XXV
— Ok, ¡Ya fue suficiente! — Mimi se las ingenió para golpear tanto a Yolei como a Anika con la misma almohada, acción que a pesar de haber provocado quejas no detuvo las risas del todo.
— Te besaste con Tai en el hospital — Dijo Yolei manteniendo la sonrisa de victoria — Creí que ibas para acompañar a Davis.
— Y no nos mires así — La secundó Anika ante la mala cara que la castaña les hacía — Esta vez todo se debe a ti, entraste en pánico y te delataste.
Mimi se acomodó en su lugar, enderezando su postura mientras miraba con un deje de frustración porque no superaba el haber sido tan estúpida al mencionar indirectamente que ella y Taichi se besaron, justo frente a Anika para variar.
Algo iba a salvar de su dignidad — ¿Tanto se mueren porque lo admita? Está bien, lo besé, pero no significa nada. Fue un beso como cualquiera sin ningún trasfondo. Igual que cuando besaste a ese tal Hideki — Acusó con su filosa mirada a Yolei — O… como cuando besaste a Willis en el retiro de último año.
La peli morada se limitó a reírse por el "As" que Mimi se sacó bajo la manga, sin embargo, la castaña observó con satisfacción la reacción que obtuvo de parte de Anika. El rostro de la americana se tornó igual que el rojo de las manzanas.
— Eso es una tontería. Willis y yo nos besamos, pero fue por un tonto juego. Además, fue hace más de dos años — Tal y como esperaba Anika saldría con la misma excusa de siempre cuando se referían a ese pequeño episodio previo a su graduación en la preparatoria.
— Pudo haber sido un tonto juego, podías haberte negado a besarlo e ir por verdad, pero no lo hiciste. Además, ¿Escuchaste lo que acabas de decir? Le quitaste importancia a ese beso de la misma manera en la que yo lo hice, así que no te atrevas a decir que estoy divagando.
— Meems, es que no lo entiendes. Con Anika estoy tratando de aclarar lo que sientes por Tai, es por tu propio bien. Tengo mis sospechas de que aquel comportamiento tan extraño que tuviste hace un tiempo fue por tus cuestionamientos acerca de Tai. Piénsalo un poco. ¿De verdad no sientes algo por Tai?
Un suspiro de resignación saló de sus labios.
Era obvio que esas dos no darían su brazo a torcer hasta que ella dijese algo que las convenciera de detener su absurda "búsqueda".
Puso los ojos en blanco cuando las vio acomodarse sobre su cama para escucharla mejor, según ellas.
— ¿Exactamente qué esperan que diga? — Preguntó sin mirarlas a la cara.
— Creo que fui clara, solo queremos saber si sientes algo por Tai, por más pequeño que sea.
— Supongo que sí — Contestó después de varios segundos — Resulta que Taichi no es tan insoportable como pensaba al principio. Es una buena persona. No lo odio, pero no pienso decir que estoy enamorada de él o algo por el estilo solo porque ustedes están obsesionadas con la idea de hacer una historia de amor para nosotros.
— ¿Estás segura?
— Muy segura, Anika — No pudo evitar sonreír ante el intento de sus amigas por disimular su decepción — Les diré algo que tal vez las consuele. Hace mucho él sí me gustaba…
Al ver que Anika y Yolei estaban por gritar levantó la mano para aclarar las cosas — Fue cuando tenía diez años, no se hagan ideas locas. Era un niño muy valiente y determinado, además que a su manera era muy dulce.
— Qué adorable es el amor en la infancia. ¿Siempre estaba preocupado por ti?
— Lamento romper tu burbuja de amor, Anika, pero mi "amor de infancia" no fue correspondido porque el niño valiente y dulce estaba más preocupado por proteger a su mejor amiga Sora.
Yolei se había rezagado en la conversación porque llegó a sospechar que Mimi les estaba tomando el pelo para cambiar de tema, al menos se mantuvo en silencio hasta que escuchó la mención de su amiga pelirroja.
