XXIV
El beso terminó, pero sus rostros aun continuaban realmente cerca, sus frentes una contra la otra. Mimi mantuvo sus ojos cerrados intentando controlar a su tonto corazón para que latiera a una velocidad normal, solo que al abrirlos pudo ver por encima del hombro de Tai a un muchacho alto de piel pálida y cabello castaño.
En el momento en el que distinguió los ojos del para ese momento desconocido, sus ojos se abrieron todo lo que podían y todo lo que pudo haber sentido producto del beso con Taichi se le olvidó.
El muchacho pareció sentir la alarmada mirada de Mimi sobre él puesto que en el instante en que se giró para verla ella se escabulló del agarre de Tai como si el tacto del moreno quemara.
Tai no estaba entendiendo el repentino cambio en la expresión de Mimi, ¿Por qué reaccionaba así? Ella estaba mirando algo a sus espaldas y al darse la vuelta para descubrir el foco de su atención vio a un tipo alto que parecía era extranjero, y que veía a Mimi de manera interrogante.
— ¿Mimi? — Habló el tipo acercándose a ellos.
¿Qué diablos estaba haciendo él allí?
Oh, dios, ¿Acaso nos vio?
Las alarmas en la cabeza de la oji miel sonaban de manera ensordecedora. Ahí mismo ella solo quería que la tierra se la tragara o alguien la secuestrara por un tiempo suficiente para olvidar el bochorno y la crisis existencial que estaba teniendo.
— Da… Daniel, ¿Qué haces aquí? — Preguntó en un hilo de voz que delataba su nerviosismo. Automáticamente su inglés regresaba.
El aludido sonrió con amabilidad, aparentemente sin segundas intenciones por lo que se permitió tener la esperanza de pensar que él realmente no vio nada.
— ¿Así saludas a un amigo que no ves hace varios meses? — Contestó Daniel llegando frente a ella.
Lo mejor era ignorar a sus nervios, suspiró decidiéndose a sonreír — Lo siento, sea cual sea la razón, me alegra mucho verte.
Daniel abrió sus brazos y avanzó lo poco que lo separaba de Mimi para envolverla en un cálido y reconfortante abrazo. Acarició el cabello de la oji miel antes de separarse de nuevo para ver la sonrisa que ella le regalaba — También es bueno verte. Yolei me contó sobre lo que pasó con el campeón. ¿Ya está mejor?
— Está bien, solo que necesita descansar por unos días.
— Entonces será mejor que se mantenga alejado de ti por esos días — Inquirió con una sonrisa ladina.
— Yo siempre cuido de él — Hubiera seguido con su reclamo, pero recordó que ella no estaba sola antes de que Daniel llegara, lo que la llevó a ver a Tai, el moreno se mantenía observando extrañado a su amigo — Lo olvidé. Taichi, Daniel es uno de mis mejores amigos. Taichi es un compañero de la universidad.
¿Quién era esa chica y que había hecho con Mimi Tachikawa?
En el instante en el que reconoció al tal Daniel toda ella cambió. Usualmente percibía un tipo de barrera entre Mimi y todos los que la rodeaban, con excepción de Davis y Yolei claro está, inclusive si su relación con los demás ya era mucho mejor de lo que fue en un principio, todavía era notable la distinción en el comportamiento de la castaña, y era evidente el cambio estando con el recién llegado.
Dejó de analizar el enigma que era Mimi cuando ella lo presentó con el tipo.
— Un placer — Escuchó que le decían en un inglés con un acento distinto del de Mimi.
La castaña empujó son suavidad a Daniel — No asumas que todos hablan inglés.
— Perdón, gusto en conocerte — Dijo corrigiéndose y hablando ahora en un singular japonés.
— Igualmente — Contestó estrechando su mano. Miró mal a Mimi — Mi inglés es bastante fluido.
— ¿Cómo podría saberlo? — Se encogió de hombros — Dan, ¿Te llevo a que veas a Davis?
— Primero tengo que hablar contigo, Mimi.
— Yo iré a buscar a las chicas — Tai se limitó a girar sobre sus talones sin decir algo más ni a Mimi ni a Daniel.
— ¿Es idea mía o no le agradé? — Preguntó Daniel mirándolo por sobre su hombro.
Mimi hizo una mueca — Eso no importa. ¿Sobre qué querías hablarme? Y más importante, no me has respondido, ¿Qué haces aquí tan de repente?
— ¿Qué más podría hacer aquí? Vine a ver a Davis.
