XXX
— Los hombres en verdad pueden ser tan densos…
— ¿Perdona? — Takuya miró mal a Mimi al sentirse ofendido.
Desde que llegó la castaña había estado de mal humor, pero fue hasta ese momento en que supo la razón detrás de ello: hombres.
Específicamente uno.
— Nunca dije que tú lo fueras — Contestó la oji miel — Si te das por aludido debe ser por algo, Takuya.
— No entiendo, Mimi. ¿Terminaron?
Ella negó, pero el suspiró que salió de sus labios decía otra cosa — Solo sé que en este momento no quiero tenerlo de frente, Zoe.
De verdad esperaba no encontrarse con Tai. Habían discutido, más bien, conversaron seriamente, pero de igual manera la situación la tenía bastante enojada, y de encontrárselo ahora, posiblemente diría cosas que solo harían más difícil todo.
— No pienses demasiado, no creo que sea tan grave — La novia de Takuya le regaló una de sus dulces y amables sonrisas.
¿Cómo había conseguido Takuya a alguien tan agradable? Más importante, ¿Tan madura?
— Estás perdiendo el tiempo, linda. Esta señorita no va a cambiar de parecer no importa lo que le digas. Yagami metió la pata, si yo fuera ella me pasaría enojado un buen par de sem… — Zoe se había encargado de darle un codazo al moreno, además de verlo con un expresión que no le gustaba nada.
— Será mejor que te calles si no piensas ayudar, Takuya. No hay necesidad de llegar al extremo de que terminen su relación.
— Vamos, Zoe. Él tiene la culpa. Yagami se la pasa pendiente de su mejor amiga. Parece su perro guardián. Y que se trate precisamente de Sora no hace las cosas más fáciles.
La rubia frunció el ceño, confundida no solo por las palabras del castaño, sino también por la mueca de Mimi — ¿De qué hablas?
Takuya intentó disimular su sonrisa burlona al ver la sombría expresión de la oji miel. Era mejor medir sus palabras — Hace mucho tiempo Yagami y Sora estuvieron juntos. Aunque eso no es lo más importante, sino que ella fue el primer gran amor de Yagami. En serio, fueron años de drama. Así que por todo esto, nuestra Mimi está celosa.
— Bueno… — Zoe se apartó el cabello del rostro. Estaba buscando las palabras adecuadas para no parecer indiscreta. Aquello no se lo esperaba — No es algo que pueda ignorarse del todo, pero tu mismo lo dijiste, Takuya, fue hace mucho tiempo. ¿Por qué eso haría que Mimi esté celosa?
— Porque ella no puede olvidarse de eso, y los traumas de la infancia la persiguen: Yagami siendo siempre sobreprotector con Sora.
— No hables como si no estuviera aquí — Se quejó indignada — Hazme un favor y vete al diablo.
— Ajá, no podrías vivir sin mí — Dijo abrazándola lo suficiente para levantarla unos centímetros del suelo.
— Te conocí hace unos meses.
— Nunca puedes dejarme ganar, ¿Cierto, Meems?
Llevaban poco más de cinco minutos inmersos en un silencio que comenzaba a fastidiarlo.
Yolei estaba ahí, sentada frente a él, con los brazos cruzados sobre el pecho y mirándolo… no, juzgándolo de una forma que lo hacía recordar a su mamá cuando le regañaba.
Desvió la mirada y la paseo por la sala de estar, sus ojos se detuvieron un momento en una fotografía en la que la peli morada estaba con Mimi.
— ¿No piensas decir algo?
Ella había roto su récord del mayor tiempo que puede estar callada.
Tai ladeo la cabeza — Fuiste tú la que me llamó para que viniera, más bien, me lo ordenaste.
— Después de todo viniste — Se limitó a contestar.
Ella podía ser muy persuasiva cuando quería.
— Ya dime qué estoy haciendo aquí, Yolei.
— Estoy segura de que lo sabes.
Vaya que lo sabía, pero prefería hacerse el desentendido para buscar una forma de largarse de ahí.
— No estoy de humor para esto, Yolei. Será mejor que me vaya.
— Si lo que te preocupa es encontrarte con Mimi, descuida. Llegará hasta la noche.
— ¿Qué te hace creer que es por ella? Me da igual si está aquí.
— Bueno, supongo que no quieres que la situación te incomode.
— Ya lo está haciendo — Dijo poniendo los ojos en blanco — Solo se trató de una tonta discusión por celos, Yolei. Eso es todo.
La muchacha suspiró.
