CAPITULO 29
Un par de semanas después de su fiesta de graduación, los chicos recibieron su diploma, pero decidieron no asistir a la ceremonia. Por eso, Mercedes fue hasta su departamento para llevárselos.
Kurt estaba solo en la casa, cuando llegó Mercedes. Ellos hablaron de todo lo que ocurrió luego de la graduación. Mercedes le contó que se mudaría a Los Ángeles, porque había sido aceptada en una universidad ahí. Rachel había logrado entrar a NYADA.
"Hey… no te pongas así" Mercedes dijo con dulzura cuando vio la reacción que había tenido Kurt al enterarse de que Rachel cumpliría su sueño de vivir en New York.
"Es que… New York es mi sueño también, y…" Kurt comenzó a llorar. "No sé cuando pueda aplicar, y mucho menos estoy seguro de que sea aceptado." Kurt estaba triste por no ir a la escuela de sus sueños, pero aún así nunca culparía a su bebé por eso.
"Kurt, escúchame…" La morena dijo levantando la cara de su amigo que había estado mirando hacia abajo. "Eres muy talentoso, Kurt. Esa escuela sería muy afortunada de tenerte estudiando allí. Estoy seguro que cuando apliques entrarás." Ella dijo sonriendo.
Kurt le devolvió una sonrisa llena de lágrimas. "Gracias, Mercedes. Me gustaría hacer mi audición cuando mi bebé tuviera un año. No antes, porque sé que necesita de muchos cuidados y me gustaría estar con él o ella todo el tiempo posible" Explicó Kurt.
"Hablando de eso… ¿Cómo estás llevando el embarazo?" Preguntó Mercedes.
"Muy bien. Excepto cuando tengo estos antojos muy extraños" Kurt contaba mientras frotaba su vientre de diecisiete semanas.
Kurt había tenido muchos antojos en las últimas semanas. Una noche, tenía unas ganas terribles de comer pepinillos envueltos con queso; o había llegado a comer salsa mexicana a cucharadas, ignorando como le picaba en la garganta. Luego de satisfacer cada antojo, Kurt se sentía más relajado.
"En este momento tengo antojo de aceitunas. Asique le pedí a Blaine que cuando regrese del taller, me traiga un frasco entero" Kurt dijo y Mercedes estalló en carcajadas.
"Pobrecito Blaine. ¿Te complace en todo lo que le pidas?" Ella dijo entre risas.
"Por supuesto que sí" Contestó serio Kurt. "Es su culpa que yo esté así" Dijo señalando a su vientre. "Pero no lo cambiaría por nada del mundo" Finalmente dijo con una sonrisa.
En ese momento, Blaine abrió la puerta. Llevaba en una mano una bolsa. Kurt se levantó del sofá muy rápido y le arrebató de la mano la bolsa que su novio llevaba.
"¡Mis aceitunas!" Exclamó Kurt cuando sacó el frasco.
"Hola ¿no?" Blaine dijo con sarcasmo. Kurt sonrió y se acercó, le besó los labios.
"Hola, amor. Gracias por las aceitunas." Kurt dijo, volvió a sentarse al lado de su amiga en el sofá y abrió el frasco.
"Hey Mercedes." Saludó amablemente Blaine.
"Hola, Blaine" Saludó ella. Luego volvió la mirada hacia Kurt, quien estaba comiendo las aceitunas de una manera desesperada. "Wow, Kurt. No sabía que las aceitunas te gustaban tanto."
"No me gustan" Dijo Kurt antes de meterse otra en la boca. Blaine y Mercedes se rieron. "No se rían de mi" Protestó Kurt.
"Sus antojos me están volviendo loco." Se quejó Blaine con una sonrisa. "La semana pasada quería pizza de berenjenas… ¡a las tres de la mañana!" Dijo Blaine y Mercedes largó una carcajada.
"¿Y qué hiciste?" Preguntó Mercedes cuando se calmó. Kurt los miraba serio.
"Tuve que levantarme y cocinarle una pizza. Si no lo hacía, me comería vivo." Blaine se sentó al lado de su novio. "Y lo peor es que ni siquiera me convidó. A veces tengo que masticar y tragar rápido antes de que se coma mi comida" Y otra vez Mercedes y Blaine se rieron.
Kurt se puso muy serio y arrugó el entrecejo. "¡Basta! Cállense los dos… ¡o me los cómo!" Terminó diciendo con una sonrisa. Los tres pasaron una tarde muy agradable.
Los días pasaban y el calor en Ohio había estado comenzando a molestar a Kurt. Si bien las temperaturas no eran tan altas, llevar un peso extra en su abdomen hacía que se sienta acalorado.
Él trataba de salir todos los días a dar un paseo, no muy lejos, solo unas calles de distancia de su casa. Hacía las compras, visitaba a su padre en su casa, se sentaba a tomar algo fresco en una heladería, y otras cosas para no aburrirse tanto. Además Carole le había dicho que caminar durante el embarazo ayudaba al parto; no es que Kurt ya estaba pensando en eso, pero el aire libre y el sol le hacían sentirse mejor.
