XXVII
Yolei observó a sus amigos con el mismo cuidado con el que solía analizar las muestras en los laboratorios.
Todos estaban en diferentes lugares de la sala, con excepción de Mimi que seguía durmiendo.
Daniel estaba junto a ella sentados en los bancos del desayunador. Anika se preparaba un tazón con cereal, y Willis estaba tirado en el sofá mirando hacia el techo, llevaba un buen rato comiendo una tostada que normalmente se comía en cuestión de segundos. Básicamente no había dicho ni una palabra desde que salió de la habitación de Mimi.
Hizo una mueca.
¿Por qué el ambiente quedaba tan pesado luego de las apariciones de Michael?
Habían pasado dos días desde eso; Willis y Mimi se traían un intrigante secretismo y nadie sabía nada.
La puerta de la habitación de Mimi se abrió llamando la atención de los demás que en realidad no estaban muy conversadores. La castaña salió ya vestida, pero igual lucía distraída, ni siquiera se dio cuenta que se sentó en Willis hasta que el rubio se quejó acomodándose mejor.
— ¿Qué te tiene tan pensativo, Willis? — Preguntó ella decidida a romper con el abrumador silencio.
Willis trató de ser discreto, pero ella notó la manera en que miró de reojo a Anika. Su amiga estaba jugando a tirarse cereal con Daniel en la cocina.
— Es culpa de Mimi — Respondió de mal humor. A la castaña no pareció importarle la acusación. Inclusive le dio un pequeño empujón con su pie, pero no logró sacarla de la fijación que tenía en su celular, como si estuviera esperando algún tipo de mensaje de urgencia.
— ¡Mimi! — Anika optó por sus dotes de ser ruidosa y le gritó, esta vez logrando que Mimi diera un brinco y la mirara mientras fruncía el ceño.
— ¿Qué? — Miró primero a Yolei, como buscando ayuda para ubicarse en lo que estaban hablando, la peli morada le señaló con un gesto a Willis, y entonces comprendió la infantil acusación — No me culpes por tus arrepentimientos amorosos. Tengo mis propios conflictos y no estoy culpando a nadie. Al menos no todavía…
Imitando el horrible hábito de Yolei, Mimi se mordió el labio al recordar la suerte, no sabría decir si buena o mala, que tuvo ayer porque su clase de inglés se canceló y evidentemente era la única clase que era posible compartir con estudiantes de otra facultad. Así que no hubo oportunidad en la que se encontrara en el mismo lugar que Taichi.
Pero tarde o temprano ella tenía que lidiar con esa cuestión.
— Te metiste en algún problema, ¿Verdad?
— Por supuesto que no, Dani — Contestó sonriendo como si nada — Es solo que Willis, a.k.a el novio de tu prima quiere que los demás carguen con la culpa que lo consume.
— ¡Joder, Mimi! ¡Ya basta con eso! — Reclamó el rubio incómodo y avergonzado.
— ¿Acaso nos perdimos de algo? — Yolei intercambio miradas con Daniel. Al parecer eran los únicos que estaban en blanco.
Mimi y Willis contestaron al mismo tiempo. Solo que de manera opuesta. Ella que sí, y él que no.
— Mejor te dejo resolver esto, Willis. Ya me divertí lo suficiente a costa tuya — La castaña se acercó a su amigo y lo abrazó, a pesar de que él reacio se negó a corresponder el gesto. No obstante, sí relajó su expresión.
— Gracias.
— ¿Y qué hay de ti, Meems? Dijiste que también tienes un conflicto.
Definitivamente no se esperaba la pregunta de Anika.
— Ah eso, lo mío no es nada importante. Además, me parece que primero deberían terminar su desayuno — Dicho eso le pasó otra tostada a Willis para despistar — Si no comen bien tendrán dolores cabeza durante el día — Estaba claro que a ninguno le interesaba la lección de nutrición que Mimi les estaba dando, sobre todo porque era obvio que quería cambiar de tema tan desesperadamente. La castaña hizo intento de huir a la cocina, pero Daniel le hizo una seña a Willis y este la sujetó de regreso al sofá.