— Espera, ¿Qué dijiste, Meems?
— ¿Cómo es que no sabes sobre esto, Yolei? Taichi estaba enamorado de Sora. Se conocen desde los cinco años y no tienen una idea de lo susceptible que fue cuando la seguridad de Sora se vio amenazada seriamente. Arriesgó su propia vida. Si eso no demuestra que la quería más que como una buena amiga… no sabría decir qué lo hace. Yolei… incluso antes de que ocurriera todo el drama… en aquella Navidad en la que Matt estaba por dar un concierto con su banda… el mismo Taichi la animó a que se le declarara.
— ¿Estás de broma? — Dijo indignada consigo misma — ¿Eso pasó y yo no me di cuenta? Creo que nunca le di mucha importancia a cómo fue que ellos comenzaron a salir.
— Bueno, entre lo que Sora me dijo y lo que yo deduje era obvio simplemente juntar las piezas de la historia. Ella también sintió algo por Taichi, pero supongo que fue algo muy pasajero puesto que Matt fácilmente entró en su vida y el resto ya lo saben.
— Eso yo no lo sabía, Meems — Señaló Anika.
— Nunca lo preguntaste. Después de todo no es algo que tenga que ver conmigo. Solo lo mencioné para que supieran que sí me gustó Taichi… hace mucho.
— Creo que tenemos que darle la razón, Yolei. Sus argumentos son válidos, no podemos negarlo — Anika se recostó en el hombro de Yolei, al menos hasta que algo vino a su mente e intercambio una sonrisa maliciosa con la peli morada, esta la miró sin entenderle — Aunque… si dejamos de lado que lo hayas besado en el hospital… Yolei me habló sobre otra ocasión en la que se besaron…
Mimi se pasó las manos por el rostro poniendo una expresión que demostraba que estaba llegando a su límite — Escúchenme muy bien porque no voy a repetirlo. No estoy enamorada de Taichi Yagami, tampoco me gusta de la forma en la que ustedes se imaginan. No quiero oír más del tema. Y en cuanto a ti, Yolei, deja de estar comentando esas tonterías con Kari y Sora. Si ellas insisten y yo pierdo mi paciencia te aseguro que serás la única culpable de que me aleje de ellas otra vez. Saben que las adoro, pero todo esto es ridículo, hay un momento en el que todo pierde la gracia y ese momento ya pasó hace mucho. Davis puede molestar, pero ustedes se…
— Wow, no quisiera ser ustedes en este momento — Mimi detuvo su reclamo cuando vio a Willis entrar a su habitación, llevaba el cabello mojado y lo estaba secando con una toalla.
— Yolei y tu novia no me dejan en paz. Hazme un favor, Willis y cállala con un beso, tal vez así Yolei se quede en silencio.
Anika volvió a su color rojo manzana mientras miraba a Mimi como si la hubiera traicionado, Yolei volvió a reír como si no le hubieran dado una buena regañada y el rubio miró todo con desconcierto cuando Mimi pasó por su lado con cara de pocos amigos sin decir algo más.
— ¿Desde cuándo soy tu novio, Anika? — Preguntó señalándose a sí mismo.
— Por Dios, solo ignora eso…
Kari suspiró sintiéndose ridícula al verse en el "dilema" en el que estaba: eligiendo la ropa que se pondría para ir a hablar con Tk sobre la situación tan llena de incertidumbre en la que estaban.
Más allá de la cruda realidad en la que terminaron su relación sentimental, estaba también la melancolía de saber que la amistad que compartían incluso antes de ser novios se estaba viendo dañada.
Era tan duro no haberlo visto ni por un momento en la última semana.
No dejaba de repetirse que no viera esperanzas en lo que sea que fueran a hablar. Más allá de su noviazgo, quería solucionar las cosas para aunque sea ser amigos de nuevo.
