XXIX


— ¿Estás segura de que no está enamorado de ti?

— Escucha muy bien, Yolei. Davis no está enamorado de mí. — Mimi mantenía su vista en la luz roja del semáforo. Pronto llegarían a casa.

— ¿Él te lo dijo? — Preguntó cruzándose de brazos — Me refiero a que si Davis te dijo algo como "No estoy enamorado de ti, Meems. No eres mi tipo".

Puso los ojos en blanco ante la insistencia. Ella en verdad estaba cansada.

— No es necesario que lo hiciera. Tú estás sacando las cosas de contexto y haciéndolas más grandes por tu activa imaginación. Conozco de sobra la razón de por qué Davis está algo extraño, así que en ese aspecto estoy tranquila. Te lo aseguro, no tiene nada qué ver con una de tus historias de amor.

— Bueno… supongo que no debe ser nada grave, de lo contrario estarías bastante distraída.

— Exactamente. Davis estará bien, solo necesita un poco de tiempo.

Cuando llegar a su apartamento, Yolei dejó atrás a la castaña mientras esta activaba la alarma del auto, sin embargo, cuando estaba por ingresar la contraseña se detuvo y frunció el ceño.

— ¿Qué pasa? — Mimi la miró arqueando las cejas al ubicarse junto a ella.

— ¿No escuchas eso, Meems? Ese ruido viene de adentro.

Mimi estuvo por contestar, pero decidió guardar silencio al percibir, ahora más fuerte, música resonar en lo que parecía ser la sala de estar.

Intercambiaron miradas de desconcierto. La castaña trató de ingresar la clave de acceso, pero solo bastó un leve empujoncito para que la puerta cediera.

El ritmo de música latina las dejó casi sordas conforme avanzaban.

— ¿Qué demonios…? — Dijo sorprendida.

Yolei caminó hasta una caja que estaba tirada en la pequeña mesa donde solían dejar las llaves y sus abrigos — ¿Acaso estos no son los chocolates que Tai dejó olvidados? — Gritó para que Mimi pudiera entenderle por sobre el escándalo.

Lo cierto es que en la caja de chocolates solo había un triste y solitario bombón abandonado.

La castaña asintió sin prestarle real atención a su amiga, continuó caminando hacia la cocina pues había escuchado extraños balbuceos. Entonces fue cuando el intruso que estaba dando un concierto salió cantando a todo pulmón.

Podían haberse esperado cualquier cosa menos ver Davis bailando por toda la sala mientras estaba desnudo de la cintura para arriba.

Muy alegre para ser normal.

Ambas juraban que si sus mandíbulas no estuvieran unidas a sus rostros probablemente ya estarían tocando el suelo en eso momento. Les era imposible encontrar las palabras que se perdieron en algún lugar de sus gargantas.

Ajeno a los cuestionamientos internos de sus amigas, Davis, mentalmente desorientado a como estaba, cantaba a gritos con alegría.

Hubo un momento en que la canción se detuvo para cambiar a otra, fue cuando las chicas despertaron del shock. Yolei corrió a pagar los parlantes de la computadora porque sentía que muy pronto no sería capaz de escuchar algo.

Justo cuando la música se detuvo del todo, Davis por fin se dio cuenta de que no estaba solo. Miró a Mimi y esta le sonrió. Los ojos del moreno se iluminaron y se apresuró para abrazarla y levantarla en el aire.

— ¡Mimi-chan!

Yolei lo miró incrédula porque no había manera racional de comprender por qué el tonto de Davis fuera a llamar a su mejor amiga por ese penoso sobrenombre.

Davis notó la presencia de la peli morada y fue su turno de recibir un gran abrazo de su parte, además de ser llamada "Yolei-chan".

Podría tener pesadillas con eso.

— ¿Qué es todo esto, Davis?

— Meems, creo que es obvio. Estaba cantando — Contestó cruzándose de brazos.

