo para pensar todo eso, Meems — Dijo sonriendo — Todo ese razonamiento tuyo es por la maldad innata que hay en todas las mujeres.
— Puede ser — Se encogió de hombros — No importa eso, Davis. Mi punto es que ya es hora de que solucionen ese tonto conflicto. Todos estamos siendo víctimas colaterales de ese problema. Insultabas al menos cinco veces al día a Tk porque estabas aburrido por que te suspendieron. Kari se la pasa de un lado a otro vagando como alma en pena. Y Tk no quiero ni imaginármelo…
— Ya lo pensaré cuando salga de aquí. No voy a hablar con Takeru solo porque tu me estés mandando a…
La puerta de la habitación se abrió con un golpe sordo, Kari entró y se abrazó fuertemente a Davis mientras el moreno lloriqueaba porque estaban acribillando su clavícula herida.
Mimi apenas pudo evitar que Kari la hiciera caer de la cama.
Pudo ver entonces a Sora y a Yole entrar, sonrieron aliviadas al ver a Davis quejándose de dolor y a Kari limpiando sus propias lágrimas.
— ¿Cómo está? — Preguntó Sora sentándose junto a Mimi, solo que esta vez en el sofá para las visitas.
— Perfectamente — Contestó con un deje de malicia. Porque amaba el karma que atacaba a su mejor amigo en ese momento. Por fin pagaría por burlarse de ella cuando habló con Kyle — Pero tendrá que quedarse un día más para monitorearlo. Es protocolo.
— Qué alivio — Dijo Yolei con expresión de sueño — Ayer no es como si hubiésemos dormido con mucha tranquilidad y en parte es por tu culpa — Le dio un leve empujón a la oji miel.
— No tenías por qué desvelarte por mí, Yolei. Apenas llegué a casa caí profundamente dormida.
— Puedo imaginármelo — Contestó comenzando a sonreír de lado — Tenías tu pequeño lugar seguro.
Sora arqueo una ceja — ¿De qué hablas, Yolei?
— De nada.
— No te preguntaron a ti, Mimi — Dijo haciendo una mueca — Hablo de que tu mejor amigo se quedó en nuestro apartamento haciéndole compañía a Mimi. Por eso ella durmió tan bien, se sentía tan protegida…
— Yo no dormí con él — Prácticamente saltó en su defensa — Durmió en la habitación de huéspedes.
Las sonrisas que vio en los rostros de sus amigas fueron una mala señal.
— Nadie dijo que hicieras eso… — Habló Sora.
Mimi se hizo de piedra.
— Ya lo sé — Dijo con terquedad — Me adelanté a aclararlo porque conozco a Yolei y no quiero que saque sus típicas conclusiones precipitadas.
— Aunque… que Tai se quedara contigo es algo raro. Es decir, sé cuan noble puede ser, pero si consideramos que ustedes insisten en que no se soportan….
— No es momento de fingir demencia, Sora. Sabemos muy bien que ellos se gustan.
— No digas tonterías, Yolei.
— Esta vez tengo que darle la razón a Mimi. No creo que se lleven tan mal como solían hacerlo, pero creo que es muy apresurado decir que se gusten.
La castaña miró a Sora como si fuera un ángel que descendió del cielo para defenderla.
— Tai no puede mentirme por más que lo intente, hablaré con él, y si le gusta Mimi no podrá ocultarlo.
— ¿No venían a ver a Davis? — Reclamó indignada por el giro de la conversación.
Sus amigas cedieron a sus plegarias y fueron junto con Davis y Kari. Ellos ya no reían, ahora parecían que estuvieran conversando sobre cierto rubio debido a las expresiones de ambos.
Pudo distinguir entre lo que decían cierta frase de parte de Kari:
"Mi hermano está afuera, dijo que luego vendría a ver cómo estás".
Mimi se levantó del sofá haciendo uso de toda su voluntad para pasar desapercibida y así poder salir de la habitación.
Así que Taichi estaba ahí.
Ella en verdad necesitaba hablar con el moreno.
Porque cosas como las que han estado pasando entre ellos… no debían seguir pasando.
Estaba muy agradecida con Taichi por lo que hizo por ella: acompañarla sin cuestionamientos, porque él sabía que se sentía abrumada por la situación de Davis; además respetó que necesitaba silencio y no conversaciones terapéuticas.
Y no solo esta ocasión, sino en otras pasadas. Él continuaba apareciendo en la imagen a su lado.
Lo buscó cerca del jardín y la capilla, también en la estación de enfermería y finalmente lo encontró frente a la sala de espera para los visitantes de los pacientes. A unos cuantos metros de llegar a él se detuvo al ver que hablar por celular, por lo que para no interrumpir decidió hacerse a un lado y ocultarse en la pared que separaba la sala del pasillo.