Luego de media hora de debate le sonrió a su reflejo en el espejo al verse satisfecha con la ropa que eligió: un jeans, una camisa blanca sencilla, un cardigán rosa y unos mocasines negros.
Tu puedes con esto, Hikari.
Asintió decidida y salió de su casa con dirección al lugar en el que acordaron encontrarse.
Desde su casa solo eran unos diez minutos caminando por lo que logró llegar relativamente rápido.
Su corazón sufrió otra pequeña herida al llegar a ese lugar en el que Tk se le había declarado. El valor que reunió para enfrentarlo desapreció dejándola a merced de la inseguridad y los malos recuerdos.
Apretó entre sus manos la pequeña cartera que trajo consigo y se forzó a seguir adelante. Se sentó junto al columpio en el que el rubio estaba.
Tk había estado inmerso en sus pensamientos, por lo que al sentir una presencia a su lado ladeo la cabeza y se encontró con los brillantes ojos de Kari. Por acto reflejo sonrió, sin embargo, ella se limitó a saludar con un simple movimiento de su mano.
— Bueno… ya estamos aquí. Supongo que es hora de hablar…
— Sé que sonará mal lo que voy a decir, pero eso he estado intentando, Kari. Eres tú la que no ha querido escuchar. Cometí un error y lo estoy pagando caro, no tienes idea. Por más que asuma toda la culpa, y lo estoy haciendo, dudo que cambies la manera en la que ahora me ves — El tono de voz de Tk era serio, resignado y frustrado. Sus ojos parecían más del color de un cielo nublado en lugar de uno despejado.
— Entiende, Takeru. Es difícil hablar contigo, o siquiera verte y no recordar tan claramente cómo me decepcionaste. Y no solo hablo por mí, si no por la manera en la que cuestionaste a Davis.
— Lo sé. Yo… ya me disculpé con él. Ayer en la noche hablamos luego de que lo dieran de alta — Dijo sonriendo levemente — Me hará la vida imposible por un tiempo, pero todo está bien entre nosotros. Actué como un novio paranoico y celoso, incluso cuando en ese entonces ya no era tú novio. Estaba tan frustrado conmigo mismo y a la ver que lo defendías encontré la excusa para desquitarme.
Kari miró de reojo a Tk. Sus hombros caídos, su expresión apagada… su corazón pedía a gritos abrazarlo y olvidar todo, pero su mente la obligaba a su ceder tan fácil.
— En verdad estuve enamorado de ti por tanto tiempo que… cuando caí en la realidad de que ya eras mi novia, de que te tenía a mi lado, una parte de mí no lo creía, pensaba que en cualquier momento me despertaría en el mundo en real en el que solo eres mi amiga. Ese día en el salón — Hizo una mueca mientras se revolvía el cabello. Ese estúpido día jamás podría olvidarlo — Ambos lo sabemos, Kari. Besé a Hana y seria un idiota si lo negara. En el momento en el que ella se acercó de mas debí alejarla, pero todo se tornó tan extraño que no fui capaz de reaccionar a tiempo. En un lapso de dos días perdí a mi novia y a mi mejor amigo, y cuando caí en cuenta de eso supe que tenía que arreglar eso. Ni por un segundo he dejado de quererte, Kari. Te adoro más que a nada…
Kari tragó el nudo en su garganta para no llorar.
Conocía desde hace tanto al rubio que no podía poner en duda la sinceridad que expresaban sus palabras. Él era tan malo mintiendo que sabría decir si estaba diciendo algo que en verdad no sintiera. No obstante, le dolía ser consciente de esa pequeña chispa de desconfianza que había en ella.
Tk creyó que la castaña le respondería de inmediato. Después de todo, Kari siempre sabía qué decir en cualquier situación, sin embargo, para su decepción ella se mantuvo en un silencio tan pesado que él lo sentía aplastando las esperanzas de verla aunque sea sonriéndole.