— No te vas a ir sin darnos una explicación, Mimi — Dijo Daniel.
— Ok, tal vez ustedes no tengan hambre, pero yo sí. ¿Van a matarme por inanición por culpa de mi irrelevante problema?
— Sí — Respondieron todos sin culpa alguna.
— Bien, al menos esperemos hasta que Davis también esté presente, no quiero repetir la historia. Preferiría resolver esto y luego contarlo. Y no es hora de centrarse en otros problemas, ustedes tres están de vacaciones, sería un desperdicio quedarnos todo el día aquí, al menos vayamos al cine.
— Sabes que sea lo que sea que escondes, vas a tener que contárnoslo, ¿Verdad, Meems?
— Sí, Yolei. Solo déjenme solucionarlo primero.
— ¿Te pasa algo, Kari?
La castaña lo miró sorprendida al escuchar su voz tan de repente, creía que Davis estaba totalmente concentrado en comerse el enorme helado que tenía en frente — Estoy bien, al menos yo… — Dijo con gesto pensativo.
— ¿Tú sí? — Inquirió Tk.
— Se trata de Tai. Ayer fue a visitarnos a casa y se quedó a dormir.
— ¿Eso qué tiene de raro? Casi siempre que los visita se queda a pasar la noche.
— Esa no es la parte rara, Davis. Estaba muy pensativo, demasiado. Como él se fue hasta que acabó la fiesta le pregunte si algo había pasado cuando me fui, pero no supo responderme. Podría jurar que hasta se puso rojo.
— Algo pasó en esa fiesta — Concluyó el rubio.
El moreno estaba por decir algo, hasta que la notificación de un mensaje lo detuvo. Era de Yolei.
Mimi está actuando extraño. Tienes que venir lo antes posible.
De manera involuntaria una sonrisa perversa se dibujó en su rostro.
¿Así que su mejor amiga también estaba rara?
Quizás ella tuviera algo que ver con el comportamiento de Tai.
Una palmada en su hombro lo hizo volver a la realidad — ¿Por qué pones esa cara? — Tk arqueo una ceja porque conocía esa sonrisa. Y no predecía nada bueno.
Justamente esa pregunta hizo que la sonrisa de Davis se ensanchara — Puede que sepa por qué Tai está tan… susceptible respecto a la mención de la fiesta.
— ¿Y eso sería…?
Davis le acarició el pelo a su amiga — Paciencia mi querida Hikari. Muy pronto lo sabrás, primero tengo que confirmar cierta situación.
Durante toda la película Mimi estuvo sintiendo que su cabeza explotaría. Realmente necesitaba sacar de su pecho lo que había pasado.
Al salir del cine decidieron ir a comer algo, y aprovechando la distracción de sus amigos por estar decidiendo a dónde ir a comer, la castaña se llevó a Yolei, asustándola en el proceso, hacia uno de los balcones del segundo piso.
A pesar de las protestas de la peli morada Mimi no se detuvo hasta que se sintió con cierta privacidad.
— ¿Qué pasa contigo, Meems? — Yolei se acomodó el bolso que llevaba, todo el trayecto estuvo tratando de que no se le cayera.
Mimi la miró directo a los ojos, respiró profundamente y al hablar sus palabras salieron atropelladas — Taichi—Está—Enamorado—De—Mí.
— ¿Qué?
— Taichi está enamorado de mí — Repitió. Dicho eso se cubrió el rostro con sus manos y retrocedió hasta chocar con la baranda del balcón.
Creyó que su mejor amiga comenzaría a gritar como desquiciada, o incluso, que lloraría porque Yolei podía ser excesivamente dramática, pero al descubrirse el rostro se encontró con una sonrisa radiante que la desconcertó.
— ¿Por qué estás sonriendo así? ¿Por qué no estás gritando?
— Estoy sorprendida, pero más que todo porque lo digas en voz alta. Era evidente que Tai está enamorado de ti. Todos nos hemos dado cuenta. Ustedes son la excepción. Solo era cuestión de tiempo. ¿Era ese el conflicto sobre el que hablaste?