Mimi levantó sus cejas con extrañeza al escuchar el tono coqueto que el moreno usaba. ¿Qué rayos estaba haciendo?
— Yo también lamento no haber ido contigo al cine, Kasumi, pero se presentó un problema.
¿Kasumi?
Ese nombre se le hacía conocido. Su mente dibujaba a alguien con un mal tinte rubio cenizo que pertenecía a la Facultad de Artes.
Alguien que era muy amistosa con la población masculina, por no decir demasiado.
— Tuve que hacerme cargo de la amiga de Davis, y luego me comprometí a llevarla a su casa para que descansara… Después de eso fui a casa y dormí las pocas horas que quedaban de noche.
Mimi sonrió incrédula; una risa igual de incrédula se escapó de sus labios y delató su presencia frente a Taichi.
El moreno se dio la vuelta y la miró bastante sorprendido.
— Tengo que colgar, Kasumi. Hablamos luego — Dicho aquello cortó la llamada y guardó el celular en su bolsillo.
Por alguna razón los ojos de Mimi casi que arrojaban fuego, y él parecía ser el blanco de ese fuego.
— ¿Pasa algo, Mimi?
— ¿Ahora si recuerdas mi nombre? — Le espetó saliendo de su fracasado escondite — Si tenías una cita, no debiste cancelarla por un acto de caridad.
— No entiendo por qué estas…
— No quieras burlarte de mí, Yagami, Te escuché decirle a la tal Kasumi que tuviste que hacerte cargo de mí, mejor dicho, de la amiga de Davis porque al parecer olvidaste mi nombre.
Tai suspiró con pesadez, revolviendo su cabello — Supongo que no escuchaste toda la conversación.
— No tuve el placer — Contestó recostándose contra la pared.
¿Realmente ella creyó que se estaban acercando?
Absurdo.
— Y de todos modos no es como si tuviera interés en tu vida. Lo único que te pido es que no vuelvas a usarme de excusa para faltar a tus compromisos.
— Ok, ok — Dijo alzando las manos para detener el bombardeo de reclamos — ¿Por qué estás tan enojada? — Mimi se limitó a guardar silencio y a evadir su mirada — ¿Acaso estás…? — Tai tuvo que contener un poco la sonrisa que amenazaba con formarse en sus labios — Mimi Tachikawa, ¿Estás celosa? — Y ahí estaba la sonrisa de suficiencia.
— ¿Perdón? ¿Por qué estaría celosa? — Preguntó odiando la sonrisa ajena — Peor aún, ¿Celosa de ella?, No bromees así, Taichi. Ya te lo dije, no me interesa tú vida, y eso incluye con quien te relacionas.
— Entonces, si no estás celosa… — Él seguía sonriendo por cómo iba avanzando esa situación — ¿Por qué parece que quieres matarme? Más específicamente… parece que quieres matarme por el simple hecho de haber estado hablando con Kasumi, y no por haber omitido tu nombre.
Que Dios le diera paciencia, porque si le daba fuerza mataría a ese idiota.
— Deja de buscar razones más allá, quiero golpearte porque no tienes educación al hablar sobre los demás.
Mimi se dio cuenta demasiado tarde que haberse recostado contra la pared fue una mala idea, porque Tai terminó con la distancia que los separaba, con excepción de algunos centímetros.
Estaba demás decir que la estúpida sonrisa de suficiencia seguía ahí.
Tuvo que levantar la cabeza para mirarlo a los ojos por la diferencia de alturas.
— Claro, intenta convencerte de eso, princesa.
Menos centímetros entre ellos y Mimi pudo sentir la respiración de Taichi chocar con sus labios al igual que el roce de sus dedos en los brazos.
— Hazte a un lado, Yagami.
— Creo que deberías pensar mejor lo que quieres… En la madrugada querías que me quedara contigo. ¿O me equivoco, Mimi?
— No tienes una idea de cuánto me arrepiento… — Se quejó, siendo muy consciente de que ahora la mano de Tai acunaba su mejilla.
Tai tenía muy claro la diversión que estaba teniendo al provocar de esa forma la ira de Mimi, incluso podía ver en su futuro cercano que ella lo golpearía, sin embargo, sería un bastardo mentiroso si decía que no se moría por acabar con aquella diminuta distancia entre sus labios.
Primero fue un roce que apenas sintieron, entonces Tai perdió la paciencia por alargar tanto aquel estúpido juego y con sus labios usurpó los de Mimi al mismo tiempo en que su otra mano viajaba a la mejilla libre de la castaña para acercar más sus rostros.