— Te creo… En verdad me alegra que hayas arreglado el problema con Davis. Sería muy triste que perdieras una amistad tan valiosa. Fue tan duro verlos tratándose con tanto rencor y violencia — Kari logró encontrar suficiente valor para ver al rubio a los ojos — Cuando Davis tuvo el accidente, te necesité ahí conmigo…
— Davis nos está robando el reflector Kari — Se quejó sonriendo de lado — Creo que ya quedó claro que con él todo está resuelto. No seas tan injusta conmigo. Me estás matando.
Entonces pudo ver la sonrisa de Kari. Ella estaba disfrutando verlo sufrir mientras daba rodeos.
— Lo siento, no pude evitarlo. Tk… es imposible que haya dejado de quererte solo porque han pasado un par de días, incluso si me heriste los sentimientos no desaparecen tal fácilmente, pero perdonarte a primeras no considero que sea lo adecuado. Más allá de palabras quiero pruebas a través de actos, quiero saber que puedo volver a confiar en ti sin poner mi corazón como garantía.
— No hay necesidad de que lo digas, no merezco que me garantices tú perdón así como así — Tk se levantó del columpio, dio un par de pasos para quedar frente a Kari y se puso un poco de cuclillas para quedar a la altura del rostro de ella — Si me das una oportunidad te prometo demostraste de todas las formas posibles de que puedes confiar en mí, de que eres lo más valioso para mí. Por favor, Kari.
Los ojos de cachorrito frente a ella consiguieron derribar la delgada barrera que estuvo interponiendo con TK.
— Tendrás que esforzarte mucho, Takeru Takaishi — Respondió sonriéndole con dulzura.
Tk sonrió como un niño, su rostro se iluminó al instante. Tomó las manos de Kari para ayudarla a levantarse, y con el mismo impulso la atrajo hacia él para envolverla en sus brazos.
— Sabes que tendrás que hablar con Tai, ¿Verdad?
El rubio suspiró con resignación y dejó un beso en la cabeza de Kari — Correré el riesgo.
— Probablemente muera antes de que esas mujeres salgan de ahí — Willis estaba tirado de mala gana en el sofá de la sala de estar. Desde su lugar veía con pereza e irritación las puertas cerradas las habitaciones de sus dos amigas.
— ¿Cuánto más piensan quedarse ahí adentro? — Daniel golpeo por décima vez la puerta de Yolei.
Él y Willis llevaban más de una esperando a que sus amigas se dignaran a salir para ir a la fiesta del amigo de Mimi.
— Al menos déjame salir. ¡Estoy lista desde hace media hora! — Desde su habitación Mimi le gritó a su excesivamente coqueta amiga. Anika se tomaba muy en serio lo de atraer miradas adónde sea que fuera. Por supuesto asistir a una fiesta en el extranjero era una ocasión que jamás desaprovecharía.
— ¡No vas a salir hasta que yo te diga! ¡Y tu espera un poco más, Daniel!
El castaña puso los ojos en blanco y fue a sentarse junto a Willis. Su amigo ya se había puesto en posición en caso de quedarse dormido.
— Mujeres…
Sin exagerar podía imaginarse llegar a la fiesta solo a limpiar el desorden de los demás.
Hicieron falta quince minutos más para que las chicas salieran de la habitación, pelearan con Daniel por decirles que tanto tiempo arreglándose y "no dio resultado".
Willis interrumpió y obligó a todos a salir del departamento, un minuto más ahí dentro y él terminaría por dormirse y ya nadie podría sacarlo del lugar. Fueron a recoger a Davis a su cada y por fin iniciaron la marcha a la casa del primo de Takuya, en la que el muchacho estaba celebrando su cumpleaños.
— ¿Alguien me quiere explicar por qué no estoy conduciendo mí auto? — Preguntó Mimi viendo con indignación a Daniel conducir. A su lado iba Yolei. La peli morada literal pasó por encima de todos ellos para llegar primero al auto y quedarse con ese lugar. En la parte del medio estaban Anika y Davis, y en la parte trasera Willis y Mimi.
