XXVI
Se quedó en el despacho por al menos una hora.
Era increíble lo abrumada que se sintió por lo que habló con Michael.
Ahora sí podía sentir que todo ese conflicto tan desagradable había terminado de una vez por todas.
Sabía que probablemente sus amigos, preocupados con justa razón, estaban buscándola para alejarla de las "garras de Michael", pero lo que menos quería era ser bombardeada con preguntas que no creía ser capaz de contestar en un largo tiempo. Necesitaba estar sola sin el riesgo de que alguien pudiera entrar por razones ajenas a ellas, por eso el despacho era un pequeño respiro mas no el lugar adecuado para pensar.
Por ahora actuaría como si nada hubiera pasado. Como si una pequeña tormenta de melancolía no estuviera desatándose en su pecho.
Se recompuso, acomodó su cabello que había desordenado hace un rato y guardó el anillo de Addison en el bolsillo de su chaqueta.
Al parecer el despacho tenía unas buenas paredes a prueba de ruido ya que apenas salió del lugar el escándalo de la fiesta la rodeó. Buscó a sus amigos, y justo cuando pasaba por la cocina se detuvo al distinguir a alguien conocido. Por su visión periférica creyó que se trataba de Davis, pero al fijarse mejor no era su mejor amigo el que estaba coqueteando con una rubia de ropa ligera y zapatos de altura peligrosa, sino Taichi.
Cuando la chica rio de manera exagerada supo que era Kasumi. Su apellido ni siquiera sabía cuál era.
Involuntariamente frunció el ceño al escuchar a Tai reír en respuesta, sin embargo, decidió ignorar la escenita e irse de ahí, al menos hasta que escuchó a la rubia decir algo que le impidió irse y prestar atención a lo que había dicho.
— Fue algo penoso lo que ocurrió allá afuera con Tachikawa y ese extranjero. Aunque me pareció algo sobreactuado, es decir, sus amigos reaccionaron fuera de lugar. La pobre no fue capaz de hablar al principio, seguro estaba conteniendo las ganas de llorar — Incluso Kasumi estando de espaldas a ella Mimi pudo percibir la sonrisa en las palabras entrometidas de la compañía del moreno.
Mimi alzó las cejas incrédula, sus ojos se fijaron como dagas en la espalda de la rubia. Ni siquiera pensó en ver cómo reaccionaba Tai ante lo absurdo de las palabras. Ella entró a la cocina y su voz saliendo de la nada causó la sorpresa en ambos:
— Me temo que estás muy equivocada, querida.
Kasumi abrió mucho sus ojos, definitivamente no esperaba que ella llegara en ese momento — Tachikawa. ¿Estás bien? Creí que…
— Hazle un favor al mundo y cállate, Kasumi — La interrumpió sin apartar sus ojos de la nerviosa expresión de la rubia — Si tienes algo qué decir respecto a lo que sucedió, tienes toda la libertad de decírmelo de frente. Aunque no deberías ni siquiera hablar sobre ello porque son asuntos que no te conciernen en absoluto.
Una chispa de indignación cruzó los ojos llamativos de Kasumi. No permitiría que esa castaña se atreviera a humillarla frente a Taichi Yagami. Eso sí que no.
— Lo siento tanto, creo que la mala experiencia te afectó mucho. Ahora hasta crees que puedes decirme lo que puedo o no puedo hacer. Yo hablo de lo que quiera con quien quiera.
— De lo que quieras menos de mí — Contestó sonriendo con cinismo — No intentes jugar un juego que no puedes ganar.
Taichi por fin logró encontrar su voz luego del asombro, la expresión de Mimi le estaba dando un mal presentimiento. Y hasta algo de miedo — Oigan, no es necesario que…
— Solo por tener a un par de amigos que te cuidan la espalda para que tu corazoncito no sea destrozado no te da el derecho de hablarme así. ¿Así de valiente serías si ellos no estuvieran aquí? Tu eres la que puede perder en este juego, Mimi. Puedo hacer que te destruyan en la universidad con solo chasquear mis dedos.
— ¿En serio? ¿Qué puedes hacer? ¿Decirles a todos con los que te has acostado que no me hablen?