— Hablo de qué haces en Japón, Daniel — Respondió arqueando las cejas.
— Preferiría que hablemos en un lugar más privado.
Daniel probablemente ni conocía el lugar, pero la tomó por la muñeca y comenzó a guiarla.
Mientras caminaban Mimi se permitió observar de reojo a su amigo.
Puede que no llevase un considerable tiempo desde que se fue de Estados Unidos, que incluso hubiese hablado repetidamente con él, incluyendo cuando sucedió el incidente con la ansiedad de Anika, pero en serio lo había echado de menos. Era tan distinto verlo a través de una pantalla a verlo ahí junto a ella.
La sensación que provocaba Daniel en ella era cálida puesto que le recordaba que su vida en el extranjero no consistió solo en malos momentos.
Sus impresionantes ojos continuaban expresando la misma amabilidad de siempre. De un azul ni muy oscuro ni muy claro, su iris siendo rodeado por un particular anillo plateado. Su cabello castaño claro y su pálida piel tan similar a la propia.
Sí, su amigo era encantador y muy guapo.
Los recuerdos de Mimi fueron más allá, al pasado mucho más lejano, a cuando conoció a Daniel: ella se había apenado mucho ante la sonrisa del niño de once años, porque desde aquella corta edad él ya era muy apuesto.
Llegaron a otra sala de espera que por la temprana hora estaba desierta.
Se dejó guiar hasta el interior y se sentó junto a Daniel en uno de los sofás del lugar.
Mimi lo miró divertida — ¿En serio? ¿Me trajiste a la sala de espera? El lugar menos privado de todo el hospital, Dan.
— Oye, sé que te diste cuenta de que no hay nadie, ¿A dónde más podría haberte llevado si no conozco este hospital? El único lugar privado que se me ocurre es la morgue y no creo que nos den acceso.
— Tienes un punto. Ahora sí, Dime qué es tan importante que necesitas estar a solas conmigo.
— ¿Por qué diablos nunca me dijiste que el imbécil de Washington estuvo aquí?
La oji miel suspiró, evitando la inquisitiva mirada de Daniel.
— Eso fue hace tres meses. No tenía sentido hablar al respecto. Nada ha cambiado. Hablé con él por unos momentos y ya, eso es todo.
— No intentes restarle importancia a que tuviera el descaro de venir a buscarte — Reclamó frunciendo el ceño — No quise decirte nada porque podrías pensar que quería retenerte o algo por el estilo, pero algo me dijo que si te alejabas de Florida ese tipo aprovecharía cualquier oportunidad para hablar contigo, incluso si eso significa cruzar el océano.
— No quería seguir en Florida, Daniel.
— Por favor, Mimi. Eres impulsiva, cuando algo te entra en la cabeza ya no hay forma de que te retractes. Fue cobarde e innecesario buscar otro lugar en el que estuvieras lejos de ese tipo.
— ¿Insinúas que quería huir de Michael? — Preguntó ofendida — Solo quería cambiar de aires y seguir con mi vida sin preocuparme por él.
— ¿Seguir con tu vida implica alejarte de alguien que te hizo daño para volver a encontrarte con otros que hicieron lo mismo? — Daniel ladeo la cabeza buscando la mirada de la castaña — Si no me equivoco ese Taichi es uno de esos amigos tuyos que borraste de tu vida, pero te vi muy tranquila a su lado. Me dijiste que ha sido difícil adaptarte a tenerlos de nuevo a tu alrededor, pero no porque Davis y Yolei te pidan que hagas un esfuerzo porque siguen siendo sus amigos significa que debas obligarte a hacerlo. Es tu decisión, Mimi.
— Ninguno de los dos me ha obligado a nada. Llegué a la conclusión de que lo quiera o no, ellos forman parte de mi vida, a algunos tengo que verlos casi a diario en la universidad, Daniel. No estoy forzándome a nada, si te sirve de consuelo, no es como si de nuevo confiara completamente en todos ellos.
— ¿Hay alguna excepción?
Mimi sintió algo atorarse en su pecho al darse cuenta de lo que insinuó — Claro que no, lo dije en general.
— Sigo creyendo que no era necesario dejar Florida. Antes solo tenías que lidiar ocasionalmente con Michael porque sabemos que volvió a Nueva York, pero aquí como tu dijiste, los ves casi a diario.
— Volví precisamente a este lugar por Davis y Yolei, ¿Qué sentido tendría ir a una ciudad en la que no conozco nada ni a nadie? La presencia de los demás es solo una circunstancia, y creo innecesario aclarar que sé cuidarme sola.