— ¿Y por qué diablos Yolei está en mí asiento? Siempre voy de copiloto.
— A partir de ahora acostúmbrate a que te mantendremos lo más lejos posible de cualquier tipo de vehículo, Davis.
Durante el trayecto todos conversaban sobre lo que habían estado haciendo, todos a excepción de Mimi puesto que ella si bien los oía realmente no estaba atenta. Su mirada estaba concentrada en las luces de los postes eléctricos que veía a través de la ventana. Sintió un leve empujón en su hombro y miró a Willis con expresión interrogante.
— ¿Pasa algo?
— Eso debería preguntarlo yo, Meems. Vamos a una fiesta, no a un funeral.
Suspiró recostando la cabeza en el respaldar. Con Willis no importaba cuánto se esforzara por disimular, él siempre era tan irritantemente observador.
— Son las chicas. Me tienen abrumada con todo este ridículo asunto y su extrovertida imaginación. Al principio era gracioso, pero ahora es molesto, Willis. Sabría diferenciar si estoy enamorada de él o no.
— Tal vez sepas que sientes algo por él, pero no quieres que sea de esa manera. Hace mucho tiempo que no sales con alguien, no seriamente desde aquel idiota, puede que la posibilidad de que sea algo más que "amistad" te intimide.
— ¿Podemos hablar de eso luego, por favor? — Pidió esta vez apoyándose en su hombro.
El rubio sonrió de lado y asintió.
— Por su bien espero que se detengan. Mi querida Meems no debe pasar por tanto estrés.
— Eres el mejor.
— Lo sé.
Cuando llegaron la casa estaba a reventar y ni siquiera era tan tarde. Personas riendo, bailando, bebiendo y hasta jugando una partida de Twister en media pasada.
Bastaron un par de segundos en los que ella se quedó viendo todo el lugar para que sus amigos desaparecieran de su lado.
Todos ellos.
— Y se supone que venían conmigo.
Un escalofrío recorrió su columna cuando sintió unas manos posarse en su cintura y el aliento de alguien rozar su hombro.
¿Cómo es que ya había estúpidos ebrios intentando propasarse con las chicas?
Se dio la vuelta lista para darle su merecido al descarado ese, pero en el momento en que su mano se alzó para golpearlo la expresión alegre y los chispeantes ojos de Takuya hicieron que se detuviera.
— ¡Al fin llegas, preciosa! — El moreno la abrazó efusivamente, como si llevaran meses o incluso años sin verse.
— ¿Cómo podría faltar? Tenía que verte en tu gran día. Aunque tengo una pregunta, ¿No se te olvidó invitar a alguien? Estoy segura de que al menos la mitad de estas personas ni siquiera saben tu nombre.
— Eso no importa. Me gusta hacer nuevos amigos — Dijo pellizcándole suavemente su mejilla — ¿Y qué te parece mí casa? Fue la más brillante idea el venirme a vivir con mi primo. No imaginé que un abogado pudiera ganar tanto. Si no me gustara tanto mi carrera la dejaría olvidada e iría por la abogacía, pero podremos hablar de mi prospero futuro después, mis diecinueve años no es cosa de todos los días, ¿Cuándo es tú cumpleaños, Mimi?
La castaña sonrió divertida la percibir el balbuceo en las palabras del cumpleañero. Takuya a tenía varios tragos encima y no había tardado en hacerle efecto. De todas maneras sabía que él jamás llegaría a estados de embriaguez escandalosos, su amigo era de los pocos chicos que conocía que en verdad se tomaban limites con el alcohol.
— Exactamente dentro de un mes, Takuya. Ya lo sabías.
— ¡Qué adorable! Eres como mi hermanita menor.
— Mejor dicho, eres más viejo que yo. Seguro morirás primero.