— No preguntamos qué hacías, idiota. Sino qué rayos pasa contigo. Nos diste un buen susto, creímos que alguien entró a robar.

— ¿Alguien entró a robar? — Entrecerró sus ojos mientras repasaba el lugar con la mirada. Al parecer Davis no encontró nada extraño y se encogió de hombros — Yo no he visto a nadie.

— Por supuesto que no, genio. Eres el único que estaba aquí. Tú eres el intruso.

— Ay… Yolei-chan… eres tan irritante — Ella se puso rígida cuando el moreno le acarició el cabello, y le sonrió con una estúpida sonrisa condescendiente — Al menos ahora te ves menos fea, haberte quitado esos horribles lentes te ayudó bastante.

Sin necesidad de fijarse en la expresión de su mejor amiga Mimi supo la clase de mueca que hizo Yolei.

Sonrió con resignación al ver al distraído de Davis que al parecer no había caído en cuenta de lo que dijo.

Básicamente allanaste nuestra casa, y ahora… ¿Tienes el descaro de insultarme? — Murmuró de mala gana.

— Alto ahí, Yolei-chan — Sintió el ligero golpe en su brazo. Se lo merecía, pero no se arrepentía de lo que dijo — Hablo en serio, Yolei. Si quieres puedes vengarte de Davis todo lo que quieras, pero primero hagamos que recupere la cordura.

Mientras tanto el moren había vuelto a encender la música, solo que ahora se dio un brusco giro de ánimo pues la canción que sonaba era una balada de despecho.

— Por el amor de Dios… ¡Ya cállate, Davis! — Se quejó dando un puntapié en el piso — No entiendo, Meems. ¿Qué bicho le picó?

Puede que estuviera algo desconcertada, pero más allá de eso la castaña no podía dejar de sonreír por lo graciosa que toda esa situación de la parecía, muy por el contrario de Yolei.

— Creo… creo que está drogado — Se aventuró a decir queriendo disimular la sonrisa porque Yolei no la estaba viendo con buenos ojos.

— ¿Y lo dices así tan tranquila? — Dijo indignada. Alguna idea seguramente la asaltó en ese instante puesto que olvidó su reproche y le indicó a la castaña que le siguiera la corriente — ¿Esos chocolates que están en la mesa son tuyos, Meems? — Alzó la voz lo suficiente para que Davis lograra escucharla por sobre la música.

Mimi le hizo una mueca de incomprensión — Tu misma acabas de decir que son…

— ¡¿Todavía hay chocolates?! — Seguido del grito emocionado de Davis, este se acercó a la velocidad de la luz para alcanzar al delicioso bombón.

Solo que Yolei no dejó que el moreno llegara tan lejos y le escondió el chocolate para que no se lo comiera.

Sus sospechan habían dado en el clavo.

— Esos chocolates tienen licor — Dijo viendo a la oji miel.

Genial.

Ahora tendrían que lidiar con un Davis ebrio.


Taichi llevaba varias horas esperando la respuesta de su novia a un mensaje que le envió invitándola al cine, pero incluso había avanzado buena parte de una investigación y seguía sin recibir ninguna respuesta o señal de vida de parte de la castaña.

De hecho, por alguna razón tenía el presentimiento de que Mimi estaba molesta con él, y quizá ahora quisiera vengarse de él por lo que ocurrió hace un par de días.

Él se vio obligado a cancelar sus planes con la oji miel debido a Sora. En aquel momento sintió la necesidad de quedarse con su mejor amiga para hacerle compañía.

Y todo por culpa del idiota indeciso de Matt.

Según él quería recuperar a Sora, no obstante, sus acciones parecían decir lo contrario.

Su celular vibró avisando la llegaba de un mensaje.

Al fin. Ahí estaba Mimi.

Será otro día. Davis está… indispuesto y necesita de Meems.

Arqueo una ceja al notar lo familiar que se le hacía ese mensaje.

Seguido de ese mensaje, le llegó otro. Esta vez de Davis.