El rostro de Kasumi se tornó rojo. Su furia actuó mucho más rápido que los reflejos de Mimi y la cachetada provocó tal impacto que el rostro de la castaña quedó ladeado enfrentando a Taichi — Pobre de ti, acepta eso como una pequeña advertencia.
Mimi volvió a ignorar al moreno. Lentamente giró su rostro para encarar a Kasumi con una expresión cargada de tanto enojo que pocas veces en su vida se había sentido así.
Eso Tai lo notó y supo que si Mimi se iba encima de Kasumi habría que llevarla al hospital.
A Kasumi.
No obstante, no fue suficiente con sujetarla de la cintura para impedir que golpeara a la rubia. Mimi no le dio una cachetada, le golpeo el rostro con el puño, logrando que Kasumi trastabillara por la fuerza del golpe.
El moreno alzó a Mimi sobre su hombro mientras ella gritaba e insultaba a Kasumi que se mantuvo en silencio por el horrible dolor que se estaba extendiendo por todo su rostro.
Tai llegó hasta la segunda planta de la casa, al parecer todos estaban tan pasados de tragos que no les pareció extraño verlo cargando a una chica que gritaba y pataleaba hecha una fiera. Encontró una habitación cuya puerta estaba abierta, y más importante, que no hubiera nadie dentro. Hasta que cerró la puerta fue cuando soltó a Mimi.
— Déjame salir — Le ordenó con voz entrecortada — No he terminado con ella.
— Creo que ya hiciste suficiente. No vas a salir de aquí hasta que te calmes — Contestó con seriedad.
— ¡¿Cómo esperas que me calme ?! ¡Es una maldita descarada! ¡Gracias por seguirle el juego, Yagami! Cuando se trata de Sora es diferente, pero cuando es sobre mí no puedes estar de mí lado. Soy una estúpida por pensar que nos estamos llevando mejor. Abre esa maldita puerta y déjame salir de aquí.
— ¿De qué estás hablando? — Dijo comenzando a enojarse — ¡Te saqué de ahí para ayudarte! ¡Estabas por empezar una guerra contra Kasumi!
Mimi rio con incredulidad — Perdón, Taichi, olvidé que es tu novia. ¡La próxima vez déjame un recordatorio pegado en el refrigerador!
— No. Estoy. Defendiéndola. Te ayudé para que no pasaras otro mal rato como el que seguro te hizo pasar ese imbécil de Washington. Ya bastó con que… — Sus palabras quedaron en el aire cuando entendió en la dirección a la que iban.
La castaña también pareció entenderlo — Adelante, di que él influyó para que quisiera quitarme la vida — Tanto había gritado que su voz estaba ronca y su garganta le ardía — Esperaría que Yolei o alguien más estuviera aquí, pero ¿Tu? La verdad no entiendo cómo…
Algo dentro de Tai explotó. De nuevos sus intenciones estaban siendo cuestionadas, cuando todo estaba más claro que el agua.
— ¡¿Qué diablos no entiendes ?! ¡Te he demostrado que preocupo como un idiota por ti!
La ira que bullía dentro de Mimi se detuvo al ver la intensidad en la mirada del moreno. Tai se acercó tanto a ella que sintió su respiración sobre los labios. Él apoyó su frente en la contraria y cerró sus ojos por varios segundos en los que ninguno dijo nada.
— Quiero golpear a cada imbécil que quiere pasarse contigo… — No hacía falta que hablara muy fuerte para que la joven pudiera escucharla por la cercanía entre ellos — Odié a Washington desde el instante en que supe lo que te hizo… Estoy cansado de esto… — Tai abrió sus ojos y miró directo a los mieles frente a él — ¿Qué más tengo que hacer para que dejes de cuestionarme?
— Deja las absurdas pistas y juegos de niños — Su voz raspó en su garganta, sus ojos ardieron por todas las emociones acumuladas durante la noche. Ella también estaba cansada. Ante el silencio de Taichi perdió la paciencia, hizo ademán de apartarse de él e irse de ese lugar tan asfixiante, sin embargo, él la detuvo firme, pero con delicadeza.
— Estoy perdidamente enamorado de ti — Antes de que Mimi pudiera decir algo de regreso, Tai acabó con la diminuta distancia que existía, tomó el rostro ajeno entre sus manos y besó a Mimi de una manera muy diferente en la que lo había hecho antes.