Si alguien se lo pidiera ella podría relatar perfectamente la escena que armó ayer cuando Mimi llegó. La castaña se la pasó un buen rato murmurando cosas inentendibles, bastante intimidante a decir verdad.
Tuvo que prepararse mentalmente durante unos minutos para poder hablarle a Mimi y conseguir que le contara lo que había sucedido y que, claramente tenía todo que ver con Tai.
Su amiga le contó sin ganas lo que pasó, pero esa era su versión de la historia.
Yolei le encontraba algo de razón al enojo de la oji miel, pero no podía decir nada más porque no conocía la versión del moreno.
Había una gran posibilidad de que el enojo y la indignación de Mimi hayan evadido ciertos detalles.
— Justamente por decir esa clase de cosas es que están metidos en esta situación.
— ¿De qué estás hablando?
— En esto sí le doy la razón a ella, Tai. Hablas como si la conocieras mejor que nadie. Y no es así — Su voz no era severa. Ella no pretendía reclamarle nada al castaño, más bien la entristecía todo aquello — Estás diciendo que es "solo una chica celosa", como si fuera algo de todos los días. Créeme, Mimi está lejos de ser una persona a la que considerarías celosa. ¿Acaso ella pasa pidiéndote explicaciones todo el tiempo? Ella te da tu espacio. Lo mínimo que puedes hacer es respetar cuando quiere reservarse algo para sí misma.
De cierta forma se sentía ridículo ser regañado por Yolei.
Últimamente terminaba siendo reprendido por chicas menores que él. Lo hacían quedar como un inmaduro.
— Y no me hagas esa cara — Se quejó frunciendo el ceño. Tai estaba preparado para responder en su defensa — No estoy dándole la razón. Solo conozco su parte de la historia. Por lo que a Mimi respecta, ella solo está ofendida porque crees que no confía en ti. Tai… — Lo llamó para que la viera a la cara — Me parece que más que ofendida, Mimi está herida porque parece que tienes que defender a Sora incluso de ella.
La mención de Sora consiguió que finalmente se enojara — ¿Por qué diablos siguen con eso? Mimi está celosa, Yolei. Te guste o no.
La peli morada miró sorprendida a Tai.
Pero la sorpresa solo le duró un par de segundos, porque ahora ella era la enojada —Ok. Ahora escúchame bien, Taichi Yagami. ¿Quieres que esté de acuerdo contigo? Sí, Mimi está celosa. Ella misma lo admitió. Pero lo está con justa razón. Haz cancelado sus planes una y otra vez — Habló seriamente — Puede que lo hayas olvidado, pero Sora también es mi amiga. También he estado con ella cuando pasa por malos momentos…. Y de todas maneras tienes que darle su lugar a Mimi. ¡Llevan saliendo tres meses, por Dios! ¿Cómo es posible que sientas la necesidad de defender a Sora de tu propia novia? ¿Por qué proteges a Sora de todo?
— Sabes que es mi mejor amiga.
— Y nunca lo he puesto en duda, Tai, pero…
— ¿Qué, Yolei?
— ¿Y si hay otra razón para que la cuides tanto? ¿Incluso de Mimi?
— Vas a tener que ter más precisa porque no te entiendo.
Yolei tomó aire porque sabía que podía detonar una bomba con lo que iba a decir.
— ¿Y si aún sigues sintiendo algo más por Sora?
Oh, Dios, ella en verdad se había atrevido a tocar ese tema tan prohibido en el grupo sin necesidad de que nadie lo dijera.
El moreno no dijo absolutamente nada por un par de minutos. Su cabeza era un caos de todas las cosas que vinieron a su mente en el momento en que su amiga insinúo que podía seguir enamorado de Sora.
— Tai…
Ella calló en el instante en que Tai se levantó.
— Solo fue una discusión, Yolei. No necesito que tu imaginación haga de todo esto un drama. Sora es mi mejor amiga, nada más. Y no tiene nada que ver con Mimi. No vas a cambiar mi forma de pensar con un par de palabras.
¿Cómo es que la vida los había llevado a una situación de ese tipo?
Siendo mejor amigos durante la mayor parte de su vida, y ahora estaban atrapados en evasiones de miradas, suspiros y cuestionamientos internos como si fueran dos extraños que acaban de conocerse.
Era absurdo que ambos eran buenos con las palabras, pero ninguno era capaz de terminar con ese molesto silencio.
Matt volvió a suspirar, removiéndose en su lugar, no obstante, la valiente fue Sora.
— ¿Por qué me citaste, Matt?
El rubio percibió esa pregunta con amargura. Antes no hacía falta cuestionar el reunirse entre ellos. Simplemente asumían que había algo que el otro quería hablar.