Unas chicas que pasaron cerca suyo llamaron su atención e hicieron que se diera cuenta de que fue buena idea no haber arreglado tanto para la fiesta. Esas chicas llevaban zapatos con tacones tan altos que su vida probablemente dependiera del buen equilibrio que ellas tuvieran. Esa noche el alcohol bien podía ser el causante de que pierdan su dignidad al caer y puede que también la capacidad de caminar por un par de días gracias a un bonito esguince.
— ¿Por qué esa cara, Meems?
— Nada, solo no sabía que tuvieras amistades con gustos tan… llamativos en cuanto a ropa y maquillaje. No creo que a Zoe le guste si alguna de ellas trata de ser muy amistosa contigo.
— Oh, vaya — Dijo frunciendo el ceño graciosamente — Supongo que son amigas de alguien más, estoy seguro de nunca haberlas visto en mi vida. No es como si estuviera pendiente de quién llega a la puerta. Da igual, no viniste a hablar de mi seguridad y la ira de Zoe, sino a divertirte conmigo.
Tai trataba de caminar entre el mar de gente que era la fiesta de Takuya Kambara.
El tipo sí que sabía hacer una fiesta.
Él había llegado con Matt hace poco, pero el rubio se desapareció al encontrarse con el antiguo baterista de su antigua banda de la preparatoria. Sora estaba en alguna parte junto con Kari, cosa que no le gustaba mucho al pensar en que su hermana estuviera en una fiesta universitaria repleta de sujetos que ya habían perdido la lucidez por causa del alcohol haciendo que se volvieran más idiotas. Al menos lo mantenía un poco tranquilo que la su mejor amiga estuviera con su hermana.
Un poco tranquilo, porque tampoco estaba muy contento con que su hermana la parecer perdonó a Tk.
Iba a vigilar muy de cerca a ese mocoso de ahora en adelante.
Escuchó varias quejas y al agudizar el oído distinguió el tono enojado de Kambara diciéndole a alguien que no tenía nada qué hacer en la fiesta. Algunos murmullos extrañados de la gente confundida lo siguieron y luego vio a la amiga estadounidense de Davis, Anika según había escuchado.
Extrañado por el cambio de ambiente terminó por acercarse y pudo ver qué estaba ocurriendo.
Kambara, Mimi, Davis y sus otros amigos miraban a una misma persona que logró reconocer casi de inmediato.
— ¡¿Cómo demonios es que ese tipo está aquí?! — Reclamó Takuya haciendo ademán de acercarse al sujeto, pero la joven de cabello rubio que lo acompañaba lo retuvo del brazo pidiéndole que se calmara.
— No hace falta que te exaltes… quien quiera que seas…
— Así que buscas una cara conocida, aquí estoy yo, ¿Cómo supiste que estábamos aquí? — Willis dio un paso al frente casi escudando a Mimi con su cuerpo.
— ¿Por qué quitarle misterio a mi visita, Willis? Vine a ver a Davis luego de su desafortunado accidente.
— Para tu mala suerte, sigo vivo, Washington. Estoy lo suficientemente bien para darte una lección. Haznos un favor, ¿O acaso quieres que te recordemos lo que pasó hace un par de años?
— Davis, no hagas esto más grande — Anika trataba de impedir que tanto Davis como su primo se acercaran a Michael. Su mirada esmeralda cada cierto tiempo se posaba con preocupación sobre el semblante serio de Mimi.
— Basta — Mimi rodeo a Willis, mirando fijamente y en todo momento a Michael — Ustedes tres, no voy a permitir que echen a perder la fiesta de Takuya solo por esta tontería. Anika tiene razón, esto no se hará más grande. ¿Quieres hablar conmigo? — Preguntó alzando sus cejas hacia el rubio. Este sonrió de lado — De acuerdo. Acabemos con esto — Fue hasta Michael y lo tomó de la mano, ignorando la incomoda familiaridad cuando sus manos se tocaron.