— Por dios, ¿Estás discutiendo con alguien aquí, Daniel?
Una muchacha de largo cabello negro y bonitos ojos verdes se acercó a ellos sin prestar demasiada atención en con quién hablaba su primo, cuando estuvo frente a frente miró a Mimi con una gran sonrisa que dejó perpleja a la oji miel.
Sentía que estaba viendo un fantasma y no fue capaz de pensar otra cosa porque los brazos de la pelinegra la apretaban contra ella en un abrazo que la mecía de allá para acá.
— Anika… Anika, me estás ahogando… Dame algo de espacio — Dijo intentando apartar su rostro del hombro de su amiga.
Anika se separó mirándola indignada — Eres una insensible. Tienes mucho tiempo sin verme, ¿Y así es como me tratas? — Entonces la sonrisa volvió a su rostro y la abrazó de nuevo, solo que esta vez con más suavidad. Mientras compartían el abrazo Anika miró a su primo — ¿Por qué estaban discutiendo?
El castaño puso los ojos en blanco viendo de mala gana a Mimi, ella parecía no tener problema con la "discusión" — Esta chica es imposible.
— ¿Hasta ahora te das cuenta? — Mimi sonrió victoriosa ante la pregunta de su amiga.
— Daniel está reclamándome sobre mis decisiones. Me habrías ahorrado el sermón si le hubieras dicho sobre la pequeña visita que me hizo Michael.
— ¿Sabías sobre eso y no dijiste nada, Anika?
— Ay… no es momento para hablar sobre esas tonterías que son irrelevantes en nuestras vidas — Dijo abrazándolos a ambos por los hombros — Vinimos a ver a Davis.
— Ok. Es momento de que alguno de ustedes conteste mi estúpida pregunta, ¿Qué hacen aquí? Y me refiero a Japón, no al hospital.
— Te dije que en cuanto tuviéramos un tiempo libre vendríamos, Meems. ¡Estamos de vacaciones!
Puede que el haberse besado con Tai y la inesperada visita de sus amigos le estuvieran causando cuestionamientos existenciales, aun así, se permitió sonreír con total sinceridad. Sintiendo la paz que sus amigos le traían, sintiéndose de nuevo la genuina Mimi.
— Meems, vamos — Finalmente salió de su ensoñación y sonrió con suavidad ante el llamado y la sonrisa de Daniel. El castaño se adelantó un par de pasos que Mimi no pudo seguir porque la cantarina voz de Anika hizo que se detuviera teniendo un muy mal presentimiento.
Temiendo lo peor miró a de reojo a su amiga y su presentimiento poco optimista tuvo razón de ser. Ahí estaba la típica sonrisa de Anika cuando se traía algo entre manos.
— ¿Chicas? — Daniel las miró extrañadas al notar que era el único que caminaba.
— Luego te alcanzamos, Dani — Contestó Anika aún con la sonrisa intacta.
Daniel también identificó las malas intenciones de su prima y la mueca resignada de Mimi, pero como conocía tan bien a Anika, la pelinegra no permitiría que él intentara salvar a su amiga por nada del mundo.
La pelinegra no dijo nada hasta que Daniel desapareció de su vista, entonces fue cuando encaró a Mimi, le tomó las manos y comenzó a balancearlas como si estuvieran jugando.
— Adivina a quién me encontré.
— ¿Cómo podría saberlo, Anika?
— Vi a un chico muy atractivo de cabello castaño y piel morena. Se parece tanto a Taichi Yagami, él aparece en una foto que Yolei me mostró.
Voy a vengarme, Yolei Inoue.
— Y eso… ¿Por qué habría de interesarme? — Dijo intentando lucir indiferente. Podía imaginarse la clase de cosas que Yolei pudo haberle dicho a Anika, ni hablar si Davis se involucraba también.
— No fijas desinterés conmigo, Mimi. Noté el ligero pánico que cruzó por tus ojos. Ese atractivo moreno no se parece a Taichi, es él, quien te ha cautivado y con quien te besaste.
Mimi sintió todo desvanecerse a su alrededor. No podía estar pasando. ¿Anika los había visto? ¿Cómo diablos era eso posible si ni siquiera Daniel los vio?
— ¿Pe…pero cómo? ¿Tú estabas cerca cuando…?
Anika frunció el ceño — ¿De qué hablas? Yolei me lo dijo.
Un agónico silencio se instaló entre ambas.