— Quería hablar sobre lo que ocurrió la semana pasada.
Sora lo vio venir. Ese era el único tema de conversación que podrían tener ellos.
Desvió la mirada hacia la estancia de la cafetería. El lugar estaba cas vacío, salvo por un par de mesas.
— No es necesario, Matt.
Era absurdo que le doliera el recuerdo de algo que sucedió en un momento en que relación, incluso de amistad, estaba más que congelada.
¿Por qué no podía olvidar al rubio hablando y sonriendo con aquella chica en el auto?
Fue ella quién terminó su relación. ¿Qué pretendía con esa mezcla sentimientos?
Matt cometió un grave error al decirle que aún sentía algo por ella.
Revolvió su cabello con frustración — Claro que lo es. Teníamos una conversación pendiente desde mucho antes, así que voy a aclarar todo lo que sea necesario, Sora — Matt se cambió de lugar y fue a sentarse del lado de Sora, de forma que ella no pudiera evadirlo — Ese día me viste en el auto con Megumi fue porque la invité a almorzar, y no precisamente por una cita, sino porque sentí que se lo debía. Ella tuvo que cancelar un compromiso para que pudiéramos trabajar en una investigación porque yo no podía en otra fecha.
— Lo digo en serio, Matt. No hace falta que me des explicaciones — Como no tenía escapatoria, no tuvo más remedio que encararlo.
— ¿Entonces por qué en cuanto me viste saliste huyendo? Estoy seguro de que notaste que quería hablar contigo… — Más que estar reclamando, el rubio parecía estar dolido, decepcionado.
— ¿Huir de ti? — Preguntó mirándolo sin comprender — No estaba huyendo de ti, simplemente… quería ordenar mis pensamientos. Últimamente son un caos.
— ¿En serio, Sora? — Dijo sonriendo sin humor — Toda esta situación… ¿No te parece absurda?
— ¿Disculpa? — Algo en el tono de voz del oji azul había logrado romper su corazón. Percibió una amargura y resignación tan grandes que… su propio conflicto pasaba a segundo plano si se trataba de Matt.
— Cualquier que nos vea hablando en este momento podría pensar que somos dos extraños. Luces como si te hubiera traído aquí a la fuerza y yo… ya no sé como evitar que surjan más malos entendidos entre nosotros — Admitió cerrando sus ojos al suspirar — Sora… no tengo idea de qué clase de relación tenemos. Ni siquiera cuando recién nos conocimos era tan difícil hablar. Sé que aún siento algo por ti, y admito que hice algunas estupideces que quisiera corregir, pero no puedo. Y cada vez que intento acercarme a ti… te vas como si me tuvieras miedo.
Matt se estaba jugando la que parecía ser la última oportunidad que tendría para hablar seriamente con la pelirroja. Si nada resultaba de esa conversación, no le quedaría más de otra que aceptar que todo se había acabado.
Sora notó que la mano que el rubio tenía sobre la mesa estaba muy cerca de su mano, así que armándose de valor le tomó la muñeca.
— ¿Cómo podría tenerle miedo a una de las personas más importantes de mi vida…? — Pero justo cuando se había decidido a tomar directamente su mano, él la retiró de la mesa sin llegar a ser brusco.
— ¿Entonces qué es lo que esperas de mí, Sora? Deja de darme pistas a medias… — Pidió clavando sus fríos ojos en la morena.
Durante todo ese tiempo había estado luchando para que sus lágrimas no salieran. Le daba tanto coraje no poder mantenerse centrada, ¿Por qué sus emociones siempre decidían explotar en momentos así?
Sora ahogó un sollozo antes de hablar — No quiero herirte de nuevo. Te causé problemas cuando decidimos seguir siendo amigos. Por mi culpa terminaste con Zakuro y sé que la querías, Matt… ¿Cómo puedo acercarme a ti sin correr el riesgo de herirte?
El rubio se mantuvo en silencio, observando la expresión devastada del amor de su vida, al menos hasta que ella le tomó el rostro entre sus manos y lo obligó a mirarla directamente.
A través de las lágrimas, había decisión en los rubíes ojos de Sora.
— Lo siento tanto, Matt. No importa cuánto tiempo pase… no hay forma de que pueda borrarte de mi corazón.
Le hubiera gustado seguir escuchando a Sora decir que lo amaba, pero su falta de paciencia hizo que la interrumpiera para besarla. Con sus dedos borró el rastro de lágrimas de las mejillas ajenas.
Por fin la tenía entre sus brazos. No hacía falta que dijera nada.
El beso había sido bastante claro.