¿Había escuchado bien? ¿Taichi estaba enamorado de ella?
Era tan difícil verle sentido cuando en su vida diaria las peleas nunca faltaban si estaban en el mismo lugar.
¿Por qué él decía tales cosas justo cuando por fin había concluido un capítulo tan complicado en su vida?
Tal y como lo había dicho anteriormente ella ya había aceptado que su opinión respecto a Taichi había cambiado mucho en comparación con la manera en la que lo veía cuando recién regresó de Estados Unidos. Y bueno, ella respondió a casi cada beso que recibió de su parte sin necesidad de pensarlo. Se sintió en paz en sus brazos una y otra vez, y en ese mismo instante estaba de regreso ahí. Exactamente… ¿Qué sentía por él?
Percibió la pared en su espalda al chocar con ella cuando el moreno dio varios pasos hacia adelante. Las manos del muchacho pasaron de su rostro a su nuca.
Se separaron apenas lo suficiente para recuperar el aliento, pero aún seguían muy cerca. Tai sonrió al ver la confusión en los ojos mieles de Mimi, ella veía hacia el suelo, luego volvía a verlo y viceversa.
— Simple y sencillamente no puedo estar lejos de ti, Mimi…
— Te vi hablando tan cómodo con la ridícula de Kasumi — Habló a modo de queja.
Aquello hizo que la sonrisa de Tai se hiciera más grande — Solo estaba con ella porque me tomé desprevenido. En realidad estaba buscándote.
— Pero…
Era evidente que aún no salía de la sorpresa. Retiró el cabello que le impedía ver por completo el rostro de ella — Mimi…
Ella se sintió tan estúpida por no ser capaz de decir algo coherente. Su cabeza no dejaba de repetirle: Acéptalo de una vez, deja de ignorar lo que sientes.
Solo que había otra voz que la contradecía al advertirle que no se arriesgara.
— ¿Sabes algo? — El moreno levantó sus cejas sorprendido cuando Mimi lo abrazó lentamente, antes de que ella terminara por acercarse pudo ver una sonrisa en sus labios — Inexplicablemente te has vuelto mi lugar seguro, Taichi — Al agarre de Mimi se intensificó alrededor de su cintura.
Dejó una caricia en el cabello de oji miel antes de separarla un poco de su propio cuerpo y nuevamente la besó compartiendo una sonrisa de alivio entre ellos.
Mimi miró de reojo la puerta — Ya desaparecí lo suficiente, los demás deben estar como locos buscando. Tengo que irme — Ella dejó un leve apretón en la mano que Tai sostenía y salió de la habitación sin esperar una respuesta de su parte.
Anika suspiró profundamente, sus ojos clavados con fastidio en su primo, Davis y Willis. Ese trío de guardianes auto proclamados no había cerrado la boca desde que Mimi se llevó a Michael con ella.
Hasta cierto punto los entendía, también estaba preocupada sobre lo que pudiera pasar con su amiga y ese idiota, pero también era muy consciente de que Mimi podía arreglárselas sola.
Escuchó a Davis decir otra palabrota y entonces estalló.
— ¡Ya cierren la boca! — Su grito provocó que los tres se detuvieran y la observaran extrañados.
— ¿Por qué estás tan calmada? — Daniel la miró mal — ¿Y qué hay de ti, Yolei?
La peli morada dejó de morderse el labio, otra vez, y suspiró — Que perdamos el juicio no va a cambiar nada.
— Ya lleva rato que Mimi se fue con ese sujeto y no ha regresado. Aunque también queda la posibilidad de que se haya desecho de él y se haya quedado sola a propósito.
— Si es así, entonces me explicas ¿Por qué están haciendo una escena?
Davis se encogió de hombros — El doctor dijo que tengo frustración acumulada.
— Solo quieres una excusa para insultarlo, viejo.
— No soy el único y lo sabes, Willis.
Era muy entrada la madrugada cuando regresaron de la fiesta de Takuya. A pesar del pequeño inconveniente causado por la inoportuna aparición de Michael, lo demás fue un éxito.