Meems está IMPAKTADA LOL. ¿Sabes por qué se ha estado riendo de mí? Espero no ser el pobre diablo con el que está molesta. Dato curioso, amo al corrector del teclado.

Y por último, llegó un mensaje de Yolei.

Vuelves a dejar otros de esos malditos chocolates aquí, Y TE MATO, YAGAMI.

PD: Creo que recordó que está molesta contigo. Mis condolencias.

¿Esos tres habían estado tomando algo raro? ¿Acaso se habían organizado para enviarle esos mensajes?

Davis dijo que Mimi estaba molesta. Y Yolei no solo lo confirmó, también especificó que la castaña estaba molesta con él.

Aunque… estaba seguro de que no había hecho algo que pudiera haberla molesta.

Volvió a revisar el mensaje que Mimi le había enviado. De hecho, era algo cortante. Casi como si le hubiera contestado solo porque sí.

Tai se quedó mirando por la ventana, casi quemando su cerebro para formar una teoría que explicara el misterio detrás del enojo de Mimi.

La realidad lo golpeo tan de repente que tuvo que sostenerse para no golpearse el rostro con el escritorio.

Mimi no era la persona más abierta del mundo, al menos ya no lo era. No expresaba abiertamente cuando estaba molesta u ofendida, no haciendo un berrinche sobre la situación. Así que sí existía la posibilidad de que ella se hubiera molestado por haber cancelado sus planeas por quedarse con Sora. Sin embargo, aquello no tenía sentido. Él se disculpó por lo sucedido, y Mimi aceptó las disculpas sin decir mucho al respecto.

Incluso le restó importancia alegando que tenía muchos pendientes de la universidad.

Conforme sus pensamientos seguían rondando esa teoría, Tai comenzó a sentirse irritado.

Él no era alguna clase de vidente. ¿Cómo podía Mimi esperar que él pudiera leerle el pensamiento?

Incluso aunque ella quisiera matarlo, no podría saberlo si no lo decía.

No le gustaba mucho la idea que se estaba formando en su cabeza, pero tenía que admitir que sentía que Mimi no confiaba del todo en él.

Apenas llevaban saliendo alrededor de tres meses… había cosas que ella seguía guardando para sí misma, ya sea porque no veía necesario decirlo o simplemente porque no quería. A pesar de ser su novio, de alguna manera se sentía en desventaja si llegaba a compararse con la confianza que la castaña le tenía a Davis y a Yolei.

Necesitaba saber si Mimi confiaba o no en él.

Lo más pronto posible.

Más irritado que antes Tai marcó el número de Mimi.

Al diablo con lo que sea que haya pasado con Davis. Si podía enviar mensajes no podía ser nada serio.

Luego de varios tonos que percibió eternos, el otro lado de la línea se escuchó.

¿Sucede algo?

— Sé que me dijiste que estabas ocupada, Mimi. Lo siento, pero necesito hablar contigo.

La escuchó suspirar — Cuando dije que estaba ocupada era en serio, no se trata solo de que no puedo salir hoy, sino también de que ni siquiera puedo hablar ahora. No creo que sea algo que no podamos hablar después.

Carcajadas seguidas del evidente grito de Yolei llegaron a sus oídos de forma amortiguada — Estoy seguro de que Davis puede cuidarse solo por un rato. Además, por lo que escuché Yolei también está con ustedes.

Qué curioso, pensé algo parecido cuando decidiste quedarte acompañando a Sora. Perdón, Taichi, pero Davis sí necesita que lo ayude. Hablamos después.


Finalmente, luego de casi dos horas luchando para que Davis accediera a tomar algo caliente para calmarlo y que después se diera una ducha, lograron que se quedara dormido en el sofá. Quieto como una roca, llegó a preocuparse por un segundo porque creyó que el tonto se había muerto.

Dejó a Mimi durmiendo junto a Davis y fue a descansar debidamente a su habitación.

Se sintió tan bien recostarse en su suave cama que por poco llora de alivio.