La castaña quería salir corriendo de ahí y gritar de frustración por lo estúpida que había sido. Ella misma se descubrió. Si hubiese dejado a Anika terminar lo que estaba por decir habría dicho algo como que Yolei no sabía lo que decía, pero por supuesto que ella tenía que saltar a desmentir cualquier cosa cuando se trataba de Yagami.
Su amiga se le quedó viendo muy fijamente y poco a poco una sonrisa perversa apareció en su fino rostro.
Anika se llevó las manos a su boca y ahogó un grito.
— No puedo creerlo, ¿Se besaron hoy?
Estoy jodida.
— Déjame explicarte, Anika. Eso…
— ¡Sí se besaron! Ok, definitivamente no me esperaba esto. ¡Te gusta Taichi, es cierto! Al principio creí que Yolei estaba llevando muy lejos sus locas teorías, pero tu reacción lo dice todo, Meems — Anika hablada más para sí misma dentro de su mundo de cuentos de hadas, sus ojos brillaban con emoción. Entonces se detuvo y miró la cara de pocos amigos de Mimi — ¿Por qué no lo admiten y ya? Estoy muy segura de que es mutuo, hasta tengo evidencia.
— Claro, y según tú, ¿Qué clase evidencia?
— Una foto — Contestó en victoria — En esa foto ambos están juntos en alguna zona de descanso del campus hablando tranquilamente, tan cómodos con el otro que están recostados en el césped.
— ¿Cómo es que…?
— Es bueno que tus amigos de ambas partes se conozcan, Meems. Por eso creo que fue adecuado hablar un poco con Takuya. Es muy simpático.
Vas a pagarlo, Kambara.
— Ustedes son un grupo de acosadores. Dan miedo, no puedo confiar en ninguno — Se quejó mirándola con reproche.
Taichi estaba tan irritable que probablemente no tenía idea de cuántas veces había gruñido desde que dejó a ese par en el maldito pasillo.
Esa mujer era un completo enigma para él. Le había correspondido el beso como si nunca la hubieran besado de aquella forma, luego repentinamente aparece ese tipo y ella lo ignora así de simple como si fuera un estúpido cuadro en una pared.
No le importaba en absoluto si fue amargado o grosero cuando respondió al saludo, no conocía al tipo y tampoco le interesaba conocerlo.
Y ese exagerado abrazo. Parecían una pareja de adolescentes en la fase de luna de miel. Tachikawa ni siquiera llevaba seis meses de haber regresado de Estados Unidos y se saludaban como si llevaran años sin verse.
¿Cómo era posible que todos los contactos con gente de ese país siempre le traían dolores de cabeza?
No era la primera vez que terminaba siendo ignorado o fastidiado por americanos que aparecían innecesariamente en su vida. Para colmo, hiriendo su dignidad.
Eso sí que no.
Ese tal Donaban… David… Daniel, como sea que se llamara… si tanto le interesaba Davis… ¿No era más fácil preguntarle a una enfermera cuál era la habitación de su amigo?
Aparte de inoportuno, estúpido.
Ni siquiera estaba de humor para ver a Davis.
La tonta sonrisa de Mimi seguía repitiéndose en su cabeza.
Sería una mentira decir que no disfrutó el mal genio de Mimi luego de que lo escuchara hablar con Kasumi.
La rubia era bastante atractiva, pero además de haber salido un par veces con ella, entre ellos no había nada serio para tomar en cuenta.
Justamente una de esas salidas ocasionales tendría lugar ayer, pero por las evidentes circunstancias no se molestó por tener que cancelar. No solo por el accidente de Davis en sí, sino por lo que sucedió a raíz de ello. Recordó la expresión preocupada y pálida de la castaña así como también en el temblor de sus palabras y el llanto que se permitió liberar cuando estaban en la azotea.
Cuando evocaba lágrimas y a Mimi en un mismo recuerdo estas solían ser por un capricho o reclamos tontos de su parte, tanto así que llegaba exasperarlo el hecho de que incluso su hermana menor se quejara menos.
De algo estaba seguro, si Mimi llegaba a enterarse de lo que él pensaba sobre ella cuando se ponía en modo princesa caprichosa definitivamente haría que desparezca de la faz de la tierra, con ese temperamento que ahora tenía la creía capaz de todo.
Está bien, él no negaba que le atraía la castaña, pero tampoco pensaba seguirle sus juegos mentales que al final siempre lo dejaban como un idiota.