Sin embargo, pese a que Takuya era un alma fiestera, también seguía estando lo suficientemente consciente de que era domingo y al día siguiente tenía clases al medio día, y él se proclamaba como un estudiante ejemplar, así que la fiesta fue larga, pero terminó antes del amanecer. Todos llegaron al acuerdo de que cuando el semestre terminara harían la continuación.
Mimi se estiró sobre su cama después de ponerse su pijama.
En cierto modo creía que iba a volverse loca por lo rápido que iban sus pensamientos. Todo acerca de lo que sucedió en el día, especialmente durante la noche, todo eso daba vueltas en su cabeza.
Las insinuaciones de sus amigas sobre Taichi declarándose, sobre ellos estando juntos…
Sí, definitivamente esas mujeres eran algo así como adivinas o brujas.
Debido a la hora, todo estaba en absoluto silencio, podía escuchar perfectamente el sonido del ventilador, las gotas de lluvia chocando con la ventana. Al parecer su sentido de la audición estaba atento a todo, menos a la posibilidad de alguien entrando a su habitación.
Se dio la vuelta y jugó con el anillo de Addison entre sus dedos.
Michael le había devuelto un recuerdo físico de su pequeña amiga, algo tan personal para ella porque sabía cuánto significaba ese pequeño accesorio para Addison. No podía evitar pensar que quien debía tener ese recuerdo era Anika, después de todo era su hermana, sin embargo, debería existir una buena razón para que Michael se lo haya dado a ella. El rubio pudo actuar como uno de los más grandes idiotas, pero si había algo que nunca cambió él era que tenía un buen criterio.
Él tuvo en sus manos la decisión de quién debía quedarse con el anillo de Addison. Y se lo dio a ella haciendo uso del recuerdo en el que la niña se lo entregó buscando que ambos se reconciliaran.
La sonrisa provocada por ese recuerdo desapareció de sus labios.
Aún le parecía tan irreal la conversación que tuvo con Michael. ¿Realmente había pasado? ¿De verdad lograron cerrar su capítulo juntos?
Lo que recordaba con más nitidez fue el beso que el rubio dejó en su frente. Ese gesto era tan común entre ellos, no obstante, esa noche Michael se comportó de maneras tan contradictorias.
Al inicio ella solo quería gritarle cuanto lo resentía, las inmensas ganas de golpearlo le provocaron temblores en todo su cuerpo…
Pero conforme él iba hablando todo su resentimiento, dolor acumulado, decepción y tristeza se fueron apagando. Llegado ese momento ya no quería discutir, sino solo decirle algo, lo que sea, pero ni siquiera pudo hacer eso, no de la manera en que lo hubiera querido.
Y más allá de lo acontecido con Michael…
Taichi le decía que estaba enamorado de ella.
Pudo haber esperado cualquier comentario sarcástico de su parte, incluso tal vez un reclamo porque el castaño podía comportarse algo raro a veces.
Dios, ¿Realmente ella le dijo que se había convertido en su lugar seguro?
Una resolución iluminó su mente y causó que se cubriera la boca para no gritar.
Puede que ellos se hayan besado y dicho un par de cosas, pero nada más.
Maldita sea. Tenía que hablar de nuevo con Taichi.
Su situación no fue aclarada de ninguna forma. Y ella era un asco con las palabras.
¿Qué clase de relación de suponía que tendrían a partir de ahora?
Mimi terminó frustrándose consigo misma y lanzó con enojo varios almohadones hacia la pared.
— ¿Qué diablos pasa contigo?
Su corazón pareció detenerse por un segundo. Miró hacia su derecha, encontrándose a Willis mirándola como si se hubiera vuelto loca.
Él se aparecía así de la nada en su habitación, ¿Y tenía el descaro de pedir explicaciones?
— ¿Qué haces aquí? — Se quejó frunciendo el ceño.
Willis ignoró la expresión asesina de Mimi por haberla asustado — Si fuera tú, y quisiera divagar dentro de mi retorcida mente al menos me aseguraría de ponerle seguro a la puerta. Un asesino podría hacer una fiesta aquí adentro y ni te darías cuenta.
— Supongo que sí. En serio, Willis, ¿Tienes idea de la hora que es?