— Tal vez…
— ¿Qué te hizo decidirte a darme la primicia?
— Tenía que decírselo a alguien.
Yolei sonrió aún más. Ciertamente sí quería gritar porque al final tuvo razón. Y también porque podía distinguir cierta emoción en los ojos de su amiga. Muy reservada y todo lo que quisiera ser, pero cuando se trataba de amor Mimi podía ser algo torpe.
— Aunque no entiendo, dijiste que antes de contárnoslo ibas a arreglar ese conflicto, ¿Qué quisiste decir con eso? ¿No se supone que el conflicto en sí era decírnoslo?
Mimi evitó mirarla a los ojos. De hecho, comenzó a jugar con el anillo que llevaba puesto.
La peli morada su cubrió la boca, señalándola como si la hubieran traicionado — Mimi Tachikawa… ¡No le respondiste! ¡¿Qué demonios pasa contigo?!
— ¡No sabía que decirle! — Dijo pasándose las manos por el cabello.
— Ok. Espera un momento. No sabías qué decirle… eso quiere decir que… que obviamente también estás enamorada de él. ¡Qué bonito! — Ahora sí gritó de emoción — Me siento como una madre orgullosa.
— Por favor no empieces a planear una boda ficticia, Yolei. Esto ya es demasiado para mí.
— Al final Tai resultó ser tu verdadero príncipe azul…
— Sabes qué opino de los príncipes — Respondió haciendo una mueca al recordar que llegó a pensar que Michael era su príncipe.
— Tai no es para nada como Michael — Dijo ofendida.
Yolei estaba a dispuesta a defender a su candidato.
Tai era agradable, buen amigo y considerado. Era una de las personas más nobles que conocía.
En cambio Michael, poseía las dos caras de una misma moneda. Podía lucir como todo un príncipe encantador, pero tenía el potencial para convertirse en el villano del cuento.
Así que no. Ella confiaba totalmente en Taichi. Su sexto sentido notó más de una vez la manera especial en la que el moreno miraba a Mimi.
En el pasado, cuando ella recién los conoció, esos primeros años supo que entre esos dos tan solo había una amistad algo indiferente, razón que ahora tenía mucho más sentido puesto que ya sabía que en ese entonces Tai sentía algo por Sora.
Y bueno, más allá de saber acerca de los sentimientos de Taichi, estaban los de su mejor amiga. Ella en verdad sentía algo especial por el moreno, de lo contrario no estaría tan nerviosa al ser consciente de los sentimientos de alguien hacia ella.
— Eso ya lo sé, Yolei.
— Escucha, Meems. Ha pasado tanto tiempo desde que tienes ese brillo en tus ojos…
— ¿Brillo? ¿No crees que estás empeñándote demasiado en hacer de esto un cuento de hadas?
— Me refiero a ilusión, Mimi — Respondió poniendo los ojos en blanco ante lo aguafiestas de su amiga — Desde que tu relación con Michael se terminó has evitado todo lo posible relacionarte con cualquier chico que muestre aunque sea un poco de interés en ti, pero al volver a Japón, cuando estás cerca de Tai, incluso cuando solo están discutiendo… hay un brillo diferente en tus ojos, y ese brillo solo está en ti cuando estás cerca de él. Sé que fuiste herida, pero creo que ya es momento de que te permitas sentir por alguien, y Tai es la persona indicada para ayudarte a confiar en el amor de nuevo.
Mimi estaba teniendo un gran conflicto para admitir en voz alta que su amiga tenía toda la razón.
Sí.
Ella le estaba dando la razón a Yolei en un discurso sobre amor.
— Solo recuerda que, de manera inexplicable Tai fue cautivado por tú mal genio, por la bruja de hielo. Lo único que tienes que hacer en decirle, con palabras coherentes que también sientes lo mismo que él. La ventaja tuya es que sabes que es recíproco.
— ¿Existe la posibilidad de que estuviera ebrio?
Yolei iba a golpearla, eso era seguro, sin embargo, se contuvo, respiró hondo y le sonrió como toda una madre cansada de su hija adolescente — Los ebrios y los niños siempre dicen la verdad.