Descansó por unos diez minutos sin llegar a quedarse dormida, entonces abrió sus ojos al recordar algo que notó cuando intentaban un poco de su excesiva alegría a Davis: a Mimi le llegó un mensaje, al parecer lo que le hayan enviado la irritó. Ella no dijo nada porque creyó que era algo relacionado con su clase de inglés, la cual sabía que su mejor amiga odiaba por culpa de la profesora. Pero descartó esa idea cuando recordó que el idiota de Tai había plantado de nuevo a Mimi.

Era el colmo.

Hasta la persona más comprensiva llegaba a cansarse de eso.

Se giró sobre el colchón para quedar de costado.

Entendía el disgusto de Mimi, sin embargo, a pesar de no estar de humor con Taichi sabía que la castaña no diría nada más, y a ella respetaría eso. Si su amiga la necesitaba estaba al alcance de la puerta de al lado para hablar.

Mientras tanto, Yolei tenía sus propios cuestionamientos respecto a los hombres.

Más específicamente un pelirrojo.

Izzy.

Después de haber superado aquel enorme e inocente enamoramiento con Ken, ella había seguido su vida de manera normal, sin embargo, ya no quería seguir siendo la única del grupo que no tuviera un novio o alguien especial.

Y no es que apoyara esos estúpidos estigmas de que las mujeres no pueden hacer su vida sin un hombro a su lado, por supuesto que no; pero veía a todos enfrascados en sus relaciones: la adorable pareja que hacían Tk y Kari, parecía que jamás terminarían su etapa de luna de miel, y por el otro extremo, Tai y Mimi, a pesar de que en ese momento estuvieran algo tensos, cuando querían podían inspirar la más grande envidia en los solteros.

Sus ojos rubíes se pasearon por el pizarrón de corcho en la que tenía muchísimas fotos. Aunque su atención se detuvo mucho más tiempo en una fotografía de Sora.

Su amiga pelirroja tenía la suerte de tener a alguien cuyos sentimientos fueran tan incondicionales, solo que negaba a aceptarlo. Se estaba prohibiendo una segunda oportunidad por la forma en la que actúo con Matt. No fue fácil cuando ellos terminaron, después de todo se hicieron daño, y siendo sinceros, fue más culpa de ella que de él. Sin embargo, era claro que a pesar de que intentó seguir adelante, Matt no fue capaz de olvidarla.

No envidaba a sus amigas.

Bueno, sí. Pero no de una forma tóxica o egoísta.

Ella quería ser parte del club de las sonrisas enamoradas.

Siguió mirando las fotos y las demás desaparecieron cuando vio una de Izzy.

¿Por qué demonios el recuerdo de Izzy no la dejaba dormir?

Desde aquel incómodo momento son Sebastián… ella revivía en sueños una y otra vez el comportamiento de Izzy, y para empeorar su ya de por si reciente nerviosismo con el pelirrojo… ¡Sus facultades eran vecinas! Prácticamente lo veía todos los días.

Su actitud con él se había modificado. Aunque no lo quisiera, en sus intentos por no actuar como una ridícula adolescente con su crush terminaba por actuar algo indiferente con él y eso le arruinaba el día porque normalmente almorzaba con Izzy.

Sus conversaciones casuales y tranquilas se habían ido al demonio.

Ahora que Izzy había puesto una distancia sana con las computadoras y prestaba más atención a su alrededor, se sentía más cercana a él, incluso aunque desde que se conocieron siempre se llevaron bien.

Sus pensamientos esta vez se desviaron solo un poco dentro de esa misma línea de acontecimientos: Izzy sí estaba actuando algo extraño con Sebastián, pero fue hasta que él la sujetó de la cintura que comenzó a pensar lo agradable que era ser "defendida" por él y a su vez estar a su lado.

Sus malditas hormonas solitarias estaban comenzando a crear cuentos de hadas con el pobre de Izzy.