Tai miró confuso al rubio, pero al mismo tiempo queriendo borrarle esa sonrisa triunfante que tenía en su rostro cuando lo miró de reojo, como si estuviera vanagloriándose de algo que sabía que él no soportaría.
Llegó a esperar que por alguna razón Mimi hiciera contacto visual con él, pero la castaña mantuvo sus ojos al frente.
Michael aceptó con gusto que Mimi lo sacara de ahí, y fue inevitable nota la mueca de disgusto en el rostro de Taichi Yagami.
Él no era idiota. Sabía que algo debía estar dándose entre Mimi y el moreno, justo por eso apretó el agarre entre su mano y la de Mimi, y claro, Yagami captó de inmediato el mensaje, internamente disfrutó su reacción.
Sea lo que fuera, ese tipo estaba interesado en su ex.
— Te pido una, aunque una sola razón para quedarme y escuchar de nuevo tus inútiles excusas, Michael.
Mimi miró a Michael cerrar la puerta del despacho y darse la vuelta para encararla. De su rostro se borró la mueca de superioridad y dejó pasó a una expresión seria.
— Esta vez no vengo con segundas intenciones, Mimi. Te lo prometo. Lo único que espero es ser capaz de hablar contigo si la interrupción de los demás — Con un gesto él le pidió que se sentara a su lado en el sofá.
— No pierdas el tiempo, si alguien entra tomaré la oportunidad y me iré de aquí sin importarme si terminaste de decir lo que sea que tienes en mente.
Ella conocía de sobra las emociones detrás de cada una de las sonrisas de Michael. Cualquier chica caería a sus pies con solo una sonrisa tan encantadora de su parte. Ella misma había sido víctima de aquel gesto, sin embargo, ya no había ningún tipo de hechizo que la atrapara en los encantos del rubio.
En ese momento lo observaba como si fuera un insecto adherido a una ventana sucia.
No demostró ninguna reacción cuando lo vio acomodarle un mechón de cabello detrás de la oreja — Es una pena que no seas la misma joven dulce de antes…
— Si con dulce te refieres a ingenua, prefiero no volver a serlo. De hecho, hasta me gusta la idea de ser considerada una bruja de hielo.
— No estás dejándome hablar, Mimi, por favor — Dijo levantándose de su lugar mientras se revolvía el cabello.
Por lo visto, Michael había decidido dejar de lado sus juegos. Finalmente.
— Hablo muy en serio cuando digo que no tienes una idea de cuán arrepentido estoy. Haber mencionado a Addison a la ligera y usarla como una excusa… nunca me lo voy perdonar porque sabes que ella también significó mucho para mí.
— Dices estar arrepentido por hablar de Addison, pero hace un rato hiciste burla del accidente de Davis, ¿Tiene algo de sentido para ti, Michael? ¿Cómo esperas que crea algo de lo que estás diciendo?
— Exactamente, ¿Me habrían creído si le hubiera preguntado por su estado? Sabes tan bien como yo que no.
— Tienes razón — Admitió suspirando.
— Al fin concordamos en algo — Dijo con una leve sonrisa — Escucha, Mimi. Sé que no merezco ni siquiera que me des la oportunidad de hablar, mucho menos merezco que me perdones. Hice tantas estupideces que no solo te hirieron a ti sino también a Violet. No debí actuar de esa manera y aprovecharme de dos chicas asombrosas que confiaron en mí. Peor aún, les mentí a pesar de estar una frente a la otra.
Mimi cruzó los brazos sobre su pecho, sin dejar de mirarlo a los ojos con frialdad —Tú mismo lo dijiste, no mereces mi perdón, pero aquí estás perdiendo el tiempo de ambos.
El rubio se acercó a Mimi, agachándose para estar al nivel de la mirada de Mimi. Tomó una de sus manos entre las propias y las observó juntas, como hace tanto tiempo.
Fue inevitable recordar una escena muy similar que pasó entre ellos hace cinco años, aquel día en que Mimi fue ignorada una última vez por Sora y decidió que no seguiría llorando por extrañar a quienes su vida no les interesaba en absoluto.