Ese día, Kurt no salió a dar su paseo. Quinn vendría de visita, y les había prometido a los chicos que prepararía la cena para ellos. Ella había dejado su etapa como 'Skank' y había vuelto a ser la misma dulce Quinn de siempre, con su cabello rubio. Bueno… no exactamente la misma, porque en ese tiempo ella había madurado mucho y ahora sabía muy bien lo que quería para su futuro. A pesar de no haber recuperado a su bebé, tenía el permiso de la madre adoptiva para verla las veces que quería. Quinn quería aprovechar todo el tiempo posible para estar al lado de su hijita, ya que en poco tiempo tendría que partir, Quinn había sido aceptada en Yale.
Mientras esperaba por la joven rubia, Kurt había ordenado la casa y se había dando un baño con agua tibia.
Blaine estaba trabajando mucho para reunir el dinero suficiente que necesita para comprar todo lo que un bebé recién nacido necesita, trataba de hacer horas extras con ese fin. No es que Burt no le pague bien, pero un dinero extra no venía mal, además Blaine también sacaba dinero de las propinas que los clientes le daban por hacer bien su trabajo.
Pero ese día no, él y Finn volverían a casa más temprano., con el permiso de el Sr. Hummel, por supuesto. Los dos estaban por cambiarse la ropa cuando un nuevo cliente llegó.
"Hola, estamos cerrando" Finn dijo cuando el hombre que manejaba el choche bajó y caminó hacia ellos.
"Uhmmm… veo, pero es que necesito que revisen el motor. Es una urgencia, yo uso mi auto para trabajar y no puedo darme el lujo de tenerlo parado en mi casa." El hombre, de unos cuarenta años dijo con desesperación.
"Lo siento, señor. Pero-" Comenzó a decir Blaine, pero fue interrumpido por aquel hombre.
"Por favor, lo necesito para ahora. Les pagaré el doble, les daré una generosa propina." Dijo rápidamente. Esto llamó la atención de los adolescentes. Finn y Blaine se miraron y asintieron con la cabeza.
"De acuerdo." Blaine dijo. "Estaciónelo por ahí" Indicó. El hombre subió al auto y lo acomodó en el espacio donde Blaine le había dicho. Finn se acercó y abrió el capo.
"Esto nos llevará bastante tiempo." Susurró a Blaine mientras los dos miraban el motor.
"Si, pero la paga es buena." Dijo Blaine.
"Si. Le avisaré a mi mamá que llegaré tarde a cenar" Finn dijo mientras se alejaba y sacaba su celular del bolsillo.
"Yo le avisaré a Kurt" Blaine dijo y marcó el numero de su novio en el celular.
"Hola, amor. Te estamos esperando" Fue lo primero que escuchó Blaine cuando su novio atendió el teléfono.
"Hola, hermoso."Respondió Blaine sonriendo, pero antes de que continuara, Kurt lo interrumpió.
"¿Sabes quién estuvo inquieto todo el día?" Kurt dijo feliz del otro lado de la línea.
"¿Sentiste sus movimientos?" Blaine preguntó lleno de amor.
"Aha. Se sienten como si miles de burbujitas explotaran dentro de mí. Es lo más hermoso que pudiera sentir" Blaine podía sentir la sonrisa en la voz de su novio.
"¿Estás seguro que no son gases?" Bromeó Blaine.
"¡Cállate!" Kurt dijo largando una carcajada. "No son gases, es tu hijo o hija que se hace sentir"
Blaine suspiró, tenía muchas ganas de estar allí con su novio para verle la cara cuando siente a su bebé moverse. "Escucha, Kurt. Llegaré un poco más tarde a casa. Un cliente vino de último momento y necesita su auto para hoy. Dice que nos pagará doble y nos dará una buena propina."
"Oh. De acuerdo." Kurt dijo un poco decepcionado.
Blaine se dio cuenta de esto. "Es por el bebé que lo hago. Además recuerda que Quinn estará en casa pronto"
"Está bien, Blaine. No hay problema" Contestó con sinceridad. En ese momento tocaron la puerta. "Creo que llegó Quinn"
"Bien. Salúdala de mi parte y dile que no queme la cocina. Adiós. Los amo" Blaine dijo refiriéndose a Kurt y el bebé.
"Nosotros también te amamos. Adiós." Y Kurt cortó el teléfono. Blaine guardó su celular y se dispuso a comenzar el trabajo.
Kurt se acercó a la puerta y la abrió sonriente, esperando a ver a la joven rubia parada en la puerta. Pero lo que vio lo sorprendió.
"¿Qué… q-que estás haciendo aquí?" La voz de Kurt preguntó temblorosa, sus manos fueron directamente a su vientre, esperando poder defender a su bebé de la persona que estaba parada en la puerta de su hogar.