Él era un amigo valioso, y aunque recientemente lo veía de una manera distinta no iba a permitir que esa amistad tan importante se fuera al diablo.

¿Izzy Izumi solo estaba temporalmente en sus pensamientos debido a lo que sucedió o…? ¿Realmente comenzaba a gustarle?


Taichi caminaba unos cuantos pasos rezagados de donde estaba Mimi.

Iba formulando y reformulando cómo comenzar la conversación que necesitaba iniciarle a la castaña.

Él aún pensaba en la extraña "conversación" que tuvieron el viernes pasado, pero su novia parecía haberse olvidado de aquello pues esa mañana cuando se encontraron en el estacionamiento ella actúo de manera normal.

Levantó la mirada y frunció el ceño al ver que Mimi lo dejaba cada vez más atrás, entonces se detuvo para que ella notara que no estaba a su mismo paso.

Mimi notó la ausencia a su lado y miró por sobre su hombro. Se dio la vuelta por completo al notar la expresión del moreno.

— ¿Por qué esa cara? — Preguntó devolviéndose para estar casi a su lado.

— ¿Confías en mí?

Ella sonrió extrañada, tanto por la pregunta como por la seriedad al formularla — ¿Si confío en ti? ¿Qué clase de pregunta es esa, Tai?

— Por favor, necesito que aclares esa duda, de lo contrario no tendría una razón para que me ocultes las cosas.

La sonrisa incomoda en la castaña desapareció.

Algo estaba mal.

— No tengo idea de qué estás hablando — Contestó contrariada. No le gustaba la expresión de Tai, porque podía ver en sus ojos algo más que simple enojo.

— Mimi… — Suspiró frustrado — Sé muy bien que estuviste molesta por cancelar nuestra cita aquella vez — No hizo falta alguna aclaración, porque sabía que Mimi entendería a cuál cita se estaba refiriendo.

La castaña desvió la mirada con incomodidad.

— Solo que al parecer fui el único que no se dio cuenta. Al menos hasta ahora. ¿De verdad necesito que alguien más me diga lo que pasa contigo porque tú no eres capaz?

— Escucha, Tai. No estoy ocultándote nada, pero si parece que lo hice entonces no fue a propósito. De ninguna manera pretendo que seas algún tipo de adivino — Cierta irritación comenzaba a filtrarse por sus palabras — Pero… lo que dijiste es verdad. Me molesté porque cancelaste la cita, y creo que tenía todo el derecho para hacerlo.

Ella básicamente estaba admitiendo que estaba celosa, porque ambos sabían por qué o por quién esa cita fue cancelada.

No obstante, había algo más ahí.

— Lo dices como si fuera cosa de siempre.

— ¿Cosa de siempre? — Repitió cruzándose de brazos — Lo es, Tai. No tienes idea de cuánto.

No quería decir algo más, de hecho, no quería continuar esa conversación porque tenía el potencial para ser una gran discusión. Además, ¿Por qué Tai traía a colación algo que ella ya había olvidado? ¿Qué sentido tenía hablar sobre un enojo que ya pasó?

— Sabes que Sora no ha estado en las mejores circunstancias con su madre, y el idiota de Matt también tiene algo que ver en todo esto.

— Sora no es la única persona que discute con su madre, ni mucho menos la única que tiene problemas amorosos. No lo hagas parecer como si fuera algo poco común.

— Tienes razón, pero dudo mucho que las demás personas discutan tan continuamente con sus familiares como Sora se ha visto obligada con su madre.

— Te sorprendería lo que ocurre fuera de las barreras que pones entre Sora y el mundo, Taichi. ¿Acaso no te das cuenta de que esa sobreprotección tuya es lo que hace que se ponga tan sensible por las peleas con su mami? La proteges tanto que no dejas que nada que pueda lastimarla se le acerque. Ella se acostumbró a que siempre la protejas, en lugar de hacerle frente a sus problemas por su cuenta y aprender de ellos.