— ¿Justamente me lo preguntas tú? — Preguntó sentándose en el borde de la cama — No he dejado de pensar en que, desde que regresaste de tu audiencia con ese sujeto has estado algo rara. Te he dicho que puedes engañar o evadir con sutileza las preguntas de los demás, pero no a mí. Algo me dice que no estás del todo bien, y justo por eso no estás durmiendo.
Este hombre es demasiado astuto. No se le va una.
Con Willis nunca había escapatoria, y supo que su expresión lo dijo todo al ver la sonrisa satisfecha del rubio.
Resignada se hizo a un lado para que se recueste junto a ella. Mimi apoyó su cabeza en el hombro del rubio y este por costumbre comenzó a jugar con su cabello.
— ¿Y bien?
— Todo terminó con Michael. De una vez por todas — Cierta melancolía de filtró en sus palabras.
Willis se acomodó un poco para verla de costado — ¿Qué quieres decir?
— Él probablemente ya no aparecerá en nuestras vidas. No de forma premeditada al menos. Tal y como él lo dijo, ya no pertenecemos a la vida del otro.
— Así que optó por el lado filosófico en su discurso de redención.
— ¿De verdad estás poniendo más atención a eso? No fue una conversación en todo el sentido de la palabra. Yo me limité a escucharlo. Willis… sus palabras fueron diferentes; honestas, no había ningún rastro de burla o dobles intenciones. Inclusive me dio esto — Mimi tomó la mano de Willis y dejó el anillo de cerezo en ella.
— ¿Cómo es posible que él tuviera esto, Mimi?
— Tengo entendido que Addison se lo dio para que él me lo diera y así nos reconciliáramos de aquella tonta pelea que tuvimos por el incidente de los globos de agua con harina. Al final no fue necesario esa "ofrenda de paz", Michael se olvidó del anillo y Addison también. Aunque pienso que es Anika quien debe tenerlo…
— Odio estar de acuerdo con Michael, pero el idiota tuvo razón en dártelo, y estoy seguro de que Anika también pensaría de la misma manera. En fin, entonces, ¿Me aseguras que vamos a tener largas vacaciones de ese tipo?
— Me imaginó que así será — Contestó sonriendo por el tono alegre del rubio — Sin embargo, estoy muy segura de algo respecto a él.
— ¿Sobre qué?
— Sé muy bien que ya no lo amo, pero… el grado de daño que te hace alguien corresponde a lo mucho que hayas amado a esa persona. Sea como sea Michael siempre formará parte de mí vida y de mis recuerdos, muchos de ellos a decir verdad.
— Lo sé, Meems. Solo mantén contigo los buenos recuerdos. Un idiota que no supo medir el peso de sus acciones sobre los sentimientos de una buena chica no vale la pena.
— ¿Seguimos hablando de Michael o de ti?
— ¿De mí?
— Eres tan observador, pero no sabes el trauma que has dejado en Anika… — Dijo fingiendo decepción. Miró hacia la ventana ignorando a propósito la expresión desconcertada de su amigo.
— ¿Serías tan amable de explicar qué clase de cosa le he hecho a Anika?
La castaña lo miró a los ojos, creyendo que tal vez él estaba fingiendo demencia, pero ahí estaba el signo de interrogación en el rostro de su amigo.
— El estúpido beso que surgió del reto en el retiro de último año, Willis. Dejaste algo así como un trauma en Anika, y ella sigue pensando en eso por más que intente negarlo. Por aquel entonces Anika tenía un "crush" en ti, y el hecho de que actuaras como si nada hubiera pasado la hirió. Te jactas de ser capaz de leer a los demás, pero no hiciste un buen trabajo leyéndola a ella.
— Claro… ese beso — Dijo después de un rato en silencio — No creí que se lo tomaría tan en serio. Se trató de un reto, Mimi. ¿Cómo podría considerar algo como lo que dijiste?
— Bueno...
— ¿Qué te parece si mejor te dejo dormir, Meems? Debes estar cansada.
Willis hizo ademán de levantarse de la cama, pero Mimi se aferró a su brazo como si fuera una niña — ¿Te quedas? Por favor…
Él la miró incrédulo por la nada sincera sonrisa de niña buena que puso, sin embargo, terminó cediendo y regresando al lugar que ocupó en la cama.