— Estoy aquí porque es hora de cerrar este mal capítulo — Contestó luego de unos segundos.
— ¿Me consideras un mal capítulo en tu vida?
— Todo lo contrario, Mimi. Supongo que no me expresé bien, me refiero a cerrar esa parte del capítulo que yo mismo arruiné.
— Michael, solo… termina con esto ya por favor.
Los ojos celestes dejaron el estudio en sus manos unidas y subieron de nuevo a la mirada dulce, pero igualmente indiferente de Mimi.
Por una fracción de segundo Mimi olvidó todo lo que estaba a su alrededor. Sus pensamientos viajaron al pasado en el que Michael significó todo para ella, viajaron hasta que finalmente llegó a la profunda tristeza que la causó el engaño y al corazón roto que quedó como consecuencia de todo aquello, pero sobre todo, la nostalgia de saber que algo que tanto significó para ella ya había acabado, y de la peor manera…
Por su parte, Michael estaba abrumado por la frustración consigo mismo, odiaba ser la causa del cambio en la oji miel, sus recuerdos dolían al compararlos con la actualidad en la que Mimi estaba llena de sentimientos negativos debido a sus mentiras y a la estúpida reputación de muchacho popular que lo cegó.
Al sentir una caricia de parte del rubio en la mano que él estaba sujetando, Mimi cerró los ojos al inclinarse para besarlo, tomándolo por sorpresa al instante.
Un beso que Michael correspondió al salir de su desconcierto inicial, esta vez él soltó la mano de la castaña y llevó las propias hacia el rostro de Mimi para acunarlo.
Ellos tenían claro la clase de sentimiento que compartían, algo completamente lejos del amor romántico que alguna vez existió.
Para Mimi el tacto de los labios de su exnovio era dolorosamente familiar.
Al separarse Michael dejó dos palmadas suaves en la blanca mejilla de Mimi y se puso de pie.
Ella estaba sintiendo tanto frío en ese momento que no atinó a decir nada al respecto.
— Quiero darte algo — Vio a Michael rebuscar algo en el bolsillo interno de su chaqueta, al conseguirlo volvió a tomar la mano ajena y dejó un objeto en la palma de esta.
Se trataba de un pequeño anillo de oro que tenía grabado una flor de cerezo, tan pequeño que solo podría pertenecer a un niño.
— ¿Cómo es que…?
— Es el anillo que Addison tanto amaba.
— ¿Cómo es posible que tú lo tengas? — Preguntó frunciendo el ceño.
— En algún momento llegamos a discutir muy fuerte. Addison se enteró, dijo que sabía que te gustaba mucho ese anillo así que me pidió que te lo diera para que nos reconciliáramos. Por más que me negué ella insistió y tuve que aceptar, solo que de alguna manera las cosas se arreglaron entre nosotros sin necesidad del anillo, y yo olvidé por completo que lo tenía por eso no pude devolvérselo o al menos dártelo. Hace poco lo encontré y ya que lamentablemente Addison ya no está con nosotros, no me corresponde a mi quedármelo, sino a ti, Mimi.
La castaña miró al anillo y luego devolvió su mirada a Michael. Este sonrió de lado por la confusión en su exnovia — No tienes que perdonarme. Es evidente que ya no formamos parte de la vida del otro, y difícilmente vuelva a ser de esa manera. Solo quería darte el anillo para terminar lo que fue desagradable entre nosotros — Antes de irse el rubio se inclinó para dejar un último beso en la frente de Mimi. No dijo nada más y se marchó dejándola sola con un nudo en su garganta y caos en sus pensamientos.
Michael tenía razón. A pesar del beso que compartieron, de la caricia en su mano y el otro beso en su frente… nada se sentía como si aún hubiese algo de amor entre ellos.
Todo había terminado.
— Así que esto fue todo…