Tai sonrió incrédulo — Ok… Yo… no entiendo tu enojo, Mimi. De verdad que no — Dijo alzando las manos en el aire.

La castaña tomó aire, buscando tranquilizarse. Se acercó más a Tai y lo tomó de la mano — Entiendo que cuides a Sora. Siempre has sido tan noble con todos, Tai… No lo digo como una queja, es una de tus mejores cualidades, pero necesito que entiendas que hasta yo tengo un límite, ya me cansé de ser siempre "pospuesta" cada vez que Sora está en algún problema.

— ¿No fue eso lo mismo que hiciste?

Toda la paciencia que reunió terminó por esfumarse en ese momento. Dejó caer la mano de Tai y retrocedió — Si no mal recuerdo ese día no teníamos ningún plan. Y Davis terminó ebrio por los estúpidos chocolates que dejaste en mi casa. ¿Cómo podía dejarlo irse así a su casa? Probablemente hubiera tenido otro accidente. Lo único que te estoy pidiendo es que dejes de hacer una tormenta en un vaso de agua cada vez que tu mejor amiga llore.

Había algo de lo que ni siquiera el mismo Taichi era consciente sobre sí mismo. Ese instinto protector que se activaba cuando le sucedía algo a Sora.

Él estuvo enamorado varios años de aquella pelirroja aventurera y dulce, y a pesar de que esos sentimientos inocentes de su niñez solo eran un recuerdo, muy en su interior seguían apareciendo para "rescatar" a Sora de lo que fuera que la estuviera lastimando.

Era debido a eso que no podía concebir la idea de no ir con Sora si ella lo necesitaba.

— Tal vez es algo que nosotros no podamos entender del todo, pero desde el divorcio de sus padres…

— Así que Sora ha pasado por mucho — Lo interrumpió — ¿Sora fue traicionada y luego le negaron esa traición a pesar de haber visto todo con sus propios ojos? ¿Ella tuvo a alguien cercano que padeció cáncer y luego esa misma persona murió? — Conforme hablaba su voz iba aumentando de volumen al igual que la frialdad en sus palabras — ¿Casi se ahoga en su propia depresión? ¡¿Sora fue olvidada por seis años?!

A Mimi no le gustaba para nada devolverse a su pasado, pero simplemente no podía soportar seguir escuchando las absurdas excusas con las que Taichi intentaba que Sora fuera una víctima de las circunstancias más crudas de la vida.

¿Por qué Mimi se empeñaba tanto en traer el pasado al presente?

Él simplemente quería saber si había confianza entre ellos.

¿Por qué diablos estaban peleando?

Cerró sus ojos con cansancio — Cuando te pregunté si confías en mí no pretendía que termináramos peleando, Mimi — Avanzó la distancia que ella había retrocedido y le acunó el rostro entre sus manos.

— ¿Por qué de la nada me preguntas si confío en ti? — Ella no se había apartado de tu gesto, pero tampoco lo había correspondido de ninguna manera.

— Antes no me hablabas acerca de nada porque ni siquiera nos llevábamos bien, eso lo sé, pero justo cuando creo que comienzo a conocerte… me doy cuenta de que no es así. De confiar en mí no tratarías de ocultarme cómo te sientes — Dejó una caricia en la mejilla ajena — Hablo en serio, Mimi. No siento que te conozca de verdad…

Ella volvió a evadir su mirada y esta vez sí se alejó de él — Tienes razón. Tú crees que me conoces del todo porque consideras lo que viste de mí cuando nos conocimos en ese campamento, pero ha pasado muchísimo tiempo, Taichi. Apenas has comenzado a conocerme hace unos meses, cuando regresé.

— De acuerdo, no te conozco — Contestó dolido — Lo peor de todo es que ni siquiera tienes la intención de hacer algo al respecto. Creí haberte demostrado que podías confiar en mí.

— Hace falta más que unos cuantos meses para confiar totalmente en alguien, Tai. Lamento no ser el libro abierto que esperabas.