Ella era un trampa en la que no pensaba caer. Así tuviera unos ojos increíbles, un cabello cuyo aroma era embriagante y un porte que era imposible no le llamara la atención… no caería.
El beso de hace unos minutos era una prueba de la trampa que era Mimi Tachikawa.
Al menos hasta que llegó ese tipo de ojos extraños que no los dejó ni terminar de hablar.
Su dignidad estaba herida. Por su culpa, por la de ella y por la del inoportuno americano.
— Creí que dijiste que venías con Daniel y Anika.
Davis miró a su extraña visita. Su amigo estaba recostado sobre el sofá como si fuera su propia cama, asintió mientras bostezaba.
— Ese viaje me dejó muerto y tú no dejas hacerme preguntas. Solo alégrate por mi reconfortante presencia y duerme por un rato, moretón parlante — Willis sonrió con malicia ante la expresión de pocos amigos de Davis — De acuerdo. Sí vine con ellos, pero se me perdieron de camino. Supongo que si han tardado tanto es porque se encontraron con Mimi.
— La van a tomar desprevenida. Sobre todo porque anda perdida en su propio mundo… — Davis sonrió de lado al recordar las constantes divagaciones de su amiga.
— ¿Ahora en qué se metió?
— Querrás decir en qué no se ha metido. Desde que regresó la vida se ha vuelto… interesante. Al inicio casi tuvimos que sacarla a la fuerza de su habitación para que cediera a por lo menos respirar el mismo aire que los demás.
— Es difícil creer que esas chicas se hayan olvidado de Mimi. Sé que Kari es un encanto, y por lo que vi, Sora también.
— Sí… ellas lo son. Una pena que Mimi no. Espera, acabo de recordar algo. ¿Tenían planeado hacer algo mañana por la noche?
— ¿Están invitándome a salir? — Willis arqueo las cejas curveando aquella sonrisa encantadora que el moreno tanto detestaba.
Davis lo miró raro — Ya quisieras. Mañana es la fiesta de cumpleaños un amigo.
— Ni siquiera sabes si te van a dar de alta y ya están pensando en ir de fiesta. ¿Qué vas a hacer si te dejan irte hasta el lunes?
— ¿Tanto te preocupo, Blake?
— Solo te recordaba el pequeño gran detalle que no consideraste, mocoso.
De repente Willis recordó algo que notó al llegar y ver a Yolei junto a Kari y a Sora.
— ¿Dónde está el chico que estaba con ustedes aquella ocasión? El otro rubio, Tk, si no me equivoco.
La expresión relajada en el rostro de Davis se transformó en una mueca de fastidio.
— Yo qué sé, ¿Quieres saber por qué soy el moretón parlante que ves? Pregúntaselo a él.
— ¿Él te hizo eso? — Willis señaló vagamente los moretones de su amigo y la ceja lastimada — No parece ser del tipo que recurra a la violencia.
— De nuevo con eso — Se quejó de mala gana — Takeru no es ningún angelito. Si crees que yo me veo mal, a él lo dejé peor. Ese idiota engañó a Kari. Tanto tiempo pasó para que estuvieran juntos y luego la traiciona de esa forma…
— Eres todo un héroe. Estoy tan orgulloso.
— Cállate, Willis. Ojalá Mimi lo viera de la misma manera. Justo hoy me dio un sermón al respecto.
— Algo me dice que ese sermón tuvo que ver con las actitudes que ella y los demás han tenido que soportar debido al drama entre ustedes tres.
— Creería que eres algo así como un adivino, pero en realidad es porque conocemos demasiado bien a Mimi.
— ¿Quién me conoce demasiado bien? — Mimi entró a la habitación viendo con extrañeza a Davis. Ya que se habían encontrado de paso a Sora, Kari y a Yolei creyó que Davis estaría solo.
— Nosotros — La castaña dio un respingo al escuchar la segunda voz y al mirar hacia un costado vio al rubio más adorado e importante para ella.
Mimi sonrió como una niña pequeña al ver a Willis y este tuvo que arreglárselas para no caer al suelo junto con la castaña
Desde la puerta se asomaron Daniel y Anika quienes intercambiaron una sonrisa al ver a Mimi tan feliz.
Davis sabía que a quién más había extrañado su mejor amiga desde que regresó a Japón fue al rubio.
Bueno, a ese rubio en particular.
— ¿Cómo es posible que no dijeran ni una palabra sobre esto? — Se quejó separándose de Willis, pero sin deshacer por completo el abrazo.
— Te dije que era una sorpresa, Meems.