Tai se acercó a la banca más cercana al borde del mirador. Desde allí se podía ver el amplio y calmado río. A las personas reunidas en la orilla del río, colocando mantas sobre el césped, riendo y conversando, esperando que anocheciera para que empezara el espectáculo de luces que solía darse todos los días en esa época del año.
Suspiró profundamente al apoyar sus brazos en la baranda de madera.
Por más que intentara pensar en otra cosa, en su cabeza se repetía la expresión desconcertada y a la vez apenada de Mimi cuando le confesó lo que sentía por ella.
En primera instancia, él mismo estuvo sorprendido por su honestidad, definitivamente esa noche no tenía planeado que su mente decidiría darle nombre a sus sentimientos por Mimi, y mucho menos decirlo frente a la oji miel.
Mimi Tachikawa se había vuelto una mujer reservada, malditamente difícil de leer.
No obstante, aquel cambio no fue suficiente para evitar la necesidad de estar cerca de ella cada vez que tuviera la oportunidad, incluso si debía engañarse con la excusa de que, lo que realmente quería era molestarla.
Una sonrisa involuntaria brotó de sus labios.
Estás perdido, Taichi.
— ¿Habrá luces esta noche?
El codo de Tai se resbaló de la baranda en la que estaba apoyado al escuchar una voz tan cerca de él, ni siquiera había percibido a alguien más en ese lugar. Y, como consecuencia, su barbilla golpeó el lugar en el que se estuvo apoyando.
Lo siguiente que supo fue que Mimi estaba ayudándolo a reincorporarse, luego le sujetó el rostro con cuidado para revisarlo.
— Eso debió doler — Ella revisó ambos lados de su rostro buscando algún tipo de rasguño causado por la madera — Podrían cobrarnos por la baranda si le hiciste algún daño — Dijo sonriendo al confirmar que no había sido un golpe grave.
— Muy graciosa — Contestó él sin apartarse del toque de Mimi.
Y ahí estaban. El silencio se instaló entre ellos, pero no era para nada incómodo. Solo había duda en el ambiente por parte de ambos. Si bien soltó su rostro, Mimi no se alejó del moreno.
— ¿Hablaste en serio el domingo, Taichi?
— Nunca había dicho algo tan en serio — Tai buscó la mirada ajena para que esta lo enfrentara.
— No creas que estuve ignorando lo que dijiste esa noche, todo lo contrario. Escucha, Tai. Sé que eres bastante consciente de que no soy ni la sombra de lo que fui cuando nos conocimos; y a pesar de eso, a pesar de que ya no soy esa niña que cree en cuentos de hadas y está siempre dispuesta a entregar su corazón… contigo eso ha cambiado. Te dije antes, te has vuelto mi lugar seguro, porque has estado ahí cuando más lo he necesitado, y nadie te lo pidió. Tú quisiste hacerlo. Y ahora estoy segura de que si incluso hubiera alguien más que quisiera acompañarme en esos momentos grises, definitivamente preferiría mil veces que sigas siendo tú.
Conforme Mimi hablaba la mirada del moreno iba suavizándose más y más, una pequeña sonrisa se extendía en su rostro al notar cuán difícil era para Mimi decir todo aquello, y aún así, decirlo en voz alta.
Con más seguridad, ella lo miró directamente. Exactamente… ¿Cuándo entró en su corazón?
— Entonces… ¿Me concedes el permiso de ser tú lugar seguro? — Los ojos de Mimi brillaron, con aquella ilusión que le habían dicho que demostraba solo frente a Tai. Sintió el tacto de las manos ajenas en su rostro, en la caricia en su mejilla.
Ella rio antes de contestar — Permiso concedido.
Esa autorización terminó por derribar la última barrera que existía entre sus sentimientos.
Taichi la besó. Primero solo fue un roce, luego un beso que se intensificó. Las manos de él abandonaron su rostro y viajaron a su cintura, las manos de ella rodearon el cuello ajeno.
Por fin dejaban aquel absurdo "odio", para hacer caso a los gritos de su corazón por estar junto al otro.
